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viernes, 1 de junio de 2012

Capitulo 154: Fuego Cruzado, part 2


Estábamos pasando por delante de L´albufera. Yo estaba observándola desde la cubierta del barco junto a Luci cuando de repente el yate se fue parando poco a poco hasta que se quedó parado por completo. En ese mismo momento apareció Tristán por la cubierta y me miró con expresión de “ya te lo dije”. Enseguida supe que se refería a que el combustible se nos había acabado y que en ese momento no teníamos ni gota. Los demás se preguntaban que podíamos hacer, entonces escuché a Abel decir algo.
-¿Qué es aquello de allí?-
Cesar y yo nos acercamos a el y observamos lo que estaba señalando. Desde allí veíamos varias casas de dos o tres plantas como mucho que estaban protegidos por muros.
-Tiene toda la pinta de ser una urbanización- dije con un suspiro.
-Muy bien. Pues en una urbanización debe haber vehículos ¿No?-preguntó Abel
-Si, se supone- contesté.
Diez minutos después tiramos el bote salvavidas hinchable al mar, seguidamente Luci, Cesar, Abel y yo nos subimos, también Ray decidió acompañarnos para esperar nuestro regreso en la orilla de la playa. Poco después comenzamos a remar hacia la urbanización, cuando llegamos a la orilla nos bajamos y Ray comenzó a dar un discurso.-Os esperare aquí. No tardéis demasiado-
Enseguida comenzamos a correr los cuatro hacia la urbanización. Se trataba de la urbanización Faro Mediterráneo, nada mas llegar vimos lo que tan acostumbrados estábamos. La destrucción tras el avance de los No Muertos. Había varios huesos por el suelo y en alguna esquina podía verse todavía un esqueleto completo. Abel iba en el medio del grupo cargando con la garrafa que íbamos a llenar de combustible hasta arriba. Eso si es que lo encontrábamos.

Héctor estaba abriendo el teléfono vía satélite para ver si podía arreglarlo. Vanesa estaba junto a el por si la necesitaba. Para Héctor Vanesa era una chica muy guapa y casa palabra suya la escuchaba con mucha atención, se atrevía a decir que empezaba a gustarle. Aunque tenía entendido que ella era novia de Ray, aunque no los había visto mucho juntos desde que habían huido de Port Aventura. Sentía ganas de preguntarle que había sido de su relación con Ray. Aunque el tampoco estaba muy seguro de empezar una relación con alguien debido a que en cualquier momento uno de ellos podía morir.
-¿Cómo va el asunto del teléfono?-dijo Andrea entrando en ese momento por la puerta, esta solo llevaba el sujetador puesto. Se notaba que había estado tomando el sol en cubierta.
-Tirando, lo hemos abierto, pero hasta tener material para manipularlo no podemos ponernos a toquetearlo mucho, imagínate que metemos la pata y lo jodemos- respondió Vanesa.
-¿Quieres salir fuera a tomar el sol?-preguntó Andrea.
Vanesa dudó por unos momentos y luego miró a Héctor.-Si no me necesitas…-
-Puedes salir a tomar el sol o lo que quieras, yo me las apaño solo aquí-
Vanesa se puso en pie y salió con Andrea a la cubierta para tomar el sol mientras Héctor se quedaba a solas mirando el teléfono. Podía escuchar hablar a Tristán y a David en la cabina del timón, el medico estaba enseñando a David a llevar los mandos. Allí cada uno estaba teniendo un papel, estaba el equipo A que eran aquellos que se estaban jugando el culo ahí fuera buscando combustible para el barco. El sin embargo se sentía como un peso muerto, alguien que no puede hacer mucho más aparte de quedarse sentado arreglando cosas o al tanto de la radio como había estado en la prisión. Se sentía algo desplazado. Todos los demás estaban haciendo algo importante y el estaba trabajando con un puto teléfono que no les serviría de mucho aunque lo arreglara. En ocasiones sentía ganas de ponerse de pie y gritar que el también era útil y que sabía disparar, que no era un don nadie y que tenía la mismo valía en tierra ayudando a los demás que había tenido en Port Aventura cuando el los había salvado. Parecía que no lo tenían en cuenta a la hora de tomar decisiones importantes y eso lo estresaba. Héctor se dio una palmada en la frente para centrarse en lo que estaba haciendo. No podía comerse la cabeza con esos pensamientos que estaba teniendo. Se estaba dejando llevar por ideas que en ningún momento le habían expresado sus compañeros, pero el hecho de que no lo hubiesen elegido para ir a buscar el combustible lo hacia sentirse como un inútil. El había aprendido a disparar y tenía la suficiente mentalidad para proteger su vida si hacía falta. Miró por la ventana y miró hacia donde habían partido los demás, vio la orilla de la playa y también el bote salvavidas, con alguien vigilando en el, alguien que por las ropas parecía ser Ray. De los demás no había ni rastro, entonces tuvo el presentimiento de que podía pasar algo malo.

David atendía a Tristán en todo lo que le estaba explicando sobre el manejo del yate. Había aceptado a aprender tras darse cuenta de que eso podría servirle en un futuro. Si se daba el caso podrían necesitar un barco mas adelante o para turnarse en largas travesías en las que no podían detenerse. Tristán se expresaba muy bien y David lo estaba entendiendo todo. Lo cierto era que siempre había querido aprender a manejar un barco. Recordó la vez que salió a alta mar para buscar el carguero que al final resultó ser el barco de los Rusos. Aquella vez fue Jorge quien se encargó de manejar el barco de vela con el que había llegado Almudena, pero Jorge había resultado ser un cabrón traidor que por el podía pudrirse en el infierno. David había pensado en que quizás querían meter a todos en el barco y salir de allí, alta mar era el lugar mas seguro. Aunque eran muchos los que allí había, entre todos eran unas casi treinta personas. Entonces pensó algo que le encogió el corazón. ¿Y si querían dejar tirados a algunos? El seria incapaz de algo así.

Las calles de la urbanización estaban llenas de coches abandonados y algún que otro No Muerto del que nos ocultábamos mientras Abel trataba de ver si los depósitos de los coches que encontrábamos tenían algo de combustible. Este introducía un trozo de manguera y luego aspiraba para hacer salir la gasolina, pero no salía ni gota.
-¡¡¡¡Joder que mierda!!!!- exclamó el grandullón.
Habíamos probado en tres coches y no habíamos encontrado nada, además nos estábamos adentrando demasiado en aquella urbanización que no conocíamos. Podía ser un callejón sin salida. Abel me miró y me hizo un gesto para avanzar, pero teníamos delante una ambulancia empotrada en un muro, junto a esta había una No Muerta que en vida había sido una anciana de unos setenta años, en esos momentos presentaba un color de piel grisáceo y amarillento, solo con verla me imaginaba que el tacto de su piel debía ser algo así como una cesta de paja, su cabello estaba sucio y manchado de sangre, aunque se veían trazos de cabello blanco entre tanta suciedad. Un poco más allá de la anciana se podían ver a otros de diferentes edades. Eran al menos una docena. Miré al grandullón y le hice un gesto de negación, no me convencía mucho lo de abrirnos paso por allí. Entonces, sin mediar palabra, Luci se puso en pie y avanzó rápidamente hacia la anciana, con un movimiento rápido le cortó la cabeza, después poco a poco se fue deshaciendo de la docena de infectados que teníamos por delante.
Cesar la observaba con la boca abierta a la vez que esta nos miraba con una mirada desafiante.
-A veces da miedo, de verdad- dijo Cesar.
Al verla acabar con los No Muertos me di cuenta de que lo hacía con rabia. Algo que antes no había visto en ella. Había acabado con aquellos seres enseguida, me imaginaba que mientras los mataba pensaba en Iván. Iba cargada de odio.
Cesar, Abel y yo salimos de detrás del vehículo y comenzamos a seguirla por la calle. Abel mientras, comprobaba si la ambulancia llevaba algo de combustible, pero no había nada. Estábamos empezando a frustrarnos al no encontrar nada, mientras caminábamos escuchamos los gemidos de los No Muertos, Luci que iba la primera se paró rápidamente y se ocultó en una esquina mientras nos hacía un gesto con la mano para que nos paráramos, luego se acercó a nosotros.
-En esa calle debe haber cien de ellos. Están todos parados, es una calle que va en pendiente hacia abajo- Luci nos miró uno por uno.-El caso es que al otro lado de la calle hay una casa donde venden gasolina en garrafas. La he podido ver-
-Pero verla no significa que quede algo, podrían haberla saqueado-
Luci negó con la cabeza.-Hay más, la verja de la tienda esta echada y se ve a través de los cristales que hay algo bloqueando la puerta desde dentro, justo allí hay unos cuantos rodeando la casa esa y golpeándola-
-Eso puede significar que hay alguien allí dentro- respondió Abel.
-O lo había- dijo Cesar.
-Mas bien creo que pasó lo siguiente. El dueño se atrincheró allí dentro para evitar saqueos, además, en la puerta hay un vehículo con el mismo logo de empresa que hay en la tienda-
-Entonces quizás encontremos mas de lo que vinimos a buscar- dijo Cesar- El caso es que hay que hacer que abandonen esa calle para tener vía libre-
-Pues yo tengo una idea al respecto- dijo Abel.
Abel comenzó a explicar su plan, era algo complicado, pero podía salir bien.

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