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viernes, 18 de mayo de 2012

Capitulo 152: Bailando con la muerte, part 3


Héctor estaba acabándose la lata de conserva de anchoas que había encontrado en la despensa del yate cuando Vanesa apareció por allí con el teléfono vía satélite. Nada mas llegar junto a el le dejó el teléfono sobre la mesa.
-Juanma dijo que sabrías arreglarlo-
Héctor miró el teléfono y lo cogió para inspeccionarlo.-¿Es el mismo que llevabas en el helicóptero? Creía que lo habíamos perdido-
-Lo recuperé en el campamento de esos cabrones-respondió Vanesa.-¿Puedes arreglarlo o no?-preguntó Vanesa insistentemente.
-Puedo- respondió Héctor.-Pero me llevara unos días, aquí no tengo nada para abrirlo y ver que le pasa, sin embargo, cuando lleguemos a la prisión me pondré con el-
-¿Tardaremos mucho en llegar?- preguntó Vanesa.
-Mañana o pasado mañana- respondió Héctor.
Héctor miró por la ventana y vio los negros edificios de Valencia. Entonces vio lo que parecía un destello en el agua. Seguidamente se asomó, pero no vio nada.
-¿Qué ocurre?- preguntó Vanesa.
-Me ha parecido ver que había algo en el agua- respondió Héctor.
-Podría ser algo que flota a la deriva. No le des mucha importancia- dijo Vanesa.
Vanesa tenía razón, no podía ser nada importante. ¿Qué podría ser salvo eso? Algo que iba a la deriva en el mar. Sin embargo no podía quedarse tranquilo. Había aprendido a no fiarse de nada.
*****
Félix se encontraba todavía sentado contra la pared sin quitarle los ojos de encima al cuerpo de Natacha mientras tanteaba la pistola que llevaba en la mano. Al otro lado de la cama se encontraba Eva, la cual también tenía empuñada la pistola, ambos estaban esperando a que Natacha se incorporara. Solo habían pasado diez minutos desde que Natacha había muerto cuando una de las manos de ella comenzó a moverse. Eva alzó la cabeza y miró a Félix, el cual ya se había puesto en pie.
Natacha comenzó a emitir gemidos a la vez que se movía. Estaba reanimándose. Félix se acercó a la cama y vio la mirada vacía de Natacha.
-Eva…- susurró Félix.
Eva apuntó con el arma a Natacha y cuando su mirada se cruzó con la suya, disparó. La bala entró por el medio de la frente de Natacha y la almohada se tiñó de rojo. Finalmente Natacha había sido infectada. ¿Pero como? En ningún momento la habían mordido, ella no entendía nada de nada.
-¿Qué puede haberle pasado?-preguntó Eva.
Entonces Félix pensó en algo, ellas le habían contado que uno de aquellos tipos la había golpeado atravesando el cristal de una puerta con el puño. Era posible que su sangre se había mezclado con la de esos tipos. Tenía que ser eso.
-Eva… creo que ya se que le pasó. Aquellos tipos que había por allí eran portadores del virus. Cuando la sangre de ese le entró en la boca la infecto- explicó Félix aun sin poderse creer lo que había ocurrido.
-¿Por qué no dijiste nada?- preguntó Eva.
-Porque no estaba seguro- contestó Félix.
Ambos se quedaron callados. Eva decidió que ya tenía bastante y salió por la puerta de la habitación mientras Félix se quedaba allí. Cuando estaba a solas con el cuerpo de Natacha rompió a llorar. Habían perdido a un compañero más. De los que habían salido de la prisión para ir a Port Aventura, tan solo quedaban dos. Félix cubrió el cuerpo de Natacha con una sabana y luego la cogió en brazos, salió por la puerta de la habitación y comenzó a bajar las escaleras, cuando llegó al exterior fue a la parte trasera de la casa y allí dejó el cuerpo en el suelo. Seguidamente se puso a cavar una tumba para su compañera, podría quemarla, pero la columna de humo podría atraer a los No Muertos. Cuando acabó de cavar la tumba, enterró a Natacha, seguidamente entró en la casa de nuevo. Ya pasaban de las doce de la noche cuando se encontró de nuevo con Eva en el salón de la casa.
-Ve a dormir. Descansa, mañana será un largo día- le aconsejó Félix a su compañera.
Eva no contestó, no dijo nada, se limitó a asentir. Cuando Eva ya no estaba allí, Félix se quedó a solas de nuevo. El se encargaría de vigilar aquella noche.
*****
Día 1 de Junio de 2009.
Día 353 del Apocalipsis.

Lidia no tenía material para operar a Toni. Al menos lo mas importante, no tenía morfina, la operación iba a ser demasiado dolorosa. Si lo hacía así, entraría en shock y acabaría muriendo allí. Álvaro les observaba desde la puerta sin dejar de apuntar.
-No puedes dejar que muera- dijo Sandra.
-Y no quiero dejarle- respondió Lidia.-Pero sin morfina lo va a pasar muy mal-
El estado de Toni era muy delicado y cada minuto que pasaba, era un minuto que estaba en contra de Toni. Se les estaba muriendo allí mismo y no tenían morfina que suministrarle, no tenían material quirúrgico, no tenían nada.

Álvaro miraba a las dos chicas y al moribundo mientras les apuntaba con el arma. Se impacientaba, quería saber ese maldito secreto. De forma repentina se acercó a ellas y puso el cañón de su pistola sobre la frente de un inconsciente Toni.
-O me dices tu secreto o ya te puedes ir despidiendo de el-
-Si lo matas no te diré nada. Te quedaras con las ganas de saberlo, si lo matas, mas te valdrá matarme a mi también- amenazó Sandra.
En ese momento Álvaro se lo pensó mejor e hizo una sugerencia.-El alcohol es un buen anestésico, aunque en el estado en que se encuentra no beberá nada, así que te recomiendo que lo hagas a pelo-
Lidia sabía que aquello era una locura, pero tenía razón aquel loco, era hacer eso o perderle, aunque al hacerlo, también se arriesgaban a perderlo. Si moría por su mano, era algo que Lidia no soportaría. Seguidamente Lidia comenzó a calentar con un mechero la hoja del cuchillo con el que haría la incisión. Se estaba preparando, las próximas horas iban a ser cruciales.
******
Me había quedado dormido en la cubierta cuando noté un ruido. Era similar al de alguien caminando por ella. Entre abrí los ojos y no vi a ninguno de mis compañeros allí. Las pisadas parecían pertenecer mas bien a pies desnudos, por un momento pensé que podrían haber sido infectados los que nos hubiesen abordado, pero eso era imposible. Ellos no podían nadar.
Rápidamente rodé sobre mi mismo y me oculté detrás de la pared del barco, entonces vi como dos manos mojadas se agarraban a la barandilla del barco. No tardó en aparecer el rostro de un hombre al que no conocía de nada. Este se puso de pie en cubierta y otro tipo se acercó a el desde un punto que yo antes no alcanzaba a ver, sus pisadas eran las que había escuchado antes. Seguidamente otros dos hombres más aparecieron allí surgiendo desde el agua. Estos comenzaron a hablar en un idioma que no era español. Mas bien parecía que estaban hablando chino. Me fijé en ellos y efectivamente eran chinos, estos iban armados con lanza arpones.
Tenía que avisar a los míos, pero no sabía como podía hacerlo sin pasar por delante de ellos. Había que hacer algo antes de que nos pillaran por sorpresa. Lo peor era que estaba desarmado y no podría hacer nada contra ellos. Como no hablaban mi idioma tampoco tenía ni idea de que estaban planeando. Entonces me fijé en como estos comenzaban a tomar posiciones de ataque. No sabía de donde habían salido, pero de algo estaba seguro y era que estos no nos traían nada bueno. Entonces me fijé como uno de ellos llevaba un cuchillo en las manos, uno muy grande. Parecía que pretendían matarnos mientras dormíamos, la verdad que era una buena idea. Una decisión que impediría posibles resistencias por nuestra parte y que estas dañaran el yate, ya que era por el barco seguramente por lo que nos abordaban, no les importaba otra cosa que no fuera nuestro barco.

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