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viernes, 21 de septiembre de 2012

Capitulo 166: Conflictos internos y sabotajes, part 3



Madrid…
Aeropuerto de Barajas…

Silverio y los cuatro científicos por fin habían llegado al aeropuerto. Llegaron hasta el hangar donde estaba oculto el helicóptero y Silverio tuvo que enfrentarse a las preguntas de Daniela y Bianca, las cuales no hacían otra cosa que preguntarle por Jorge y Hanzo sin reparar en la presencia de los científicos. Silverio les contó todo lo que había pasado y les dijo que tendrían que esperar a que Jorge volviera con Hanzo, si es que volvían. La verdad es que era complicado. Demasiado a decir verdad. Lo único que les quedaba era esperar. Mientras los tres hablaban, por primera vez, Daniela se percató de la presencia de los científicos.
-¿Quién es esta gente?-
-Científicos que trabajaban en el bunker- respondió Silverio mientras observaba como dos de ellos ayudaban a sentarse al más mayor que no dejaba de toser y de vez en cuando soltaba esputos rojizos.
-Ese de ahí parece enfermo- dijo Daniela.-Sus síntomas se parecen a los que tenían los primeros que se infectaban- la ultima frase la dijo en voz baja y Silverio se percató de que era cierto.
Silverio se acercó y miró al anciano doctor, el cual al verlo le apartó la cara para que no se la viera, entonces Silverio miró a Abigail-¿Qué le pasa?-
-Es mayor y ha habido mucho estrés desde que salimos de allí. Además, uno de los tres que su amigo dejó tirados era su hijo-
Silverio se levantó y se acerco a Abigail y la agarró del brazo para alejarla del grupo y hablar en privado.-Si no los llega a dejar, seriamos más cadáveres-
-Y si no les hubiésemos propuesto el trato, ustedes no habrían salido vivos del laboratorio y ahora yacerían abiertos en canal sobre las camillas- respondió Abigail sacudiendo su brazo para soltarse.
-Y eso es algo que agradeceré, pero ese hombre tiene los síntomas del virus. Si muere, tendremos a uno de esos bichos aquí- dijo Silverio señalando al anciano que tosía.
Abigail hizo una mueca y rápidamente se dio la vuelta, dejó el maletín sobre un taburete y lo abrió, allí habían varias ampollas, cogió una y miró al anciano.-Esto es el antivirus-
Luego miró al anciano y avanzó hacia el, luego le inyectó el liquido del interior de la ampolla en el brazo. Luego Abigail miró a Silverio.-Es la primera vez que lo probamos en humanos, espero que no nos hayamos equivocado-entonces Abigail vio el helicóptero y luego miró a Silverio.-Vaya, vaya. Ya se quien eres. Me parece que tenemos que hablar-
-¿Qué es lo que quieres?-preguntó Silverio.
-Saber cuando nos vamos, permanecer aquí es peligroso- respondió Abigail.
-Aun no podemos, estamos esperando a un grupo de Valencia que tiene que llegar-
-¿Desde Valencia? No llegaran nunca, y si lo logran, cosa que dudo, el grupo del francés o de Reverte los encontraran antes-
-Aun así debemos esperarles. Les di mi palabra- dijo Silverio a pesar de que sabía que lo que acababa de decir la científica era verdad, aquel grupo se jugaba muchísimo al tratar de llegar hasta ellos.
*****
Hanzo estaba agotado y a pesar del dolor de las torturas ya ni siquiera podía gritar. El dolor había desaparecido. Aun así había allí dos soldados que se habían quedado vigilándolo, uno de ellos se divertía apagándole cigarrillos en el pecho descubierto y el otro había comenzado a hacerle cortes en los dedos de la mano. Entonces entró un tercero cargado con la katana de Hanzo.
-¡Eh ultimo samurái! ¿Reconoces esto?- preguntó poniéndole la hoja de la espada delante de la cara.-Si pequeño, es tu espada, tu querida espada-
Hanzo no contestó, simplemente se limitó a mirarlo cabizbajo, ya no le quedaban fuerzas, la muerte no tardaría en llegarle.
-¿Qué hacemos con el Ramírez?- preguntó el que le hacía los cortes al de la katana.
-Aunque me gustaría cortarle la cabeza con su propio juguete tendré que aguantarme. El capullo de Reverte no quiere que lo matemos-
-A mi me han ordenado que disparemos a matar si trata de escapar- dijo el otro mientras apagaba otro cigarro en el vientre de Hanzo.
-¿Pero como va a escapar con lo hecho mierda que esta? Nos toca quedarnos sin diversión, lo malo es que Reverte se cree que este rollito de primavera va a hablar y lo que me parece a mi es que este no dirá una mierda. Míralo bien, no puede. Además, a los samuráis les guía el honor, morirá antes que traicionar a los suyos-
*****
Jorge se había acordado del camino y había vuelto por donde habían escapado la última vez. En ese momento se asomó por una esquina y vio la entrada que habían abierto. Al no haberles dado tiempo a cerrarla, había dos hombres acompañados de perros custodiándola. Jorge se asomó poco a poco y apuntó con una flecha a la cabeza de uno de ellos, tensó la cuerda y finalmente la soltó. La flecha salió silbando y se clavó en la cabeza de uno de los soldados con tanta rapidez que al segundo no le dio tiempo a reaccionar, enseguida una segunda flecha se clavó en su cuello y también se desplomó.
-Joder…- murmuró Jorge mientras se asomaba poco a poco.
Los perros lo vieron pasar por su lado, pero ni siquiera emitieron un solo ladrido, estaban demasiado ocupados dando buena cuenta del buffé libre que acababan de ofrecerles en bandeja de oro.
Jorge se adentró por el pasillo y al rato se escondió al escuchar unos pasos, desde su escondite vio pasar a un soldado. Rápidamente salió de su escondite y golpeó al soldado en la cabeza con el bate, la cabeza de este se abrió como un melón. Por fin tenía un arma de fuego de gran calibre a su disposición, no había arrebatado la de los dos guardias por miedo a poner nerviosos a los dos perros.
Jorge siguió el pasillo hasta que llegó al laboratorio. Ahora solo le quedaba averiguar donde estaba Hanzo, y sabía muy bien como averiguarlo. Necesitaba un rehén. Poco después cruzó la puerta del laboratorio y llegó a la sala de ocio de los soldados, supo que lo era porque había cartas tiradas en el lugar. Mientras avanzaba se dio cuenta de que las cámaras no funcionaban, lo que le hacía imaginarse que se habían confiado y que no creían que serian tan estúpidos de volver a meterse allí sabiendo que les buscaban, pero Jorge iba a usar esa confianza a su favor para salirse con la suya, con suerte también se la devolvería a Beltrán. Jorge se miró la hora en ese momento, ya debía haber amanecido.
*****
Día 22 de Junio de 2009
Día 374 del Apocalipsis.
Afueras de Valencia 08:00 de la mañana.

Con el amanecer comenzamos a prepararnos, en el grupo de búsqueda de neumáticos iríamos Abel, Arturo, Ulises, Luci, Cesar, Ray y yo. El que se encargaría de conducir sería Abel. Antes de salir comenzamos a desayunar café y zumo que había preparado Sole, después de beber mi parte me acerqué a Eva y a Vicky.
-Cariño- dije poniéndome a la altura de Vicky.-Ya se que te dije que no me iría, pero no tardare en volver, tengo que ir a un sitio cercano y volveré enseguida-Vicky asintió con la cabeza y luego miré a Eva.-Cuida de ella, estaré de vuelta en una hora como mucho-
-Ve con cuidado, solo te pido eso-
Asentí con la cabeza y unos diez minutos después, el grupo elegido nos subíamos al furgón para ponernos en marcha.
Con Abel de conductor y yo de copiloto partimos rápidamente en dirección al atasco, quince minutos después llegamos al atasco, había multitud de vehículos, los suficientes para elegir. Nos bajamos del furgón y comencé a repartir las armas entre los presentes, cuando le pasé su fusil a Arturo este me miró con una sonrisa.
-Ahora si que te acabas de ganar mi eterna amistad colega-
-Te tendré vigilado…colega. Ahora manos a la obra- dije.
Nos repartimos un poco por el atasco mientras íbamos tanteando los neumáticos. Algunos estaban deshinchados, pero otros estaban en perfecto estado, habíamos encontrado los que nos vendrían perfectos para el Ume y el furgón, así que comenzamos a sacarlos gracias a las herramientas de Narciso, las cuales nos había legado. Nos quedaba encontrar las que nos sirvieran para el autobús. Entonces escuché el grito de Luci. Me dirigí corriendo hacia ella y cuando estuve a su lado me señaló un autobús a unos doscientos metros de nuestra posición.
-Ese es del mismo modelo que el nuestro, esperemos que estén en condiciones- en ese momento me fijé que Luci se llevaba la mano a la cabeza.-¿Te pasa algo?- le pregunté.
-Si, debe ser el sol, me da de lleno en la cabeza y ya empieza a hacer calor del bueno-
Los dos seguimos caminando por el atasco mientras nuestros compañeros iban cargando en la parte trasera del furgón. Al rato vi aparecer a Cesar con las herramientas, cuando estábamos ante el autobús nos dimos cuenta que el interior estaba lleno de cadáveres, algunos parecieron cobrar vida con nuestra presencia.

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