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viernes, 15 de junio de 2012

Capitulo 156: El desembarco, part 3


El sol acababa de salir por el horizonte cuando el Ume conducido por Félix llegó a Guadalest después de tomar varias carreteras secundarias. Habían perdido algunas horas, pero al menos habían evitado posibles encuentros desagradables. Félix no había dormido nada, pero no lo necesitaba, ya dormiría cuando llegara a la prisión y pudiera ver a Sole. Serian las nueve recién tocadas cuando llegaron a las puertas de la prisión. Las puertas de esta se abrieron cuando Sole los divisó desde la torreta, cuando cruzaron detuvieron el Ume junto al autobús. Los dos se bajaron y los demás acudieron a verlos.
Félix se dio cuenta de que sin contar a los niños, solo había cuatro personas, Gálvez, Almudena, Sandra y Sole.
-¿Dónde están los demás?-preguntó Eva.
Sole se abrazó a Félix y luego buscó a Natacha, esperó a que se bajara del Ume, pero salvo Eva y Félix no había nadie más. Entonces se imaginó que ella y los que faltaban  habían muerto. Los demás le explicaron a Eva el porque no estaban los otros, cuando Félix se enteró por boca de Sandra que Toni había muerto le dio un vuelco el corazón y sintió ganas de irse a Alcoy a dar caza a Álvaro y vengar así la muerte de su amigo.
Les contaron también que Dennis, Cristina y Nuria se habían ido de allí con intención de salvar la vida, algo que no le sentó nada bien a Félix. Habían tomado una decisión cobarde que los podría llevar a una muerte segura.
-¿Qué haremos nosotros ahora?- se preguntó Eva mirando a sus compañeros. Los únicos que quedaban.
-Lo mas lógico seria quedarnos aquí por si vuelven-explicó Gálvez.
Eva también pensaba en salir a Alcoy a buscar a Lidia. Había dado su palabra de protegerla y no le gustaba nada que ese loco se la hubiese llevada, pero sabía que si se marchaba quizás no volvería, necesitaba recuperarse de todo, necesitaba comer y dormir. Cuando comiese y durmiese saldría, aunque fuese ella sola. Había decidido dar caza a ese loco, y lo haría personalmente, lo que le daba miedo era encontrase a Lidia muerta.
******
Madrid…

Hanzo se despertó y vio al chico latino de pie hablando con Jorge. Al parecer, finalmente Jorge le había logrado sacar información. Jorge le presentó al muchacho como Marcus y también le contó toda la historia de este. Lo que mas sorprendió a Hanzo fue la revelación de que había otro grupo armado que pertenecía a lo que quedaba del gobierno.
-Habrá que tener cuidado con ese Beltrán. Es un autentico cabrón, ahora mismo no podemos volver con Lujan y menos con el chico.- dijo Jorge.
-¿Entonces?-preguntó Hanzo.
Jorge le explico que el joven latino los llevaría a un lugar donde estarían seguros, al menos de momento, allí según Marcus había una amiga suya. Después de prepararse y desatar a los caballos pusieron rumbo hacia allí. Jorge llevaba detrás a Marcus y Hanzo iba solo en el caballo, los dos animales salieron a la calle y comenzaron a buscar la entrada de metro mas cercana, estaban muy lejos de la que Marcus usaba.
Mientras iban por la calle se dieron cuenta de que los estaban observando. Veían las sombras en las ventanas de varios edificios, por lo tanto no eran muertos, eran vivos que los observaban.
-Bandas- le susurró Marcus a Jorge al oído.
Jorge asintió cuando escuchó la palabra, además automáticamente pensó en Roache. Al cual no quería encontrase. Aunque ahora tendrían que darse prisa para evitar que los que los vigilaban les siguieran.
-Vamos Hanzo-
Los dos dieron con los tobillos a los caballos y los animales comenzaron a correr por las calles de Madrid, mientras corrían Jorge se fijó en las calles que tenía a sus lados, en algunas habían grandes concentraciones de No Muertos. Ojala no se fijaran en ellos.
*****
Habíamos encontrado un camión abandonado al que tan solo le hacia falta una puesta apunto para poder ponerlo en marcha y algo de combustible, lo suficiente para llegar hasta la prisión. Mientras el calor iba en aumento, nosotros nos afanábamos en poner el camión en marcha, estábamos todos, todos menos Ray. Este había desaparecido, hacia un momento estaba con nosotros, pero ahora no había ni rastro de el.
Vanesa lo había estado buscando por allí, no se explicaba como había desaparecido sin que nos diésemos cuenta, aunque tampoco le habíamos prestado mucha atención, sus encontronazos con el grupo no lo habían hecho muy popular. Abel decidió ir a buscarlo, pero al rato volvió sin haberlo encontrado, lo que si nos dijo era que había una horda de infectados unos quinientos metros de nuestra posición.
-¿Lo esperamos?- pregunté, no me sentía capaz de dejar tirado a uno más, aunque este no era de mi agrado.
-No… si se ha ido es por que no quiere ser encontrado. Será mejor que vayamos a la prisión-
Cuando ya teníamos el camión listo nos subimos a bordo. Abel iba al volante, pronto pusimos rumbo hacia Alcoy. Aun no podía creerme que lo hubiésemos conseguido. Ya quedaba menos.

Ray vio alejarse el camión desde su escondite. No quería acompañarles, no después de todo lo que había hecho y organizado. Había tratado por todos los medios hacer que los demás lo siguieran y lo único que había conseguido era quedarse totalmente apartado y que Vanesa lo dejara. Sabía que había hecho mal. Tenía muy claro que ya no volveria a ver a ninguno de ellos. Cuando el camión ya no se veía volvió al yate y trató de ponerlo en marcha, pero no pudo, uno de ellos se había llevado las llaves, seguro que había sido el maldito medico, debería hacer algo, mientras, trataría de sobrevivir solo.
*****
Santiago de María había logrado sobrevivir en el Bernabeu hacia ya trescientos cincuenta y cuatro días. Desde ese día había estado en aquel bunker, lo tenían como un gran soldado con dotes para la supervivencia, aunque seguía en la sala de monitores sin moverse de allí. Le hubiera gustado salir ahí fuera a salvar supervivientes, pero apenas los había, los que mejor se habían  adaptado al post apocalipsis habían sido bandas latinas, las cuales habían sido fichadas por el francés al que todos conocían allí, aunque no había tenido el placer de encontrárselo. Por otro lado estaba su amigo Marcus y su gente, los cuales no pertenecían a ninguna banda y vivían el día a día solo preocupados por vivir un día más. Su trabajo vigilando los monitores era aburrido, muy pocas veces podía ver algo realmente interesante, nada salvo muertos, muertos y mas muertos. Muertos que caminaban sin rumbo o que trataban de cazar ratas, gatos o perros, con los que muy pocas veces tenían éxito. Algunas veces los demás soldados se reunían allí para hacer monólogos mirando a los muertos y haciendo ellos mismos las voces, algo que hasta cierto punto podía tener su gracia. De María se dio cuenta en ese momento que los muertos de una calle comenzaban a agitarse y a moverse en grupo, eso solo podía significar que algo les había llamado la atención. Rápidamente comenzó a mirar los monitores y entonces vio algo, algo inusual a aquellas alturas donde ver a alguien vivo era casi una lotería. Dos grandes figuras recorrían las calles a toda velocidad, no eran vehículos, eran caballos, eran dos en concreto y había gente sobre ellos. Había dos individuos sobre un caballo y uno en solitario. Eran tres jinetes que no sabía de donde habían salido. De María trató de enfocarles bien, pero iban tan rápido que era imposible enfocarles con claridad. No había tiempo que perder y sus ordenes eran claras, informar de cualquier cosa que fuera inusual. Dos caballos corriendo por la ciudad desde luego lo era. Sabía que iban a salir a darles caza, pero con unos desconocidos no iba a quedarse callado, pasaba de jugarse la vida por mantener silencio. Cogio el teléfono y espero a que alguien contestase, unos segundos después contestó una voz, una voz que hubiese rezado por que no fuera esa.
-Ca... capitán Beltrán…si…aquí De María, tengo algo en los monitores, algo inusual, inusual de verdad….si, se trata de dos caballos…uhm…no, no son ni de los nuestros ni del francés… si, a sus ordenes mi capitán-
De María colgó el teléfono y enseguida se dio cuenta de que Beltrán iba bastante colocada mientras hablaba con el, aunque eso era algo que no le impediría salir de caza, y seguramente volvería con las cabezas de aquellos intrusos debajo del brazo, no se sentía a gusto condenando a otros, pero al menos, no seria su cabeza la que quedaría separada de su cuerpo. Al cabo de un rato, en un monitor vio despegar el super puma de Silverio y Bianca, ellos pertenecían a un lugar llamado nido 81, al que ya no habían vuelto por que el gobierno los necesitaba a ellos, era como si los hubiesen comprado en exclusiva. Los hombres de Beltrán eran quizás los mas competentes, para ellos, esa persecución iba a ser un juego de niños.

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