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viernes, 31 de agosto de 2012

Capitulo 163: Exodo, part 4



Día 20 de Junio de 2009
Día  372 del Apocalipsis.
Madrid 08:00 de la mañana.

Silverio y Jorge habían intercambiado información. Silverio le contó lo que estaba haciendo y a quien esperaba, Jorge le contó todo lo que le llevó a separarse del grupo. Ambos estaban confiando el uno en el otro. No había más remedio que hacerlo de esa forma. Jorge también le confesó que seguramente cuando los demás lo vieran querrían matarlo, pero Silverio trataba de convencerle de que los demás comprenderían esos motivos. Ya no era una traición, el estaba allí por una razón y esa era la de rencontrase con sus compañeros. Jorge sin embargo tenía una idea diferente del asunto, para los demás era un traidor y lo cierto es que iban a querer darle una paliza, lo único que podía salvarle era que Paco estuviese con ellos y que este les hubiese contado la verdad de la traición, aun así se imaginaba que las cosas no iban a salir precisamente bien, le dispararían primero y luego preguntarían.
*****
Reverte miró a todos los soldados, estaban armados hasta los dientes y ansiosos por empezar con el plan de Reverte. En especial Beltrán, el cual estaba deseando ir habitación por habitación clavando el machete.
-Muy bien, empecemos. Acabad pronto y no dejéis a ninguno con vida- ordenó Reverte.
Los soldados encabezados por Beltrán a las órdenes de Reverte comenzaban a avanzar por los pasillos donde estaban las habitaciones de los políticos.

Collado se despertó con un extraño sonido, eran como golpes. Cuando abrió los ojos se vio rápidamente asaltados por multitud de manos, por unos momentos creyó que se trataba de No Muertos, pero se dio cuenta de que no cuando vio entrar a Beltrán por la puerta mientras Reverte se apoyaba en la puerta. Collado trató de liberarse de la presa que le habían hecho, pero no pudo hacerlo, los soldados lo tenían fuertemente agarrado.
-Es inútil que lo intentes- dijo Beltrán sentándose en la cama.-A ti te tenía muchas ganas, me caes como el culo y estaba deseando que llegara este momento. Te extrañara que pase esto, pero la verdad es que estamos haciendo un motín, no nos servís para nada más que no sea hacer el gilipollas. Aquí el verdadero poder y mandato es nuestro-
En ese momento Collado logró quitarse una de las manos de la boca y trató de hablar, pero volvieron a tapársela.
-Déjalo hablar- dijo Reverte entrando en la habitación.-Me gustaría escuchar que dice-
El soldado hizo lo que Reverte le ordenó, cuando pudo hablar, comenzó a tratar de sobornar a lo presentes.-Os daré dinero, os daré mucho. No tenéis que hacer esto-
Beltrán miró a Reverte en ese momento con una mueca de burla-Este gilipollas se cree que nos podrá comprar con dinero- luego miró a Collado.-Ni con todo el oro del mundo imbécil-
Reverte puso el cañón de su arma sobre la frente de Collado y disparó.
Poco después los demás soldados siguieron habitación por habitación acabando con la vida de los políticos. Dos soldados entraron en una especie de salón donde había dos tipos leyendo unos libros y tomando café. Sobre ellos descargaron una lluvia de balas. Uno de los soldados se acercó a Beltrán en ese momento.-¿Qué hacemos con los científicos? ¿Los matamos también?-
Beltrán negó con la cabeza, los científicos les servirían para seguir fabricando la vacuna. No podían deshacerse de ellos así como así. Cuando ya habían acabado con todos los políticos los quemaron en el exterior. La columna de humo quizás atrajera a los infectados, pero estos no lograrían penetrar en su bunker. Cuando los cuerpos ardían, Reverte sonrió satisfecho, el bunker en aquel momento era todo suyo y ellos mandaban. Se imaginó que también el francés lo vería, pero no le importaba, a decir verdad lo estaba deseando. Quería que el francés se tomara aquello como una burla y un “ven si te atreves”.
*****
Roache observaba la columna de humo que se elevaba por encima de los edificios de la ciudad. Era un humo de color negro, enseguida supo de donde venía la columna, ni más ni menos que del bunker, Roache no se imaginaba que podía haber pasado, pero si eran capaces de hacer eso, significaba que no le temían. Aunque eso era algo que el ya sabía desde su llegada a la ciudad. Si no le temían el los haría sentir temor y si querían más guerra la iban a tener. Roache no se iba a quedar así, al fin y al cabo estaba ideando un plan que quizás no saliera bien a la primera, pero aun así atacarían en el momento preciso con todo lo que tuvieran. La cura iba a ser toda suya.
*****
Jorge había salido por la pista de aterrizaje para dar una vuelta, desde donde estaba veía las vallas. Pegados a ella había varios infectados que gemían cuando lo veían pasearse, el cielo estaba nublándose de nuevo, entonces se dio cuenta de lo que parecían unas nubes más negras, las observó bien y vio que no eran nubes, si no humo. Humo que venia de algún lugar de la ciudad. Jorge comenzó a correr en dirección a la terminal, entró en el interior y llegó hasta las escaleras que llevaban a la torre de control. Cuando llegó a lo más alto de asomó y vio mejor la columna de humo.
-¿Qué coño pasa? Te vi entrar corriendo y …- la voz de Hanzo se cortó al ver la columna de humo.-¿Qué coño es eso?-
-Es una columna de humo. A ver si adivinas de donde viene- preguntó Jorge, aunque como el, sabía que Hanzo sabía muy bien de donde venia.
-Viene de donde esta el bunker. ¿Crees que ha pasado algo?- preguntó Hanzo.
-No lo se. Puede que Roache y sus chicos les hayan atacado, aunque con este silencio en la ciudad hubiésemos escuchado las explosiones en caso de ataque- respondió Jorge a medida que el cielo se cubría de nuevo con nubarrones que traían  tormenta.
-¿Y si nos acercamos a ver?- preguntó Jorge.
En ese momento Silverio apareció en la torre de control.-Yo no haría eso. Hay multitud de cámaras por la ciudad, por eso estamos aquí, para que no nos vean- Silverio miró a Jorge.-¿Cómo crees que os encontraron tan rápido cuando huíais a caballo por la ciudad? Os vieron por las cámaras y nos mandaron-
-Cierto, tu pilotabas el super puma- respondió Jorge.-Pero quiero saber que ha pasado allí-
-Pues mejor aguántate las ganas, porque la verdad es que si te pillan lo pasaras mal amigo- contestó Silverio.-Ahora espero que los otros lleguen pronto y podamos irnos de aquí cuanto antes, cuanto más tiempo pasamos aquí, más en peligro estamos de que los hombres de Beltrán o los del francés nos encuentren-
Jorge asintió. Aun así seguía teniendo la idea de acercarse a ver que demonios había pasado allí, se volvería a colar y volvería a entrar en los laboratorios. Allí había algo que le interesaba averiguar.
*****
Día 20 de Junio de 2009
Día 372 del Apocalipsis.
De camino a Madrid.

Me miré el reloj cuando me desperté y vi que eran las 08:30 de la mañana, volvia a llover y tenía a Vicky acurrucada a mi lado en la parte trasera del Ume, al parecer se había cambiado durante la noche. Miré a Eva y a Alicia que seguían dormidas, el bebe sin embargo esta con la mirada clavada en una de las ventanas. Era como si hubiera algo ahí, algo que le llamaba especialmente la atención. Entonces vi una silueta que le estaba haciendo carantoñas, por unos momentos creí que era alguien del grupo, allí había alguien debajo de un chubasquero de color azul marino, era un hombre, fue entonces cuando  le vi la cara y me di cuenta de que era un extraño. Con gran rapidez me lancé al exterior y apunte al individuo con la pistola.
-¿Quién coño eres?- dije mientras miraba de reojo al techo del autobús donde debía haber alguien montando guardia, pero no había nadie.
Aquel desconocido alzó las manos y pude verle un poco mejor la cara, tenía una barba de tres días, se trataba de un chico joven de unos cuatro o cinco años más que yo.
-Calma cowboy- dijo el tipo con voz serena, era como si el hecho de que le estuviese apuntando con un arma no lo intimidara lo más mínimo.
-¿Quién coño eres?- pregunté alzando la voz con intención de que los demás me escucharan.
-Tranquilo tío, mis chicos y yo estábamos buscando solo algo de comida. Creí que estaban los vehículos abandonados y…-
-¿Tus chicos?- pregunté, ese tipo acababa de revelarme que no estaba solo.
De pronto escuché un grito que venía del autobús y cuando miré vi a un tipo grande de varios kilos de peso que salía de espaldas de dentro del autobús mientras Abel le apuntaba con un arma. Otro tipo apareció a escasos metros de mí.
-¿Pero quien cojones sois vosotros?- pregunté esperando que me contestaran.
El tipo al que apuntaba se me quedó mirando y entonces sonrió de oreja a oreja.-Tu debes ser Juanma ¿no?, el mismo que habló con Silverio-
Las palabras de aquel tipo me dejaron blanco. Parecía que me conocía y que conocía a Silverio. No entendía nada de lo que estaba pasando. ¿Quiénes eran esos tipos?.
-Tenemos cosas de las que hablar me parece- dijo el chico al que apuntaba.-Por  cierto, mi nombre es Arturo y estamos en el mismo bando-

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