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viernes, 20 de abril de 2012

Capitulo 148: Paredes manchadas de sangre, part 2


Toni y Sandra se habían refugiado en una casa de dos pisos para pasar la noche. En el exterior no se veía muertos, se concentraban mayormente en el centro de la ciudad. La casa había sido un autentico hallazgo, la despensa de la casa estaba repleta de latas de conserva y botellas llenas de agua, había comida para al menos tres meses, lo bastante para unas cinco personas. Sin embargo, allí ya no estaba la familia que en un momento dado había reunido todo aquello. Otra cosa que sorprendió a Sandra fue que había agua caliente, venia de un calefactor privado de la casa. Sandra sentía ganas de darse un baño, necesitaba quitarse el olor de la muerte de encima, aunque al día siguiente volviera a cargarse la mochila cargada de restos humanos en descomposición.
Toni vigilaba por la ventana buscando una señal, algún movimiento que les permitiera saber el paradero de Lidia y la niña. En ese momento vio algo entre unos coches, pudo verlo gracias a la luz que proyectaba la luna sobre la calle. Observó con detenimiento y vio que se trataba de un gato de color blanco, el animal estaba paseándose entre los vehículos, al ver al animal se sintió aliviado. El pequeño animal estaba tranquilo, no temía a nada, era libre y tenía la calle toda para el. Toni sonrió, en ese momento hubiera dado lo que fuera por poder ser como ese animal, no a caminar entre ellos sin ser visto, quería volver a vivir sin el miedo a ser atacado por uno de esos seres. Daría lo que fuera por que el mundo volviera a ser lo que era. Quizás este no fuera un mundo perfecto, pero antes no tenían que vivir con miedo, no tenían que luchar por sus vidas, ahora era todo diferente.
Toni no tardó en comenzar a escuchar a Sandra canturrear. Se había metido en la ducha y ahora disfrutaba de un merecido baño. Pensó que canturrear podría ser peligroso, pero la calle estaba tranquila y la chica tampoco hacía demasiado ruido, no creyó que pasara nada porque ella se sintiera libre por unos momentos, ya habían pasado demasiado y necesitaban tranquilidad, un respiro que les hiciese recordar quienes eran.

Una media hora después Sandra salió de la ducha y se encontró con Toni. Este estaba comiéndose una lata de mejillones.-¿Qué tal la ducha?- le preguntó Toni.
-Me ha sentado fenomenal. ¿De que mas hay latas?- preguntó Sandra mientras rebuscaba algo de su agrado.
-Ahí hay también lentejas en lata y albóndigas. Para postres tenemos piña y melocotón-
-Genial. Podríamos cargar esto y llevárselo a los demás, hemos tenido mucha suerte encontrando esto-
Toni se quedó pensativo y luego negó con la cabeza.-No, ahora mismo no. Hay cosas mas importantes y tampoco tenemos donde cargar todo esto. Lo que si haremos será tomar la dirección y el número de la casa. Cuando encontremos a los demás volveremos aquí-
Sandra lo pensó mejor y le dio la razón a Toni. Este tenía razón, habían salido de la prisión con un único cometido, encontrar a Lidia y a la niña, no podían pararse para otra cosa. La casa podía esperar.
Después de comer, Sandra bostezó y Toni se dio cuenta de que esta ya no aguantaba mas, estaba cayéndose de sueño.
-Ve y duerme. Yo me quedare aquí, atrancaré la puerta y supongo que si no hacemos ruido estaremos tranquilos.-
-Me sabe mal…- respondió Sandra.
-No te preocupes, descansa-
Sandra subió por las escaleras y avanzó hacia la habitación de matrimonio que habían visto nada más llegar. Habían accedido a la casa por la puerta principal que permanecía semi cerrada, les costaba creer que una casa así hubiese pasado inadvertida. Pensando que podría haber muertos en el interior la habían inspeccionado a conciencia, pero no habían encontrado a ninguno, luego Toni había encontrado un manojo de llaves que pertenecían a la puerta principal. Había sido una suerte encontrar esa casa, al menos para pasar la noche.
Cuando Sandra entró en la habitación avanzó hasta la cama y se sentó en ella. Se tumbó y cerró los ojos tratando de dormirse rápidamente. En ese momento el rostro del viejo que la había tenido encerrada se formó en su mente. Abrió los ojos de golpe y respiró de forma agitada, estuvo apunto de gritar, pero no lo hizo. El viejo estaba muerto, no aparecería por allí para hacerle nada, no estaba, había muerto. Poco después se quedó profundamente dormida.
******
Lidia se acurrucó en el sofá, estaba desnuda y tenía restos de sangre en las piernas. Álvaro estaba de pie al lado subiéndose los pantalones. Escuchó sollozar a Lidia y comenzó a reír.
-Siento haberte golpeado. No quería, pero hacía tanto que no follaba que me emocione-
Lidia sentía la cara dolorida, tenía el labio partido y un corte en la ceja. Álvaro la había golpeado mientras la penetraba, ella sintió dolor físico y emocional.
-Vístete. No llores, no ha estado mal- Álvaro sonrió- No me corrí dentro de ti, puedes estar tranquila-
Lidia comenzó a vestirse sin mirar a Álvaro, de haberlo hecho le habría escupido a la cara o lo habría estrangulado allí mismo. Ese cerdo la había violado y golpeado, lo odiaba con toda su alma. Cuando acabo de vestirse se puso en pie y Álvaro la cogió por la barbilla obligándola a mirarlo. Lidia apartó la cara y empujó a Álvaro.
-No vuelvas a tocarme-
Álvaro sin embargo la miró de nuevo y seguidamente la besó a la fuerza.-No finjas que no te ha gustado. Ahora vete a dormir, cuando tenga ganas te volveré a llamar-
Lidia fue conducida hasta la habitación otra vez y antes de entrar, Álvaro la miró con una sonrisa.-Límpiate eso- dijo señalándole al pantalón.
Lidia se miró al pantalón y vio una gota de semen que rápidamente se limpio. Cuando Álvaro la empujó al interior de la habitación se encontró cara a cara con la pequeña que rápidamente corrió a abrazarla. La niña la miró y Lidia no pudo evitar abrazarla y romper a llorar. Tenía miedo que aquel loco quisiese abusar de la niña, si eso ocurría haría lo que fuera para impedir que la niña sufriera.
*******
Narciso no aparecía por ningún lado, tampoco habían visto a un niño todavía. El lugar estaba completamente en silencio, solo el ruido de las ratas al corretear rompía ese silencio. Llegaron a lo que parecía un patio en el interior, allí seguramente algunos alumnos se reunían para estudiar o estar con sus amigos. Ahora, bañado por la luz de la luna tenía un aspecto lúgubre y tenebroso. Podían ver también como unas estacas de madera en el medio.
-¿Qué es esto?- preguntó Gorka.
-Cuando Cayetano nos contó lo de aquí se refirió a este lugar como el sitio donde pretendían quemar vivos a los demás. Al otro lado esta la zona principal. Allí deben estar los chicos- explicó Alicia.
Gorka la miró y por la mueca que puso, Alicia se dio cuenta que quizás no encontraran a nadie con vida. Aun así seguían allí dentro, no podían largarse de allí sin confirmarlo del todo. Si se iban y luego descubrían que podían haber salvado a alguien, el cargo de conciencia los seguiría para siempre.
En ese momento escucharon un ruido en la parte del edificio que tenían delante. Aunque ese ruido representaba peligro, ambos corrieron hacia el interior del edificio aun temiendo lo peor. No tardaron en comenzar a escuchar los disparos.
Narciso había cometido un error. Había llegado hasta lo que parecía la gran biblioteca, esta estaba cerrada y el la abrió, cuando lo hizo se encontró con una imagen dantesca. Allí estaban los niños, apretujados unos contra otros, algunos estaban caídos con otros sobre ellos. Cuando miraron a Narciso con los ojos carentes de vida, este no pudo hacer otra cosa que gritar, intentó cerrar la puerta, pero ya era tarde, como una avalancha se lanzaron contra la puerta. Con un solo brazo este no pudo hacer nada para frenar la terrible acometida de cientos de aquellos seres, cayó hacia atrás y se golpeó en la cabeza, antes de que la horda lo engullera tuvo tiempo de disparar a discreción, pero ya era tarde, lo ultimo que pudo hacer antes de cerrar los ojos para siempre fue lamentarse por haber sido tan descuidado.

Ni siquiera llegaron hasta el lugar donde se escuchaba el ruido. Una horda de niños y adolescentes muertos dobló la esquina del pasillo y se precipitó contra ellos entre gritos y gruñidos de furia. Todos corrían hacia ellos empujándose los unos a los otros sedientos de la carne humana que en esos momentos se les estaba brindando. Gorka comenzó a disparar a medida que corría mientras Alicia, sin mirar atrás comenzaba a desorientarse, no sabía a donde se dirigían, la adrenalina no la dejaba pensar con claridad. A medida que corrían, el interior del internado estalló en gemidos por todas partes, era como si hubiese habido muertos en estado latente hubiesen despertado todos de golpe. Estaban apunto de morir.

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