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viernes, 4 de mayo de 2012

Capitulo 150: Asalta caminos, part 2


Día 30 de Mayo de 2009
Día 352 del Apocalipsis.
En algún lugar de Madrid.

Las luces del cuarto de Collado se encendieron de golpe, era hora de despertarse. En ese momento llamaron a la puerta de hierro. Collado se levantó y se tomó la pastilla que el medico le había recetado para las constantes jaquecas que venia sufriendo por culpa del estrés. Nuevamente llamaron a la puerta.
-Ya voy joder. Uno no puede dormir tranquilo en este maldito bunker. Sois peores que los podridos de ahí arriba- dijo Collado mirando a la puerta.
Al final, cuando ya se había tomado la pastilla de acercó a la puerta y la abrió. Allí había uno de los pocos militares que se encargaban de proteger aquel bunker. Se encontraban en el campo del moro de Madrid, el bunker estaba debajo de este y comunicaba con la catedral de la Almudena, la cual los militares vigilaban y controlaban el avance de aquellos seres. Solo unos pocos de aquellos seres llegaban hasta ellos, pero eran rápidamente eliminados. Lo que era la ciudad era completamente un hervidero de No Muertos, había realmente demasiados. Otra cosa que reinaba allí en las calles eran las bandas que se habían formado tras el Apocalipsis, las bandas latinas eran las que mas manejaban la situación. Aunque hacía semanas que estas no daban señales de vida. Estas acababan siempre enzarzados en alguna guerra por el territorio, aunque con los muertos por la ciudad, no había territorio real para las bandas.
Collado fue conducido hasta un enorme salón donde algunos estaban desayunando, aunque mas que un desayuno era un banquete. Aquella mesa estaba formada por unos pocos políticos y en mayor número de militares que se habían hecho con el poder. Realmente los políticos no eran gran cosa en aquel lugar. El que llevaba allí la voz cantante era un sargento que tras la muerte en extrañas circunstancias de un comandante, el había tomado las riendas y era como el rey del castillo, el era Jacobo Torres.
-Es un honor tenerle una mañana mas con nosotros señor Collado- Torres le dio un trago al café.-¿Durmió bien esta noche?-
-Sigo con jaqueca- respondió Collado al tiempo que se sentaba en su sitio.-Hubiese preferido dormir un poco mas-
-Usted duerme mientras nuestros pocos científicos no lo hacen porque se pasan las noches en vela para encontrar una cura para el virus. Aquí deberíamos arrimar todos el hombro-
-¿Considera arrimar el hombro matar a todo aquel que contradice una orden o que tiene una forma diferente de pensar? Es lo que ha estado haciendo, el titulo de comandante se lo puso usted mismo-
-El comandante Treviño murió tras ser mordido- respondió Torres.
-Da igual, no quiero discutir. Me gustaría comer tranquilo sin entrar en debates- dijo Collado mientras cogía su taza y la llenaba de café.
En ese momento se abrió la puerta y uno de los científicos que estaba trabajando en el laboratorio para encontrar la cura apareció portando noticias de los avances.
-¿Qué me trae de nuevo hoy doctor?- preguntó Torres.
-Mi comandante, vengo a anunciarle que los avances con la cura están dando sus frutos, pero los ratones no son buenos para las pruebas. Necesitamos otros especímenes- dijo el científico.
Torres se puso de pie y miró al científico. Después fue posando su mirada sobre todos los miembros de la mesa. Luego volvió a mirar al científico.
-Mandare a un grupo para que salgan a las calles para traer cobayas- respondió Torres.

Santiago de María era un joven soldado al que habían dejado encargado de los monitores. El era quien se ocupaba de las cámaras que había distribuidas por el exterior. Allí veía a los infectados vagar por las calles, de vez en cuando podía ver como algunas siluetas más rápidas que los muertos paseaban por los edificios. Estos eran supervivientes que se dedicaban a saquear. Muchos eran miembros de bandas, en su mayoría latinas. No tenía nada en su contra, es mas, antes de que estallase la pandemia tenía amigos latinos que ahora, seguramente en caso de seguir vivos, se habían unido a ellas para sobrevivir. En aquellos tiempos era necesario permanecer unidos. En ese momento una cámara se quedó a oscuras. Luego se fueron quedando todas a oscuras, una a una. Eso solo podía significar una cosa.
******
Jorge y Hanzo notaron como el furgón en el que iban se detenía, segundos mas tarde la puerta se abrió y se encontraron con uno de los hombres.
-Salid, hemos llegado-
Tanto Hanzo como Jorge bajaron del furgón y se vieron en mitad de lo que parecía una gran plaza con una fuente en el medio. Jorge era muy observador, comenzó a mirar y vio establos donde había caballos. Estaban en lo que parecía una masía.
-Tu.- dijo el tipo mirando a Jorge.-Sígueme-
-¿Y que pasa con el?-preguntó Jorge refiriéndose a Hanzo.
-El no correrá peligro, pero tú ven conmigo. Lujan quiere hablar contigo-
Jorge miró a Hanzo con resignación.-Bueno, voy a ver que quieren, tú quédate aquí disfrutando del paisaje-
Jorge siguió al tipo hasta el interior de la masía. Cuando llegaron a una puerta y esta se abrió se encontró con Lujan de espaldas a el mirando por una ventana y en un sillón estaba sentada la chica. Lujan se dio la vuelta y lo miró con una sonrisa.-Por favor, toma asiento-
Jorge se sentó en un sillón mientras no perdía de vista a la chica que lo miraba de reojo.
-Ella es Irina. No te preocupes por ella. Siento lo de antes con el puñal, a veces es un poco impulsiva, pero no es mala chica- dijo Lujan sentándose en el sillón donde estaba la chica, esta se había levantado para que Lujan se sentara.
-Me gusta tu hogar, los podridos no suelen llegar hasta aquí- dijo Jorge.
-No es mi hogar, es solo una base de operaciones que hemos elegido para operar cerca de Madrid. Tu amigo francés esta allí-
-Roache no es mi amigo. Simplemente me uno a ti porque tenemos en común algunas cosas y porque parece que tú quieres su cabeza al igual que yo-
-El enemigo de mi enemigo es mi amigo ¿No?-preguntó Lujan con una sonrisa.
-Hanzo y yo estamos en minoría si nos enfrentamos a el, sin embargo vosotros sois mas numerosos que ellos. Después de arrasar el campamento, el número de bajas en su grupo habrá sido grande-
-Son unos veinte, pero pronto serán más. Ellos están en Madrid, reuniendo efectivos-
-¿Reuniendo efectivos?-preguntó Jorge sorprendido ante la revelación de Lujan. No esperaba algo así.
-Nosotros somos asalta caminos. Desde que comenzamos a seguir a esos tipos estamos de aquí para allá, esta es una de nuestras varias bases de operaciones. Aquí es donde mas ocultos estamos, el francés esta en la ciudad, ya le costó mucho acceder a ella. No se arriesgara a abandonarla-
-¿Es muy difícil acceder a ella? Me refiero a la ciudad- quiso saber Jorge.
-La ciudad es un jodido suicidio. Hay millares de muertos por las calles, no puedes dar dos pasos seguidos antes de que estos te detecten. Luego están los territorios de las bandas. Quisiera saber como porras esos cabrones mantienen a raya a los podridos. Ahora con la llegada del francés parece que están consiguiendo mejores armas. Se avecina una guerra amigo-
-Pues esa guerra no pienso perderla- respondió Jorge
-Me gusta tu actitud. Sobre la bomba, ¿Qué sabes de ella?- preguntó Lujan.
Jorge estaba esperando eso, estaba tanteando a Lujan, necesitaba tenerlo de su parte.-Se que es solo el cabezal, no es muy grande, pero si eso estalla nos mandara a todos a la mierda-
-La queremos para joder a otras naciones. Con ella en nuestro poder podremos hacer grandes cosas, como el chantaje por ejemplo. Sin embargo hay algo más importante en su poder que una jodida arma. Hay algo mas en Madrid y que ese francés busca con ansia- explicó Lujan.
-¿Y que es?-quiso saber Jorge.
-Allí en Madrid hay científicos que están trabajando en una cura. El la busca desesperadamente. Yo también la quiero, por que con ella seremos dioses- respondió Lujan con una sonrisa.
Jorge no sabía nada de eso, entonces se quedó sorprendido. Si era verdad que había una cura, nadie la soltaría, se estaba aproximando un enfrentamiento de proporciones tremendas. Iba a ser un encontronazo tremendo y Jorge lo sabía perfectamente, se podía imaginar la clase de personas que eran Lujan y sus hombres, pero sabía muy bien la clase de lunático que era Roache. Fue en ese momento cuando dudó si quería verse metido en aquella lucha sin cuartel.

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