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viernes, 1 de junio de 2012

Capitulo 154: Fuego Cruzado, part 3


Port Aventura era una ruina. Allí no había ni rastro de los compañeros que habían ido a buscar. Eva y Félix estaban decepcionados, no habían logrado nada. Al no ver a nadie conocido allí decidieron regresar a la prisión. Eran solo dos y debían al menos reorganizarse para seguir buscando en otro lugar. Félix había puesto rumbo hacia Alcoy tomando carreteras secundarias, tardarían al menos unas cinco o seis horas en llegar a la prisión, quizás mas. Cuando llegaran lo primero que haría seria abrazar a Sole y luego organizar un funeral en nombre de Natacha, Cayetano, Estefanía y Gloria. Aun no podía creerse lo de Natacha, y aunque Cayetano no estaba ciertamente muerto, ya no podrían recogerlo, el en esos momentos era mas una carga que otra cosa. Le dolía pensar así, pero esa era la realidad, la maldita realidad.
Mientras Félix conducía miraba de vez en cuando a Eva que permanecía dormida apoyada en el cristal del copiloto. No quería despertarla, necesitaba dormir y recuperarse de todo lo que había visto. Ella había sufrido mucho al no encontrar a los que buscaba, Félix estaba también frustrado por eso, aunque tenía por seguro que estaban vivos, no podían haber muerto, eso era impensable para el.
Nuevamente pasaron junto a Cambrils, el lugar donde habían encontrado el Ume de nuevo. Cuando llegaran a Valencia usaría las carreteras secundarias que habían tomado para llegar hasta Tarragona, Félix se los había aprendido de memoria. De repente vio como Eva se despertaba sobresaltada.
-¿Qué ha pasado?- preguntó Félix mirándola.
-Tuve una pesadilla- respondió Eva quitándose las lagrimas de los ojos.-Soñé que volvíamos y no quedaba nadie en la prisión. Entrabamos en el interior y los veíamos a todos muertos. Eran No Muertos, todos ellos, incluso Vicky. Me he sentido como si fuera un mal presentimiento-
Félix hizo una mueca y miró a Eva.-Estarán bien, ya veras cuando lleguemos. Lo que mas mal me sabe es tener que darles la noticia de que hemos perdido a Natacha y los demás. Sobre todo a Sole, eran muy amigas y estaban muy unidas después de lo que ocurrió en aquella granja-
-Si, lo de la granja tuvo que ser terrible- respondió Eva.
-Lo fue. La peor parte se la llevaron las chicas- dijo Félix recordando los días que pasaron allí viendo como arrastraban a las chicas al interior de las tiendas de lona mientras escuchaban las risas de los soldados. Aquello sumado a los gritos de las chicas era algo difícil de olvidar.
-Anochecerá en unas cinco horas- dijo Eva.-Quizás deberíamos parar para descansar antes de seguir, necesitas dormir-
Félix negó con la cabeza.-Puedo aguantar. Ya dormiré cuando lleguemos y abrace a Sole-
*****
Ray estaba en la orilla de la playa esperando a los otros. Estaba pensando en asumir el papel de líder de aquel grupo por que el que era el líder, a este le faltaba madera para ello. Era demasiado joven como para actuar como un líder, sin embargo el si tenía lo que un líder necesita. Sangre fría y decisión. El era el más indicado para dirigir ese grupo y no ese chico. Era algo que había visto cuando el ataque de los chinos. Si por el hubiese sido los chinos se habrían ido de rositas, el no actuaba como un líder y no merecía tal puesto, lo que mas le molestaba es que Abel y Vanesa lo respetaban ¿Qué pasaba entonces con el? El había sido el líder del equipo de incursión del nido 81, el era quien impartía las ordenes en cada misión, además, sin el no habrían logrado salir con vida de Port Aventura. Sin el estarían todos muertos, el era el líder adecuado para aquel grupo, si Vanesa y Abel no querían irse, el tomaría los mandos de aquel grupo. En su cabeza comenzaba a formarse el plan que iba a llevar a cabo para hacer lo que tenía que hacer.

Vanesa y Andrea estaban tumbadas en la cubierta tomando el sol. Vanesa se sintió mal en ese momento por estar así mientras otros se estaban jugando la vida en tierra por llevar combustible al barco, pero después se dio cuenta que necesitaban algo de tranquilidad. Nadie se lo echaría en cara después, eso era un derecho que se habían ganado después de pasar tantas cosas. Además ¿Qué otra cosa podían hacer?.
-¿Crees que algún día dejaremos atrás todo esto?- preguntó Vanesa.
-El mundo ha recibido un mazazo muy grande y la humanidad casi que se ha extinguido, pasaran miles de años para que todo vuelva a ser como antes- respondió Andrea.
-Eso ya me lo imaginaba…-
En ese momento escucharon la voz de Héctor, este salió de dentro de las cabinas con el teléfono vía satélite en las manos, Héctor estaba sonriendo. –Vanesa, creo que esta arreglado-
-¿En serio?- preguntó Vanesa poniéndose de pie, seguidamente se acercó a Héctor.
Héctor se quedó impresionado con la figura esbelta de aquella chica y cuando esta se acercó solo portando los pantalones y el sujetador, el no pudo evitar sonrojarse y apartar la vista de sus pechos.
-¿Cómo lo has hecho?- preguntó Vanesa.
-Había algunas partes sueltas, tuve que volver a engancharlas. Luego lo cerré y encendí y logre captar algunas voces- dijo Héctor con una sonrisa. Estaba orgulloso de haber logrado arreglar ese teléfono.
-Gracias, eres un genio- dijo Vanesa abrazando a Héctor. Enseguida Vanesa comenzó a probar el teléfono, estaba viendo el último número marcado. Este era el de Silverio.-¿Cómo era la voz que escuchaste?-
-Parecía la de un chico latino, al menos así lo parecía su acento- respondió Héctor.
-Debía ser Silverio, un amigo brasileño, no me cabe duda. Debe estar vivo-
-Tambien se escuchaba de fondo el sonido de las aspas de un helicóptero-
Esa revelación de Héctor disipaba cualquier duda que Vanesa pudiera tener. Definitivamente la persona a la que había escuchado Héctor era Silverio. Estaba vivo, pero…¿Dónde?.

Al mismo tiempo en Madrid…
Enfrente edificio de oficinas…

Silverio estaba observando al chico del andamio que estaba con la mirada clavada en el super puma que estaba pilotando. Bianca estaba detrás de el y le estaba diciendo algo del teléfono vía satélite. El número que aparecía en este era el de Vanesa, pero se escuchaba la voz de un chico que no hacía mas que preguntar quien era antes de que la comunicación se cortase. Sin embargo Silverio estaba observando a ese chico. El no lo conocía, no parecía ser uno de los hombres del francés y por su puesto no era de su grupo. ¿Entonces quien era? ¿De quien se trataba?. En ese momento vio como los hombres de Beltran comenzaban a disparar y el chico presa de la desesperación soltaba el andamio precipitándose hacia abajo. Antes de tocar el suelo, el chico saltó y al tocar el suelo rodó sobre si mismo para ponerse a cubierto a continuación mientras los hombres de Beltran disparaban sin cesar.
-No lograra escapar- pensó Silverio.
Silverio volvió a coger altura, estaba volando entre los edificios y eso era un suicidio. Mientras volvían a coger altura se fijo en como el chico hacía autenticas maniobras para evitar los disparos, salía de su cobertura a la vez que evitaba los disparos, finalmente este acabó desapareciendo detrás de una esquina y se perdía de vista de los hombres de Beltran. Silverio se alegró de que aquel chico fuese quien fuese les diese esquinazo a esos desgraciados.
******
El plan de Abel era muy sencillo, mientras Luci y el iban hacia la tienda, Cesar y yo seriamos el cebo. Atraeríamos a los infectados desde lo alto del tejado de una de las casas. Mientras ellos trataban inútilmente de alcanzarnos, nosotros abatiríamos a los que pudiésemos mientras ellos dos iban calle abajo y abrían la tienda. La parte más peligrosa la harían ellos, aunque Cesar y yo corríamos el peligro de quedar atrapados. Además, no llevábamos silenciadores y los disparos atraerían a más, así que Luci y Abel debían ser rápidos.
Siguiendo el plan, mientras Abel y Luci esperaban nuestra señal permaneciendo escondidos. Cesar y yo saltamos el muro de una propiedad y cruzamos el jardín hasta la entrada de la vivienda, donde abrimos la puerta rápidamente, por suerte la casa estaba vacía. Subimos corriendo los escalones y llegamos a una de las habitaciones que daba a la calle llena de No Muertos. Nos deslizamos por la ventana y comenzamos a caminar por el tejado con cuidado, un solo resbalón nos haría caer a la calle condenándonos a una muerte segura y lenta a manos de toda aquella multitud de indeseables.
-Bueno, hora de empezar el baile. Esperemos que haya algo en la tienda y no tengamos que hacer esto para nada- dijo Cesar.
En ese momento los dos comenzamos a gritar atrayendo la atención de los infectados de la calle. La reacción de estos fue como esperábamos. Los No Muertos comenzaron a acercarse a la pared y a arañar el muro mientras gemían mirándonos. Cada vez se estaban acercando mas mientras la calle iba despejándose, en el momento que todos tuvieran la atención fijada en nosotros, Abel y Luci empezarían su parte del plan. Para llamar la atención de los que había junto a la tienda comencé a disparar al aire mientras gritaba. Estos no tardaron en comenzar a caminar con paso lento hacia donde se concentraban los demás. Pronto teníamos al centenar de infectados gimiendo debajo de nosotros mientras inútilmente trataban de atraparnos.
Cesar miró a las otras calles y vio como otros No Muertos procedentes de otras calles se ponían en camino hacia nosotros.-Nos van a cortar todas las vías de escape-
Cesar en ese momento comenzó a disparar, estaba volando cabezas sin parar, yo también comencé a disparar y vi como se iba formando una pila de cadáveres a los pies del muro.

Cuando todos los infectados se habían concentrado en el muro. Abel y Luci salieron de su escondite. Comenzaron a correr calle abajo rápidamente, como tenían el camino libre no tardaron en llegar a la puerta de la tienda. Nada mas llegar, Luci disparó contra el cerrojo de la puerta y seguidamente abrió la verja. Había varios muebles delante de la puerta al otro lado. Ahí es donde entraba Abel, su gran tamaño hacia notable su fuerza, así que sin pensárselo se lanzó contra la puerta con el hombro por delante. Los cristales se rompieron y le proporcionaron algunos costes, pero eso no detuvo a Abel, el cual siguió propinando patadas a los muebles que bloqueaban el paso.

El ruido que estaba produciendo Abel hacía que algunos infectados perdieran el interés en nosotros y trataran de ir a por ellos, pero en el plan ya habíamos contado con eso, así que a esos eran los primeros a los que abatíamos para evitar que se fueran a por ellos.
-Cesar, controla a esos del muro. Yo me ocupo de los que tratan de ir a por nuestros mensajeros- dije yo mientras recorría el tejado para disparar desde la otra punta.
Desde mi posición vi los jardines de otras casas, algunos infectados estaban allí excitados por el ruido, aunque estos no podrían salir, estaban encerrados. Podrían salir por la puerta del jardín, pero eran demasiado estúpidos y estaban demasiado centrados en mí y en el ruido que jamás encontrarían la salida. Disparé a cuatro que iban hacia la tienda y enseguida me fije en los que tenía debajo. Derribe a dos y miré a Cesar, el seguía disparando también, aunque había diezmado a los de su parte, ahora estaba disparando a los de la otra calle. Esos eran los que habían sido atraídos desde otras calles. Cesar dejó de disparar para cambiar el cargador, eso hizo que la zona se llenara nuevamente.
-Estos cabrones no dejan de venir- dijo Cesar  al vez que volvía a abrir fuego.
Yo me estaba agobiando, miré hacia la tienda y vi a Abel todavía dando golpes en la puerta. Luci lo estaba cubriendo, vi como esta le cortaba la cabeza a un infectado que había llegado por la calle que tenían a su derecha. Entonces caí en la cuenta de que era muy probable que por aquellas calles vinieran muchos más. Si no se daban prisa se quedarían atrapados allí. Quería poder cubrirles allí, pero eso seria dejar a Cesar con un gran trabajo en nuestra zona. Nuevamente volví a disparar a un pequeño grupo que ponía rumbo hacia Luci y Abel.

Abel lo estaba consiguiendo, estaba logrando abrir la puerta con sus continuas embestidas. Por fin logró abrirla un poco, un hueco lo bastante grande para que Luci pudiera pasar.
-Te toca. Coge todo lo que puedas y salgamos de aquí. Yo te cubro a partir de ahora-
Luci hizo caso de Abel y rápidamente se deslizó por aquel hueco mientras tenía la katana preparada para repeler cualquier ataque, pero no vino ningún ataque, aunque si el olor a muerte, apoyado en una pared estaba el cuerpo sin vida de un hombre, había un charco de sangre debajo de sus muñecas. En una mano aun llevaba el cuchillo con el que se había cortado las venas. Luci no podía darle más importancia, miró hacia los estantes y allí vio lo que andaban buscando. Habían tenido suerte, Luci cogió dos garrafas y rápidamente se encontró con Abel en el exterior.
-Has sido rápida- dijo al tiempo que disparaba contra un infectado que se había acercado mucho.-Muy bien entonces, salgamos de aquí perdiendo el culo-
Luci se fijó en ese momento en el vehículo que había junto a la tienda. Corrió hacia la puerta y se lanzó al interior. Las llaves estaban puestas y las giró, con tanta suerte que el motor del vehículo rugió.
-Vamos ¡¡¡Sube Hulk!!!- gritó Luci desde dentro.
-Arranca- ordenó Abel mientras saltaba a la parte trasera.
Luci pisó el acelerador y comenzó a conducir marcha atrás calle arriba mientras Abel se encargaba de derribar a los que se cruzaban.

Desde mi posición vi venir el vehículo y pude intuir cual era el plan de Luci.-Jodida loca- pensé para mi, pero era realmente lo más seguro y rápido en esos momentos, me giré hacia Cesar.-Prepárate para saltar-
El vehículo acabó aparcado junto al muro, habían pisado algunos cadáveres, pero no importaba. Cesar y yo no nos lo pensamos y saltamos mientras los infectados trataban de abordarnos. Uno de ellos estuvo apunto de cogerme, pero Abel le asestó una patada en la cabeza y acabo derribándolo. Enseguida, Luci arrancó y el vehículo salió a toda velocidad de allí.

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