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viernes, 25 de mayo de 2012

Capitulo 153: Reconocimiento, part 3


En el último momento, Hanzo y Jorge habían dejado pasar la idea de meterse en las alcantarillas. Habían visto algo que les había llamado la atención y se habían metido en un edificio de oficinas. No hacía mucho rato habían visto movimiento en una de las ventanas, fuese quien fuese y teniendo en cuenta el tiempo que llevaban muertos en la ciudad, aquel movimiento era demasiado rápido para ser el de un infectado. Se trataba de alguien vivo, alguien que los había visto.
Hanzo y Jorge entraron rápidamente en el edificio y corrieron subiendo las escaleras para llegar hasta el segundo piso donde habían visto aquella silueta. Se encontraban en un conjunto de mesas con ordenadores y Hanzo estaba inspeccionando el lugar mientras mantenía su katana en alto, dispuesto a atacar a cualquiera que se cruzara en su camino.
-Ten mucho cuidado- le advirtió Jorge.
Hanzo no contestó. Tenía la mirada fija en una puerta que era seguramente la de mantenimiento. Cuanto mas cerca estaba mas podía escuchar el ruido que había al otro lado, lanzó una ultima mirada a Jorge, el cual estaba de espaldas a el. Cuando cogió el mango de la puerta no dudo en abrirla, entonces una silueta se abalanzó sobre el. Entonces Hanzo lanzó un mandoble de su espada.

Wilson y Marcus habían abandonado la seguridad de los túneles de metro y seguidamente se habían adentrado en un edificio de oficinas. Mientras caminaban por allí como de costumbre para acceder a otros edificios se dieron cuenta de que dos personas caminaban por la calle. Mientras Wilson los observaba desde la ventana, ellos lo miraron y el echó a correr presa del miedo, había perdido de vista a Marcus. Lo único que se le ocurrió fue meterse dentro del cuarto de la limpieza, allí espero mientras rezaba. Pasó un rato y de repente la puerta se abrió de golpe. El se lanzó contra fuese quien fuese y lo ultimo que vio fue la expresión de estupor de un tipo asiático que ya no podía detener la hoja de la espada que iba directa hacia su cuello.

Hanzo no pudo parar a tiempo. La hoja de la katana cercenó el cuello de la silueta que se había lanzado sobre el. La cabeza salió volando mientras que el resto del cuerpo caía de bruces al suelo. Cuando Hanzo se fijo en la cabeza temiendo lo peor, sus temores se confirmaron. Acababa de matar a una persona, se trataba de un joven de origen sudamericano. Tras el ruido, Jorge acudió corriendo y vio la cabeza en el suelo.
-¿Pero que coño a pasado?-preguntó Jorge.
En ese momento vieron a un segundo chico que venia desde un pasillo. Este chico era de origen sudamericano también. Llevaba puesta una gorra de algún equipo de baloncesto americano y llevaba equipajes roidos. En sus manos llevaba una palanca.
Sus miradas se cruzaron y entonces aquel chico miró el cuerpo caído y sin cabeza de su compañero, entonces sintió como un arranque de rabia y se lanzó contra Jorge.

Marcus se lanzó contra el chico rubio que empuñaba un rifle. Sabía que tenía las de perder si aquel tipo le disparaba, pero no le importaba, el hecho de haber visto a su mejor amigo allí tirado y sin cabeza lo había llenado de rabia. El solo pensaba en abrirle la cabeza a ese maldito desgraciado. El chico se defendió con el rifle cubriéndose, entonces vio como el asiático entraba en acción y  lo derribaba. El joven latino cayó al suelo y entonces el japonés le puso el pie sobre el cuello mientras apuntaba a su cabeza con la espada.

-No lo mates Hanzo-dijo Jorge mirando a su compañero que tenía la punta de la katana apuntando a su frente.
-Casi te mata- respondió Hanzo.
Hanzo miró al otro joven caído y luego miró a Jorge. Luego retiró la espada de la frente y Jorge se dirigió al joven.-Escucha, se que estas dolido por la muerte de tu compañero, pero a sido un accidente. Se que nada de lo que te diga cambiara nada, pero no lograras nada así. Tenemos que hablar-
-No tenemos nada que hablar- respondió el chico desde el suelo.-Habéis matado a mi amigo. Os manda ese francés ¿verdad?-
Hanzo y Jorge cruzaron una mirada. Estaba claro que con francés se refería a Roache. Cuando Jorge iba a hablar escuchó un ruido. Venia de los pisos superiores, poco después escuchó varios pasos. El sonido de estos pasos era similar al de las botas de los militares. Algo que hizo que el corazón de Jorge se acelerara. Alguien fuese quien fuese, estaba bajando pisos hacia ellos.
-Rápido Hanzo coge al chaval y salgamos de aquí- dijo Jorge.
Hanzo ayudó al chaval a ponerse en pie y los tres comenzaron a correr. Alguien les estaba pisando los talones. Jorge no sabía de quien se podía tratar, aunque tenía la idea de que se podía tratar de hombres de Roache. Ellos eran los únicos que llevaban armamento militar.
Los tres comenzaron a bajar escalones mientras escuchaban voces mas arriba. Las cuales se estaban coordinando para darles caza, estas hablaban perfecto español, sin acentos de ningún tipo. Eso desconcertaba a Jorge. Entonces este sintió deseos de averiguar que narices pasaba allí.
-Seguid adelante y esperadme en el Parking donde están los caballos- dijo Jorge.
-¿Qué harás tu?- preguntó Hanzo dándose la vuelta rápidamente.
-No te preocupes por mí y corre- dijo Jorge
Hanzo y el chico desaparecieron por las escaleras y Jorge se apresuró a esconderse, necesitaba ver de quien se trataba. Necesitaba saber, entonces vio un andamio que en algún tiempo usaban para limpiar los cristales desde fuera, rápidamente, Jorge corrió hacia la ventana y saltó. Luego se oculto detrás de la pared, quedando fuera de la vista de quien fuese el que iba detrás de ellos. No tardó en ver al menos una docena de tipos vestidos con trajes militares de color negro. Estaban perfectamente armados y organizados. Tenían sus rostros cubiertos con mascaras de gas. Al observarlos tenía clarísimo que ni eran hombres de Roache ni latinos que este había reclutado. Entonces…¿Quiénes eran?.
El grupo se quedó quieto y uno de ellos se quitó el casco. Cuando Jorge le vio la cara vio que se trataba de un hombre, alguien que ya había visto antes. Se trataba de un sargento que había pasado por el cuartel hacia tiempo, nunca olvidaría esa cara, ni esos ojos azules penetrantes. Aquel mismo tipo era el que había estado apunto de darle una paliza en la cantina del cuartel. El tío iba borracho perdido ese día y solo porque el se había tropezado con aquel tipo y a este se le había caído la cerveza que llevaba. Fue gracias a Molano que Jorge no acabara con la cara hecha un cristo. Al verlo recordó el nombre de este, Roger Beltran, al que por su tamaño y sus músculos los reclutas apodaban “Terminator”. Un perfecto imbécil al que le gustaba demasiado la bebida y los polvos blancos que requisaba a algunos reclutas. Lo último que recordaba de el era que lo habían echado del ejército. Jorge no entendía nada de nada.
¿Qué hacía ahí ese tipo? Estaba allí dirigiendo un grupo y en una de las mangas de la camisa negra que llevaba podía verse la bandera de España. Jorge sabía que no era buena idea que aquel tipo lo viera. Mientras los vigilaba con cautela pudo escuchar como comenzaba a dar órdenes.
-El cuerpo del descabezado aun estaba caliente. Fuese quien fuese quien se lo cargó sigue por aquí. Las órdenes son claras, necesitan ratas para experimentar. Esa escoria de ahí arriba no nos sirve para nada. Las demás ratas aun tienen que estar por aquí. Si los veis no disparéis a matar, basta con que les destrocéis las rodillas-
Jorge hizo una mueca y para si pensó.-No, tú no cambies. Cerdo racista de mierda-
En ese momento escuchó un ruido, era el ruido de un motor, pero este no venia de la calle, si no venia de más arriba. Jorge alzó la vista y entonces vio algo que lo dejó estupefacto, una sombra lo cubrió del todo. Sobre el había un helicóptero, un jodido superpuma del ejercito.
-¡¡¡Hostia puta!!!- exclamó Jorge en voz muy alta.
Entonces cayó en la cuenta de que lo habían descubierto. Al otro lado del cristal vio a varios de los hombres de Beltran mirándolo. Rápidamente agarró los cables y soltó para que el andamio descendiera rápidamente ante la mirada estupefacta de aquellos tipos, y por supuesto de la de Beltran.
Jorge saltó del andamio antes de que este chocara contra el suelo. Seguidamente cayó al suelo y rodó sobre si mismo, se levantó cojeando y busco cobertura detrás de un autobús abandonado mientras aquellos tipos disparaban.
-No disparéis, lo quiero vivo- le escuchó decir a Beltran que con toda seguridad lo había reconocido.
Jorge maldijo por lo bajo y se asomó por la esquina del autobús, entonces una bala impactó unos centímetros por encima de su cabeza obligándolo a ocultarse de nuevo. Después volvió a escuchar la voz de Beltran.-No esperaba verte otra vez, te daremos caza chaval-
Jorge había metido la pata hasta el fondo. Había querido saber mucho y había acabado sabiendo demasiado y había vuelto a cruzar caminos con alguien al que consideraba un indeseable. Las cosas no podían ir peor.

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