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viernes, 6 de abril de 2012

Capitulo 146: Dada por muerta, part 2


Luci golpeaba a Philip con rápidos movimientos. Este simplemente se defendía y retrocedía ante los ataques de ella. Poco a poco, Luci iba ganando terreno frente a Philip. Este se estaba dando cuenta de que ella no era una cualquiera, era fuerte y la rabia que sentía hacia el le estaba haciendo poner toda la carne en el asador. En ese momento Philip bloqueó un puñetazo y entonces Luci sintió un fuerte dolor en su estomago. Esta se retiró rápidamente y entonces se llevó la mano al origen del dolor, tocó algo húmedo y caliente, cuando se miró la mano la vio manchada de sangre. Entonces miró a Philip y vio el puñal que este llevaba en la mano, del cual aun goteaba sangre. Este sonreía de oreja a oreja, luego lamió la sangre.
-Voy a disfrutar de esto zorrita-
Luci se desplomó en el suelo victima del dolor, estaba perdiendo mucha sangre.
Philip avanzó hacia ella y le propinó una fuerte patada en la mandíbula, haciendo que Luci cayera de espaldas y comenzara a gritar de dolor.
-Voy a matarte. Ya cometí el error de darte por muerta antes cuando te deje allí abajo con tu amiguito, pero no volveré a cometer ese error y te hare pedazos aquí y ahora- decía Philip mientras se acercaba a ella, seguidamente la pateó otra vez.- La culpa de esto la tenéis tu y el otro, si me hubieseis tratado mejor, esto…- patada- no habría…- otra patada-…pasado- terminó dándole una patada en la cara.
Luci rodó sobre si misma y escupió sangre. Luego comenzó a arrastrarse con la intención de coger su katana. Philip se adelantó y la cogió el.
-¿Buscas esto?- dijo Philip desenvainándola.- Realmente es muy buena y esta afilada. Disfruté mucho cuando la clavé en el cuerpo de tu amigo-
-…Cabrón- murmuró Luci entre jadeos de dolor.
-Te voy a mandar con el, deberías agradecérmelo- decía Philip mientras se asomaba y miraba a la calle.- Hay cientos ahí abajo. No será fácil escapar de aquí, pero ellos no pueden entrar, este edificio es completamente seguro, al menos en las plantas mas bajas. Podría tirarte ahí abajo, lo malo es que morirías en la caída y no podría disfrutar de tus gritos- Philip le dio la espalda a Luci.
En ese momento, Philip sintió un golpe y este se precipitó por encima de la barandilla. No llegó a caer, se quedó agarrado a esta, entonces miró hacia arriba y vio a Luci que estaba de pie, esta había cogido la katana y ahora lo miraba. Philip comenzó a subir hasta que Luci dio unos pasos hacia el y puso su mano ensangrentada sobre su cabeza, luego comenzó a empujar hacia abajo.
-¿Recuerdas lo que te dije antes?-
-Cállate- contestó Philip intentando por todos los medios no caer.
-Te prometí que te mataría-
-Puedes matarme si quieres, pero eso no te salvara. Y por lo tanto, no te devolverá a tu amigo-
-Pero me voy a dar el gustazo de matarte y cumplir mi promesa. La de matarte, yo siempre cumplo mis promesas-
Luci quitó la mano de la cabeza de Philip, momento que este aprovechó para impulsarse. Entonces, antes de que Philip pudiera pasar sobre la barandilla, Luci alzó la espada sobre su cabeza y la dejo caer sobre las manos de Philip. Este gritó al tiempo que sus ante brazos se separaban de su cuerpo y el se precipitaba hacia la calle, sobre la multitud de infectados. Mientras caía, Luci lo escuchó con una sonrisa. Después escucho el sonido de este al golpear el suelo, cuando pensaba que ya estaba muerto comenzó a escuchar los gritos. Luci se asomó y vio a los infectados sobre el, se lo estaban comiendo.
-Ahí te pudras cabrón-
Los gritos del francés cesaron y Luci se adentró de nuevo en el edificio, seguía sangrando y empezaba a marearse. Había que hacer algo con esa herida, recorrió los pasillos hasta el baño más cercano. Allí debía haber algún botiquín o algo. Luci rebuscó con ansia, pero no encontró nada. Entonces tomó una decisión, comenzó a amontonar una pila de papel higiénico y hojas de papel, luego les prendió fuego.
Cuando la hoguera era lo bastante grande, Luci metió la hoja de la katana y comenzó a calentarla, luego se rasgó la zona de la herida que le había hecho Philip.
Cuando Luci vio que la hoja de la katana estaba lo bastante caliente la sacó y resopló. Sabía que el dolor que iba a sentir a continuación no sería nada agradable, enrolló un trozo de ropa hasta que la convirtió en una especie de pelota y la mordió, luego, poco a poco pero con decisión, esta acerco la hoja a su piel.
El dolor fue tremendo, algo tan intenso que Luci fue perdiendo el conocimiento mientras gritaba, un grito que gracias a lo que estaba mordiendo apenas era un gemido. No pasó mucho tiempo hasta que perdió el conocimiento y se quedó tirada allí mientras el fuego se apagaba consumiendo los papeles.

Luci notó el tacto de unas manos en sus mejillas, eran unas manos cálidas. Seguidamente escuchó una voz cálida y llena de bondad. Era la voz angelical de una niña, sus manitas acariciaban las mejillas de Luci y entonces la voz de la niña comenzó a hablar con serenidad y con el temple de una persona adulta.
-No puedes quedarte aquí, si te quedas morirás-
Luci fue abriendo los ojos poco a poco y cuando su visión volvió a la normalidad, vio el rostro de la pequeña. Esta la miraba a los ojos y Luci sintió como su alma se partía. Aquella niña era ni más ni menos que la pequeña Lucia. Su propia hija a la que había dado por muerta hacia tiempo, sin embargo estaba allí.
-No puede ser…tú- balbuceó Luci.
-No puedes morir aquí, tienes algo que hacer- repitió la niña.
-Estoy muy mal. Me he cauterizado la herida, pero ya había perdido mucha sangre…-
-Tu eres fuerte mama- dijo la pequeña- Has sobrevivido antes tu sola, estas sola ahora, pero conseguirás sobrevivir esta vez también. Tus amigos te necesitan-
Luci comenzó a llorar. Tenía ante si a su hija muerta, esta le estaba hablando directamente y la estaba tocando. ¿Estaba realmente allí?.
Luci alargó la mano y tocó la cara de la pequeña. Su tacto era el de una persona real, alguien que estaba allí.- Siento haberte dado en adopción. No tuve que haberlo hecho, si te hubiera mantenido a mi lado…-
En ese momento se vio en el quirófano y se vio tumbada a si misma en la camilla. Tenía sudores y entonces supo donde estaba, era el momento de su parto. Entonces vio a los médicos que estaban allí, todos parecían tener la misma cara. Uno pasó junto a ella y la apartó a un lado al tiempo que le decía algo en un idioma que a ella le pareció francés.
-Por favor, hazte a un lado-
Luci corrió detrás de el, lo agarró por el hombro y le quitó la mascarilla. El rostro sonriente de Philip no tardó en verse delante de ella.- Hágase a un lado y no moleste-
Luci trató de detenerlo nuevamente pero los otros médicos la agarraron, todos eran Philip. Luci gritó y pataleó, entonces su expresión facial se congelo cuando vio a Philip junto a la camilla con su otra yo allí, este alzaba la katana en el aire y luego la dejo caer sobre el cuerpo. Luci gritó y sintió un fuerte dolor en el vientre, era como si la estuviesen apuñalando nuevamente.
De nuevo se sumergió en lo que parecía un túnel oscuro y cuando llegó la luz vio a Felipe allí. Este sonreía al tiempo que le apuntaba con un arma. –Yo te quería, podríamos haber tenido una vida perfecta, pero lo estropeaste todo. Ahora te pudrirás en el infierno-
Felipe apretó el gatillo y de nuevo Luci se vio en la habitación donde había empezado todo, la niña estaba frente a ella, de nuevo le acariciaba las mejillas. –Ahora levántate y vuelve con tus amigos. Te necesitan-

Luci abrió los ojos y se vio a solas en el cuarto de baño. La niña había desaparecido y un olor a quemado invadía todo el baño. La montaña de papeles había quedado reducida a cenizas. Luci miró a su alrededor. ¿Cuánto tiempo habría estado inconsciente y delirando en sueños confusos?. Quizás mas de una hora. Luci se apoyó en la pared y comenzó a incorporarse, también se ayudó de la katana usándola como bastón. Luci se miró la herida y vio que había cicatrizado bastante bien. Aunque cauterizársela había sido una buena idea, no podía evitar recordar el dolor que había sentido. Seguía mareada y necesitaba recuperar energías. Tenía que buscar la cocina de aquel edificio, allí debía haber algo. Cuando llegó a la cocina comenzó a rebuscar en la nevera, pero nada, no había nada. Entonces vio ratas corretear por allí. Luci alzó la katana y la dejó caer sobre una de ellas. Luego la cogió y la dejo sobre una de las mesas, la abrió y comenzó a comer.


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