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jueves, 20 de diciembre de 2012

Capitulo 179: Madrid, part 1



Madrid…

Todos los que estaban en el hangar se estaban preparando. Quedaban pocas horas para que se cumpliera el plazo que había dado Silverio para despegar, pasado ese plazo, aunque no estuviesen allí despegaría. No hubiera decidido algo así si las cosas no se hubiesen complicado de aquella manera, salvar a Jorge en la gasolinera  los había puesto a todos en peligro, ya tenían muchísimos problemas y muchos más se les habían sumado cuando la mayoría de los muertos de Madrid habían acudido al aeropuerto y en esos momentos se estaban apelotonando en las puertas principales. Jorge y los demás las habían asegurado y patrullaban esa zona para impedir que entraran. Eso también señalaba su posición para otros grupos.
Jorge estaba viendo a los muertos que golpeaban los cristales cuando se le acercó Daniela.
-Esto me recuerda al Bernabeu. Cuando esos seres trataban de entrar. Había cientos de ellos… bueno, miles-
-Tranquila, no dejare que te pase nada. Dentro de unas horas los veras desde el aire mientras nos largamos de aquí. Ten fe- respondió Jorge mirando a la joven.- Las cosas saldrán bien-
En ese momento Nick y Jack pasaron corriendo en dirección a unas puertas cuando escucharon romperse un cristal. Rápidamente comenzaron a bloquear esa entrada con muebles que habían estado preparando para cuando los cristales dejaran de cortar el paso a los infectados.
-Esto no resistirá mucho. Deberíamos dejar olvidada esta zona y proteger las zonas de más arriba. Es obvio que cuando tus amigos vengan no lo harán tomando la puerta principal. Lo más obvio sería que vinieran por la parte exterior. Propongo que cerremos toda esta zona y si entran que se queden atrapados. Eso los retrasara más- explicó Nick.
Jorge se quedó meditándolo unos momentos y enseguida asintió con la cabeza. Seguidamente comenzaron a subir las escaleras que los llevaban al piso de arriba. Una vez arriba comenzaron a bloquear todas las escaleras por las que los infectados podían acceder.
-¿Qué haremos si toman la pista?- preguntó Nick.
-Para cuando tomen la pista nosotros estaremos volando libres… al menos eso espero- respondió Jorge.- Para más seguridad nos aseguraremos de que vayan por donde nosotros queramos-
Jorge estaba muy seguro de que lo iban a lograr, aunque no podía evitar pensar que no todo sale tan bien.

Silverio estaba haciendo los últimos preparativos del helicóptero ayudado por Vanesa. Fue entonces cuando Vanesa le notó una extraña expresión en el rostro. Este parecía que estaba pensando en algo que lo perturbaba.
-¿Qué te ocurre?- preguntó Vanesa.
-Es el super puma. Fíjate en el, este no tiene mucha capacidad, y con el combustible que tenemos… no hay sitio para muchos. Los del grupo que vienen son unos veinte más o menos, ¿No?- preguntó Silverio.
-Más o menos… si-
-Nosotros somos nueve…- respondió Silverio.-Y ellos unos veinte casi. Todos no cabemos en el helicóptero-
-¿Qué quieres decir con eso? Parece que…-
-Es justo eso. Algunos tendrán que quedarse- respondió Silverio.
Fue en ese momento cuando Vanesa comenzó a pensar que eso significaba que iba a estallar una guerra entre ellos. No podían dejar a unos allí, ¿Cómo iban a decidir algo así? Eso era algo que no todos estarían de acuerdo. Aunque en esos momentos, ella pensó que los que sobraban ahí no eran otros que los científicos.
*****
Reverte reunió a todos los hombres que le quedaban en el hall. Con Beltrán al lado comenzó a dar el discurso.
-Hoy nos enfrentaremos a un enemigo que todos conocéis. El estuvo aquí, se trata de Silverio. Seguramente opondrán resistencia, pero les superamos en número. La misión consiste en traer vivos a Silverio y a los científicos. A los demás… matadles a todos. Sin embargo nuestro ataque hará que los muertos de Madrid acudan como moscas a la miel. No perdáis el tiempo con ellos, quiero disparos certeros a la cabeza, pero solo en caso de necesidad. Si los podéis evitar, hacedlo. ¿Alguna pregunta?-
-¿Cómo los asaltaremos señor?- preguntó uno de los soldados.
-No podemos arriesgarnos a un ataque directo atravesando las calles. Así que lo haremos desde abajo. Seguiremos las alcantarillas que nos llevaran al aeropuerto. Lo haremos en dos grupos, la primera oleada ira delante y veinte minutos después la segunda, la cual los cogerá por sorpresa y los acorralara, pero os repito de nuevo que quiero vivo a Silverio-
-¿Por qué a Silverio?- preguntó otro de los soldados.
-Porque el es el único que puede pilotar el helicóptero. Sin el no podríamos huir de aquí si fuera necesario. Por eso lo quieren vivo- respondió otro soldado.
Después de dar el discurso, Reverte les dio solo treinta minutos para prepararse. Cuando acabaran comenzarían a recorrer las alcantarillas en dirección al aeropuerto donde comenzaría el asalto. Era una misión que estaba destinada al éxito, al menos era lo que Reverte y Beltrán pensaban.
*****
Desde su conversación con Roache, Françoise no hacia más que pensar en lo que este le había dicho. Realmente valía la pena, al fin y al cabo, Roache era un hombre al que respetaba y que al unirse a su grupo juró seguirle hasta el final, incluso hasta el mismo infierno si era necesario. Aunque el infierno era algo que ya les había alcanzado, así que solo le quedaba seguirle hasta el final. Un final que vendría tras la misión. Mientras pensaba en todo eso miraba a los chicos latinos y a los otros franceses. Ninguno de ellos era nadie para el, no como Roache al que consideraba un héroe.
-¿Qué demonios?- se preguntó a si mismo, justo después volvió a buscar a Roache. Atravesó rápidamente el pasillo por el que había venido y se plantó en el despacho donde estaba Roache.
-¿Querías algo soldado?- preguntó Roache cuando vio entrar a Françoise.
Françoise se plantó delante de el y asintió con la cabeza.-Esta bien. Ninguno de los que están ahí abajo me importa nada. Ya le dije que le seguiría hasta el final, así que así lo hare, estoy enteramente a sus ordenes señor, cuente conmigo-
-Ya lo sabía soldado. Es usted mi hombre de confianza. Todo acabara hoy- respondió Roache.
En ese momento Françoise miró la mesa donde estaban las ampollas de la vacuna, se acercó a ellas y las contempló con cuidado.-Es increíble que algo así pueda curar un virus tan letal como ese que te mata y revive-
-Si, es sorprendente- dijo Roache poniéndose de pie y acercándose al joven soldado.-¿Le he contado como fue mi primer encuentro con uno de estos seres?-
-No…- respondió Françoise.
-Fue mi esposa. En la televisión hablaban entonces del caos y de los contagios. Yo acabe con ella-
La mirada de Françoise cambió de golpe y se clavó en Roache.-¿Mató a su mujer? Tuvo que ser terriblemente duro-
Roache negó con la cabeza.-No tanto, eso ya no era mi mujer. No era más que uno más de esos seres impíos sin humanidad ni alma, todo lo que era mi esposa dejo de existir en el momento que murió y revivió. ¿Nunca tuviste que hacer algo así?-
Françoise agachó la cabeza y rápidamente negó con la cabeza. El no había tenido que hacerlo así con un familiar, sin embargo cuando comenzó la resistencia de Marsella y el junto a otros soldados comenzaron a enfrentarse a las hordas de infectados que llegaban sin parar. En un principio pensó que no era humano hacer algo así, pero cuando sus compañeros comenzaron a caer, el no tuvo más remedio que abrir fuego. Fue entonces le cogió el gusto a lo de disparar contra aquellos seres. Nunca antes había sentido algo igual y eso le asustaba. Con el paso del tiempo ya dejó de importarle, era algo que tenía que hacer si quería mantenerse vivo. Esos seres ya no eran humanos y no tenían un alma por la que sentir pesar. Esos seres habían llevado al mundo a la ruina y Françoise tenía motivos para odiarles y querer alejarse de ellos para vivir tranquilo en algún lugar donde no volver a ver ninguno en lo que le quedara de vida.
Roache miró a Françoise y sonrió.

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