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viernes, 24 de agosto de 2012

Capitulo 162: Llamada de esperanza, part 4


Día 19 de Junio de 2009
Día 371 del Apocalipsis.
Madrid…

Beltrán y sus hombres habían vuelto al bunker, no habían logrado atrapar al francés y por eso Beltrán estaba furioso y frustrado. Había habido bajas en ambos grupos, eso a Beltrán no le importaba, lo que más le molestaba era no haber dado con el tal Roache. Lo primero que hizo Beltrán cuando regresaron fue a coger una botella de vodka, necesitaba agarrarse una buena borrachera. Nada más coger la botella comenzó a beber hasta que no pudo beber más, al final se quedó tirado en el sillón mientras canturreaba en voz alta. Cuando Reverte lo vio allí tirado lo ignoró, tenía mejores cosas en las que pensar. Una de esas cosas era localizar al jodido francés y acabar con el.

Roache se había refugiado en el hotel los jerónimos, lo que el había montado como su segunda base de operaciones. La del hospital Beata era solo un señuelo. Había logrado llegar hasta el hotel a duras penas tras el ataque de los tipos esos del gobierno. Ahora debía reorganizarse pese a que había tenido bastantes bajas en su grupo, tenía que devolvérsela atacando el bunker donde se refugiaban los otros, ellos se la habían tratado de jugar y el no se iba a quedar de brazos cruzados, se lo haría pagar caro, aunque eso significara arrojarles la maldita bomba por cualquiera de los agujeros. No le importaba morir en ese momento, solo le importaba la venganza. Roache se sentó en el sillón de la habitación que había escogido como su despacho y comenzó a planear un ataque contundente, no lo haría inmediatamente, se tomaría su tiempo.

Jorge llegó hasta la parada de metro donde estaban los demás esperándole. Por poco se tropieza con el cuerpo de un chico, el cadáver presentaba un corte en el pecho y enseguida se imaginó que aquello era obra de Hanzo y de su katana. Caminó en silencio por el túnel, no quería arriesgarse a atraer la atención de enemigos en caso de que los hubiese todavía. Llegó al vagón y cuando se asomó al interior no vio ni rastro de Hanzo ni de Daniela. Jorge salió del vagón y de pronto se encontró la hoja de una Katana sobre su cuello. Rápidamente alzó las manos.
-Hanzo… soy yo, tranquilo- dijo Jorge suponiendo que era Hanzo el que lo había sorprendido por detrás.
La hoja se retiró de su cuello y al darse la vuelta se topó con Hanzo.-¿Dónde coño te habías metido? Mientras tú no estabas…-
Jorge lo interrumpió.-Lo se, os han atacado hombres de Roache-
-¿Cómo lo sabes?- preguntó Hanzo dando un respingo.
-Digamos que Roache tuvo la cortesía de tener una reunión conmigo. Fue de lo más estimulante. ¿Dónde esta Daniela? Nos vamos de aquí- dijo Jorge.
-¿Irnos?-
-Ese francés cabrón ya sabe donde estamos. Me he escapado de el tras practicar puenting improvisado. Mientras comentaba conmigo el buen tiempo que hace me revelo que sabía muy bien sobre nuestro escondrijo…lo más lógico es que nos marchemos de aquí cuanto antes, después de haberme reído en su cara debe estar como loco por verme otra vez- comenzó a decir Jorge mientras avanzaba con Hanzo pegado a el hasta que Daniela salió a su encuentro, entonces esta se abrazó a Jorge.
-Me alegro de verte…-
-Y yo, ahora nos tenemos que ir.- repitió Jorge.-Había pensado en refugiarnos en el aeropuerto de Barajas. Allí no creo que vengan a buscarnos-
Daniela agarró las riendas del caballo que quedaba y seguidamente los tres comenzaron a caminar por los túneles en dirección al aeropuerto. Allí se refugiarían hasta que las cosas estuvieran un poco más calmadas. Jorge no quería tener que volver a verse en una situación como la del hospital.
*****

Día 19 de Junio de 2009
Día 371 del Apocalipsis.
Alcoy… 06:55 de la mañana.

El sonido del teléfono vía satélite me despertó, me apresuré a cogerlo al tiempo que miraba por la ventana de mi celda. Luego miré a Vicky, la pequeña seguía durmiendo plácidamente. Cuando contesté me encontré con la voz de Silverio. Este parecía estar muy nervioso.
-Escúchame amigo. No tengo mucho tiempo, dudo que tengan intervenida esta línea, no al menos de momento. Tengo el helicóptero oculto en uno de los hangares del aeropuerto de barajas, puedo esperaros aquí hasta que lleguéis independientemente del tiempo que tardéis, pero deberíais poneros en marcha ya-
-Muy bien. En unas horas nos ponemos en marcha hacia allí- dije sin perder detalle de lo que me decía.-Pronto estaremos allí-
-Una ultima cosa, el camino que vais a tener que recorrer es largo y la ciudad esta plagada de infectados, a eso le tenemos que sumar los que eran mis superiores y los hombres del francés, estos están enfrentados y en el momento que entréis en la ciudad estaréis en su punto de mira-
-Vamos fuertemente armados. Si se nos acercan les plantaremos cara- respondí.-Aunque será mejor si no lo hacen-
-¿Papi?...- la voz de Vicky sonó a mis espaldas y me giré para mirarla, la pequeña se estaba despertando.
Justamente antes de cortar la comunicación le dije a Silverio.-Te veo en Madrid, pero yo también tengo algo que decirte. Aquí hay gente que confía en mi y que por lo tanto se están fiando de ti, si me la jugases, no importa donde te escondas, porque te encontrare y te mataré-
-Ha quedado claro- respondió Silverio- Puedes confiar en que no os traicionare-
Cuando había amanecido completamente todos nos encontrábamos preparando los vehículos que nos llevaríamos en nuestro éxodo hacia Madrid. Llevaríamos el Ume, un furgón, el kuad de Luci y el autobús. El Ume lo llevaría yo y me acompañarían Eva, Vicky, Alicia y el bebe, Luci iría sola en el kuad, el furgón lo llevaría Cesar acompañado de David y Andrea, el autobús lo conduciría Abel y con el irían todos los demás. Era un buen plan, aunque éramos un convoy muy grande, en el trayecto no pasaríamos desapercibidos para otros grupos.
Dos horas más tarde, a las 08:55 ya estábamos todos preparados para partir. Les había explicado toda la situación, no quería ocultarles nada. Todos estuvieron de acuerdo en seguir con el plan.
Alicia se subió al Ume con el bebe en brazos y seguidamente ayude a Vicky a subir.-Cuida de ella ¿Vale?- dije mirando a Alicia.
-Confía en mí- dijo Alicia con una sonrisa.
Mientras caminaba a sentarme al volante vi como el kuad pilotado por Luci pasaba junto a mí y esta me lanzaba una mirada, era una mirada de confianza, luego asintió y se puso la primera del convoy. Una vez estuve al volante vi como Cesar se acercaba.
-Siento haber estado en plan gilipollas todo este tiempo. Quiero que sepas que no te culpo de nada. Hiciste lo que debías hacer con ese cabrón- Cesar me dio una palmada en el hombro y fue hacia el furgón.
Cuando todos estábamos en los vehículos pudimos ponernos por fin en marcha. No sabía el tiempo que nos llevaría llegar hasta Madrid en las condiciones que se encontraban las carreteras, pero íbamos a llegar fuese como fuese. Una vez allí llegaríamos al aeropuerto rápidamente y nos marcharíamos de España para posarnos en la cubierta de aquel petrolero que había mencionado Silverio. No sabía donde podríamos irnos después, pero teníamos la certeza de que estaríamos mucho tiempo alejados de tierra y de los No Muertos. Nuestro éxodo estaba comenzando.
*****
En algún lugar cerca de Madrid…
Base de operaciones de Lujan.

Irina avanzó por los pasillos hacia el despacho de Lujan, esperaba encontrarlo allí y comentar con el que el prisionero no iba a servirles de mucho, pero cuando abrió la puerta vio que Lujan no estaba. Cerró la puerta dando un portazo y caminó por el pasillo dando grandes zancadas, cuando se cruzó con uno de los hombres lo obligó a parar.
-¿Dónde coño esta Lujan?-
-No lo se, se fue esta mañana temprano junto a dos más y no sabemos donde pueden estar, dijo que nos esperáramos aquí hasta nueva orden, es decir, cuando volviera. También dijo que tú estabas al mando hasta entonces-
Al enterarse de eso, Irina sonrió satisfecha. Aunque le molestaba mucho que Lujan se hubiese marchado sin decirle nada. ¿Dónde demonios se había ido? ¿Por qué con tanta urgencia? Algo se traía Lujan entre manos, de repente sintió muchas ganas de saber que demonios era.

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