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viernes, 24 de agosto de 2012

Capitulo 162: Llamada de esperanza, part 3


Madrid…

Jorge estaba apunto de pedir que lo mataran para no decir nada cuando escuchó un fuerte estruendo en el lugar donde estaba retenido, seguido de varios disparos y explosiones, por un momento pensó que una horda de infectados habían irrumpido en aquel lugar, pero los disparos no eran de los hombres de Roache. Alguien les estaba atacando y por la cara de Roache, Jorge supo enseguida quienes eran los que estaban atacándoles. Enseguida pensó en Beltrán, seguramente eran el y sus hombres.
Roache comenzó a dar órdenes en aquel momento y uno de los latinos le quitó las cuerdas de los pies a Jorge y lo obligó a ponerse en pie. Luego salieron corriendo por un pasillo y Jorge se dio cuenta de que estaban en un hospital. Llegaron hasta lo que parecía una sala de espera y cuando Jorge se asomó por la ventana vio varios hunvee aparcados en la calle y un grupo de soldados que estaba montando guardia para mantener a raya a los infectados que se acercaran.
En esos momentos el suelo vibró y se escuchó una explosión, justo después el suelo comenzó a hundirse bajo sus pies, saltó a un lado y evitó hundirse junto a un par de latinos que trabajaban para Roache.
-¿Qué cojones pasa aquí?- se preguntó Jorge mientras se agarraba a lo que quedaba de unos asientos para evitar caer.
Entonces vio como dos soldados comenzaban a escoltar a Roache mientras corrían por el pasillo contrario al que estaba el, al menos parecía que se habían olvidado de el. Era el momento de escapar.
Jorge comenzó a correr por un pasillo mientras los cristales que tenía a su lado reventaban tras el impacto de las balas que salían de los rifles de varios soldados que le disparaban desde una terraza que había al lado de donde estaba. En el último momento se tiró al suelo y se ocultó detrás de una pared.
-Joder, de aquí me parece que no salgo-

Beltrán dirigía el primer pelotón, habían entrado reventando las puertas del hospital y habían comenzado a subir pisos mientras disparaban a discreción contra todo aquel que se cruzaba en su camino. Ellos tenían la ventaja de ser auténticos soldados, a diferencia de los que estaban matando, solo eran jóvenes pandilleros a los que el francés había reclutado ofreciéndoles vete a saber que. Ahora mientras las balas destrozaban sus cuerpos lo más probable era que estuvieran lamentándose al ver como los habían dejado vendidos mientras su líder huía como una rata miserable.
Lo que de verdad tenía ganas Beltrán era de encontrarse con el tal Roache y meterle una bala entre las cejas, no lo había visto nunca, pero aun así su aversión hacia el era tan grande que deseaba matarle. Sus chicos eran muy eficientes, eran los mejores, y allí estaban arrasando con todo, acabando con las vidas del enemigo sin titubear ni un segundo. Un chico joven salió en ese momento jugándosela, pero Beltrán le disparo a bocajarro en la cara.
-Matadlos a todos, que no quede ni uno en pie-ordenó Beltrán mientras subían pisos.
Mientras en los pisos inferiores colocaban cargas c-4 por orden de Reverte. La misión era clara, no dejar que nadie escapara con vida de allí, nadie que no fuera amigo.

Jorge corría bajando pisos, en ocasiones tenía que volver sobre sus pasos al ver que soldados de cualquiera de los dos bandos, no creía que al verlo tuvieran demasiadas contemplaciones con el. Dobló una esquina y se encontró con el negro cañón de un arma apuntándole a la cara. Se trataba de un chico joven con un uniforme del ejército español. Al ver a Jorge, se sorprendió de que no vistiera ni como ellos ni como el enemigo.
-¿Quién coño eres tu?- preguntó el chico.
Jorge alzó las manos para que viera que no iba armado y entonces le mostró la mejor de sus sonrisas, el soldado estaba solo, probablemente perdido y acojonado, pero era el quien tenía el arma.
-Solo soy el repartidor de los cafés, pero creo que me he perdido. ¿No serás tu el que ha pedido uno con leche y cortado? Si es así disculpa, se me cayó por el pasillo, no veas como esta el patio hoy. Algunos gilipollas creen que deben estar en el Vietnam o algo así-
-¿Me estas vacilando?- preguntó el soldado.
Jorge alzó más las manos.-Por supuesto que no, no haría esa gilipollez mientras un tipo al que le tiembla el pulso como si tuviera parquinson me apunta a la cara…- en ese momento Jorge movió la cabeza para mirar por encima del soldado.-…Hostias… ¡¡¡El franchute!!!-
El joven soldado se dio la vuelta sobresaltado y con intención de disparar supuestamente al francés que se le acercaba por detrás, pero allí no había nadie. Entonces Jorge le golpeó en la nuca, luego le arrebató el arma.
-Hay que ver, hoy en día en el ejército admiten a cualquiera-
-No me mates, por favor- suplicó el soldado desde el suelo mientras se tapaba la cara con las manos para protegerse.
-Sera mejor que salgas de aquí perdiendo el culo chaval. Dentro de nada las cosas se van a poner jodidamente feas-
-Pero…¿Quién eres tu?-
-Alguien al que no se le ha perdido nada aquí- dijo Jorge mientras echaba a correr dejando allí al soldado.
Jorge llegó hasta un pasillo y una ráfaga de balas estuvo apunto de acertarle, pero la evitó por los pelos. Jorge se asomó un poco y devolvió el fuego, no sabía si eran hombres de Roache o de Beltrán, pero fuesen quienes fuesen no eran sus amigos. Después de devolver el fuego volvió a ocultarse, cuando pensaba en asomarse de nuevo para volver a disparar vio algo rodar por el suelo.
-Mierda…- dijo al ver una granada.
La explosión de la granada lo hizo volar por los aires y Jorge acabó de espaldas en el suelo. Cuando se incorporó se dio cuenta de que había desaparecido la pared que daba a la calle. El agua de la lluvia entraba en ese momento por el boquete y fue cuando Jorge vio el momento de escapar del edificio. Se acercó al boquete y se asomó, estaba a unos quince metros de altura. Tenía que pensar rápido, sobre todo cuando por los pasillos escuchaba el sonido de varias botas avanzando hacia el. Miró a sus espaldas y allí vio una manguera. La cogió rápidamente y comenzó a atársela a la cintura, cuando ya la tuvo atada se lanzó por la ventana. Mientras caía esperaba que la manguera no midiera más que la caída, Jorge lanzó un grito cuando se detuvo a un metro del suelo. Al quedarse colgando sintió un fuerte dolor en las costillas, rápidamente se soltó la manguera y cayó al suelo de espaldas. Rápidamente comenzó  a ponerse de pie cuando vio algunos No Muertos por la calle, estos avanzaban hacia el grupo de hunvees y vio a los soldados que salían a disparar. Jorge tuvo que arrastrarse por el suelo para evitar ser visto. Jorge no tardó en escuchar más disparos y explosiones. Tanto movimiento allí haría que todos los muertos de la ciudad acudieran allí. Mientras estaba refugiado debajo de un coche vio una entrada de metro, era momento de jugársela, se arrastró desde debajo del vehículo y comenzó a correr por delante de los soldados. Algunos lo vieron y abrieron fuego contra el, logró esquivarlos y entrar al metro. Por el, Beltrán y Roache podían matarse entre ellos, el tenía algo mejor en lo que pensar, y eso era reunirse con Hanzo y Daniela.
*****
Daniela tenía un arma al alcance de la mano, algo que los dos intrusos habían pasado por alto, solo tenía que alargar la mano, cogerla y disparar contra ellos. Nunca había disparado contra nadie vivo, aunque Marcus la había enseñado a disparar meses antes. Mientras trataba de alcanzar el arma no les quitaba ojo de encima, estos estaban tomando posiciones desde dentro para acabar con Hanzo. Con cautela cogió el arma finalmente, salió de su escondite y apuntó a los dos intrusos.
-No quiero dispararos, pero si no os vais os mato- las manos de Daniela temblaban mientras apuntaba a los dos tipos.
Cuando la vieron comenzaron a reír a carcajadas hasta que uno de ellos comenzó a hablar.-¿Qué pretendes hacer pendeja? Estarías mucho mejor mamando mi berga-
Fuera escucharon unos disparos y uno de los que estaba ante Daniela  se giró, entonces Daniela aprovechó para disparar. La bala impacto en el pecho del chico y cuando el otro trató de disparar apareció Hanzo de repente clavándole la katana en el cuello.
-¿Estas bien? Yo me ocupe de los tres de ahí fuera- Hanzo miró el cuerpo del que había matado Daniela.-Buen tiro, a este se le quitaran las ganas de hacer el gilipollas-
Daniela se dejó caer en un asiento mientras las manos le temblaban, luego comenzó a llorar.
-¿Es la primera vez que matas a alguien?-preguntó Hanzo
Daniela asintió mientras se tapaba la cara con las manos, luego aun con lágrimas en los ojos miró a Hanzo.-Si, es la primera vez-
-Es normal llorar, sientes culpabilidad…-
-No lloro por que me sienta culpable, lloro de alegría. Ese cerdo me apuntaba dispuesto a matarme y cuando lo he matado no he sentido nada.-
Hanzo miró a Daniela y asintió, comprendió que tanto tiempo luchando por su vida en un mundo post apocalíptico la había insensibilizado, era normal, a el también le había pasado, matar en esos tiempos era algo muy normal.

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