Bienvenido

NOTA IMPORTANTE

Tras el ultimo capitulo de Necroworld (El 200). Este blog permanecerá abierto hasta un nuevo aviso. Cuando este aviso suceda, este blog publicará una entrada nueva donde aparecerá la nueva dirección al nuevo blog (Intentaré que os redireccione) Pasado un tiempo, este blog desaparecerá.
Ya podeis entrar en el siguiente blog, la historia se muda ahi.
juanmanuel-sagazombis.blogspot.com.es

Seguidores

jueves, 1 de noviembre de 2012

Capitulo 172: Mala sangre, part 4



Yeles…

Andrea y David seguían caminando por el saliente. Habían abandonado el peligro de aula, pero el patio seguía llenándose de infectados. Andrea no hacia más que mirar hacia abajo. Muchas veces David tenía que hacerle gestos para que dejara de mirar, ya no solo por la altura, si no por la abrumadora y terrorífica visión que provocaban la gran cantidad de infectados que había allí abajo alzando los brazos en dirección a ellos. No había forma de bajar, ni siquiera por las tuberías, en el momento que bajaran abajo estarían muertos. Llegaron hasta una nueva ventana y vieron que esta estaba abierta. Miraron y cuando vieron que no había peligro, la cruzaron. El lugar en el que se encontraban era el laboratorio de la escuela.
-Parece que no hay peligro- dijo Andrea alzando el arma.- Me recuerda al que había en mi colegio, mira eso de ahí.- Andrea señaló el esqueleto que reposaba en un rincón.-Al nuestro lo llamábamos Manolito por parecerse al profesor de naturales. El tío era un cabrón que estaba muy delgado-
-¿Era un cabrón por estar delgado?- preguntó David mientras apuntaba hacia varios lados del laboratorio por si aparecía algo que pudiera suponer una amenaza.
-Nos tenía manía a todos. Se que es lo que dicen muchos alumnos, pero la manía de este era real. Este nos puso exámenes sorpresa cada dos por tres, a veces se cachondeaba de los suspendidos-
-Todo un hijo de puta ¿eh?-
-De los más grandes- respondió Andrea.
De repente la puerta se abrió y aparecieron Gorka y Cesar. El encuentro fue tan imprevisto que casi se dispararon los unos a los otros. Cuando los vieron, David no pudo evitar sonreír de alivio.
-Me alegro de veros tíos. ¿Dónde están los demás?- preguntó David -¿Y donde están los tipos esos? Hace rato que no se escuchan disparos.-
-Esos tipos deben estar ya muertos. De los demás los únicos que están desaparecidos son Abel, Sandra, Juanma y Eva. Los demás les mandamos que se marcharan en el autobús, estarán más seguros lejos de aquí- respondió Gorka.
-Vimos alejarse el autobús, creímos que no nos estaban dejando tirados- dijo Andrea.
Mientras hablaban escucharon un ruido, cuando se asomaron al pasillo para saber cual era la procedencia de este, vieron como una multitud de No Muertos irrumpía en aquel gran pasillo. No parecía que los hubieran visto, pero cuando los vieran tendrían problemas. Los cuatro decidieron encerrarse en el laboratorio a la espera de que el peligro pasase, ya no parecía que hubiera más peligros aparte de los infectados.

El tobillo de Sandra apenas dolía ya y esta se había quedado dormida. Abel seguía vigilando, el enorme hombretón la observaba de vez en cuando. Sandra estaba hablando en sueños de vez en cuando, muchas veces mencionaba los nombres de Paco y Toni. No conocía a ninguno de los dos, pero por lo que había oído hablar, los dos habían estado junto a ella antes de morir. Se podía imaginar que quizás tuviera un trauma con aquello y que de alguna manera se culpaba por ello. Sandra se removió un poco y Abel se sentó a su lado, pasó un brazo por encima de ella y esta se acurrucó junto a el.
-No dejare que te pase nada- susurró Abel.-Hare todo lo que este en mis manos para que salgas viva de aquí- Abel le apartó el pelo de la frente y se empapó los dedos con sudor. Hacia mucha calor aquella noche.
*****
Félix detuvo el autobús a las afueras de Yeles. Nada más hacerlo se levantó del asiento y corrió para ver el estado de sus compañeros. Yako, el perro de Sandra estaba como loco, tenía el pelo del lomo erizado y no dejaba de ladrar.
-¿Estáis todos bien?- preguntó mirando a todos sus compañeros hasta que posó su mirada en Sole, la cual se abrazó a el enseguida.-¿Estas bien?-
Sole asintió con la cabeza y entonces Félix se fijó en el cuerpo de Cristina, el cual habían cubierto con una manta. Héctor estaba tumbado en el suelo mientras Almudena trataba de parar la hemorragia. Félix se arrodilló a su lado y vio la herida.
-La bala lo atravesó, pero no puedo parar la maldita hemorragia. Si Lidia o Tristán estuvieran vivos…- replicó Almudena.
Félix miró a Héctor, este estaba pálido y estaba sudando a mares, aunque este estaba temblando.-Intenta aguantar tío. Saldrás de esta, ya veras, no puedes morirte ahora que estamos a punto de conseguir escapar de aquí-
-No mientas, por vuestras caras se nota que estoy bastante mal y no hay nadie para operarme. No saldré de esta- dijo Héctor mientras tosía sangre.
Félix miró a Almudena en ese momento clavándole la mirada.-Tienes que hacer algo, tu habían hecho algo de esto antes. Tienes que…-
-Pero yo no soy medico. Soy… era forense, todo lo que haya hecho a sido con muertos. Es imposible que yo pueda hacer algo, podría matarle-
-La bolsa de Tristán esta ahí. Cógela y opera, opéralo, tienes que hacerlo- comenzó a decir Félix mientras la zarandeaba de los brazos. Cuando comenzó a apretar, esta se retiró rápidamente.
-No puedo hacerlo. No quiero que un error mio le cueste la vida, no podría vivir conmigo misma. No puedo hacerlo, no puedo…- replicó Almudena pese a las exigencias de Félix. Este estaba fuera de si.
Héctor estaba cada vez más ido. Se les estaba yendo poco a poco y ninguno de ellos podía hacer nada por evitarlo.
En ese momento Yako comenzó a ladrar con más fuerza y a gruñir hacia las puertas del autobús. Todos miraron hacia allí y vieron la silueta de un hombre apoyado en el cristal. Se trataba de un No Muerto que los miraba con atención a través del cristal. Este comenzó a dar golpes, pronto más golpes se unieron al primero. Félix se levantó rápidamente a la ventana y vio como una horda los había rodeado, todos estaban dando golpes sin parar, reclamando la carne humana de allí dentro.
-Joder… tenemos que salir de aquí- dijo Gálvez cuando los vio rodear el vehículo.
-¿Cómo nos han encontrado?- preguntó Alicia mientras sostenía al bebé en brazos.
-Nos deben haber seguido desde el pueblo o los ladridos del perro los han atraído. No podemos quedarnos aquí por que acabaran entrando, debemos movernos- dijo Gálvez mirando fijamente a Félix.
Félix sabía que si se movían, nadie podía intervenir a Héctor, el cual se estaba debatiendo entre la vida y la muerte. Tenía ciertas dudas de si se tenía que mover o no, pero si no lo hacia, esos seres entrarían y acabarían con todos. Le lanzó una mirada a Héctor y pronunció una única palabra.-Lo siento-
Félix se dio media vuelta y corrió hacia el asiento del conductor, se sentó al volante y puso en marcha el motor, segundos después pisaba el acelerador para alejarse de la multitud de infectados. Atropelló a algunos de los que se pusieron por delante y el autobús dio algunos saltos mientras se alejaba de allí todo lo rápido que Félix podía conducir. Estaba poniendo en peligro la vida de Héctor, pero también estaba salvando la vida de los demás. No se lo perdonaría si Héctor moría. ¿Pero que otra cosa podía hacer?
******
Madrid…

Por fin habían llegado al aeropuerto. Habían llegado antes de lo previsto gracias a que habían estado corriendo por los túneles de metro y no habían parado hasta que llegaron. Salieron rápidamente de los túneles de metro y se adentraron en la terminal, la recorrieron rápidamente hasta que llegaron al hangar donde fueron recibidos por Hanzo, este al ver a Luci se quedó estupefacto. Todos se quedaron conmocionados con la aparición de dos nuevas supervivientes, aunque Silverio se sorprendió más al ver que una de ellas era Vanesa.
-Rápido, tenemos que inyectarle el antivirus, la han mordido hace menos de una hora. Venga vamos- dijo Jorge.
Abigail se quedó parada como esperando algo, pero Jorge dio varias palmadas para que no se quedaran quietas y se movieran. Durante el trayecto le había tocado la frente varias veces a Luci y había notado como esta bullía a causa de la fiebre que iba en aumento, una fiebre que acabaría por matarla.
-Venga vamos, no hay tiempo que perder- dijo al tiempo que tumbaba a Luci en el mismo sitio donde lo tumbaron a el.
Abigail se acercó al maletín y sacó una de las ampollas dispuesta a inyectársela a Luci, pero entonces un disparo sonó en el hangar, y cuando todos miraron al lugar de procedencia de este, vieron a cinco personas allí de pie en la entrada, todos parecían ser jóvenes y todos estaban armados.
-¿Pero que coño?- preguntó Jorge al verlos.
Abigail se quedó parada, cuando Jorge se dio la vuelta para decirle que no perdiera el tiempo mirando a los intrusos, pero otro disparo se escuchó allí.
-Que ninguno de ustedes pendejos se mueva. Ahora aquí mandamos nosotros pinches- dijo uno de aquellos chicos adelantándose y saliendo de las sombras.
Sin duda eran los latinos que trabajaban para Roache, los mismos que los habían atacado en el edificio, los mismos a los que creían que habían despistado, pero no los habían despistado, todo lo contrario, los habían conducido hasta el secreto que tanto se esforzaban en ocultar, era cuestión de tiempo que avisaran a Roache y este se presentara allí con todos sus hombres, y por si fuera poco, el tiempo de Luci se agotaba por momentos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario