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viernes, 31 de agosto de 2012

Capitulo 163: Exodo, part 2



El avión era enorme, Eva y yo tuvimos que ingeniárnoslas muy bien para trepar por los restos. Subíamos agarrándonos a los asientos, nos llevábamos más de un susto cada vez que uno de estos se soltaba, en una de esas veces tuve que agarrar a Eva de la mano para que no se cayera también. Nos encontrábamos en lo que era uno de los pasillos que había entre los asientos. Comenzamos a avanzar cuidadosamente, de vez en cuando teníamos que taparnos la nariz para no sentir el olor de los cadáveres de los que se habían quedado atrapados en sus asientos. Por otro lado teníamos que estar preparados por si alguno de ellos se reanimaba al sentir nuestra presencia. La mayoría de los cadáveres eran sacos de huesos, solo unos pocos seguían descomponiéndose, miré a uno y me fijé que tenía un agujero de bala en la cabeza.
-Fíjate…- dije tocando el agujero.-Alguien a estado aquí no hace mucho-
En ese momento escuchamos un ruido unos metros por delante de nosotros, un ruido que venia desde la cabina, Eva y yo cruzamos una mirada y rápidamente enfocamos con las linternas. Eva casi pega un grito al ver el rostro humano que nos observaba desde unos seis metros. Yo me apoyé en un asiento y apunté con el arma, fue entonces cuando una voz familiar pidió que no disparáramos.
-¿Ray?- pregunté estupefacto mientras le enfocaba en la cara.-¿Se puede saber que cojones haces aquí? Pensé que dormías en el autobús-
-Estoy haciendo lo mismo que vosotros. No he encontrado gran cosa, salvo unas revistas porno, unos cartones de tabaco y algo de lencería… alguien pretendía pegarse una buena fiesta-
-¿Has podido coger la caja negra?- pregunté.
-Pues no. La cabina permanece fuertemente cerrada y aunque podríamos acceder por las ventanas no creo que sea muy seguro- respondió Ray.
Me adelanté unos pasos y me agarré al pomo de la puerta, realmente estaba bien cerrada. Miré a Eva y Ray.-Apartaros un poco-
Cuando se habían alejado un poco apunté a la puerta y apreté el gatillo. El pomo salió volando y la puerta se abrió de golpe hacia mí, eso hizo que un cadáver del interior saliera despedido hacia mí. Se trataba de uno de los pilotos, casi grité al ver el cuerpo, pero me quedé callado.
-¿Estas bien?- preguntó Eva.
La miré y asentí, luego me metí en el interior de la cabina, allí se habían metido los restos de lo que parecía una antena, estos se habían clavado en el cuerpo de uno de los pilotos y se había quedado hecho un colador. El olor allí era más intenso, lo que hizo que Eva se tapara la nariz al entrar.
-Pobre hombre, que forma más horrible de morir, no me gustaría que eso me pasara a mí-
-¿Dónde se supone que esta la caja negra?- pregunté mirando a Ray.
Ray miró a su alrededor y luego me miró a mí al tiempo que con la linterna señalaba a lo que parecía un armario.-Creo que esta ahí-
Yo avancé hacia el armario y comencé a abrirlo, dentro me encontré la caja negra. Ray también se la quedó mirando.
-¿Para que quieres eso?- preguntó Ray.
-Quiero saber que pasó ahí arriba. Aquí se supone que se quedan grabadas varias conversaciones, con esto podríamos saber como esta el resto del mundo y si hay algún sitio donde la infección no haya llegado- contesté.-Ya se que esto fue a escala mundial, pero debe haber algún lugar donde no haya pasado nada, ya sea por las bajas temperaturas o por la poca población-
-Ignoraba que supieras como funcionan estos trastos- dijo Ray.
-Y no se como funcionan, pero Héctor seguro que si sabe. Que el le eche un vistazo- respondí con una sonrisa, lo cierto era que esperaba que Héctor supiera que hacer con ese aparato.
Los tres salimos de la cabina y comenzamos a bajar mientras nos agarrábamos a los asientos. Cuando volvimos a pisar el asfalto comenzamos a caminar en dirección a los vehículos.
-Salvo a Héctor y a algunos no les diremos lo de la caja negra, no quiero que se hagan falsas esperanzas sobre sitios sin infectados. ¿Entendido?- pregunté.
Los dos asintieron a la vez. Cuando llegamos vimos como Abel nos echaba un vistazo.-¿Habéis encontrado algo de interés?-
-Algo… ya lo sabrás- le contesté.

Félix se despertó al escuchar las voces y se levantó. Sole seguía dormida a su lado, al igual que los demás que dormían en el autobús. De vez en cuando, ella murmuraba algo de “boda”, Félix suponía que estaba soñando con el día que se casó, justamente el mismo día que los muertos comenzaron a caminar por la tierra. También susurraba el nombre de Miguel. Félix se levantó con cuidado para no despertar a los demás y se bajó del autobús, lo primero que hizo fue mirar al cielo, estaba casi raso y podían verse algunas estrellas, era la primera vez que hacía eso desde que el mundo había sucumbido a la pandemia, recordaba aquellas noches de verano cuando se tumbaba en una hamaca en la terraza de su casa y acababa durmiéndose mientras observaba el cielo. Se preguntaba si realmente existía un cielo como el que describían los libros sobre religión, un paraíso. Desde luego ya no creía que lo hubiese, aunque si creía en la existencia del infierno, el y los demás vivían en el infierno desde hacia poco más de un año.
Justamente escuchó unas voces, lo que hizo que dejara de mirar al cielo.

Había logrado encender la caja negra gracias a Héctor. Este había salido a relevar a Abel y me había ayudado a ponerla en marcha. Se escuchaban muchas conversaciones en varios idiomas. Héctor era el que sabía más de ingles de los que estábamos allí en ese momento y trataba de traducir lo que decían. Aunque a veces tenía que pararlo para centrarse. En las grabaciones se escuchaban gritos desesperados, algunas se cortaban de repente, llegamos a escuchar como decían que dos aviones habían chocado en pleno vuelo. Otros decían que no habían podido aterrizar porque las torres de control no respondían. Mientras escuchábamos la grabación miré a Eva, la cual se estaba abrazando a si misma. Pude ver sus ojos, estaban casi al borde del llanto.
-No quiero ni imaginarme todo lo que tuvieron que pasar allí arriba- confeso Abel pasándose la mano por la cabeza.
Todos nos estábamos quedando sobrecogidos con lo que estábamos escuchando. Por lo que parecía no había ni una parte del globo terráqueo que se hubiese librado de la pandemia, mis esperanzas se habían visto reducidas y mi corazón latía a toda velocidad.
-¿Qué es esto?- preguntó Félix saliendo de la nada y señalando la caja negra.
-Es la caja negra del avión- respondí- Trataba de averiguar si hay algún sitio donde la infección no hubiese llegado, pero no es así. El mundo entero esta jodido de verdad, mucho más de lo que creíamos en un principio. Quería hacerme una idea de donde poder ir cuando llegásemos al petrolero-
-…pero no hay ningún sitio…- dijo Félix casi balbuceando.
Yo asentí con la cabeza y miré a los que estaban allí, luego volví a mirar a Félix.-Te ruego que no le digas a nadie lo que has escuchado. Esto podría tirar por tierra los ánimos de los demás. Es importante que sigan como hasta ahora-
*****
Madrid…

Jorge, Daniela y Hanzo llegaron al aeropuerto de barajas. La terminal estaba a oscuras y en silencio. Desde las ventanas podía verse la pista de aterrizaje, solo había un avión, pero este estaba destrozado, era el único avión que había. De vez en cuando pasaban por encima de los restos de algún cadáver. Mientras caminaban, Hanzo comenzó a tener hambre, tanta que sus tripas comenzaron a rugir. Jorge lo miró y sonrió, entonces comenzó a buscar y encontró una maquina expendedora. Camino hacia ella y pasó la mano por el cristal para quitarle el polvo. Una vez sin nada de polvo en el cristal se puso a mirar en el interior. Jorge dio unos pasos hacia atrás y se lanzó contra el cristal con el pie por delante, el cristal se rompió con el impacto y Jorge comenzó a sacar barras energéticas de chocolate del interior de la maquina.
-¿Eso estará bueno todavía?- preguntó Daniela.
Jorge abrió una y le dio un bocado, luego cerró los ojos y se tragó el trozo.
-¿Y bien?...-preguntó Hanzo mientras se apoyaba en la pared.
-Están de puta madre, pruébalas- dijo Jorge pasándole un par de barras energéticas.- No caducan hasta el año que viene, aun podremos aprovecharlas sin que nos den una cagalera del quince-
Hanzo y Daniela comenzaron a coger las barras del interior de la maquina y comenzaron a llenar sus mochilas. No era mucho, pero les serviría para no pasar hambre en los próximos días. Siguieron caminando por la terminal hasta que escucharon un ruido. Eran pasos y se acercaban a ellos.
-Escóndete- ordenó Jorge a Daniela.
La muchacha se ocultó mientras Hanzo y Jorge esperaban que fuese quien fuese apareciese por allí. No tardarían en verlo. Ante todo, Jorge esperaba que no fuese ninguno de los dos bandos, por las pisadas se notaba que se trataba solo de una persona.

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