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jueves, 13 de septiembre de 2012

Capitulo 165: Resignarse a morir o empeñarse en vivir, part 3



Los dos soldados que habían tratado de burlarse de Jorge y los demás habían estado en la sala de monitores desde que a estos se los habían llevado allí. No querían perderse el espectáculo donde verían como les inyectaban el virus y luego la cura. Disfrutarían viendo aquello, ya que luego, funcionase o no, los abrirían en canal.
En los monitores se veía a los tres prisioneros amarrados en las camillas mientras los científicos pasaban por su lado y les tomaban la temperatura y les inyectaban cosas. Tanta tontería los estaba estresando. No estaba ocurriendo nada realmente interesante, en ese momento uno de ellos se dio cuenta de algo inusual. La misma doctora había repetido la misma acción varias veces y de nuevo lo estaba volviendo a hacer, en ese momento la pantalla hizo un movimiento raro después de que la doctora saliera de plano y seguidamente esta volvió a aparecer inclinándose encima del español.
-Eh, mira eso. Ahí pasa algo extraño- dijo uno de ellos plantando el dedo en la pantalla.
-No hay nada extraño-
-¿No?... esta repitiendo lo mismo una y otra vez. Es como si fuera…-
-¿Una grabación?-
Los dos soldados intercambiaron una mirada y salieron corriendo de la sala de monitores, se cruzaron con varios soldados a los que incitaron a seguirles. Llegaron a la puerta del laboratorio y uno de ellos se apresuró a ponerse junto al lector de tarjetas.
-Prepararos para disparar a discreción en cuanto se abra la puerta-
-¿Lo ordenó Beltrán?-preguntó uno de los soldados que formaba parte de la docena que habían reunido en ese momento.
-Lo ordeno yo- dijo el primer soldado a la vez que pasaba la tarjeta por el pasador.
La puerta se abrió de golpe y una masa de brazos y piernas se abalanzaron sobre ellos. El tropel de No Muertos los engulló sin que les diera tiempo a reaccionar, ni siquiera llegaron a abrir fuego, lo único que les dio tiempo fue de gritar. Los gritos llegaron hasta el grupo de soldados que había en la sala jugando a las cartas.
-¿Habéis oído eso?-
-Deben estar haciendo el gilipollas- dijo un soldado que había conseguido una buena mano en el poker, cuando estuvo apunto de dejarlo sobre la mesa, escuchó como aporreaban la puerta. La estaban aporreando frenéticamente y eso hizo que se alteraran todos los de dentro.
Uno de ellos se puso en pie y corrió a abrir la puerta. Al abrirla un soldado ensangrentado se lanzó sobre el y comenzó a gritarle en la cara. No se le entendía nada. De pronto la puerta se abrió de golpe y otro soldado ensangrentado la cruzó, este se quedó mirándolos a todos con la mirada como perdida. Algunos de los soldados estaban en estado de embriaguez y comenzaron a reír mientras el primer soldado ensangrentado que había entrado ensangrentado entraba en shock.
-¿Qué esta pasando aquí? No pensareis que esto hace gracia…-dijo uno de ellos acercándose al segundo que había entrado. Cuando estuvo más cerca, el soldado ensangrentado le mordió en un brazo y este trató de zafarse mientras los otros comenzaban a gritar presas del terror al ver como entraban más ensangrentados.

Jorge se paró de golpe en medio del túnel cuando escuchó los gritos. Entonces Abigail lo cogió del brazo.
-Vamos, los infectados han salido del laboratorio, nadie salvo nosotros conoce este túnel, pero no tardaran en seguirnos.- Abigail tiró más de el.-Si nos encuentran nos mataran-
Todo el grupo comenzó a correr hasta que llegaron a un muro de cemento. Había varios escombros, allí había varias mazas apoyadas en la pared. Los dos que parecían más fuertes avanzaron unos pasos, cogieron las mazas y comenzaron a dar golpes para tirar el muro.
-¿De que va esto?- preguntó Jorge.
-Llevamos tiempo turnándonos para tirar abajo este muro desde que nos trajeron aquí por la fuerza. Queríamos fugarnos-
-Si vamos… como en Prison Break- dijo Jorge a medida que avanzaba y agarraba una maza al tiempo que les pasaba una maza a Silverio y otra a Hanzo. Seguidamente los tres comenzaron a golpear el muro rápidamente, el tiempo iba en su contra y en el momento que descubrieran aquel túnel, avanzarían por el a la carrera.
-Nos dejamos las armas- dijo Hanzo a la vez que golpeaba con la maza.
-Mejor las armas que la vida. ¿No?-
-¡¡¡Rubia!!!- dijo Silverio mirando a Abigail a la vez que golpeaba el muro.-¿Dónde lleva esto?-
-A las alcantarillas- respondió Abigail.
-Genial, a las alcantarillas otra vez.- dijo Jorge dando un nuevo golpe.
Con la cantidad de golpes que dieron, el muro acabó viniéndose abajo. Una vez con el agujero abierto comenzaron a cruzarlo uno a uno. Una vez lo hubieron cruzado, comenzaron a correr por los amplios túneles del alcantarillado, eran muchos y estaban haciendo demasiado ruido. Llegaron a una bifurcación y algunos de los científicos habían comenzado a entrar en pánico.
-¿Hacia donde vamos?- preguntó uno de ellos.
El Dr. Jack Thorne miró a ambos lados y comenzó a dar órdenes. –Debemos dividirnos. Así no sabrán hacía donde nos dirigimos-
-¡¡¡¡Tienen perros!!!!- exclamó una chica con gafas y coletas.-Nos encontraran-
-¿Perros? Esa parte te la saltaste cuando me contaste tu plan- dijo Jorge mirando a Abigail.
-Bien, pues dividámonos-dijo Silverio.
-Yo me quedo aquí- dijo Hanzo mirando a Jorge.
-¿Qué?, no puedes hacer eso- dijo Jorge plantándose delante de su compañero.-Se supone que íbamos a llegar juntos hasta el final-
-No te embales. No me va a pasar nada… y deja de mirarme así como si quisieras besarme. Seguid adelante mientras yo les despisto y juego con ellos-
-¿Es que quieres morir?- preguntó Jorge.
-Para el carro ¿Quieres? No me pasará nada, ahora hacedme el favor de salir perdiendo el culo de aquí. Me reuniré con vosotros más tarde-
Jorge que todavía llevaba la maza se la pasó y le sonrió-No es una katana, pero estoy seguro que en tus manos será un arma de destrucción masiva-
Hanzo sonrió y le dio a Jorge unas palmadas en las mejillas.-Nos vemos colega-
Hanzo se dio media vuelta y comenzó a desandar el camino que habían andado. Mientras los demás se dividían para complicar a los soldados que los encontraran.

Reverte y Beltrán escucharon los gritos de los soldados y acudieron con un gran número de soldados armados que rápidamente lograron abatir a todos los infectados que habían tomado el lugar. No les llevó demasiado tiempo controlarlo. Cuando llegaron hasta el laboratorio se dieron cuenta de lo que había pasado.
-¿Qué hacemos ahora?- preguntó uno de los soldados a medida que se asomaba por el túnel de piedra.
Beltrán sacó su arma y apuntó a la cabeza del soldado.-¿Tu que crees cara culo? Coged a los perros y seguidlos, no nos llevan mucha ventaja-
-A sus órdenes mi capitán- contestó el soldado.
Al poco rato aparecieron más soldados acompañados por varios perros de presa. Les dieron a oler unas batas de los científicos para que los perros comenzaran a seguir el rastro.
-Dadles caza. No dejéis que escapen por las alcantarillas, no me importa si tenéis que quemar la jodida ciudad hasta los cimientos. Quemadla y punto-ordenó Reverte gritando a pleno pulmón.
-Señor… se han llevando la vacuna- dijo uno de los soldados mientras jadeaba.
-¿Qué?...¡¡¡Matadlos a todos entonces!!! No quiero que quede ni uno. ¡¡¡Ni uno!!! A la mierda los putos científicos, ahí en ese maletín había veinticuatro ampollas, más que suficiente. ¡¡¡No necesitamos más!!!-
Los soldados con los perros comenzaron a entrar rápidamente en las alcantarillas mientras los perros ladraban siguiendo el rastro de los fugados.
*****
Las horas pasaban rápidamente y los chicos no habían vuelto todavía. Daniela comenzó a prepararse las armas, estaba dispuesta a salir en su búsqueda. Bianca se acercó a ella y la prohibió el paso.
-¿Pero donde te crees que vas?-
-Ya han pasado demasiadas horas desde que se fueron. Voy a ir a buscarles con o sin tu ayuda-
-Si te vas, tú también estarás en peligro. ¿Qué ocurrirá si mientras tu vas a buscarles ellos vuelven? No puedes irte, nosotras debemos cumplir nuestra parte de esperarles aquí. ¿Entiendes?-
-Muy bien, si antes de las cinco de la tarde no han vuelto me iré de aquí-
-Iré contigo entonces. Por lo menos no iras sola, pero ahora espera, solo espera-
Ambas se quedaron esperando mientras cada dos por tres la hora en el reloj. El tiempo estaba pasando y los chicos no volvían.

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