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jueves, 12 de abril de 2012

Capitulo 147: La camara de los horrores, part 4


Había detenido el barco a unos cincuenta metros del muelle. Cada cierto tiempo hacía sonar la sirena del barco. Desde la cubierta del barco observaba a los No Muertos que los que no se habían caído al agua y hundido, se habían dispersado un poco. Solo unos pocos permanecían con la vista clavada en el barco, los otros permanecían deambulando por la zona. Otros habían encontrado el cadáver de un perro y estaban mordisqueando los restos del animal. La noche estaba ya cerca y empezaba a preocuparme por Luci y Tristán. Se habían ido hacía un rato y no los veía aparecer por ningún lado. Temía que el Ume se les hubiese quedado parado en el medio de la ciudad, si eso había pasado en medio de una horda, estarían completamente perdidos.
Tampoco podía evitar pensar en todos y cada uno de mis compañeros. Hacía mucho que no veía a los que nos esperaban en la prisión, no sabía si estarían bien. Con el recuerdo de lo que había dicho Manuel sobre la explosión allí, en mi mente aparecían los cadáveres de los que estaban allí, incluido el de Lidia. Teníamos que volver cuanto antes, no soportaba esa presión, estaba apunto de volverme loco.
******
David y los demás seguían esperando. Hacia horas que los demás habían desaparecido y con la llegada de la noche empezaban a perder toda esperanza de que estos volvieran con vida. Cesar había comenzado a pensar en que quizás ya no volverían y aunque era algo que los demás no estarían de acuerdo, quizás deberían marcharse. El tenía ganas de ver a Alexia, la echaba de menos y necesitaba verla. Cuando iba a expresar su idea escuchó el grito de Abel. Este se había puesto de pie en el techo de la cabina del camión y observaba algo en la carretera.
-¿Qué ocurre?- preguntó Cesar acercándose.
-Sera mejor que subas- contestó Abel tendiéndole la mano para ayudarlo a subir.
Cuando Cesar subió junto a Abel, este le señaló en la dirección que había visto algo. En ese momento Cesar se quedó con la boca abierta.
-¿Eso son los faros de un vehículo?- preguntó Cesar.
-Lo son y vienen directos hacia aquí- respondió Abel.-Que se preparen los demás. No sabemos quienes son-
-Podrían ser Iván y Luci- respondió Cesar.
-Y también podrían no serlo- dijo Abel mientras saltaba al asfalto. Seguidamente corrió hacia los demás.-Preparar las armas, alguien se acerca en un vehículo-
Todos comenzaron a coger las armas y se plantaron delante del camión apuntando hacia delante mientras el vehículo se iba acercando. La oscuridad también los envolvía y pronto no verían mucho. Cuando el vehículo llegó hasta ellos se paró, pudieron comprobar que se trataba de un Ume. Aunque no podían ver quien estaba en el interior. En ese momento las puertas se abrieron.
-¡¡levanta las manos seas quien seas!!- gritó Cesar.
Una silueta salió del Ume y con las manos en alto se paró delante del vehículo.-Soy Luci, bajad las putas armas de una vez-
Todos respiraron tranquilos ante la presencia de Luci y se relajaron.
-¿Quién esta ahí dentro?- preguntó David corriendo hasta ella.-¿Es Iván?-
Luci negó con la cabeza.-Iván murió, quien esta ahí dentro es Tristán. Os lo contare todo después, pero ahora debemos salir de aquí y encontrarnos con Juanma. Nos esta esperando-
-…Pero…- replicó David.
-No hay peros. Coged todas las armas que podáis y salgamos de aquí ya. Juanma nos esta esperando. No te lo volveré a repetir-
Siguiendo las órdenes de Luci. David y los demás se prepararon. No cabían todos en el Ume. Seguidamente se pusieron en marcha hacia el puerto.
******
Natacha y Eva llegaron hasta las inmediaciones del sanatorio. Había muertos por todas partes, algo los había hecho agruparse de nuevo alrededor del edificio.
-¿Qué crees que los ha hecho agruparse otra vez?- preguntó Natacha.
-Movimiento- respondió Eva.
En ese momento vieron movimiento entre los arboles unos metros mas allá de donde ellas estaban. Se trataba de uno de los tipos que los habían atrapado horas antes. Este estaba como transportando algo, luego desaparecía en el interior de lo que parecía ser una trampilla.
-¿Has visto eso?-preguntó Natacha.
Eva asintió.-Quizás podamos entrar de forma más fácil-
Las dos chicas se acercaron a la trampilla y la inspeccionaron con detenimiento. Esta era de hierro, estaba pintada de un color verde que hacia difícil el verla entre la maleza. Eva cogió la manilla y la alzó. La puerta se abrió y vieron un oscuro pasillo, lo bajaron con cautela y al abrir una puerta se vieron de nuevo en el sótano blanco totalmente iluminado hasta los topes, el mismo en el que habían estado antes con Félix. Ahora solo les quedaba saber donde estaba este.

Félix seguía dando golpes a la puerta, pero eso no servía para abrirla. El lo sabía perfectamente, pero era una forma de descargar su frustración. El doctor no hacía nada más que mirarle.
-¿Qué pretendes? Así no lograras nada. Ya lo sabes, así lo único que harás es excitar a estos pobres desgraciados- dijo el medico señalando a los infectados de las camillas.- Acéptalo de una vez-
-Cállate cabrón, no pienso quedarme aquí hasta morirme de hambre-
-Te volverás loco antes y acabaras suicidándote. Es lo que tiene estar encerrado durante días. Lo mejor de todo es que en unas horas el combustible que alimenta los generadores que proporcionan luz al lugar se agotara y aquí, donde no hay ventanas la oscuridad será total. Y los gemidos de estos seres te acabaran pasando factura-
El medico tenía razón, Félix sabía que en el momento que se fuera la luz y se quedara a oscuras, sumado a los constantes gemidos de los No Muertos, acabaría perdiendo la cabeza. Por su mente de nuevo pasaron fragmentos de su vida anterior a la pandemia, cuando soñaba con ser ciclista, hasta que todo se truncó de forma brutal y sobrecogedora y el mundo se fue al infierno. Desde aquel día su vida fue una constante lucha para conservarla, incluso recordó como el mismo, por culpa de las circunstancias y la culpabilidad de que los dos niños murieran le obligaron a intentar quitarse la vida. Ahora nuevamente, la situación en que se encontraba estaba empujándolo a lo mismo, se le estaba pasando por la mente el ir a una de las mesas, coger un bisturí y cortarse las venas nuevamente, seria mas rápido que morir de hambre o deshidratación. En ese momento el rostro de Sole apareció en su mente. No podía hacerlo, ella le estaba esperando en la prisión, era por ella por quien debía sobrevivir a aquello, le había hecho una promesa, le había prometido que la iba a proteger y que iba a hacer cualquier cosa por ella. El doctor trataba de desanimarlo con palabras, pero Félix decidió ignorarle y buscar una solución para remediar aquello y salir de allí.
******
Ya era de noche cuando el furgón conducido por Gorka llegó a las puertas del internado. Habían esperado ver algo de luz en las ventanas, pero estas estaban apagadas del todo. Alicia fue la primera en bajar del vehículo y se acercó a la puerta, trató de abrirla y se dio cuenta de que estaba cerrada desde dentro, algo completamente lógico.
-¿Esta cerrada?-preguntó Gorka.
-Completamente. Aunque lo entiendo, son solo niños y deben estar asustados, nadie les dijo que veníamos. Busquemos otras entradas, debe de haberlas- respondió Alicia acercándose a una de las ventanas.
Narciso también salió del interior del vehículo y se intereso por el estado del interior.-¿Ves algo raro? ¿Señales de lucha?-
-No. Aquí todo parece normal- contestó Alicia.
Narciso pensó en llamar a voces a los chicos del interior, pero se lo pensó mejor. Aquello no era buena idea después de todo. Eso solo podría empeorar las cosas. Según había dicho Cayetano, algunos no se fiaban de los adultos y no iban a cambiar. Según les había contado, los padres de algunos de los alumnos internos los habían abandonado a su suerte al igual que los profesores. Un acto que Narciso consideraba deleznable y le hacía detestar a la gente así. ¿Cómo era posible que fueran capaces de abandonar a sus propios hijos? ¿Cómo era posible que se marcharan sin ellos?. Narciso entendía ese tipo de hostilidad hacia los adultos. Tenían motivos para odiar a los adultos.
Alicia dio una vuelta de reconocimiento alrededor del internado y cuando se rencontró con Gorka y Narciso les traía noticias.
-Hay una ventana en el segundo piso por la que podríamos entrar- afirmó Alicia.
-Los chicos estaban en la parte más central del internado, pero debería haber alguien vigilando por si aparecían infectados. Esto esta muy desprotegido-
-Vamos a entrar- dijo Narciso con decisión.-Accederemos trepando hasta la ventana que dices- Narciso miró a Alicia.
-¿Estas seguro que podrás?-preguntó Gorka.
-Puede que este manco, pero no soy ningún inútil. Puedo hacerlo- contestó Narciso.
Los tres se prepararon y se fueron hacia la ventana que había encontrado Alicia. Una vez ante ella comenzaron a trepar ayudándose de las enredaderas que cubrían la pared. Narciso tuvo dificultades, pero finalmente lo logró. Por fin estaban dentro del edificio.

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