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viernes, 12 de octubre de 2012

Capitulo 169: El enemigo de mi enemigo es mi amigo, part 2



Colomer y Ochoa se encontraban vigilando cerca de las vallas electrificadas. Había más soldados, pero ellos se estaban encargando en esos momentos de abatir a todo infectado que se acercaba a las vallas. Acababan de abatir a una mujer joven. Cuando esta yacía nuevamente muerta, estos bromeaban y se reían del aspecto de esta. Entonces Colomer creyó ver algo que se movía veloz entre la maleza.
-¿Qué es eso? Me ha parecido ver algo que se movía rápido por aquella zona. Iba como agazapado-
-Podría ser un animal o un podrido. También podría ser uno de esos monos. Los que están al servicio del francés-
-Bueno, esos monos no tienen ni media hostia… ni siquiera tienen buena puntería, les dimos bien en el hospital. ¿Recuerdas a ese que…?- la frase de Ochoa se cortó de golpe al ver como la cabeza de Colomer se sacudía y Ochoa se veía empapado en su sangre.
De pronto una ráfaga de balas comenzó a llover sobre los guardas y estos comenzaron a caer como moscas, Ochoa se lanzó al suelo para ocultarse detrás de un jeep, este pensaba que estaba a salvo pero entonces vio como una granada caía justo a su lado.

Jorge escuchó la explosión en ese momento y supo que el ataque había comenzado, rápidamente miró a Roache. Luego miró a los demás soldados y comenzó a hacer gestos con la mano para que avanzaran.
-Si hay vigilantes allí acabad con ellos usando el silenciador. Cuanto menos sepan que estamos invadiéndoles por aquí, mejor-
Los soldados asintieron y salieron a la carrera, no pasó ni un minuto cuando uno de ellos volvió para dirigirse a Jorge y Roache.-Esta despejado y la entrada cubierta-
Jorge asintió y salió de su escondite seguido por Roache. Cuando llegaron donde estaba la entrada, Jorge vio que estaba cubierta por ladrillos rojos.
-El C-4-pidió Jorge.
Dos soldados avanzaron y comenzaron a colocar las cargas. Cuando las detonaron, desapareció media pared, mientras  en la superficie se libraba una guerra por ambos lados. Los soldados de Beltrán y Reverte estarían tan ocupados allí que no se percatarían de la amenaza que se les acercaría por debajo.  Una vez la entrada estuvo abierta, Jorge comenzó a dar indicaciones. Jorge y Roache se quedaron los últimos y entonces el coronel francés miró a su aliado.
-Más te vale que no me la juegues chaval-
-No se preocupe coronel. Ahora es hora de avanzar-
*****
La salud del científico anciano había empeorado, por las caras de Abigail se notaba que la vacuna no había sido suministrada a tiempo y el pobre hombre se estaba yendo poco a poco entre terribles temblores y vómitos de sangre. Silverio y Hanzo no hacían más que contemplar la posibilidad de acabar con aquel hombre, aunque eso hiciese reaccionar negativamente a los otros científicos, no podían arriesgarse a tener allí a uno de aquellos seres.
-Abi…- la llamó Silverio, cuando ella se le acercó siguió hablando.-Ese viejo tiene mal aspecto, es evidente que la vacuna no le ha hecho efecto. Ya sabes lo que se tiene que hacer, aunque te duela-
-Ese hombre es muy importante, será una gran perdida, el patentó el virus y gracias a el conseguimos la cura. Y por eso creo que contrajo el virus, se arriesgo demasiado-
-Necesito que hables con los demás y les expliques que debemos hacerlo. Se que no es fácil, pero debemos hacerlo. Estará recién infectado y eso lo hace extremadamente peligroso porque se moverá con más agilidad que los otros. Explícaselo a los demás y lleguemos a un acuerdo antes de que sea demasiado tarde-
-Ya lo se, pero no se como hacerlo. Es un hombre muy querido entre nosotros, algunos estamos vivos gracias a el. Cuando los soldados nos llevaron por la fuerza iban a matarnos, pero el dijo que necesitaba un equipo. Así que si nos hacían algo, el tampoco los ayudaría-
-¿Cómo se llama?- preguntó Silverio.
-Es Basilio Gascón, licenciado en Oxford. Una de las mentes más prodigiosas de este mundo. Sin el habríamos muerto no solo nosotros, si no la humanidad al completo- explicó Abigail.
Silverio asintió comprendiendo lo que significaba aquel hombre, después miró a los demás y comenzó a caminar en dirección al anciano científico, el cual se le quedó mirando.
-Escúcheme doctor. Como imagino que usted bien sabe, el virus esta tomando su organismo y ya no tiene salvación, usted tanto como yo, sabe lo que se tiene que hacer, pero quiero que me diga si esta de acuerdo y lo acepta-
El doctor asintió y Silverio sacó su arma para depositarla sobre la frente del anciano. Este había aceptado morir en ese momento. Mientras los demás científicos se apartaban un poco, el anciano comenzó a rezar, cuando acabó le hizo un gesto a Silverio para que apretara el gatillo. Silverio dejó pasar unos segundos, se santiguó y apretó el gatillo.
*****
Tras volar la pared de ladrillo, Jorge y su grupo comenzaron a recorrer el largo pasillo hasta que llegaron al laboratorio, una vez allí se dieron cuenta de que este estaba cerrado y a oscuras. Los soldados encendieron las linternas y vieron que todo estaba limpio. Era como si allí no hubiese habido nunca nada. De vez en cuando llegaba hasta ellos el sonido de los disparos y las explosiones del exterior, mientras estas continuaran, ellos tendrían vía libre.
-Señor, la puerta esta cerrada, parece que la han bloqueado desde el otro lado- dijo uno de los soldados dirigiéndose a Roache.
-Vuélala- dijo Jorge.
Los soldados hicieron lo que Jorge dijo y en pocos minutos estaban fuera del laboratorio, las cámaras estaban apagadas y no los iban a detectar, aun así, la explosión del laboratorio habría hecho vibrar las paredes de aquel subterráneo. Tal como Jorge pensaba, por el final del pasillo aparecieron varios soldados que cuando intentaron disparar fueron rápidamente abatidos por los hombres de Roache. Aunque a Jorge no le gustaban un pelo, tenía que reconocer que aquellos hombres eran increíblemente eficientes. Todos siguieron el pasillo y Jorge rápidamente se encontró con la sala de retención donde había estado junto a Silverio y Hanzo, pasaron de ella y llegaron al despacho de Reverte. Lo cruzaron rápidamente con las armas en alto dispuestos a disparar, pero allí dentro no había nadie.
-¿Dónde coño esta ese cabrón?- preguntó Jorge dándole una patada a la mesa.
-Señor, hemos encontrado un ascensor que solo va hacia abajo- dijo uno de los soldados entrando por la puerta.
Roache y Jorge cruzaron una mirada y Jorge negó con la cabeza.-No sabía nada de ese ascensor, no había pasado nunca de este piso. Entonces es posible que en los pisos de más abajo haya más soldados protegiendo a Beltrán y Reverte. Es muy posible que allí abajo del todo haya más ampollas de la vacuna, así que movamos nuestros culos hacia allí a la de ya- la mirada de Roache se tornó a posar sobre Jorge y este se adelantó a lo que Roache iba a decirle.-Si, ya se que si se la juego me matara, pero ya le digo que no sabía nada de esos pisos inferiores, ninguna de las veces que me infiltré pasé de este piso… dios sabe lo que hay ahí abajo. Podríamos encontrarnos con muchísima resistencia, aun así era obvio que un sitio tan vigilado no podría ser tan pequeño-

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