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viernes, 2 de marzo de 2012

Capitulo 141: Juegos macabros, part 4


Día 28 de Mayo de 2009
Día 350 del Apocalipsis.

La puerta del cobertizo donde estábamos Tristán y yo se abrió de repente y entraron varios hombres apuntándonos con armas. Yo no entendía de qué iba todo eso. Por un momento pensé que me iban a dar una nueva paliza, pero en lugar de eso, nos obligaron a salir a del cobertizo. Ambos salimos del cobertizo y nos condujeron a través del parque de atracciones. No sabía donde nos llevaban.
Mientras caminábamos los escuchaba hablar de que el doctor no estaba y que podrían jugar con nosotros como les diera la gana. Otro decía que si nos pasaba algo le dirían al doctor que tratábamos de escapar o algo parecido. De vez en cuando me empujaban desde atrás. De repente se cruzó Úrsula con nosotros.
-¿Dónde los lleváis?-preguntó esta mirándome.
-Los llevamos al juego- respondió uno de los hombres.
¿De que juego hablaban?, ¿En que consistía dicho juego?.
-Mi padre no sabe nada de esto- dijo Úrsula.
-Ni lo sabrá. No le digas nada-dijo uno de los hombres.
En ese momento Úrsula me miró y sonrió a la vez que se acercaba a mí y se sacaba  algo del bolsillo. Cuando estuvo delante de mi me lo mostró con una sonrisa. Cuando vi lo que me mostraba vi que se trataba de un test de embarazo y este marcaba positivo.
-No vayas a morir. No hasta que puedas conocer a tu hijo-
Las palabras de Úrsula me dejaron confuso. ¿Significaba eso que realmente se había quedado embarazada de mí?. Úrsula me acarició la mejilla y luego me plantó un beso en los labios. Quise retirarme, pero no pude.
-Lo dicho. Trata de sobrevivir en los juegos- Úrsula miró a los hombres.-Espero por vuestro bien que esto acabe antes de que vuelva mi padre-
-Descuida- respondió otro de los hombres, uno que no llevaba camiseta y tenía una pronunciada barriga cervecera.
Aquellos hombres nos llevaron durante bastante mas camino hasta que llegamos a lo que parecía una gran puerta de metal, esta se abrió y aquellos tipos nos hicieron pasar al otro lado. Nada mas cruzar la puerta nos vimos en lo que parecía un circuito.
-¿Qué coño es esto?-pregunté.
-La carrera de obstáculos. El doctor no es al único al que le gustan los juegos macabros. Aquí vamos a tener que jugar por nuestras vidas- dijo Tristán mirándome.- Espero que estés al 100%-
-¿Has hecho esto alguna vez?- pregunté.
-Si…- respondió Tristán.
Miré a toda la multitud que nos observaba en ese momento. Allí también vi a Luci, Andrea y Vanesa. Las tres chicas estaban custodiadas por hombres armados, también vi a Fidel. Este acompañaba a un par de hombres. A nuestros pies podía ver los obstáculos que teníamos por delante.
-¿En que consiste esta mierda?-pregunté sin mirar a Tristán, no podía evitar mirar hacia abajo.
-Debemos llegar al otro lado enteros y vivos- respondió Tristán.
Desde mi posición podía ver fosos con afiladísimos pinchos, también había unas cuchillas que oscilaban de un lado al otro como si fueran péndulos. Esas eran las primeras pruebas, después había un túnel rodeado de fuego.
-Eso es el horno- dijo Tristán señalando el túnel.
-¿Es sencillo no?-pregunté.
-Si te dijera que si mentiría-
De repente ambos vimos como una puerta enorme se abría y por ella salía un tipo vestido como un verdugo de las películas medievales. Se trataba de un tipo enorme que portaba una gran maza en las manos y una espada y un hacha cruzadas en la espalda. La visión de aquel tipo hizo que casi se me parara el corazón. No se le podía ver la cara debido a la mascara de cuero que llevaba, tan solo podía ver sus ojos. Una mirada cargada de ansias de acabar con nosotros. Sin embargo, no pude evitar preguntar.-¿Y este quien es?-
-El jugador más importante. Digamos que es el pichichi- respondió Tristán.
La contestación de Tristán no podía ser mas obvia. Sin duda tendríamos que enfrentarnos a un mostrenco del tamaño de un armario de cuatro puertas. Por si fuera poco tendríamos que enfrentarnos a ese tipo en medio de un circuito lleno de obstáculos, maquinarias salidas de algún museo de tortura.
-¿Cómo vamos a poder con ese tipo?. Ni los dos juntos podremos tumbar a semejante bicharraco-
-Trata de calmarte y corre- la mirada de Tristán  penetró en la mía. Sus ojos estaban cargados de miedo. Quizás tenía tanto miedo como yo.

El verdugo miró alrededor y lanzó un amenazador grito a la vez que levantaba los brazos para recibir la ovación de los asistentes. Todos comenzaron a aplaudir y a gritar al unísono mientras que las chicas nos miraban a nosotros impotentes. Mi mirada se cruzó con la de Luci, en sus labios pude ver como se dibujaba una palabra.
“Sobrevive”.
Sin embargo. Con aquel monstruo ante nosotros, decirlo era más fácil que hacerlo.
-¿Estáis listos para el gran juego?- preguntó el gigantón mirándonos con ojos que rebosaban locura.- Cuando acabe con vosotros me comeré vuestras tripas-
En ese momento sonó una especie de campana. La campana marcaba el inicio del juego.
-¡¡Corre!!- me gritó Tristán.
Ambos comenzamos a correr mientras el gigantón se tomaba su tiempo. Era como si nos estuviese dando ventaja. Seguía sin entender que teníamos que hacer, aquel circuito no parecía tener un final.
-¿Qué se supone que tenemos que hacer ahora?-
-Sobrevivir. Nunca he estado aquí, pero se de otros que si que pasaron por aquí- respondió Tristán.
-¿Cómo lograron vencer a ese Leviatán?- pregunté aun a sabiendas de la respuesta.
-Nunca nadie lo ha conseguido- respondió Tristán.
Ambos comenzamos a correr atravesando los obstáculos mientras el griterío de la gente nos ubicaba por donde avanzaba nuestro enemigo. La adrenalina había tomado posesión de mi cuerpo. Desde mi incursión en Ibi que no me sentía tan atacado, aunque en aquella ocasión no teníamos ni una mísera arma y nuestro enemigo contaba con tres, además de unos brazos enormes con los que podría partir un buey sin esfuerzo. Un cuerpo tan grande tendría que tener también una gran resistencia. Nosotros éramos unas hormiguitas enfrentándonos a un mastodonte.
Tristán y yo entramos en el horno tras atravesar las cuchillas y las hachas que oscilaban como péndulos. Dentro del horno hacía un calor tremendo y el humo que flotaba en el ambiente nos estaba asfixiando. El suelo quemaba bajo nuestros pies.
-El calor aquí es sofocante- dije mirando a Tristán.
-Tenemos que darle esquinazo como sea. Si nos coge se acabó- miré a Tristán.- No podemos competir con el con respecto a la fuerza-
De repente la silueta de aquel monstruo se dejo ver en la puerta de la entrada. Era tan grande que la luz de los focos apenas entraba en aquella habitación que bullía como una hoya a presión. Tristán y yo retrocedimos mientras aquella mole entraba con paso lento pero pesado.
Los gritos de la gente enmudecían el sonido de las llamas que rodeaban aquel maldito horno. El sudor empapaba mi ropa y no pude evitar pensar en Abel. Quizás el si podría contra aquella bestia, eran de un tamaño similar, pero Abel no estaba allí para salvarnos el culo, no sabía ni donde estaba el ni el resto de mis compañeros.
-¿Qué haces ahí parado?, ¿quieres morir o que?- la voz de Tristán me sacó de mis pensamientos.
Ambos salimos del horno y nos vimos caminando sobre una especie de puente sin barandillas. Bajo el puente había agua y dentro de ella había varios cables de la luz. El agua estaba electrificada.
-Tenemos que acabar con el-me dijo Tristán a medida que cruzábamos el puente. 
Justo detrás de nosotros el gigantón hacía acto de presencia a la carrera. Se estaba lanzando contra nosotros con un grito de rabia. Al verlo, atravesamos el puente a la carrera y evitamos el envite de aquel titán. Nos encontrábamos en una especie de barrizal con fango hasta las rodillas. No podíamos huir de aquel monstruo eternamente y tarde o temprano nos daría alcance.
-Tenemos que luchar- dije pensando que aun así, ese tipo nos triplicaba en fuerza.
-¿Y que quieres hacer?, no le duraremos nada. Nos va a reventar- respondió Tristán.
Fue en ese preciso instante cuando mi mente se puso a trabajar en un plan. Un plan que no sabía si saldría bien, pero había que intentarlo.
-Escóndete. Tengo una idea-
Tristán se alejó del barrizal y yo me quedé allí de pie esperando. Miré a mí alrededor y estudié los muros que rodeaban aquel barrizal, eran altos, de unos tres metros. Miré el lugar por donde tenía que venir aquel tipo, pero no hizo acto de presencia. De repente noté como algo pesado caía detrás de mí. Cuando me di la vuelta me vi cara a cara con aquel tipo. Era más grande de lo que parecía en un principio. Aquel monstruo alzó la maza y la dejo caer sobre mí. Logré esquivarlo rodando sobre mi hacia un lado.
-Vamos cabrón. Sígueme- le espeté al grandullón esperando que Tristán comprendiera mi plan desde donde se hubiese escondido. Por supuesto contaba con que no me dejara tirado y que con lo que iba a hacer captara mi plan a la primera.
Cogí un grapado de barro y se lo lancé a la cara para provocarle.- Vamos, ven a por mi tarado hijo de mil putas. Aquí me tienes…¿No es eso lo que quieres?. ¿No quieres comerte mis tripas?. ¡¡¡Ven y gánatelas!!!-
El grandullón lanzó un grito animal y vino a por mi. Ahora dependía de mi pericia para mantenerlo a raya durante bastante tiempo para que Tristán hiciera lo propio.

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