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jueves, 13 de septiembre de 2012

Capitulo 165: Resignarse a morir o empeñarse en vivir, part 4



Valencia…

Justo al medio día y por orden mía llegamos al parque de bomberos donde habíamos vivido tanto tiempo. Lo primero que hice nada más parar, fue a las tumbas de los amigos que habíamos perdido, cuando llegué junto a las tumbas saqué una bolsa de plástico con cenizas dentro. Eran ni más ni menos que las cenizas de Lidia. Me arrodillé delante de las tumbas y comencé a cavar un pequeño agujero. Cuando lo terminé de cavar metí la bolsa dentro y comencé a hablar.
-No quería echar tus cenizas en ningún lugar y creo que antes que llevármelas conmigo… con lo desastre que soy seguramente acabaría perdiéndolas en algún sitio. Recuerdo que una vez me dijiste que te gustaba mucho la playa, así que aquí es donde creo que debes estar.- las lagrimas comenzaron a brotar de mis ojos.- Aunque preferiría que estuvieses aquí conmigo, esto no es lo mismo sin ti. Se que dije que sería un buen líder, pero me esta costando mucho. Contigo al lado sería mucho más fácil-
En ese momento apareció allí Eva con Vicky de la mano. La pequeña iba cubierta con su impermeable y así evitaba mojarse con la lluvia que aunque había amainado, seguía lloviendo mucho.
-No estas tu solo- dijo Eva.-Yo estoy para ayudarte-
Me acerqué a ellas y me arrodillé delante de Vicky.-Mama descansara aquí para siempre, delante del mar que tanto le gustaba.-
-La echaré de menos- respondió la pequeña.
Yo asentí con la cabeza y la alcé cogiéndola en brazos. Luego miramos a las tumbas y entonces Vicky dijo algo que nunca olvidare.
-Tú siempre serás mi mama-
Eva me miró y segundos después comenzamos a caminar de nuevo junto a los demás. Estos estaban repartiendo las latas de comida y algunos habían comenzado ya a comer, se les notaba en las caras que estaban hambrientos. Vi a Ulises y a Arturo que también habían cogido sus respectivas latas. Cuando mi mirada se cruzó con la de Arturo, este me guiñó el ojo, luego siguió comiendo.
Poco después de comer partimos desde allí adentrándonos en la ciudad, sabíamos que calles debíamos tomar para no toparnos con atascos. Pronto llegamos hasta la autopista y vimos el cartel que marcaba los kilómetros que nos quedaban hasta Madrid. Esa era la carretera que debíamos seguir hasta que viéramos un atasco (según Arturo), justo entonces deberíamos tomar un desvío. Mientras conducía Eva no dejaba de mirarme, entonces dijo algo que yo llevaba pensando mucho tiempo.
-¿No te parece que esos dos saben demasiado sobre que camino tomar? Aquí hay algo raro-
-Si, también lo pienso, pero son inocentes hasta que se demuestre lo contrario. Además, hay algo que me escama, quiero saber de que van- contesté.
 Al cabo de unas horas, tal y como Arturo había dicho llegamos al atasco. Estaba apunto de anochecer y decidimos acampar por allí. No había infectados y la lluvia había parado. Necesitábamos descansar.
*****
Madrid…

Según la hora que marcaba el reloj de Jorge debía ser de noche. Seguían por los túneles de alcantarillado, se habían dividido hacía unas horas y la mayoría de científicos entre los que se incluían Thorne y Abigail se habían ido con Silverio y con Jorge. Eran solo siente en ese momento, el resto había escogido el otro camino y ya no habían tenido señales de vida de ellos. Los ladridos de los perros seguían escuchándose, aunque no parecía que estuviesen muy cerca. Mientras huían, Jorge no le quitaba ojo de encima al maletín que Abigail llevaba protegiéndolo con su vida. Entonces, después de avanzar más por el pasillo llegaron a lo que parecía un callejón sin salida.
-¿Por donde vamos ahora? Estamos atrapados- dijo uno de los científicos, un joven de unos treinta años.
Jorge comenzó a mirar hacia las paredes que tenía a los lados. Allí tenía que haber algo que les permitiera escapar, entonces se dio cuenta de algo, allí a tres metros por encima de ellos se encontraba un gran ventilador. Jorge corrió hasta la pared y seguidamente se dio la vuelta y miró a los científicos.
-Quitaros las batas- Les ordenó Jorge.-Venga, daros prisa-
En ese momento escucharon los ladridos de los perros y los gritos de los soldados que los perseguían, no sabían si era por que estaban cada vez más cerca o que el ruido era a causa del eco, pero sonaban cada vez más cerca.
-Venga, daros prisa si no queréis que nos cojan- decía Jorge dándoles palmas para que se dieran prisa.
Los científicos se fueron quitando las batas y entonces Silverio se dio cuenta de lo que pretendía Jorge. Rápidamente, ambos se pusieron a atar batas. Las estaban atando las unas a las otras para formar una especie de cuerda por la que poder ascender. Cuando las tuvieron preparadas, Jorge se las colgó al hombro y le pidió ayuda a Silverio para que lo ayudara a subir. El brasileño era mas alto y el sería la toma de apoyo de Jorge. Este se subió a sus hombros y entonces Silverio lo aupó, Jorge cogió impulso y se coló a través de las aspas.
-Vamos, id subiendo. De uno en uno…y no os pongáis nerviosos- mientras Jorge decía eso miró hacia el final del túnel, entonces se preguntó donde estaría Hanzo.
Silverio comenzó a subir apresuradamente, abajo aun quedaban siete científicos, si no se daban prisa los cogerían y seguramente acabarían matándolos.

Los otros siete científicos llegaron hasta un callejón sin salida. Cuando iban a darse la vuelta para tomar el otro camino se encontraron de pleno con los soldados y los perros. Los soldados comenzaron a ordenarles que se arrodillaran con las manos en la cabeza y los científicos obedecieron sin rechistar.
-Por favor, no nos hagan nada- pidió uno de ellos, un hombre con el pelo blanco y largo.
Entonces Beltrán apareció allí como por arte de magia. Observó bien a los científicos y se dio cuenta de que ninguno de ellos llevaba el maletín. Se acercó al que parecía el portavoz del pequeño grupo y lo agarró de las solapas de la bata.
-¿Dónde esta el maletín y el resto de los vuestros?-
-No están aquí, se fueron por el otro camino, si no nos hacen nada les ayudaremos a capturarles-
-No me interesa- dijo Beltrán sacando la bayoneta y cortándole el cuello al científico. Después de matarlo se puso en pie y se dirigió al resto de militares.-Matadlos-
Mientras Beltrán se alejaba escuchó los disparos mientras esbozaba una sonrisa, esperaba que el grupo que iba con Reverte tuviera más suerte y diera con los otros y recuperaran el maletín, al fin y al cabo era lo único que importaba.

Hanzo vio avanzar a un grupo de militares que se habían separado del grupo, el se había ocultado en una tubería grande en la que solo cabía acurrucado. Vio a los perros, eran dos pastores Alemanes de gran tamaño que estaban husmeando la zona en su busca. Hanzo necesitaba pillar al menos a uno de ellos por sorpresa para arrebatarle el fusil. Con un arma de fuego tendría más opciones de salir de allí con vida. Poco a poco se fue deslizando hacia el exterior y puso los pies en el suelo mientras veía a los soldados de espaldas junto a los perros. Se metió en el agua y rápidamente se zambulló en el agua. Se fue acercando por debajo del agua con la maza en las manos. Su plan era salir de golpe y golpear a uno de ellos primero, arrebatarle el arma y disparar a los otros dos. Hanzo tenía los ojos cerrados y se guiaba con las manos por delante, de vez en cuando se asomaba para respirar, y en una de esas veces vio a uno de los soldados a solas, era lo que estaba esperando, emergió rápidamente y se lanzó contra el, primero golpeó al perro con la maza, eso dejó al soldado atónito y Hanzo le dio un fuerte golpe en la cabeza. El soldado cayó contra la pared. Hanzo lo había logrado, cuando se disponía a cogerlo escuchó a sus espaldas como amartillaban un arma.
-Hola señor Miyagui. Estate quietecito si no quieres que mi perro te arranque las pelotas- el soldado comenzó a darle golpecito en la espalda con la punta del fusil.-¿Dónde están tus amiguitos?-
Hanzo no contestó, no dijo donde estaban, simplemente dejó caer la maza en el suelo y le escupió a las botas.-Enciérrame si quieres, diseccióname si quieres, chúpamela si quieres… pero no pienso decirte una mierda-
-Ya veremos- respondió el soldado a la vez que lo golpeaba.

Solo quedaban tres científicos por subir cuando los soldados llegaron al pasillo. Jorge los vio aparecer y los científicos comenzaron a pelearse por subir. La adrenalina de Jorge se disparó en ese momento y comenzó a recoger la cuerda improvisada dejándolos tirados allí abajo mientras gritaban pidiendo ayuda.
-No puedes dejarles ahí- dijo Abigail agarrando a Jorge de los hombros.
-No hay más opciones, yo también estoy dejando a uno de los míos atrás.-
Los soldados comenzaron a disparar en ese momento y abatieron a los científicos, también estuvieron apunto de darles a el y a Abigail.
Segundos después los cuatro científicos, Jorge y Silverio comenzaron a correr por el tubo. No sabían donde llevaba, pero de momento estaban a salvo, aun así, Jorge se sentía fatal por haberlos dejado atrás. Sobretodo por haber dejado a Hanzo, pero las cosas se les habían puesto fatal desde que llegaron. ¿Qué le diría a Daniela cuando esta preguntara por Hanzo?.

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