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viernes, 31 de agosto de 2012

Capitulo 163: Exodo, part 4



Día 20 de Junio de 2009
Día  372 del Apocalipsis.
Madrid 08:00 de la mañana.

Silverio y Jorge habían intercambiado información. Silverio le contó lo que estaba haciendo y a quien esperaba, Jorge le contó todo lo que le llevó a separarse del grupo. Ambos estaban confiando el uno en el otro. No había más remedio que hacerlo de esa forma. Jorge también le confesó que seguramente cuando los demás lo vieran querrían matarlo, pero Silverio trataba de convencerle de que los demás comprenderían esos motivos. Ya no era una traición, el estaba allí por una razón y esa era la de rencontrase con sus compañeros. Jorge sin embargo tenía una idea diferente del asunto, para los demás era un traidor y lo cierto es que iban a querer darle una paliza, lo único que podía salvarle era que Paco estuviese con ellos y que este les hubiese contado la verdad de la traición, aun así se imaginaba que las cosas no iban a salir precisamente bien, le dispararían primero y luego preguntarían.
*****
Reverte miró a todos los soldados, estaban armados hasta los dientes y ansiosos por empezar con el plan de Reverte. En especial Beltrán, el cual estaba deseando ir habitación por habitación clavando el machete.
-Muy bien, empecemos. Acabad pronto y no dejéis a ninguno con vida- ordenó Reverte.
Los soldados encabezados por Beltrán a las órdenes de Reverte comenzaban a avanzar por los pasillos donde estaban las habitaciones de los políticos.

Collado se despertó con un extraño sonido, eran como golpes. Cuando abrió los ojos se vio rápidamente asaltados por multitud de manos, por unos momentos creyó que se trataba de No Muertos, pero se dio cuenta de que no cuando vio entrar a Beltrán por la puerta mientras Reverte se apoyaba en la puerta. Collado trató de liberarse de la presa que le habían hecho, pero no pudo hacerlo, los soldados lo tenían fuertemente agarrado.
-Es inútil que lo intentes- dijo Beltrán sentándose en la cama.-A ti te tenía muchas ganas, me caes como el culo y estaba deseando que llegara este momento. Te extrañara que pase esto, pero la verdad es que estamos haciendo un motín, no nos servís para nada más que no sea hacer el gilipollas. Aquí el verdadero poder y mandato es nuestro-
En ese momento Collado logró quitarse una de las manos de la boca y trató de hablar, pero volvieron a tapársela.
-Déjalo hablar- dijo Reverte entrando en la habitación.-Me gustaría escuchar que dice-
El soldado hizo lo que Reverte le ordenó, cuando pudo hablar, comenzó a tratar de sobornar a lo presentes.-Os daré dinero, os daré mucho. No tenéis que hacer esto-
Beltrán miró a Reverte en ese momento con una mueca de burla-Este gilipollas se cree que nos podrá comprar con dinero- luego miró a Collado.-Ni con todo el oro del mundo imbécil-
Reverte puso el cañón de su arma sobre la frente de Collado y disparó.
Poco después los demás soldados siguieron habitación por habitación acabando con la vida de los políticos. Dos soldados entraron en una especie de salón donde había dos tipos leyendo unos libros y tomando café. Sobre ellos descargaron una lluvia de balas. Uno de los soldados se acercó a Beltrán en ese momento.-¿Qué hacemos con los científicos? ¿Los matamos también?-
Beltrán negó con la cabeza, los científicos les servirían para seguir fabricando la vacuna. No podían deshacerse de ellos así como así. Cuando ya habían acabado con todos los políticos los quemaron en el exterior. La columna de humo quizás atrajera a los infectados, pero estos no lograrían penetrar en su bunker. Cuando los cuerpos ardían, Reverte sonrió satisfecho, el bunker en aquel momento era todo suyo y ellos mandaban. Se imaginó que también el francés lo vería, pero no le importaba, a decir verdad lo estaba deseando. Quería que el francés se tomara aquello como una burla y un “ven si te atreves”.
*****
Roache observaba la columna de humo que se elevaba por encima de los edificios de la ciudad. Era un humo de color negro, enseguida supo de donde venía la columna, ni más ni menos que del bunker, Roache no se imaginaba que podía haber pasado, pero si eran capaces de hacer eso, significaba que no le temían. Aunque eso era algo que el ya sabía desde su llegada a la ciudad. Si no le temían el los haría sentir temor y si querían más guerra la iban a tener. Roache no se iba a quedar así, al fin y al cabo estaba ideando un plan que quizás no saliera bien a la primera, pero aun así atacarían en el momento preciso con todo lo que tuvieran. La cura iba a ser toda suya.
*****
Jorge había salido por la pista de aterrizaje para dar una vuelta, desde donde estaba veía las vallas. Pegados a ella había varios infectados que gemían cuando lo veían pasearse, el cielo estaba nublándose de nuevo, entonces se dio cuenta de lo que parecían unas nubes más negras, las observó bien y vio que no eran nubes, si no humo. Humo que venia de algún lugar de la ciudad. Jorge comenzó a correr en dirección a la terminal, entró en el interior y llegó hasta las escaleras que llevaban a la torre de control. Cuando llegó a lo más alto de asomó y vio mejor la columna de humo.
-¿Qué coño pasa? Te vi entrar corriendo y …- la voz de Hanzo se cortó al ver la columna de humo.-¿Qué coño es eso?-
-Es una columna de humo. A ver si adivinas de donde viene- preguntó Jorge, aunque como el, sabía que Hanzo sabía muy bien de donde venia.
-Viene de donde esta el bunker. ¿Crees que ha pasado algo?- preguntó Hanzo.
-No lo se. Puede que Roache y sus chicos les hayan atacado, aunque con este silencio en la ciudad hubiésemos escuchado las explosiones en caso de ataque- respondió Jorge a medida que el cielo se cubría de nuevo con nubarrones que traían  tormenta.
-¿Y si nos acercamos a ver?- preguntó Jorge.
En ese momento Silverio apareció en la torre de control.-Yo no haría eso. Hay multitud de cámaras por la ciudad, por eso estamos aquí, para que no nos vean- Silverio miró a Jorge.-¿Cómo crees que os encontraron tan rápido cuando huíais a caballo por la ciudad? Os vieron por las cámaras y nos mandaron-
-Cierto, tu pilotabas el super puma- respondió Jorge.-Pero quiero saber que ha pasado allí-
-Pues mejor aguántate las ganas, porque la verdad es que si te pillan lo pasaras mal amigo- contestó Silverio.-Ahora espero que los otros lleguen pronto y podamos irnos de aquí cuanto antes, cuanto más tiempo pasamos aquí, más en peligro estamos de que los hombres de Beltrán o los del francés nos encuentren-
Jorge asintió. Aun así seguía teniendo la idea de acercarse a ver que demonios había pasado allí, se volvería a colar y volvería a entrar en los laboratorios. Allí había algo que le interesaba averiguar.
*****
Día 20 de Junio de 2009
Día 372 del Apocalipsis.
De camino a Madrid.

Me miré el reloj cuando me desperté y vi que eran las 08:30 de la mañana, volvia a llover y tenía a Vicky acurrucada a mi lado en la parte trasera del Ume, al parecer se había cambiado durante la noche. Miré a Eva y a Alicia que seguían dormidas, el bebe sin embargo esta con la mirada clavada en una de las ventanas. Era como si hubiera algo ahí, algo que le llamaba especialmente la atención. Entonces vi una silueta que le estaba haciendo carantoñas, por unos momentos creí que era alguien del grupo, allí había alguien debajo de un chubasquero de color azul marino, era un hombre, fue entonces cuando  le vi la cara y me di cuenta de que era un extraño. Con gran rapidez me lancé al exterior y apunte al individuo con la pistola.
-¿Quién coño eres?- dije mientras miraba de reojo al techo del autobús donde debía haber alguien montando guardia, pero no había nadie.
Aquel desconocido alzó las manos y pude verle un poco mejor la cara, tenía una barba de tres días, se trataba de un chico joven de unos cuatro o cinco años más que yo.
-Calma cowboy- dijo el tipo con voz serena, era como si el hecho de que le estuviese apuntando con un arma no lo intimidara lo más mínimo.
-¿Quién coño eres?- pregunté alzando la voz con intención de que los demás me escucharan.
-Tranquilo tío, mis chicos y yo estábamos buscando solo algo de comida. Creí que estaban los vehículos abandonados y…-
-¿Tus chicos?- pregunté, ese tipo acababa de revelarme que no estaba solo.
De pronto escuché un grito que venía del autobús y cuando miré vi a un tipo grande de varios kilos de peso que salía de espaldas de dentro del autobús mientras Abel le apuntaba con un arma. Otro tipo apareció a escasos metros de mí.
-¿Pero quien cojones sois vosotros?- pregunté esperando que me contestaran.
El tipo al que apuntaba se me quedó mirando y entonces sonrió de oreja a oreja.-Tu debes ser Juanma ¿no?, el mismo que habló con Silverio-
Las palabras de aquel tipo me dejaron blanco. Parecía que me conocía y que conocía a Silverio. No entendía nada de lo que estaba pasando. ¿Quiénes eran esos tipos?.
-Tenemos cosas de las que hablar me parece- dijo el chico al que apuntaba.-Por  cierto, mi nombre es Arturo y estamos en el mismo bando-

Capitulo 163: Exodo, part 3



Silverio estaba terminando la ronda por la terminal cuando alguien a sus espaldas apareció empuñando un arma cuyo cañón posó en su nuca. Rápidamente alzó las manos y espero el final, aunque este no llegó. Poco a poco se fue dando la vuelta y vio a un chico rubio. Se fijó en el y no recordaba haberlo visto entre la gente del bunker, así que por descarte debía pertenecer al grupo del francés. Fuese quien fuese no podía revelarle la existencia del helicóptero.
-¿Te envía Roache o ese cabrón de Beltrán?-preguntó el chico sin dejar de apuntarle a la cara.
Silverio no alcanzaba a comprender que demonios ocurría, ese chico le estaba preguntando que a que grupo pertenecía, cuando el mismo se preguntaba si este pertenecía al grupo del francés, entonces solo podía haber una explicación, era alguien de fuera, Silverio pensó varias posibilidades, y aunque era muy difícil, decidió jugársela.
-¿Eres Juanma? ¿Eres aquel de la prisión con el que he estado hablando?-
El chico cambió la expresión de su cara al escuchar el nombre, pero no dejó de apuntarle. Por su expresión facial y dudas que mostraba en ese momento con cada gesto era como si el nombre de Juanma le hubiese dicho algo, entonces el chico negó con la cabeza, Silverio ya se esperaba eso.
-Si no eres el ¿Eres de su grupo? ¿Habéis llegado todos?-

Jorge estaba confuso, ese tipo de origen brasileño a juzgar por su acento estaba mencionando a Juanma,¿ Que posibilidades había de que hubiese sobrevivido otro Juanma en una prisión había? No podía ser, tanta casualidad era imposible. Ahí había algo extraño, era posible que aquel brasileño estuviera tratando de jugársela. De pronto Jorge escuchó como amartillaban un arma a sus espaldas, al girarse se encontró con una chica a la que no había visto nunca, justo cuando la chica le apuntó aparecieron Hanzo y Daniela. La situación se estaba poniendo realmente tensa en esos momentos que se estaban apuntando los unos a los otros.
*****
Reverte visionaba una y otra vez el video que el francés había mandado, el mismo video donde les amenazaba con lanzarles una bomba nuclear, sin duda se refería a la bomba que tanto codiciaba Torres, pero con Torres muerto, la bomba había perdido todo interés. Tenían lo que más querían en esos momentos, y eso no era otra cosa que la cura, por fin la tenían y aunque no la habían probado todavía en humanos, la tenían. Aunque el hecho de tenerla los ponía en el punto de mira del francés y su grupo. Obviamente Reverte no se la cedería ni de casualidad, si el francés la quería debía ir a por ella y luchar para conseguirla.
Reverte se levantó de su sillón y salió al pasillo, desde allí escuchaba a los soldados hablar mientras jugaban al billar o a otros juegos como las cartas. Otros soldados estaban demasiado aturdidos por el alcohol, cuando llegó a la sala se encontró con que Beltrán también había decidido acompañar a los chicos en su particular fiesta. No le molestaba, pero la actitud de un capitán no debía ser esa, cuando Beltrán lo vio levantó la botella de cerveza en señal de saludo, justamente después se tambaleó y estuvo apunto de caerse.
-Jodido borracho- pensó Reverte para si.
Siguió caminando y decidió ir  a la sala de monitores, quería observar las calles, después de la traición del soldado De María, habían puesto en su lugar a un soldado que debía tener miopía, porque no se enteraba ni de la mitad de las cosas que ocurrían en las pantallas. Cuando abrió la puerta sin avisar, el soldado se subió rápidamente los pantalones y se puso de pie para saludarlo. Justo detrás de el había un monitor donde se veía a una infectada que estaba en muy buen estado, aunque le faltaban los dos brazos y aun con la pantalla en color verde podía apreciarse que tenía muy buen cuerpo. Reverte se imaginó que ese soldado se estaba masturbando mientras miraba a la No Muerta, eso le hizo mirar al joven soldado con una mueca de asco.
-¿Qué coño estaba haciendo soldado?- preguntó Reverte- Estaba descuidando su trabajo solo por una miserable paja. Si vuelvo a pillarle machacándosela, se la cortaré delante de todos los demás y luego de la haré tragar. Compórtese como un soldado-
Reverte dejó la sala y comenzó a caminar hacia la sala de reuniones de los políticos, hacía un rato que lo habían citado allí. Cuando entró por la puerta los políticos guardaron silencio hasta que Reverte se sentó en el cómodo sillón de cuero negro.
-Es muy tarde. ¿Para que me han citado aquí?-
Uno de ellos comenzó a hablar, se trataba de un antiguo alcalde de Madrid, este comenzó a pasar hojas de unos ficheros mientras hablaba.-Desde hace días están interceptando comunicaciones de otros países. Lo que queda de Japón se esta moviendo para conquistar otros territorios, al igual que los yanquis y los Rusos, aunque sus ejércitos están quedándose diezmados a causa de los muertos, cada día hay más y hay rumores de que están habiendo nuevos brotes entre las filas de los soldados-
Reverte arqueó las cejas sin entender muy bien aquello.-¿Nuevos brotes? ¿Qué quiere decir con eso?-
Entonces Collado entró en la conversación-Se refiere a que algunas personas están cayendo enfermas como los primeros casos antes de la pandemia. Al menos en aquellos países, primero enferman como si tuvieran la gripe y al final acaban muriendo para levantarse después. Lo malo es que no pudo detectarse a tiempo y en pocas horas había bastantes infectados-
Reverte suspiró en ese momento al comprender que querían.-Me han llamado a mi por estar al mando, temen que llegue hasta ustedes ese nuevo brote. ¿Correcto? Y como quieren proteger sus culos a toda costa, quieren que les inyectemos ya la cura de los laboratorios… es curioso-
-¿Curioso?- preguntó Collado al tiempo que los demás políticos miraban a Reverte.
-Si, es curioso porque estoy al tanto de todas las comunicaciones. Las interceptamos todas y es imposible que ustedes estén al tanto de ellas y yo no, por lo tanto mienten. No ha habido ningún nuevo brote salvo en su imaginación. Se han pasado de listos creyendo que yo soy idiota… pero no lo soy, llevaba mucho tiempo a las ordenes de Torres y se sorprenderían de lo mucho que se entera  uno, es decir, estoy al tanto de todos sus chanchullos. Olvídense de la vacuna, ustedes no tendrán acceso a ella-
Collado y los demás miembros de la mesa palidecieron ante la posición que estaba tomando Reverte. No les iba a ceder la vacuna.
-Creo que no comprende…- quiso decir Collado, pero Reverte lo cortó al instante.
-El que no lo entiende es usted, ninguno de ustedes entiende nada, están aquí por el simple hecho de pertenecer a un gobierno que obviamente ni sirve ya para nada ni servirá, su situación aquí es más que precaria. Les estamos protegiendo sin saber el porque, desean una vacuna que los curaría de una posible infección, pero como ustedes no salen de aquí para nada, pues no se han enterado ni de la mitad, yo he visto a esos seres, los he estudiado. Por mucha vacuna que tengan, eso no les salvara de ser despedazados por ellos si lograsen entrar, lo vacuna solo les evitaría convertirse en uno de ellos, pero no les salvaría la vida jodidos ignorantes. Seguirían viviendo en el mismo mundo de mierda-
Collado quiso hablar, pero Reverte le hizo una señal para que se callara, no estaba dispuesto a escuchar más estupideces por parte de una panda de politicuchos que habían sobrevivido sin saber muy bien por que. No le importaban nada, por el podían amanecer todos muertos, no los echaría de menos en aquel lugar. Cuando salió y cerró la puerta recordó lo ultimo que pensó…”Amanecer todos muertos”… Reverte había tenido una idea.
*****
-Yo no soy Juanma- contestó finalmente Jorge sin dejar de apuntar al brasileño. Estaban en superioridad numérica, pero tenía el cañón del arma de la chica apuntando a su cabeza y tenía la sensación que esta no fallaría si pretendía disparar, sin embargo sabía que si Daniela disparaba fallaría seguro. Hanzo le había contado que había matado a uno de los que los habían asaltado, pero en esos momentos temblaba como un flan. Jorge se tuvo que plantear muchas cosas y entonces bajó el arma.
-Bajad las armas-dijo Jorge mirando a sus dos compañeros.
-¿Estas seguro? Podría ser un error- respondió Hanzo sin tener muy claro que hacer.
Jorge asintió y sonrió.-Si me arrepiento que así sea-
Cuando Hanzo y Daniela bajaron las armas también lo hizo la chica que apuntaba a Jorge. Entonces el chico comenzó a hablar.
-Por tu reacción se diría que conoces al tal Juanma- dijo el brasileño.
-Si, lo conozco… ¿Tu de que lo conoces?-
-Vienen hacia Madrid para escapar de aquí en mi helicóptero- respondió el brasileño.
La contestación era sincera y por lo visto el brasileño estaba o bien confiando en el o jugándosela. No conocía al tipo que tenía delante, pero algo era obvio y era que estaban en el mismo bando.

Capitulo 163: Exodo, part 2



El avión era enorme, Eva y yo tuvimos que ingeniárnoslas muy bien para trepar por los restos. Subíamos agarrándonos a los asientos, nos llevábamos más de un susto cada vez que uno de estos se soltaba, en una de esas veces tuve que agarrar a Eva de la mano para que no se cayera también. Nos encontrábamos en lo que era uno de los pasillos que había entre los asientos. Comenzamos a avanzar cuidadosamente, de vez en cuando teníamos que taparnos la nariz para no sentir el olor de los cadáveres de los que se habían quedado atrapados en sus asientos. Por otro lado teníamos que estar preparados por si alguno de ellos se reanimaba al sentir nuestra presencia. La mayoría de los cadáveres eran sacos de huesos, solo unos pocos seguían descomponiéndose, miré a uno y me fijé que tenía un agujero de bala en la cabeza.
-Fíjate…- dije tocando el agujero.-Alguien a estado aquí no hace mucho-
En ese momento escuchamos un ruido unos metros por delante de nosotros, un ruido que venia desde la cabina, Eva y yo cruzamos una mirada y rápidamente enfocamos con las linternas. Eva casi pega un grito al ver el rostro humano que nos observaba desde unos seis metros. Yo me apoyé en un asiento y apunté con el arma, fue entonces cuando una voz familiar pidió que no disparáramos.
-¿Ray?- pregunté estupefacto mientras le enfocaba en la cara.-¿Se puede saber que cojones haces aquí? Pensé que dormías en el autobús-
-Estoy haciendo lo mismo que vosotros. No he encontrado gran cosa, salvo unas revistas porno, unos cartones de tabaco y algo de lencería… alguien pretendía pegarse una buena fiesta-
-¿Has podido coger la caja negra?- pregunté.
-Pues no. La cabina permanece fuertemente cerrada y aunque podríamos acceder por las ventanas no creo que sea muy seguro- respondió Ray.
Me adelanté unos pasos y me agarré al pomo de la puerta, realmente estaba bien cerrada. Miré a Eva y Ray.-Apartaros un poco-
Cuando se habían alejado un poco apunté a la puerta y apreté el gatillo. El pomo salió volando y la puerta se abrió de golpe hacia mí, eso hizo que un cadáver del interior saliera despedido hacia mí. Se trataba de uno de los pilotos, casi grité al ver el cuerpo, pero me quedé callado.
-¿Estas bien?- preguntó Eva.
La miré y asentí, luego me metí en el interior de la cabina, allí se habían metido los restos de lo que parecía una antena, estos se habían clavado en el cuerpo de uno de los pilotos y se había quedado hecho un colador. El olor allí era más intenso, lo que hizo que Eva se tapara la nariz al entrar.
-Pobre hombre, que forma más horrible de morir, no me gustaría que eso me pasara a mí-
-¿Dónde se supone que esta la caja negra?- pregunté mirando a Ray.
Ray miró a su alrededor y luego me miró a mí al tiempo que con la linterna señalaba a lo que parecía un armario.-Creo que esta ahí-
Yo avancé hacia el armario y comencé a abrirlo, dentro me encontré la caja negra. Ray también se la quedó mirando.
-¿Para que quieres eso?- preguntó Ray.
-Quiero saber que pasó ahí arriba. Aquí se supone que se quedan grabadas varias conversaciones, con esto podríamos saber como esta el resto del mundo y si hay algún sitio donde la infección no haya llegado- contesté.-Ya se que esto fue a escala mundial, pero debe haber algún lugar donde no haya pasado nada, ya sea por las bajas temperaturas o por la poca población-
-Ignoraba que supieras como funcionan estos trastos- dijo Ray.
-Y no se como funcionan, pero Héctor seguro que si sabe. Que el le eche un vistazo- respondí con una sonrisa, lo cierto era que esperaba que Héctor supiera que hacer con ese aparato.
Los tres salimos de la cabina y comenzamos a bajar mientras nos agarrábamos a los asientos. Cuando volvimos a pisar el asfalto comenzamos a caminar en dirección a los vehículos.
-Salvo a Héctor y a algunos no les diremos lo de la caja negra, no quiero que se hagan falsas esperanzas sobre sitios sin infectados. ¿Entendido?- pregunté.
Los dos asintieron a la vez. Cuando llegamos vimos como Abel nos echaba un vistazo.-¿Habéis encontrado algo de interés?-
-Algo… ya lo sabrás- le contesté.

Félix se despertó al escuchar las voces y se levantó. Sole seguía dormida a su lado, al igual que los demás que dormían en el autobús. De vez en cuando, ella murmuraba algo de “boda”, Félix suponía que estaba soñando con el día que se casó, justamente el mismo día que los muertos comenzaron a caminar por la tierra. También susurraba el nombre de Miguel. Félix se levantó con cuidado para no despertar a los demás y se bajó del autobús, lo primero que hizo fue mirar al cielo, estaba casi raso y podían verse algunas estrellas, era la primera vez que hacía eso desde que el mundo había sucumbido a la pandemia, recordaba aquellas noches de verano cuando se tumbaba en una hamaca en la terraza de su casa y acababa durmiéndose mientras observaba el cielo. Se preguntaba si realmente existía un cielo como el que describían los libros sobre religión, un paraíso. Desde luego ya no creía que lo hubiese, aunque si creía en la existencia del infierno, el y los demás vivían en el infierno desde hacia poco más de un año.
Justamente escuchó unas voces, lo que hizo que dejara de mirar al cielo.

Había logrado encender la caja negra gracias a Héctor. Este había salido a relevar a Abel y me había ayudado a ponerla en marcha. Se escuchaban muchas conversaciones en varios idiomas. Héctor era el que sabía más de ingles de los que estábamos allí en ese momento y trataba de traducir lo que decían. Aunque a veces tenía que pararlo para centrarse. En las grabaciones se escuchaban gritos desesperados, algunas se cortaban de repente, llegamos a escuchar como decían que dos aviones habían chocado en pleno vuelo. Otros decían que no habían podido aterrizar porque las torres de control no respondían. Mientras escuchábamos la grabación miré a Eva, la cual se estaba abrazando a si misma. Pude ver sus ojos, estaban casi al borde del llanto.
-No quiero ni imaginarme todo lo que tuvieron que pasar allí arriba- confeso Abel pasándose la mano por la cabeza.
Todos nos estábamos quedando sobrecogidos con lo que estábamos escuchando. Por lo que parecía no había ni una parte del globo terráqueo que se hubiese librado de la pandemia, mis esperanzas se habían visto reducidas y mi corazón latía a toda velocidad.
-¿Qué es esto?- preguntó Félix saliendo de la nada y señalando la caja negra.
-Es la caja negra del avión- respondí- Trataba de averiguar si hay algún sitio donde la infección no hubiese llegado, pero no es así. El mundo entero esta jodido de verdad, mucho más de lo que creíamos en un principio. Quería hacerme una idea de donde poder ir cuando llegásemos al petrolero-
-…pero no hay ningún sitio…- dijo Félix casi balbuceando.
Yo asentí con la cabeza y miré a los que estaban allí, luego volví a mirar a Félix.-Te ruego que no le digas a nadie lo que has escuchado. Esto podría tirar por tierra los ánimos de los demás. Es importante que sigan como hasta ahora-
*****
Madrid…

Jorge, Daniela y Hanzo llegaron al aeropuerto de barajas. La terminal estaba a oscuras y en silencio. Desde las ventanas podía verse la pista de aterrizaje, solo había un avión, pero este estaba destrozado, era el único avión que había. De vez en cuando pasaban por encima de los restos de algún cadáver. Mientras caminaban, Hanzo comenzó a tener hambre, tanta que sus tripas comenzaron a rugir. Jorge lo miró y sonrió, entonces comenzó a buscar y encontró una maquina expendedora. Camino hacia ella y pasó la mano por el cristal para quitarle el polvo. Una vez sin nada de polvo en el cristal se puso a mirar en el interior. Jorge dio unos pasos hacia atrás y se lanzó contra el cristal con el pie por delante, el cristal se rompió con el impacto y Jorge comenzó a sacar barras energéticas de chocolate del interior de la maquina.
-¿Eso estará bueno todavía?- preguntó Daniela.
Jorge abrió una y le dio un bocado, luego cerró los ojos y se tragó el trozo.
-¿Y bien?...-preguntó Hanzo mientras se apoyaba en la pared.
-Están de puta madre, pruébalas- dijo Jorge pasándole un par de barras energéticas.- No caducan hasta el año que viene, aun podremos aprovecharlas sin que nos den una cagalera del quince-
Hanzo y Daniela comenzaron a coger las barras del interior de la maquina y comenzaron a llenar sus mochilas. No era mucho, pero les serviría para no pasar hambre en los próximos días. Siguieron caminando por la terminal hasta que escucharon un ruido. Eran pasos y se acercaban a ellos.
-Escóndete- ordenó Jorge a Daniela.
La muchacha se ocultó mientras Hanzo y Jorge esperaban que fuese quien fuese apareciese por allí. No tardarían en verlo. Ante todo, Jorge esperaba que no fuese ninguno de los dos bandos, por las pisadas se notaba que se trataba solo de una persona.