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jueves, 6 de diciembre de 2012

Capitulo 177: Amigos, part 4



Día 27 de Junio de 2009
Día 379 del Apocalipsis.

El cadáver de David yacía a mis pies con los ojos abiertos, su mirada estaba clavada en mí. Yo era lo último que había visto mientras le clavaba el cuchillo en el vientre. Me había metido en el interior del autobús mientras todos los demás dormían tranquilamente mientras fuera reinaba el silencio. Me fui inclinando sobre el y entonces comencé a notar actividad en sus pupilas. El virus lo estaba haciendo volver de la muerte como uno más de los No Muertos, era lo que estaba esperando. Fue en ese momento cuando se incorporó rápidamente y clavó sus dientes en el cuello.

Abrí los ojos sobresaltado y me encontré tumbado en el mismo sofá donde me había sentado a pensar horas antes, aunque no sabia cuantas exactamente. Me miré el reloj que llevaba y vi que eran las tres de la madrugada. Había tenido una pesadilla en la que había asesinado a David, a consecuencia de esa pesadilla estaba empapado en sudor y me sentía desorientado en medio de tanta oscuridad. Fue en ese momento cuando escuché un ruido similar al sonido que se escucha cuando se patea una botella de cristal y esta rodaba por el suelo hasta detenerse. Seguidamente me llegaron los gruñidos acompañados del hedor de la muerte. Rápidamente vi aparecer una silueta que se comenzó a dejar ver gracias a los rayos de la luna que se filtraban a través de los cristales. De repente escuché el arrastrar de pies, pero no era de un solo individuo, si no de más de uno. Quizás más de una docena.
Salté del sofá y me tiré al suelo, me arrastré hasta ocultarme detrás de un armario que había en el decorado donde me encontraba. Antes de quedarme dormido, cuando encontré el lugar, me había fijado que se trataba de un salón de muestra de esos que ponen en esa clase de comercios. Pronto vi aparecer a multitud de infectados que avanzaban por dentro y por fuera del edificio, había cometido el error de quedarme dormido y ahora estaba viendo como un rebaño de No Muertos pasaba por allí. Lo peor era el lugar de donde venían. Venían de la dirección en la que había venido, así que debían estar pasando junto a nuestros vehículos. Mis compañeros estaban en aprietos.

Minutos antes…

David había preparado todo lo que se iba a llevar. Lo había hecho con el máximo cuidado posible para no ser descubierto por nadie del grupo. No quería enfrentarse a la mirada acusadora de: “Lo mal que has actuado y lo equivocado que estas”. El sabía que había hecho mal, se había equivocado, si, y por eso iba a alejarse del grupo. Sus actos fuera de todo lo razonable habían hecho que el resto del grupo lo empezase a mirar con recelo y también cierto resentimiento. El era el que mejor lo sabía y por eso había tomado la decisión de marcharse sin decir nada. Era lo mejor que podía hacer, al fin y al cabo, después de lo que había hecho, nadie lo echaría de menos.
David salió a hurtadillas del autobús, vio a Cesar montando guardia en lo alto del autobús y se las ingenió para que este no lo viera, si lo veía puede que no tuviera el valor de marcharse o de soportar la indiferencia de los demás ante su marcha, prefería no enfrentarse a nada de eso, así que rápidamente se escabulló campo a través, mientras caminaba decidió hacerlo lentamente, por si Cesar lo descubría desde su puesto que pensara que se trataba de un No Muerto. Así lo hizo, se fue alejando del campamento a paso lento, la idea era volver sobre sus pasos, no sabía muy bien hasta donde sería capaz de llegar, pero lo haría solo.

Cesar no se había dado cuenta de nada. El seguía en lo alto del autobús vigilando, fue entonces cuando escuchó algo. Era un ruido similar a un gruñido, un sonido que se fue intensificando, fue entonces cuando buscó el origen del ruido y miró hacia la dirección que pretendían seguir al día siguiente. Buscó atentamente en aquella dirección. Al principio no vio nada en la oscuridad, pero pronto, cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad los vio. Se trataba de una inmensa horda de infectados que avanzaba hacia ellos tanto por carretera como por campo. Era un rebaño enorme, el más grande que había visto nunca. Se lanzó de un salto y corrió hacia el Ume que estaba a unos tres metros del autobús, rápidamente dio un par de golpes y no tardó en escuchar la voz del chico latino que tenían de prisionero, el cual parecía haberse despertado de un profundo sueño.
-¿Qué quieres?-
-Quédate totalmente quieto y en silencio. Un rebaño se nos acerca y tardaran menos de un minuto en darnos alcance, parece que están solo de paso, pero son muchísimos-
-Va… vale- balbuceó el chico.
Quizás no se lo hubiese creído, aunque en ese momento parecía bastante convencido. Estaría totalmente en silencio. Cesar corrió en ese momento hacia el autobús y entró despertando solo a los que creyó conveniente. Despertó a Eva y a Gorka, este ultimo se encargó de permanecer agarrado al perro, si este empezaba a ladrar seria un problema muy grave. También procuraron que el bebé ni se despertase ni llorase.
-¿Dónde esta Juanma?- preguntó Eva en ese momento.
-Quedaros aquí, voy a buscarle. Cerraré las puertas-
Cesar se encaminó rápidamente hacia el exterior y cuando lo hizo cerró las puertas. Iba a salir corriendo rápidamente cuando vio que el rebaño estaba ya pasando rozando el Ume. Rápidamente se lanzó a los bajos del autobús para evitar ser visto por aquella cada vez más creciente horda de No Muertos. No tardó en comenzar a ver pasar multitud de pies. Ninguno de ellos se paró, lo que demostraba que era lo que el había pensado en un principio. Aquellos seres no habían acudido allí por ellos, estaban solo avanzando como lo haría un rebaño.

David estaba avanzando por el campo cuando escuchó algo a sus espaldas, se dio la vuelta rápidamente y entonces vio al rebaño. Estos avanzaban hacia el, rápidamente comenzó a correr presa del pánico. El miedo se había apoderado de el en pocos segundos y ahora corría despavorido por el campo a oscuras mientras a sus espaldas, una enorme horda de No Muertos iba cubriendo más y más terreno. Entonces tropezó y cayó en una zanja. Se dio varios golpes en cabeza y extremidades, entonces sintió un fuerte dolor en el tobillo, se lo había torcido. David ahogó un grito de dolor y se quedó quieto apretando los dientes mientras escuchaba como la horda estaba cada vez más cercana. En el momento que pasaran por allí, el sería hombre muerto.
David reunió todas las fuerzas que pudo y comenzó a arrastrarse fuera de la zanja. Cuando salió miró a su espalda y entonces contempló horrorizado como los infectados estaban solo a cinco metros de el, había quedado completamente a la vista del rebaño, solo bastaba con que uno lo viese para que toda la horda comenzara a perseguirle.
-Joder…- murmuró David a medida que comenzaba a correr con varios No Muertos detrás de el. El pie le dolía a horrores, pero no podía pararse, si lo hacía moriría. Quizás fuese lo que merecía por hacer lo que había hecho, pero esa no era la forma que quería. Lo único que podía hacer  era correr.

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