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jueves, 18 de octubre de 2012

Capitulo 170: Sospechas, part 4



Lujan y el resto de sus hombres habían llegado a Yeles, habían comenzado a transitar por las calles vacías, Irina miraba por las ventanas y no veía infectados, solo veía cadáveres calcinados y esqueletos amarillentos. Los únicos infectados que vieron fueron aquellos que se mecían como peleles en los arboles que reaccionaban al pasar los vehículos. Salvo esos No Muertos no había ningún otro a la vista. Desde el asiento donde se encontraba, Lujan vio los vehículos del grupo al que estaba siguiendo, pero el movimiento allí brillaba por su ausencia.
-Parece que no están ahí, quiero que asaltéis los vehículos y acabéis con los que opongan resistencia, pero no quiero que ataquéis a lo loco. ¿Queda claro?-
Irina y los demás hombres de Lujan asintieron y comenzó el ataque.

Lo que a Alicia le pareció que los demás llegaban se convirtió rápidamente en un ataque de pánico. Vio como varios hombres llegaban hasta el autobús y comenzaban a tomarlo por la fuerza. Uno de ellos entró rápidamente y le apuntó con el arma, cuando Alicia intentó apuntarle, otro la sorprendió por detrás. Ella tiró el arma como le ordenaron y levantó los brazos cuando vio que cogían a la pequeña y al bebé como rehenes. ¿Cómo había dejado que la sorprendieran de esa manera?. Lo siguiente que Alicia vio fue a una chica que se acercó para golpearla y tirarla al suelo.
-¿Dónde están tus demás compañeros? Sabemos que sois un grupo de unas veinte personas. ¿Dónde están?-
Alicia se negó a hablar y uno de lo hombres le presionó la cabeza contra el suelo, otro la inmovilizaba con fuerza para que no se moviera.
-Sera mejor que hables o morirás- le advirtió la chica que acababa de entrar.
-Me vais a matar de todos modos, dejad a los niños tranquilos- pidió Alicia.
En ese momento la silueta de alguien que Alicia conocía entró en el autobús y avanzó hacia ella, cuando este se arrodilló delante de ella, Alicia vio la sonrisa de aquel tipo. Una sonrisa que la perturbó desde que la vio por primera vez.
-Hola de nuevo. No puedo creer que te hayan dejado aquí a ti sola cuidando de los niños y del fuerte-
Ante ella estaba Arturo mirándola con su amplia sonrisa, detrás de el había varios hombres agarrando a Yako para que no se moviera. Arturo se paseó por el autobús y acabó tomando asiento cerca de ella.
-¿Qué haces aquí Arturo?- preguntó Alicia.
-Deja de llamarme así, mi nombre es Guillermo Lujan, ese es mi verdadero nombre- dijo con una sonrisa más amplia.
En ese momento uno de los hombres entró dentro del autobús y se dirigió a Lujan al oído.-No hemos encontrado ni un arma, solo cajas de munición y demás, se las han llevado todas-
Lujan miró a Alicia y se percató que esta lo miraba desafiante.
-¿Dónde están los demás? Seguro que no han podido ir muy lejos. Bueno, se me ocurre que vamos a pasárnoslo bien, nos la llevamos de aquí, a ella y a los niños, si los demás quieren recuperarla tendrán que hacer un intercambio, todas sus armas por las vidas de ellos- explicó Lujan mirando a Alicia.-Además, será divertido ver lo que hace ese capullo de Juanma cuando se entere de lo que hemos hecho- Lujan miró en ese momento a Vicky, la cual estaba siendo retenida por la chica.-Tu papa tendrá que venir a buscarte, si no lo hace te mataremos-
Poco después se los llevaron dejando allí solo el autobús y el Ume, aunque antes de marcharse habían dejado unas cuantas notas y un walkie talkie. Para Alicia que estaba siendo transportada mientras estaba amordazada, aquello le provocaba una extraña sensación de dejavu y aunque prácticamente lo había olvidado, recordó al sargento Molano. Tampoco podía evitar pensar en los niños, ella sentía más miedo por ellos que por ella misma. En esos momentos deseó que aquel tipo, Lujan, Arturo o como se llamase, hubiese muerto cuando debía.
*****
Eva y yo entramos atravesando un enorme portón de la cementera, deseaba averiguar que demonios había pasado en aquel lugar, era obvio que los habían dejado por su cuenta cuando los primeros días de infección y que entre los No Muertos, los habitantes de aquella población habían tenido varios conflictos hasta el punto de quizás, tener guerras entre ellos. Al menos eso era lo primero que venia a mi mente al ver todo lo que estaba viendo y la completa ausencia por el momento de hordas de infectados, aunque también estos podrían haber abandonado la población en busca de comida debido a que allí no había nadie. Demasiadas incógnitas.
-Mira esto- dijo Eva a mis espaldas.
Me giré y vi que estaba señalando la puerta de madera de lo que parecía una nave industrial, esa puerta tenía puesto un candado que la mantenía cerrada. Eva y yo nos acercamos con cautela y entonces escuchamos los gruñidos al otro lado de la puerta, ella y yo nos miramos cuando nos dimos cuenta de lo que había al otro lado. Yo me arrodillé cuando vi un agujero en la puerta y me asomé por el diminuto agujero, el interior estaba oscuro, había algo de luz, pero muy poca. Lo que más se notaba era el olor. El típico olor de los No Muertos.
-¿Qué hacemos? ¿Acabamos con ellos?- me preguntó Eva, por la expresión se notaba que sentía lastima por aquellos que había al otro lado.
Yo negué con la cabeza, no estábamos obligados a ello. Y no sabíamos cuantos podría haber al otro lado, si había muchos no solo seria peligroso si no que gastaríamos mucha munición. Lo mejor sería dejarlo correr y no meternos en ese lio, lo mejor seria volver a los vehículos y encontrarnos a los demás, quería saber si habían averiguado algo.
*****
David, Andrea y Sandra habían llegado a lo que quedaba de una tienda de electrodomésticos, desde el exterior habían visto lo que parecían personas, pero al entrar vieron que se trataba solo de maniquíes que alguien había puesto allí por algún motivo. Cuando los vio, Sandra no pudo evitar sonreír al recordarle a la película “Soy Leyenda”, ya que le recordó al momento donde Will Smith hablaba con los maniquíes para no sentirse solo. En ese momento recordó también a Hugo, aquel que la llamaba “la soy leyenda”, lo recordó con cierto cariño, quizás no le caía muy bien por sus continuos intentos de meterse con ella. Los tres pasaron al interior de la tienda y se acercaron a los maniquíes, estos tenían lo que parecía una grabadora pegada al pecho gracias a unas tiras de celo.
-¿Qué significa esto?- preguntó Andrea mirando los inquietantes maniquíes con la mirada perdida.- Parece que los usaban para atraer a los infectados, era una forma de engañarles-
En esos momentos los cristales del escaparate comenzaron a vibrar, los tres se quedaron sorprendidos, era como si varios vehículos se acercaran por aquella calle abandonada.
-¿Serán los demás?- preguntó Andrea mirando a David y Sandra, pero estos no respondieron.
David se acercó al cristal y puso la mano sobre el. Este cada vez vibraba con más fuerza y hacía evidente que se estaban acercando varios vehículos. Entonces David vio aparecer el primer de los vehículos, era un hunvee de color verde. Rápidamente sintió el peligro que esa aparición repentina representaba y miró a las dos chicas.
-Al suelo ahora mismo y no habléis-
Los tres se tiraron al suelo y pudieron ver los vehículos que cruzaban la calle gracias a un espejo que había en el techo de aquella tienda de electrodomésticos. David los veía pasar y se dio cuenta de que no eran de su grupo, entonces reflejado en el espejo vio a uno de sus ocupantes, se trataba ni más ni menos que de Arturo. Este estaba sentado en el asiento del copiloto de uno de los Umes. ¿Qué estaba haciendo ese tipo allí? ¿Quién era en realidad? ¿Cuál era su verdadera identidad? Fuese quien fuese no estaba solo y había traído a otro grupo con el.
*****
Eva y yo llegamos a donde habíamos dejado el autobús y el Ume, lo primero que me llamó la atención al llegar fue que Vicky no saliera a recibirme y que Yako estuviese ladrando de una forma exagerada. Algo no andaba bien, Eva y yo miramos a nuestro alrededor esperando ver infectados, pero no apareció ninguno, entonces vimos a David, Andrea y Sandra que aparecieron corriendo por la calle, de los demás no había ni rastro.
Cuando los tres llegaron hasta donde estábamos, vi la cara de David, esta estaba desencajada.
-¿Qué demonios pasa?- pregunté.
-Hemos visto a Arturo. Y este estaba con más gente, creo que venían de aquí a juzgar por la dirección- respondió David.
Rápidamente me adentré en el autobús esperando ver a Alicia y los niños, pero allí no había nadie. Entonces me temí lo peor cuando vi un walkie talkie colgando del techo, ese no lo habíamos dejado nosotros allí, cuando lo cogí vi una nota.
“Espera mis instrucciones y no hagas tonterías. Haz algo raro, tu o tus compañeros y los rehenes morirán” firmado: Arturo

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