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miércoles, 4 de julio de 2012

Capitulo 159: Despedidas, part 3


-Ray… para el motor- dijo Eva al tiempo que daba unas palmadas en el techo del Ume.
Cuando Ray detuvo el motor, Eva se asomó con los prismáticos por la ventana y miró a través de ellos siguiendo la carretera. Mientras avanzaban había visto algo, era como movimiento, se imaginó que era un rebaño en movimiento y cundo los vio a través de los prismáticos pudo confirmar que había acertado, se trataba de un rebaño bastante numeroso, de varios individuos, pero estos avanzaban en dirección contraria a ellos, lo cual Eva imaginó que estaban persiguiendo a alguien o a algo, entonces escuchó lo que parecía el sonido de disparos.
-¿Oyes eso Eva?- preguntó Félix saliendo del Ume, cuando este puso los pies sobre el asfalto notó lo caliente. El sol estaba comenzando a calentar señalando el principio del verano.
-Parecen disparos, podrían ser ellos… o podría ser cualquiera- contestó Eva.
Gorka también salió del Ume y se situó junto a Félix mientras escuchaban los disparos que producían el eco por toda la zona.-Los disparos suenan demasiado entre tanto silencio, así solo conseguirán en atraer a mas- Gorka miró en ese momento a uno de los campos que había al lado de la carretera y vio a un grupo de infectados que andaba entre la alta hierba del campo, eran una docena al menos que caminaba en dirección al rebaño.-Si son ellos deben estar en serios problemas como para estar disparando en una zona como esta… pero no se. Hay algo raro-
-Aunque se escuchan tiros no parece que pertenezcan a mucho mas de una persona- dijo Eva volviendo a entrar en el Ume.
-Antes de separarme de ellos éramos diez, tampoco ha pasado tanto tiempo desde entonces. No puede ser que hayan muerto más de la mitad, deberíamos acercarnos y asegurarnos-sugirió Ray.
-Muy bien, acerquémonos con cautela y veamos que ocurre. Por lo menos si no son ellos no nos veremos metidos en un pifostio de tres pares de cojones- dijo Félix a la vez que volvía a entrar en el Ume. –No quisiera vérmelas con todos esos-
Cuando todos subieron al Ume, Ray pisó el acelerador y comenzó a buscar un acceso que los alejara del rebaño pero que al mismo tiempo les permitiera ver de quien se trataba.

Luci corría con más de mil No Muertos persiguiéndole, los más rápidos iban pisándole los talones, de vez en cuando se giraba para disparar, lograba tumbar a dos y volvía a correr. Había atraído la atención de la gran mayoría, ahora el problema era quitárselos ella de encima. Debía hacerles creer que estaba atrapada para que se quedaran allí pensando que la tenían atrapada, así ella podría volver con los demás y ayudarles. Mientras corría se tropezó y uno de los No Muertos esprintó hasta que se le echó encima, Luci le pegó una patada y se levantó rápidamente, seguidamente comenzó a disparar.
-¡¡¡¡Vamos cabrones putrefactos!!!! ¡¡¡Seguidme cerdos!!!-
Después de eso comenzó a correr en dirección contraria, mientras corría recordó que durante el trayecto hacia Alcoy había visto una estructura que parecía ser alguna empresa de vehículos de segunda mano. Fue entonces cuando la vio a unos cien metros de su posición, entonces Luci aceleró el paso.

Algunos No Muertos se habían parado en la entrada de la fábrica, en el mismo lugar donde estaba Andrea inmersa en un fuego cruzado, un fuego cruzado que había cortado en el momento que los infectados habían llegado. Para evitar ser vista, Andrea se ocultó en el interior del furgón y guardó silencio. En el exterior los muertos arañaban el vehículo y daban golpes en los cristales. Andrea sabía que no podían verla, al menos de momento.

Álvaro dejó de disparar al ver que los muertos habían rodeado el furgón. Había observado como la rubia se había escondido en el interior, aunque eso no le serviría de mucho y acabarían encontrándola y despedazándola. Lo malo era que no podía quedarse a verlo. La mayor parte del grupo había entrado en el interior y ahora iban en su búsqueda, no le preocupaba, quizás ellos eran más, pero el tenía un rehén, un importante rehén para ellos, ni más ni menos que la doctora. Rápidamente se volvió hacia ella y la obligó a ponerse en pie. Seguidamente le obligó a salir por la puerta y a caminar por los pasillos.
-Tus queridos amigos no parece que se vayan a rendir. Pobres ilusos, los voy a matar a todos, ellos se creen que por ser más podrán salvarte, pero atraerán a los podridos y cuando ellos mueran devorados tu y yo saldremos usando nuestro pequeño truco-
-No te saldrás con la tuya… te van a…¡¡¡Juanma!!!-
Álvaro alzó la vista y vio al novio de la doctora apuntándole con el arma.

-¡¡¡Suéltala cabrón!!!- le grité a Álvaro mientras le apuntaba con mi arma, aunque este se limitó a apuntarme y sonreír.
-Me temo que no. Si quieres que la suelte tendrás que disparar- Álvaro puso a Lidia delante de el para asegurarse de que no disparaba contra el.- Ella y yo nos marchamos de aquí, aunque no te lo creas… ella y yo hemos confraternizado muchísimo- Álvaro miró a Lidia y luego vi como le lamia la cara, una acción que me asqueó mucho-Venga doctora, cuéntale lo mucho que disfrutabas cuando te estaba follando-
-¡¡¡¡Cabrón!!!!!- grité mientras daba unos pasos hacia ellos con el arma en alto, quería disparar a Álvaro, pero no podría hacerlo sin dañar a Lidia.-¡¡¡Suéltala!!!- le grité otra vez.
En ese momento Álvaro alzó el arma y disparó. Logré evitar el disparo escondiéndome detrás de la pared. Al intentar mirar volvió a disparar y luego salió corriendo tirando de Lidia. Cuando me asomé vi que no estaban y comencé a perseguirles por el camino que habían seguido. La sangre me bullía como nunca, nunca antes me había pasado, ni siquiera aquella vez con Smirnov, al que maté a sangre fría. Tenía ganas de matar a Álvaro, quería hacerlo y provocarle sufrimiento. Mientras seguía el pasillo lleno de tuberías, Álvaro salió por sorpresa y me disparó, la bala me rozó justo antes de que pudiera ocultarme.
-Pobre Juanma, de verdad. Yo de ti hubiese preferido estar muerto o no haber vuelto, no te imaginas lo mucho que he disfrutado corriéndome dentro de ella, han sido varias veces… malo seria que no te la hubiese preñado-
Las palabras de Álvaro eran para desestabilizarme y hacerme cometer errores por culpa de la rabia que estaba creciendo en mi interior y lamentablemente lo estaba consiguiendo, sentí ganas de llorar de rabia. Salí de mi escondite para disparar y este volvió a dispararme, esta vez la bala me rozó el hombro y sentí un fuerte dolor a pesar de que la bala me había rozado.
-No te preocupes que no te matare, primero quiero hacerte sentir mucho dolor. Luego justo antes de matarte te ataré para que veas como me la tiro delante de ti. Luego le meteré una bala en la cabeza… aunque antes veras como le meto otra cosa- escuché reír a Álvaro tras la ironía que acababa de soltar.-Luego te mataré lentamente a ti. Voy a hacer que te arrepientas de haberme dejado esposado aquella vez-
-Mataste a tu hermano jodido perturbado- respondí sin salir de mi escondite, me estaba mirando la herida que me había provocado la bala que me rozó, no me cabía duda de que aquel loco había fallado a propósito. De haberme querido matado lo habría hecho.
-Mi hermano era un tonto del culo, me recuerdas mucho a el. A el lo maté de forma rápida, pero contigo me tomare mi tiempo, quiero disfrutarlo-
Cargué de nuevo mi arma y me preparé para salir, tenía que acabar con eso de una vez por todas, no iba a permitir que hiciese daño a la mujer a la que amaba.

Día 11 de Enero de 2009
Más de seis meses después del Apocalipsis.

Como cada mañana al salir el sol me encontraba en la playa cerca del parque de bombero, iba allí a visitar las tumbas de aquellos que habían muerto en el asalto de los rusos. Iba allí a disculparme por haberles fallado de esa manera. Me paré ante la tumba de Víctor y comencé a disculparme por no haber llegado antes y por haber revelado nuestra ubicación, me sentía mal por haber metido la pata de esa manera. Entonces vi a Lidia que avanzaba hacia mi caminando por la arena, en sus manos llevaba una chaqueta de los bomberos, la cual me puso por encima. Como no quise que me viera las lágrimas me las limpié.
-Cada día vienes aquí a llorarles y a disculparte…¿Cuándo te darás cuenta de que no fue culpa tuya?- dijo Lidia mientras entrelazaba su mano con la mía.
-Si que lo fue, este mundo ha cambiado y yo no supe o no quise darme cuenta. Confié en las personas equivocadas, puse esperanzas ciegas en una salvación. Tengo tantas ganas de salir de este jodido infierno que nos rodea que no me paré a pensar en la clase de personas que eran esos jodidos rusos. Smirnov jugó conmigo y yo le dejé hacerlo. Luego lo maté tomándome la venganza que creía justa, puede que fuese una ventaja justa… pero matarle de esa forma no hizo que me sintiera mejor, nunca tuve que cruzar esa línea, ahora no puedo cerrar los ojos sin ver a ese hombre mirándome y odiándome hasta el momento de su muerte, pero no es solo el, también veo a Carol… joder, a ella la maté a sangre fría también cuando podía haberla detenido de otra manera, pero no lo hice, disparé contra ella varias veces-
-Carol estaba loca he hiciste lo correcto, quiso matarme a mi y luego quiso matarnos a todos abriendo las puertas de la entrada del parque. Matar no esta bien, pero en este nuevo mundo en el que estamos viviendo a la fuerza… quizás matando sea la única forma de salir adelante- Lidia me cogió por las mejillas y me miró a los ojos- No me importa lo que hayas hecho, se que antes de esto habrías sido incapaz, pero ahora para sobrevivir nos estamos viendo obligados a hacer cosas que nos cambian por completo, pero tu sigues siendo el mismo de siempre, no eres un monstruo como te crees que eres, tu eres el líder, eres un hombre que mira por sus amigos, eres el hombre a quien amo y hagas lo que hagas… lo harás por el bien de los demás…-
En ese momento Lidia y yo nos fundimos en un largo beso. En ese momento me prometí a mi mismo que jamás volvería a cruzar la línea, por mí y por los demás.

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