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jueves, 27 de diciembre de 2012

Capitulo 180: Todo está perdido, part 1



Madrid…

Abel estaba doblado sobre el volante del autobús. A través del cristal agrietado podía ver como por la calle iba llegando una horda de infectados. Rápidamente miró a sus demás compañeros, todos estaban bien y estaban recuperándose del violento golpe, era casi un milagro que hubiesen sobrevivido y solo tuviesen heridas leves. Fue entonces cuando escuchó las voces de sus atacantes. Estos estaban poniendo pies en polvorosa de allí para que los infectados no los alcanzaran. Rápidamente, Abel se puso en pie y comenzó a ayudar a Almudena, la que poco a poco estaba recuperando el sentido, cuando la ayudó notó como algo lo agarraba del pie y tiraba de el. Con una rápida mirada miró hacia abajo y vio un brazo que sobresalía de debajo del autobús volcado.
-¿Qué es eso?- preguntó Almudena.
Abel se fue agachando y enseguida vio de qué se trataba. Era uno de los asaltantes que se había agarrado de las ventanas, al volcar el autobús había quedado atrapado allí y había muerto, aunque en esos momentos acababa de revivir. Abel no sintió lastima por el, fue en ese momento cuando Abel advirtió la presencia de más tipos, estos los miraban con indiferencia desde sus vehículos, no acababan con ellos porque estaban prefiriendo dejárselos a los infectados que cada vez estaban más próximos. Lo último que Abel vio de aquellos tipos fue una sonrisa burlona y como estos le decían adiós con la mano antes de desaparecer en el interior de sus vehículos y salir huyendo de allí.
Cuando los asaltantes se marcharon, Abel volvió a la realidad y comenzó a ayudar a salir a los demás.
-Venga, salid de aquí ya mismo. No perdáis el tiempo-
Todos comenzaron a salir y fue entonces cuando le tocó el turno a Abel. Justo cuando iba a salir escuchó un murmullo entre los asientos, lo que le hizo volver sobre sus pasos, entonces se agachó y vio al chico latino atrapado entre varios asientos, estos se habían plegado a consecuencia del golpe, creando una especie de prisión donde el muchacho estaba atrapado.
-¡¡¡Abel!!! ¡¡¡Vamos!!!- le gritó Sandra desde el exterior mientras sostenía a su perro y evitaba que este saliera corriendo a encararse con la multitud cada vez más cercana.
David entró rápidamente y se situó a su lado, se agachó y vio al muchacho.

Marcus sangraba por la cabeza y tenía un hierro atravesándole el abdomen. Era el que más mala suerte había tenido cuando el autobús volcó. Un hierro que había en el asfalto entró atravesando el cristal justo cuando el saltaba por los aires y chocaba contra la ventana. Prácticamente estaba ensartado. En sus oídos persistía un zumbido y apenas podía escuchar lo que decían los dos que estaban tratando de levantar los asientos que lo habían aprisionado, con cada movimiento que hacían, los asientos movían el hierro y eso le hacia dar desgarradores alaridos de dolor, aun así seguían intentándolo, en ese momento sintió el olor dulzón de la carne en descomposición. Justo después escuchó disparos.

Abel vio como un par de infectados comenzaban a dar golpes en el cristal delantero que se había agrietado. Ya habían llegado hasta ellos y los demás habían comenzado a abrir fuego con las armas que llevaban encima. No tenían mucha munición y las demás armas eran ahora inalcanzables, están estaban en el maletero del autobús que en esos momentos estaba pegado al asfalto y era imposible de abrir.
El cristal delantero del autobús reventó en ese momento y David se puso en pie para disparar al que comenzaba a entrar dejándose trozos de piel y carne en los cristales rotos de la luna delantera.
-Tenemos que irnos de aquí grandullón. No nos dará tiempo a sacar a ese chaval-
Entonces Abel se dio cuenta de que David tenía razón y que cada intento de sacar al chico lo único que hacía era dañarle. Entonces vio como el chico le miraba con una mirada firme y decidida, como si aceptara el hecho de no salir de allí. Abel se lamentó profundamente y entonces escuchó al chico hablar. Solo una frese salió de su boca al mismo tiempo que un hilillo de sangre que acabó sobre su pecho.
-Túneles… metro hasta aeropuerto-
Abel entendió aquello enseguida y con una última mirada al chico asintió. Luego rápidamente salió de allí dentro llevándose a David con el mientras los No Muertos entraban en el interior del autobús en su busca.
Aunque David y Abel habían salido del autobús, el peligro no había pasado. Todos comenzaron a correr con Abel a la cabeza, el cual indicaba que le siguieran. De vez en cuando escuchaba los disparos que sus compañeros a la retaguardia efectuaban contra los infectados que se acercaban demasiado. Abel buscaba una entrada al metro por la que entrar. Había entendido perfectamente al chico, este les estaba indicando que la mejor manera para llegar hasta el aeropuerto rápidamente era esa, a través de los túneles de metro.
Todos corrían por la calle viendo salir infectados de todas partes, los cuales parecía que se activaban con su presencia como si de centinelas se tratase. En ese momento Abel se percató de algo a unos cien metros de su posición. A lo lejos se veía como una estructura con un círculo de color rojo en el medio, en el medio del círculo había un semicírculo de color blanco, se trataba de una de las bocas de metro de Madrid.
-Corred más deprisa, lo vamos a conseguir- les dijo Abel a sus compañeros.

Félix y Sole iban corriendo cogidos de la mano a un metro de Abel. Mientras corrían, la vida de Félix pasaba por delante de sus ojos, pero también había un pensamiento en su mente, el de poner a Sole a salvo y sacarla con vida de allí. Mientras corrían no hacía más que mirar al frente, solo veinte metros los separaban de la entrada a los túneles hacia donde Abel los estaba dirigiendo. Una vez dentro les explicaría el plan que tenía y el cual debían seguir. No podía evitar pensar el como se había ido todo al traste cuando estaban apunto de conseguir lo que tanto ansiaban, no era otra cosa que escapar, pero como siempre, les habían jodido pero bien.
Por fin llegaron a las escaleras de la entrada. Abel comenzó a saltar los escalones de dos en dos y acabó estrellándose contra una verja que permanecía cerrada con un candado. Cuando Félix llegó también se lanzó contra la verja.
-¡¡¡Esta cerrada joder!!!- gritó Félix.
Todos los demás comenzaron a bajar mientras los No Muertos ya comenzaban a doblar la esquina por la que habían pasado segundos antes. Estaban apunto de alcanzarles, justo en ese momento y presa del pánico, Yako, el perro de Sandra se soltó de su dueña y salió corriendo mientras ladraba. Sandra quiso salir detrás y traerlo de vuelta, pero Cesar la agarró.
-Olvídalo, vamos. Tu vida es más importante-
Sandra trató de zafarse de la presa que el joven bombero había hecho sobre ella, pero este la tenía fuertemente agarrada. Entre sollozos comenzó a llamar a su perro, el cual ya ni se le escuchaba, había salido huyendo en otra dirección mientras los No Muertos comenzaban a bajar los escalones. Gorka se adelantó unos pasos hasta las escaleras y alzó su fusil.
-¡¡¡¡Vuela el puto candado!!!!- le gritó a Abel al tiempo que disparaba.
Abel comenzó a hacer que los demás retrocedieran, cuando estaban un poco alejados disparó al candado y este se abrió súbitamente. Seguidamente, el y Félix agarraron la verja y la corrieron a un lado, cuando esta estuvo abierta, Abel comenzó a gritar para que entraran.
Gorka seguía disparando casi a bocajarro contra los que iban llegando hasta el. A uno le disparó en una pierna y el No Muerto cayó rodando mientras su cabeza se iba golpeando en los escalones hasta que se convirtió en una masa deforme y aplastada que supuraba una mezcla de sangre y pus. Gorka estaba invadido por un frenesí increíble, su mirada estaba cargada de odio y no hacía otra cosa que disparar y reír. Dejó que uno de los infectados llegara hasta el y con increíble pericia, Gorka metió el cañón del fusil en la boca de este como si le metiera una estocada, eso no solo alejaba al No Muerto de el, si no que impedía que se acercara, seguidamente dejó ir una ráfaga de balas que seccionaron la cabeza al tiempo que derribaban a los que venían detrás. La risa de Gorka en ese momento era como la de alguien que estaba disfrutando.
-¡¡¡Esta va por Narciso pedazos de mierda putrefacta!!!-
El frenesí de Gorka terminó cuando Cesar lo agarró por detrás y tiro de el hacia el interior de la parada de metro.
Una vez estuvieron todos dentro, Abel cerró la verja impidiendo el paso a los infectados. Seguidamente cogió la cadena que sujetaba el candado hacía unos segundos y la cruzó a modo de que al menos por el momento impidiera el paso de aquellos seres mientras ellos avanzaban. Aun les quedaba un largo trecho por recorrer.

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