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viernes, 21 de septiembre de 2012

Capitulo 166: Conflictos internos y sabotajes, part 4



Campamento a las afueras de Valencia…

Eva se encontraba vigilando desde lo alto de una plataforma, el edificio en construcción junto al que habían acampado estaba rodeado por un solar en el que en un futuro sería una especie de plaza de un edificio importante. Aunque con todo el asunto de la pandemia se dejo tan solo el exoesqueleto y nadie lo iba a acabar ya. Eva observaba desde allí el camino por si aparecía algún rebaño o algún No Muerto solitario. De vez en cuando le echaba un ojo a la pequeña que permanecía junto a Sandra y el perro. Al cabo de un rato vio que Vanesa caía desmayada.
Eva en ese momento comenzó a sentirse mareada y se dejó caer de rodillas sobre el suelo de hierro, con los ojos todavía abiertos vio como más de sus compañeros caían fulminados en extrañas circunstancias, finalmente a Eva se le nubló la vista y seguidamente cerró los ojos quedándose inconsciente.
*****
Atasco a las afueras de Valencia….

El sol nos golpeaba fuerte mientras Luci, Cesar y yo quitábamos las ruedas del autobús mientras vigilábamos a los infectados del interior, los cuales daban golpes en los cristales reclamando nuestra carne. Podía fijarme en mis compañeros que estaban sudando y tenían mala cara, yo también me encontraba raro. Me sentía mareado, aunque podía ver a mis compañeros que parecía ser que lo estaban pasando mucho peor. Cuando por fin logramos quitas las cuatro ruedas al autobús volvimos al furgón. Miramos buscando con la vista a los demás y los vimos junto a unos vehículos.

Abel había descubierto un vehículo con un modelo de neumático similar al del furgón, la verdad es que había pensado que no pasaría nada si se llevaban unos pocos más. Ray se puso en cuclillas y comenzó a quitar el neumático. De repente una mano salió de repente de debajo del vehículo y tiró de Ray. Este cayó de espaldas y comenzó a gritar mientras veía surgir a un infectado de debajo del vehículo, el No Muerto comenzó a morderle la bota y Ray le asestó varias patadas, pero aquel ser no lo soltaba. Abel se agachó y agarró a Ray por las axilas, luego tiró de el y arrastró a los dos fuera. Cuando el infectado estuvo fuera, Ray le pateó la cabeza.
-¿Estas bien?-preguntó Abel.
Ray no contestó, rápidamente se quitó la bota y entonces palideció al ver el calcetín con una pequeña mancha de sangre. Aquel ser había atravesado la bota y le había clavado algún diente.
-Joder…¡¡¡No!!!- gritó Ray presa del pánico.
Rápidamente Arturo y Ulises le apuntaron a la cabeza con sus armas. Estaban dispuestos a dispararle, era obvio que llevaba ya el virus en el organismo. Abel se puso delante y apuntó a las cabezas de ambos.-No vas a hacerlo-
-¿Has perdido la cabeza? Le han mordido y le han infectado- dijo Arturo.
-La bota es muy gruesa y puede que solo le haya rozado un poco, esperaremos a que tenga los síntomas, no voy a dispararle por que si-
Entonces aparecimos corriendo Luci, Cesar y yo por allí.
-¿Qué ha pasado?-pregunté yo.
-Un apestoso le ha mordido, se convertirá en uno de ellos- respondió Arturo.
Yo miré a Ray y vi lo que había pasado, apenas había sangre y Ray me explicó como había sido, como tenía mis dudas opte por no matarle. No quería equivocarme.
-Ya tenemos todo lo que necesitamos. Volvamos al campamento- dije.
-Si, volvamos, no me encuentro muy bien- confesó Arturo.
Todos volvimos al furgón y nos pusimos en marcha de regreso hacia el campamento. Mientras Abel conducía iba vigilando a Ray, el cual en el asiento de atrás seguía pálido. Entonces vi como Luci y Cesar parecían quedarse dormidos, seguidos por Arturo y Ulises. Eso hizo que me alarmara y entonces escuché un ruido a mi izquierda, al mirar vi a Abel, el cual se había caído sobre el volante. El furgón que ya iba rápido perdió el control, intenté recuperarlo, pero acabamos chocando a gran velocidad contra un vehículo abandonado. El furgón atravesó una valla y volcó. Yo perdí en ese momento agarré y salí despedido hacia delante atravesando el cristal del parabrisas. Caí al suelo de tierra y me quedé mirando al cielo, poco después perdí el conocimiento debido al fuerte dolor de cabeza y a la sangre que me salía de ella.
*****
Madrid…

Jorge llegó hasta el mismo lugar donde les habían tenido encerrados horas antes. Allí no encontró a Hanzo, pero si que encontró a un militar al que apuntó con la pistola que le había quitado al cadáver en la tienda de deportes. El soldado no tuvo tiempo ni de abrir la boca por que Jorge se la tapó con una mano.
-Estate calladito si no quieres que tu cabeza se convierta en un colador y atento a mi pregunta, porque será sencillita. Ahora asiente si me has entendido.-
El militar asintió y Jorge comenzó a hablarle.-Me conoces ¿Verdad? Y ya sabes como va esto, dime ahora mismo donde tenéis al japonés… y más vale que este entero. Ahora habla-
-Esta en la sala de torturas. Unos soldados se están divirtiendo con el-
-No me mientes ¿Verdad? Porque si me mientes no me importará matarte-
-No saldrás vivo de aquí de todos modos, alguien como tu llama mucho la atención-
-Es posible, pero he venido decidido a llevarme a mi compañero y no me iré de aquí sin el. No me importa si tengo que deshacerme de unos cuantos cabrones-
En ese momento alguien apuntó a la cabeza de Jorge, enseguida conoció la voz de Beltrán. Jorge levantó las manos y se fue dando la vuelta poco a poco. Miró fijamente a Beltrán y sonrió a pesar de tener un arma apuntando a la cara.
-No pareces tener miedo. ¿Acaso perdiste la cabeza?-
-Esto es justo lo que quería, que me pillaran y me llevaran ante ti, pero oye. Has venido tu en persona, eso ahorrara el trabajo- dijo Jorge mientras pensaba improvisando un plan nuevo.
-Tienes huevos, pero no te servirán de nada mientras estas enterrado- le amenazó Beltrán.-¿Qué me impide matarte aquí ahora mismo? Para mi sería muy fácil-
Jorge sonrió de nuevo más ampliamente.-Lo que le impide matarme aquí y ahora es que yo se los planes del enemigo-
-Coño y yo también. Adiós, pero no me convences- dijo Beltrán quitándole el seguro a su arma.-Todos los de aquí conocemos al puto francés-
Jorge comenzó a reírse en la cara de Beltrán.-No imbécil, no me refiero a Roache, aunque también se cosas de el que ni tú ni el soplapollas de tu amigo, ni los maricas de tus hombres sabéis. Yo me refiero a un grupo de asalta caminos que están deseando joderos-
-Muy bien…gracias por la confesión. Adiós…-
-Yo no lo haría-respondió Jorge- Porque aquí y ahora… soy el único aquí que sabe, primero, donde esta el súper puma y segundo, donde esta la cura para el virus que tanto ansían y tercero, como van a atacarles los otros grupos, pero solo se lo diré si nos dejan escapar a mi y al japonés-
-Ni lo sueñes- respondió Beltrán.
En ese momento Reverte hizo acto de presencia allí también.-Roger, baja el arma-
-Ya has oído terminator, baja el arma o métetela por el culo- dijo Jorge con una sonrisa.
-Quiero matar a este mierda. No pienso dejarle que juegue con nosotros- respondió Beltrán, pero Reverte le quitó el arma.
-Me interesa lo que pueda contarnos- Reverte miró a Beltrán.-Que suelten al japonés y que lo lleven a la enfermería. Mientras yo hablare con nuestro invitado, sígueme por favor-
Jorge le dedicó una última sonrisa a Beltrán antes de marcharse con Reverte. Había logrado que no lo mataran pensando rápidamente en una estrategia y marcándose un farol, lo peor era que no sabía como seguir con el plan de fuga, aunque al menos estaba vivo.
*****
Afueras de Valencia…

Abrí los ojos lentamente y vi el cielo nocturno. Se había hecho de noche y cuando me miré la hora, pensé que estaba viendo ilusiones, eran las 22:30 de la noche, llevaba horas inconsciente. Me incorporé lentamente con dolor, me quedé un rato sentado sobre la tierra y miré al furgón, este estaba volcado y veía a Abel en el interior. Su cara estaba manchada de sangre. Me puse en pie poco a poco y fui caminando hasta que llegué al furgón, el cristal del parabrisas estaba roto. Me deslice hacia dentro y le tomé el pulso a Abel, estaba vivo.
-Vamos gigantón, despierta- dije  a la vez que le daba palmadas en las mejillas, cuando este abrió los ojos se me quedó mirando.
-¿Qué ha pasado?-
-Que nos hemos pegado una hostia- le respondí a la vez que escuchaba un golpe en la parte de atrás, segundos después apareció Luci tirando de Cesar, ambos sangraban por la cabeza.-¿Estáis bien ahí atrás?-
Luci asintió a la vez que sonreía.-Parece que alguien nos metió algo, porque caímos todos al mismo tiempo-
Arturo y Ulises salieron también a rastras en ese momento. Al único que no veía era a Ray, me acerqué y al asomarme lo vi entre los neumáticos, estaba en una postura rara. Era como si se hubiese desnucado.
-¿Ray?-pregunté adentrándome en la parte trasera del furgón. Cuando llegué hasta el intenté tomarle el pulso, pero rápidamente alargó una mano hacia mi y me agarró de la muñeca.
-Estoy bien, sácame de aquí-
Sonreí aliviado y tiré de el con cuidado, nos quedamos un rato allí para recuperarnos, era obvio que la misma persona que había roto el teléfono nos había drogado, aunque no conocía el motivo por el que nos habían hecho eso, simplemente sospechaba de Sole, ella era quien nos había servido el zumo y el café. Tenía que haber sido ella. Poco a poco me puse en pie y miré a mis compañeros.
-Ayudadme a poner este trasto bien, veamos si todavía funciona y volvamos cuanto antes. Me da miedo que les hayan hecho lo mismo a los que nos esperan allí. Podrían atacarles los infectados-
Todos nos pusimos manos a la obra y levantamos entre todos el furgón. Seguidamente Abel se puso al volante y puso en marcha el motor. Habíamos tenido suerte. Poco después pusimos rumbo a toda velocidad hacia el campamento.

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