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viernes, 31 de agosto de 2012

Capitulo 163: Exodo, part 3



Silverio estaba terminando la ronda por la terminal cuando alguien a sus espaldas apareció empuñando un arma cuyo cañón posó en su nuca. Rápidamente alzó las manos y espero el final, aunque este no llegó. Poco a poco se fue dando la vuelta y vio a un chico rubio. Se fijó en el y no recordaba haberlo visto entre la gente del bunker, así que por descarte debía pertenecer al grupo del francés. Fuese quien fuese no podía revelarle la existencia del helicóptero.
-¿Te envía Roache o ese cabrón de Beltrán?-preguntó el chico sin dejar de apuntarle a la cara.
Silverio no alcanzaba a comprender que demonios ocurría, ese chico le estaba preguntando que a que grupo pertenecía, cuando el mismo se preguntaba si este pertenecía al grupo del francés, entonces solo podía haber una explicación, era alguien de fuera, Silverio pensó varias posibilidades, y aunque era muy difícil, decidió jugársela.
-¿Eres Juanma? ¿Eres aquel de la prisión con el que he estado hablando?-
El chico cambió la expresión de su cara al escuchar el nombre, pero no dejó de apuntarle. Por su expresión facial y dudas que mostraba en ese momento con cada gesto era como si el nombre de Juanma le hubiese dicho algo, entonces el chico negó con la cabeza, Silverio ya se esperaba eso.
-Si no eres el ¿Eres de su grupo? ¿Habéis llegado todos?-

Jorge estaba confuso, ese tipo de origen brasileño a juzgar por su acento estaba mencionando a Juanma,¿ Que posibilidades había de que hubiese sobrevivido otro Juanma en una prisión había? No podía ser, tanta casualidad era imposible. Ahí había algo extraño, era posible que aquel brasileño estuviera tratando de jugársela. De pronto Jorge escuchó como amartillaban un arma a sus espaldas, al girarse se encontró con una chica a la que no había visto nunca, justo cuando la chica le apuntó aparecieron Hanzo y Daniela. La situación se estaba poniendo realmente tensa en esos momentos que se estaban apuntando los unos a los otros.
*****
Reverte visionaba una y otra vez el video que el francés había mandado, el mismo video donde les amenazaba con lanzarles una bomba nuclear, sin duda se refería a la bomba que tanto codiciaba Torres, pero con Torres muerto, la bomba había perdido todo interés. Tenían lo que más querían en esos momentos, y eso no era otra cosa que la cura, por fin la tenían y aunque no la habían probado todavía en humanos, la tenían. Aunque el hecho de tenerla los ponía en el punto de mira del francés y su grupo. Obviamente Reverte no se la cedería ni de casualidad, si el francés la quería debía ir a por ella y luchar para conseguirla.
Reverte se levantó de su sillón y salió al pasillo, desde allí escuchaba a los soldados hablar mientras jugaban al billar o a otros juegos como las cartas. Otros soldados estaban demasiado aturdidos por el alcohol, cuando llegó a la sala se encontró con que Beltrán también había decidido acompañar a los chicos en su particular fiesta. No le molestaba, pero la actitud de un capitán no debía ser esa, cuando Beltrán lo vio levantó la botella de cerveza en señal de saludo, justamente después se tambaleó y estuvo apunto de caerse.
-Jodido borracho- pensó Reverte para si.
Siguió caminando y decidió ir  a la sala de monitores, quería observar las calles, después de la traición del soldado De María, habían puesto en su lugar a un soldado que debía tener miopía, porque no se enteraba ni de la mitad de las cosas que ocurrían en las pantallas. Cuando abrió la puerta sin avisar, el soldado se subió rápidamente los pantalones y se puso de pie para saludarlo. Justo detrás de el había un monitor donde se veía a una infectada que estaba en muy buen estado, aunque le faltaban los dos brazos y aun con la pantalla en color verde podía apreciarse que tenía muy buen cuerpo. Reverte se imaginó que ese soldado se estaba masturbando mientras miraba a la No Muerta, eso le hizo mirar al joven soldado con una mueca de asco.
-¿Qué coño estaba haciendo soldado?- preguntó Reverte- Estaba descuidando su trabajo solo por una miserable paja. Si vuelvo a pillarle machacándosela, se la cortaré delante de todos los demás y luego de la haré tragar. Compórtese como un soldado-
Reverte dejó la sala y comenzó a caminar hacia la sala de reuniones de los políticos, hacía un rato que lo habían citado allí. Cuando entró por la puerta los políticos guardaron silencio hasta que Reverte se sentó en el cómodo sillón de cuero negro.
-Es muy tarde. ¿Para que me han citado aquí?-
Uno de ellos comenzó a hablar, se trataba de un antiguo alcalde de Madrid, este comenzó a pasar hojas de unos ficheros mientras hablaba.-Desde hace días están interceptando comunicaciones de otros países. Lo que queda de Japón se esta moviendo para conquistar otros territorios, al igual que los yanquis y los Rusos, aunque sus ejércitos están quedándose diezmados a causa de los muertos, cada día hay más y hay rumores de que están habiendo nuevos brotes entre las filas de los soldados-
Reverte arqueó las cejas sin entender muy bien aquello.-¿Nuevos brotes? ¿Qué quiere decir con eso?-
Entonces Collado entró en la conversación-Se refiere a que algunas personas están cayendo enfermas como los primeros casos antes de la pandemia. Al menos en aquellos países, primero enferman como si tuvieran la gripe y al final acaban muriendo para levantarse después. Lo malo es que no pudo detectarse a tiempo y en pocas horas había bastantes infectados-
Reverte suspiró en ese momento al comprender que querían.-Me han llamado a mi por estar al mando, temen que llegue hasta ustedes ese nuevo brote. ¿Correcto? Y como quieren proteger sus culos a toda costa, quieren que les inyectemos ya la cura de los laboratorios… es curioso-
-¿Curioso?- preguntó Collado al tiempo que los demás políticos miraban a Reverte.
-Si, es curioso porque estoy al tanto de todas las comunicaciones. Las interceptamos todas y es imposible que ustedes estén al tanto de ellas y yo no, por lo tanto mienten. No ha habido ningún nuevo brote salvo en su imaginación. Se han pasado de listos creyendo que yo soy idiota… pero no lo soy, llevaba mucho tiempo a las ordenes de Torres y se sorprenderían de lo mucho que se entera  uno, es decir, estoy al tanto de todos sus chanchullos. Olvídense de la vacuna, ustedes no tendrán acceso a ella-
Collado y los demás miembros de la mesa palidecieron ante la posición que estaba tomando Reverte. No les iba a ceder la vacuna.
-Creo que no comprende…- quiso decir Collado, pero Reverte lo cortó al instante.
-El que no lo entiende es usted, ninguno de ustedes entiende nada, están aquí por el simple hecho de pertenecer a un gobierno que obviamente ni sirve ya para nada ni servirá, su situación aquí es más que precaria. Les estamos protegiendo sin saber el porque, desean una vacuna que los curaría de una posible infección, pero como ustedes no salen de aquí para nada, pues no se han enterado ni de la mitad, yo he visto a esos seres, los he estudiado. Por mucha vacuna que tengan, eso no les salvara de ser despedazados por ellos si lograsen entrar, lo vacuna solo les evitaría convertirse en uno de ellos, pero no les salvaría la vida jodidos ignorantes. Seguirían viviendo en el mismo mundo de mierda-
Collado quiso hablar, pero Reverte le hizo una señal para que se callara, no estaba dispuesto a escuchar más estupideces por parte de una panda de politicuchos que habían sobrevivido sin saber muy bien por que. No le importaban nada, por el podían amanecer todos muertos, no los echaría de menos en aquel lugar. Cuando salió y cerró la puerta recordó lo ultimo que pensó…”Amanecer todos muertos”… Reverte había tenido una idea.
*****
-Yo no soy Juanma- contestó finalmente Jorge sin dejar de apuntar al brasileño. Estaban en superioridad numérica, pero tenía el cañón del arma de la chica apuntando a su cabeza y tenía la sensación que esta no fallaría si pretendía disparar, sin embargo sabía que si Daniela disparaba fallaría seguro. Hanzo le había contado que había matado a uno de los que los habían asaltado, pero en esos momentos temblaba como un flan. Jorge se tuvo que plantear muchas cosas y entonces bajó el arma.
-Bajad las armas-dijo Jorge mirando a sus dos compañeros.
-¿Estas seguro? Podría ser un error- respondió Hanzo sin tener muy claro que hacer.
Jorge asintió y sonrió.-Si me arrepiento que así sea-
Cuando Hanzo y Daniela bajaron las armas también lo hizo la chica que apuntaba a Jorge. Entonces el chico comenzó a hablar.
-Por tu reacción se diría que conoces al tal Juanma- dijo el brasileño.
-Si, lo conozco… ¿Tu de que lo conoces?-
-Vienen hacia Madrid para escapar de aquí en mi helicóptero- respondió el brasileño.
La contestación era sincera y por lo visto el brasileño estaba o bien confiando en el o jugándosela. No conocía al tipo que tenía delante, pero algo era obvio y era que estaban en el mismo bando.

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