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jueves, 8 de noviembre de 2012

Capitulo 173: Contrareloj, part 3



Madrid…

Asdrúbal era el antiguo jefe de una banda latina, aunque ahora era uno más de los hombres que trabajaba para aquel francés. Aquella noche habían sido enviados a un edificio donde habían avistado una luz, su misión consistía que averiguar que ocurría allí. Fueron el más cinco miembros de su antigua banda y un par de franceses que no se despegaban de ellos ni por casualidad. Cuando llegaron a aquel edificio se dieron cuenta de que eran tres supervivientes que habían ocupado una de las viviendas. Cuando comenzó el fuego cruzado y la persecución lograron esquivar a los caminantes de la calle. Llegaron a ver como los tres supervivientes se metían en el interior de una boca de metro. Los franceses que los acompañaban en ese momento quisieron llevar las riendas de aquella incursión y marcharse, pero para Asdrúbal y los suyos, aquello era un juego la mar de divertido y no se lo iban a perder. Acabaron con los franceses que los acompañaban, pero lo hicieron lentamente, lo bastante como para atraer la atención de los caminantes que estaban allí. Una vez aquellos seres se alejaron de la verja, ellos pudieron entrar sin demasiados problemas. Una vez dentro de aquella estación de metro vieron manchas de sangre en el suelo, era obvio que uno de ellos iba herido.
Guardaron silencio un rato y mientras esperaban escucharon hablar a los tres huidizos, entonces hasta ellos llegó una importante conversación, en ella destacaban las palabras, Aeropuerto, helicóptero y Vacuna. Podrían haberlos matado allí mismo, pero decidieron que era mejor seguirles.
Asdrúbal y sus chicos siguieron al pequeño grupo de supervivientes hasta que llegaron al aeropuerto, una vez allí los siguieron a hurtadillas hasta el hangar y cuando vieron que podían sorprenderles, entraron los cinco dentro y vieron lo que allí ocurría.
En el interior de aquel hangar había diez personas en total, uno de ellos, una chica estaba tumbada sobre unas mantas y una chica con aspecto de medico estaba sobre ella dispuesta a inyectarle algo. Lo primero que Asdrúbal pensó fue que acababan de encontrar una mina de oro y que no le dirían nada a Roache, era hora de volver a ser independientes.

Jorge contemplaba esas cinco siluetas al final del hangar observándoles, eran claramente los mismos tipos que les habían atacado en aquel edificio, estos les habían seguido y sabían de la existencia del helicóptero, de su escondite y de que tenían en su poder más ampollas de la vacuna. Jorge los vio a la luz y pudo reconocerles, eran hombres de Roache.
-Usted doctora, aléjese de esa chica- dijo uno de ellos alzando el arma y apuntando a Abigail. Jorge se puso delante de ellos con las manos en alto.
-Escuchad muchachos. Mi amiga a resultado infectada, si no le inyectamos eso a tiempo es posible que no sobreviva-
-No es necesario, yo le termino el sufrimiento- dijo uno de los chicos, pero Jorge volvió a ponerse delante.
-Quítate de en medio españolito o te mato-
-¿Qué queréis?- dijo Silverio acercándose a Jorge y cubriendo también con su cuerpo la trayectoria que tomaría la bala si disparaban a Luci.
-Oigan pinches…¿De quien es esa maquina?- preguntó uno de ellos mirando el helicóptero.
-Es mio- respondió Silverio.-Soy el piloto-
Los cinco chicos se miraron y algunos comenzaron a reír a carcajadas, hasta que uno de ellos se adelantó más y comenzó a pasar la mano por el fuselaje del helicóptero.
-No mames… que buena honda haber encontrado esta maquina. Tengo ganas de marchar ya…¿Qué me dicen ustedes hermanos? ¿Nos vamos de esa ciudad de muertos?-
-No tiene combustible- respondió Jorge rápidamente.-No levantara el vuelo-
Silverio escuchó lo que estaba diciendo Jorge y se dio cuenta de que estaba tratando de ganar tiempo, aunque aquellos chicos estaban siendo muy imprevisibles. No tenían ni idea de lo que pretendían hacer exactamente, no expresaban confianza precisamente, aun así, Jorge siguió tirándose el farol.
-Dejadnos ponerle la vacuna a  mi amiga y nos marcharemos donde vosotros queráis. Nosotros también queremos escapar-
-No me trates de pendejo pinche españolito. No me vas a mentir. Nos vamos ahorita mismo. Mis muchachos y el señor brasileiro-
-Muy bien, como tu digas, pero le falta combustible y mi amiga…-
Uno de ellos avanzó hacia Luci mientras le apuntaba dispuesto a matarla, Abigail se retiró rápidamente arrastras, Luci también vio al verdugo acercándose dejando claras sus intenciones, Jorge se puso delante rápidamente.
-Si la matas no dejaremos que os lleváis el helicóptero. No seáis idiotas, tenemos que colaborar y llegar a un acuerdo. Además, ya os he dicho que ese aparato no tiene combustible-
-Muy bien- dijo uno de los chicos. -Ahorita mismo iras a por el combustible del pájaro, y nos quedamos las vacunas para nosotros. ¿Están todas en ese maletín? Dámelas todas y la que lleva la señora doctora también, si no hay combustible, no hay cura para la chica-
Jorge les había logrado colar lo de que el helicóptero no tenía combustible y estos no se habían molestado ni en comprobarlo. Algo que Jorge podía utilizar a su favor, pero lo malo era que ahora tendría que salir de allí para encontrar un combustible inexistente.
-Yo solo no podre hacer nada- dijo Jorge.-Necesitare que me acompañéis-
-Muy bien, pues como te vamos a acompañar, nos llevamos al señor piloto y las ampollas de la vacuna. ¿De acuerdo?- dijo el que parecía el líder mientras miraba a Silverio, el cual cruzó una mirada con Jorge.
-Esta bien, acepto. ¿Pero por que nos llevamos las ampollas?- preguntó Jorge.
-Por que sin ellas no vais a salvar a vuestra amiga, son nuestro seguro de vida- el líder del grupo latino miró a Jorge en ese momento con una sonrisa.-Recuerdo muy bien quien eres. Eres el mismo tipo que nos la jugó en el bunker, así que no te perderé de vista-
Jorge era listo, pero debía admitir que en esos momentos estaba más contras las cuerdas que nunca, y lo peor era que el tiempo jugaba en su contra, sobretodo en contra del tiempo de Luci, a la que solo le quedaban seis horas de vida como mucho, cuatro como mínimo.
*****
Yeles…

Lujan había encontrado el cuerpo de Irina en el suelo del ayuntamiento. Los infectados podrían haberse dado un festín con ella, pero no lo hicieron, seguramente porque tenían comida rápida, la chica rubia seguramente. Esta había disparado a Irina en la cabeza y luego había salido huyendo, al menos así lo revelaba el agujero en la frente de Irina, esta tenía los ojos abiertos y en su rostro había una mueca similar a una sonrisa. Lujan sintió en ese momento un sentimiento que nunca antes había tenido hacia esa chica, Lujan se puso junto a ella y le acarició la mejilla, lamentaba su muerte. Aunque el sentimiento era más bien de soledad, se había quedado solo. Seguramente la mayoría de sus hombres habían acabado muertos, los habían matado los miembros del otro grupo o habían acabado muriendo a manos de los No Muertos. Con delicadeza puso la mano sobre los ojos abiertos de Irina y se los cerró.
-Fuiste una buena compañera todo este tiempo, te echare de menos. Aunque te prometo que de una manera u otra vengare tu muerte-
Lujan se volvió a poner de pie y se dirigió hacia la puerta del ayuntamiento, desde allí vio varios No Muertos que todavía no habían reparado en su presencia, aunque era mejor así. Aunque por la dirección en la que se movían, estaban persiguiendo a algo o a alguien, entre los infectados vio a algunos de sus hombres. Definitivamente estaba solo, y el solo tendría que llevar a cabo sus planes, podría ser que algunos de sus hombres hubiesen sobrevivido, pero seguramente a esos ya no los volvería a ver. Entonces se acordó del chico latino que retenían, seguramente estaría muerto también.
*****
Hacia rato que David se había adentrado en el colegio, había llegado hasta el lugar donde habían intentado el intercambio. Nada más llegar escuchó un ruido, seguido de varios gritos. Por unos momentos pensó que era Abel o Sandra, pero era la voz de alguien que no conocía. David preparó su arma dispuesto a disparar contra el primer ser que apareciera, pero no apareció ninguno. Siguió el origen del ruido hasta que llegó a una furgoneta, David pegó el oído a la parte trasera y escuchó de nuevo la voz. Fuese quien fuese estaba al otro lado.
-Retírate de la puerta- dijo David al tiempo que retrocedía unos pasos. Seguidamente David disparó al cerrojo y la puerta del furgón quedó completamente abierta, seguidamente se acercó con cautela y abrió. Allí se encontraba un chico que parecía latino americano.
-¿Quién eres tu?- preguntó el chico.-Nunca te había visto antes-
David no dejó de apuntarle.-Sal de ahí con las manos en alto. Será mejor que no intentes nada raro-
En ese momento el chico se dio la vuelta y le mostró que tenía las manos esposadas detrás de la espalda.-Lo haría si pudiera, pero estos tipos me tenían retenido-
David se quedo quieto, no conocía de nada a ese chico y no sabía si era peligroso o no, no quería arriesgarse tampoco. Había encontrado a un chico que no era nadie para el, en esos momentos tenía un dilema moral, salvar o no salvar a ese chico, estaba visto que podía ser igual o peor que el tal Lujan.

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