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viernes, 22 de junio de 2012

Capitulo 157: Monstruo, part 1


Acabábamos de pasar Pedreguer cuando el motor del camión murió después de que le saliera una gran humareda. Cuando eso pasó yo iba de copiloto junto a Abel y ese oportuno contratiempo me hizo golpear el cristal con rabia. No podía creerme que eso nos pasara estando tan cerca de nuestro destino. Miré a Abel y este con su mirada me dijo que no había nada que hacer. No teníamos ningún vehículo cercano y sobretodo nada de nada, solo campos y carretera, era como estar en medio de ninguna parte. Los demás comenzaron a bajar del remolque y yo hice lo mismo.
David fue el primero en ir a ver el motor y nos dijo lo que ya sabíamos y temíamos, el motor había muerto y no iba a resucitar. Lo peor era que hasta Alcoy aun nos quedaba un buen camino, sin pensármelo dos veces me prepare mi mochila y mis armas y comencé a caminar por la carretera.
-¿Dónde vas? No pretenderás ir a pie ¿no?- preguntó Abel.
-Eso mismo, me da igual cuando llegar, solo se que tengo que hacerlo- respondí.
Los demás no tardaron en seguirme y todos juntos nos encaminamos rumbo a Alcoy dejando el camión atrás. Tardaríamos mucho en llegar, unos días mas bien, pero llegaríamos y podríamos reunirnos con los nuestros, mientras caminábamos sonreí para mi imaginando la cara de Vicky al verme aparecer, hacia días que no me afeitaba y en esos momentos tenía una poblada barba, más la suciedad y la ropa roída parecía un vagabundo, era seguro que no me iba a reconocer a simple vista. Aunque nada más verla la abrazaría y cogería en brazos para comérmela a besos. Las ganas de ver a Lidia también podía conmigo, necesitaba tenerla entre mis brazos y disculparme por todo, sobre todo por lo del tema de Eva, a la que también tenía ganas de ver. Aunque no solo ellas, mis otros amigos que esperaban en la prisión también eran importantes para mi, sus rostros pasaban por mi mente. Hacía ya mucho que no los veíamos, también esperaba que tanto Abel como Vanesa se adaptaran al grupo. Sabía que se adaptarían perfectamente, también sabía que serian un gran apoyo para el grupo, Vanesa era una piloto experimentada y Abel era un autentico armario capaz de hacer frente a un toro y era algo que había demostrado. Lo malo era que a pesar de tener ganas de llegar a la prisión, temía que allí ya no quedaba nadie o que estaban muertos, la revelación de la explosión por parte de Manuel Hidalgo no hacía más que asaltarme. Entonces hice algo que no acostumbraba a hacer nunca, comencé a rezar por ellos, por los que estaban en la prisión.
*****
Silverio estaba harto de esas salidas, siempre eran para cazar a otras personas, muchas veces latinos que pertenecían a bandas. Al llevarlos vivos, ellos le miraban y entonces, como latino se sentía un traidor que ayudaba a aquellos a cazarlos. En ese momento había salido a la caza de tres individuos que iban a caballo, no sabía quienes eran, pero no los quería encontrar, deseaba que les dieran esquinazo. Cuando lo consiguieron, Silverio se sintió aliviado. Por su parte, el capitán Beltrán no estaba nada contento con haberlos perdido, lo expreso dando gritos y golpes.
-Aterriza- le ordenó por el comunicador.
-Mi capitán… con todos mis respetos, la calle esta plagada- contestó Silverio mientras observaba la calle que se había llenado de infectados que alzaba los brazos hacia el helicóptero.
-Me importa una mierda si la calle esta plagada de muertos, elefantes o bailarinas con tutu, sitúa este pájaro sobre una de las terrazas y espera mis órdenes. ¿Queda claro? ¿Si o no?-
Silverio asintió, sabía muy bien como se las gastaba aquel tipo, en una ocasión vio como un soldado tenía miedo de bajar y el en pleno ataque de rabia lo empujó fuera del helicóptero. Aquel pobre chico chocó contra el suelo desde una altura de treinta metros. Silverio no quería acabar igual y obedeció la orden. Este sobrevoló un poco la zona y acabó posando el helicóptero en una terraza. Seguidamente los doce soldados dirigidos por Beltrán se bajaron rápidamente y comenzaron a tomar posiciones. Beltrán también bajó, no sin antes lanzarle una mirada de advertencia a Silverio, una mirada que dejaba muy claro lo que expresaba. Unos minutos después Beltrán y sus soldados desaparecieron en el interior del edificio y Silverio se quedó a solas con Bianca, su copiloto.
-Estoy hasta la mismísima polla de este cabronazo- declaró Silverio mirando a su compañera.-Deberían comérselo vivo esos seres-
Bianca se asomó por encima del pequeño muro de la terraza y vio a los miles de muertos que se habían congregado en aquella calle varios pisos por debajo. Desde que todo aquello había comenzado habían descubierto que esos seres eran muy sensibles al sonido, un solo ruido bastaba para que acudieran todos como un montón de moscas a un bote de miel, el sonido del helicóptero era algo que los enloquecía hasta el punto de que alzaban los brazos al cielo en un gesto inútil de querer coger el aparato mecánico. Ella sentía lastima de ellos, los veía y aunque sabía claramente que eran peligrosos, ese estado de muerte en vida le apenaba muchísimo. Podía ver los ojos sin vida de todos y cada uno de aquellos pobres seres humanos, los que mas la trastocaban eran los pobres niños a los que trataba de no mirar. Al igual que Silverio, hasta su llegada a Madrid había estado en el nido 81, pero ya no les habían dejado volver, habían tratado de ponerse en contacto pero no les habían dejado.
En esos momentos los dos brasileños escucharon un disparo en los pisos inferiores de aquel edificio, señal de que el baile de Beltrán había empezado.
******
Jorge y Hanzo comenzaron a recorrer los túneles de metro junto a los caballos. De vez en cuando Jorge miraba a sus espaldas, sabía que el helicóptero había tomado tierra, por lo tanto los hombres de Beltrán habían comenzado a moverse, no quería encontrarse la desagradable sorpresa de que los estuviesen siguiendo, aunque los hubiesen escuchado en aquella oscuridad, el eco allí era un gran aliado. No tardaron en llegar a un vagón abandonado, la chica amiga de Marcus los miraba con desconfianza. Jorge entendía muy bien esa desconfianza. ¿Quién se fía de alguien en un mundo donde te matan solo por sonreír? Por otro lado la chica le había gustado, era preciosa, tenía la piel canela y unos ojos verdes tirando a marrones muy bonitos, a veces se quedaba embobado mirándola. Solo Hanzo era capaz de sacarlo de ese trance en el que se veía sumergido.
Cuando entraron dentro del vagón se dieron cuenta que estaba muy bien acondicionado, una vez allí dentro la chica se presentó como Daniela.
-¿Lleváis mucho tiempo aquí?- preguntó Jorge mirando a su alrededor.
-Mas o menos desde que empezó esto- contestó Daniela con timidez.
Justamente en ese momento Jorge cayó en la cuenta de que no se había presentado, así que lo hizo rápidamente y después presentó a Hanzo. Daniela sonrió y en ese momento se quedó como extrañada, luego miró a Marcus.
-¿Dónde esta Wilson?-
En ese momento Marcus palideció y se quedó mirando a los dos recién llegados. Sin pensárselo dos veces y pese a que Jorge trató de impedirlo, Hanzo se puso en pie-Yo lo maté, pero fue un accidente. Lo confundí con…-
-Déjalo ¿Vale?- dijo Marcus avanzando unos pasos hacia Hanzo.-No es necesario remover más mierda-
Daniela de echó a llorar recordando a su compañero caído, era el tercero que había desaparecido de su lado en pocos días. Entonces Marcus se acercó a Jorge.
-Tenemos que hablar sobre que hacer-
Jorge asintió y ambos salieron del vagón mientras este pensaba que ya no iban a volver con Lujan, seguramente no los echarían de menos y ya los darían por muertos, al fin y al cabo, Jorge le había contado todo lo que sabía a Lujan y este había sonreído fascinado, seguramente si volvían, aquellos idiotas les meterían una bala en el cerebro…mejor se quedaban donde estaban, ese parecía un lugar seguro, aunque si tenía que vérselas con alguien, prefería que este no fuera el loco de Beltrán.
Una vez fuera del vagón Marcus comenzó a hablar.-Esto es un lugar grande con varias entradas como ya sabes, pero ya no estamos seguros, hay cámaras por toda la ciudad, nos deben haber visto entrar, debemos desplazarnos-
-¿Qué me sugieres?- preguntó Jorge.
Marcus sacó un mapa de Madrid y se lo mostró a Jorge.-No hablo de irnos a otro sitio de Madrid, hablo de largarnos de Madrid. Para ello necesitamos un vehículo, pero no un vehículo cualquiera, necesitamos un hunvee de los que usan los tipos del gobierno. Así podremos movernos entre las hordas de muertos de ahí fuera sin peligro-
-No te sigo. ¿Cómo pretendes conseguir el hunvee?-
-Se lo robaremos a ellos. Solo debemos adentrarnos en su base- respondió Marcus con una sonrisa. Algo que Jorge no veía como un buen plan. Marcus prosiguió-Su base es un bunker que hay en el campo del moro junto a la catedral de la Almudena, allí hay una pista y una gran valla que se levantó justo después de la pandemia, si podemos meternos allí dentro, conseguir un hunvee será coser y cantar-
-Hanzo y yo podemos ayudaros si quieres, pero el y yo no iremos con vosotros después- contestó Jorge.
-Tu podrías venir si quisieras… pero no tu amigo. No puedo perdonarle que haya matado a Wilson- contestó Marcus.-No lo matare por ti, porque me pareces un tío legal, pero el… no me despierta la mínima simpatía-
-Entonces ya conoces mi respuesta, no iré, os ayudare y luego me quedare aquí con Hanzo para hacer lo que vinimos a hacer-
Aunque Jorge no sabía muy bien que iba a hacer ahora que había demasiados enemigos a los que enfrentarse. Las cosas que parecían ya complicadas de por si, se habían puesto muy feas, jodidamente feas.

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