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viernes, 11 de mayo de 2012

Capitulo 151: Cuando llegue mi hora, part 4


Natacha iba en último lugar mientras que Félix y Eva iban a la cabeza, los escuchaba hablar y los escuchaba como lejanos. La joven francesa no entendía nada de lo que le ocurría. Se sentía mal, mareada. De repente le vino una arcada y se paró de repente para vomitar. El vomito sobre el asfalto era una mezcla de comida, bilis y sangre. La sangre se podía distinguir porque era mucho más oscura. Natacha comenzó a toser y volvió a vomitar, ese segundo vomito atrajo la atención de sus dos compañeros que acudieron corriendo hasta donde estaba ella. Eva se puso a su lado y con un pañuelo le limpió la boca.
-¿Qué te pasa?-preguntó Eva extrañada por el repentino empeoramiento de salud de su compañera.
-No lo se. Me duele todo el cuerpo- respondió Natacha, entonces los miró a ambos y con lagrimas en los ojos comenzó a hablar.-Ahora mismo solo soy una carga para vosotros, una carga que no vais a necesitar, estamos en medio de ninguna parte y yo no hare mas que retrasaros-
Félix en ese momento pasó un brazo de Natacha por encima de su espalda y luego la ayudó a ponerse en pie. Seguidamente comenzó a caminar con ella a cuestas cuando notó que a ella le costaba caminar.
-No tienes porque hacer esto-dijo Natacha.
-No te voy a dejar tirada aquí como si nada, juntos empezamos esto y juntos lo terminaremos, no he podido hacer nada por Cayetano ni por Estefanía, pero hare lo que sea para sacarte de aquí-
Mientras caminaban, Eva estaba consultando el mapa de carreteras que llevaba en la mochila que había recuperado antes de salir del sanatorio. Ella se dio cuenta de que estaban cerca de Tarragona, se encontraban en una carretera secundaria desde donde podían ver una población, la cual, los carteles señalaban como Cambrils. En ese momento escuchó como Félix le llamaba. Al levantar la vista vio algo que la dejó pálida. A unos cien metros de ellos había un vehículo, un Ume. Nada mas verlo, Eva comenzó a correr hacia el Ume, se asomó al interior y se dio cuenta de que era el mismo que habían usado ellos para desplazarse desde la prisión, el mismo que el doctor les había robado. Entonces una sensación hizo que Eva le quitase el seguro a su arma, si el vehículo estaba ahí, significaba que quizás el doctor estuviese también por allí, lo que no le gustaba nada.
Félix llegó hasta el Ume y se agachó para ayudar a sentarse a Natacha contra una de las ruedas, luego se acercó a Eva que seguía mirando en todas las direcciones, asustada por un posible ataque.
-Es inútil. No esta aquí, esto ya lleva un tiempo aquí…- entonces Félix señaló las huellas de unos neumáticos mas grandes.-Fíjate en eso-
Eva se acercó y se fijó en las huellas de los neumáticos más grandes, estas pertenecían a un camión seguramente.-Parece que se fueron en aquella dirección- Eva señaló hacia la ciudad de Cambrils.
-Fuesen quienes fuesen se adentraron en la ciudad, pero no entiendo el porque dejaron el Ume de aquí-
Volvieron a escuchar toser a Natacha y como esta se quejaba de dolor. No era normal que se hubiese puesto así de repente. Félix se estaba empezando a dar cuenta de que esos síntomas que estaba mostrando eran muy similares a los de una persona a la que había mordido un No Muerto. Con cuidado se dirigió a Eva y comenzó a hablarle en voz baja.
-¿Le han mordido?-
-No…, no la han tocado ni nada. No puede ser que pienses que…-
-Presenta todos los síntomas. Tu también te has dado cuenta, tos con sangre, calambres en el cuerpo…, maldita sea Eva, esta padeciendo todos los síntomas al pie de la letra. Eso  o se ha infectado como los primeros casos que se dieron-
-¿Te refieres a la trasmisión por el aire?-preguntó Eva estupefacta y cayendo en la cuenta de que si Natacha se había infectado, ellos también podrían haberse infectado.
-Escucha. Esperaremos a ver que pasa- dijo Félix mientras escuchaba de nuevo la tos de Natacha.
La noche no tardaría en llegar, tendrían que pasar la noche allí para partir al día siguiente, entonces repararon en una casa que había no muy lejos de allí. Félix se acercó a Natacha que seguía sentada, junto a ella había gotas de sangre.
-¿Cómo va eso?-
-No me siento muy bien- respondió Natacha alzando la vista.
Félix volvió a ayudar a Natacha a ponerse en pie y luego la ayudó a subir al Ume.-Vamos a pasar la noche en aquella casa que se ve allí, será mejor que descanses y te recuperes, mañana llegaremos a Port Aventura y me muero de ganas de montarme contigo en el Dragon Khan-
Natacha sonrió con esfuerzo y miró a su compañero mientras este abría la puerta trasera del Ume para que ella pudiera tumbarse. Cuando se tumbó lanzó una última mirada a Félix y no pudo evitar sonreír, luego comenzó a toser nuevamente. Era increíble como de repente la chica se había deteriorado tanto en tan poco tiempo. Algo le había pasado en el sanatorio, antes de que salieran de allí estaba bien. No entendía que podía haber pasado.
-Ojala esto no se mueva mucho- dijo Natacha al tiempo que Félix cerraba la puerta.
-Tranquila, seremos cuidadosos-
Félix cerró la puerta y se dirigió a Eva.-Esta muy mal. No se como acabara esto-
-No podemos hacer otra cosa que no sea esperar- respondió Eva.
Félix asintió, comprendía muy bien que no podía actuar por su cuenta y precipitadamente, podía pensar que Natacha estaba infectada, acabar con ella y luego ver que se había equivocado. No podría vivir consigo mismo y tampoco podría mirar a Sole a la cara, no podría decirle que había matado a su amiga por un error y por miedo. Ambos se subieron al vehículo y pusieron rumbo hacia la casa mientras el sol se iba escondiendo en el horizonte, dando paso a la noche.
*****
Veía desde cubierta como el sol se iba escondiendo, hacía un rato que Tristán había apagado el motor para ahorrar energías. De vez en cuando echaba un vistazo a un calendario que había cogido en la pequeña cocina del yate. Estábamos a treinta de Mayo de dos mil nueve. Pronto habría pasado un año desde que empezó todo, estábamos a tan solo quince días de hacer un año entre los muertos. Era algo que me parecía increíble, llevábamos casi un año sobreviviendo y pasando autenticas penurias, perdiendo a amigos de forma triste. Dándome cuenta de todo aquello, no sabía si estaba preparado para seguir viviendo en ese mundo que ya no iba a cambiar. Entonces la voz de Vanesa me interrumpio.
-¿Qué haces?-
-Echo cuentas. En quince días habrá pasado un año- dije con una media sonrisa.
-Se diría que estas nostálgico- dijo Vanesa mientras se sentaba a mi lado para contemplar el anochecer, entonces vi algo que tenía entre las manos.
-¿Qué es eso?-
-¿Esto?- Vanesa levantó el objeto y me lo mostró- Es el teléfono via satélite que llevaba en el helicóptero, lo recuperé después de que al igual que las armas, los tipos del campamento nos lo arrebataran, pero no funciona. Si funcionara quizás podría servirnos de algo, aun deben haber satélites funcionando e incluso algún astronauta allí arriba-
Yo sonreí al imaginarme eso. Allí al menos ellos estarían a salvo sin ver el caos que se había originado en la tierra. Quizás desde ahí arriba ellos no veían nada y estaban ajenos a todo lo sucedido. En ese momento señalé el teléfono.-Dáselo a Héctor, el sabrá arreglarlo. El es nuestro especialista en electrónica-
Vanesa asintió y me miró.-Siento lo de Ray. El no quería decir esas cosas, esta situación lo ha cambiado, antes no era así aunque se enfrentara a los No Muertos, supongo que le cuesta confiar en las personas, por mucho que diga, el no solo vino por mi a Port Aventura, lo hizo por todos, arrepentido de habernos traicionado en ese momento. Me lo ha dicho-
-No le guardo rencor. Lo entiendo perfectamente- contesté.
Mientras hablaba con Vanesa no podía evitar pensar que quizás reparar el teléfono no era buena idea, eso podría ponernos en peligro o quizás conseguir ayuda de una vez por todas, merecía la pena arriesgarse. Si alguien trataba de hacernos daño nos defenderíamos, ya habíamos pasado por demasiadas cosas, yo ya no estaba dispuesto a que alguien nos quitase la oportunidad de sobrevivir y vivir como pudiéramos y apartados de problemas, eso era lo único que quería para mi y para los míos.
*****
Sandra había llegado a la casa sin problemas, ahora salir si que podría ser un problema. Toni había empeorado y no parecía quedarle mucho, iba siendo hora de salir de allí. Taponó la herida de Toni todo lo que pudo y con una chaqueta que había encontrado en una de las habitaciones de la casa lo cubrió del todo y le puso una capucha, luego no solo le puso la mochila a la espalda con la mitad de los restos para que no le pesara, sobre la chaqueta había frotado varios de los trozos haciendo que el olor a muerto quedara por encima de la sangre. Fuera era ya de noche y los muertos parecía que se habían excitado muchísimo.
-¿Dónde me llevas?- preguntó Toni entre jadeos.
-Te llevo con Lidia- respondió Sandra.
Toni sonrió y dejó escapar una débil carcajada.-Muy graciosa-
Seguramente el no sabía ni lo que decía, no parecía ni siquiera saber donde estaba en ese momento. De vez en cuando canturreaba algo, eso era precisamente lo que Sandra quería evitar, el hecho de que Toni delirara complicaba mucho las cosas porque así llamaría demasiado la atención entre los muertos. Entonces Sandra temió que su idea de volver a cruzar la calle con Toni a cuestas no saliera bien y que antes de dar dos pasos, los muertos atraídos por Toni se les echasen encima.
-Por favor Toni. Guarda silencio, es lo único que te pido-
Sandra se acercó a la puerta con Toni a cuestas y entonces tragó saliva, cogió el pomo de la puerta y lo hizo girar abriendo la puerta, seguidamente se lanzó al exterior.
-Que sea lo que dios quiera…-

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