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viernes, 20 de enero de 2012

Capitulo 139: Veinticuatro horas, part 2

Eva le dio al perro una prenda de ropa para que la oliera. Era lo que se le había ocurrido, eso la llevaría directa hacia los demás. Tenía que encontrarles, necesitaba saber que estaban vivos. Aunque también estaba preparada para lo peor.
Ella ya se había preparado el equipaje y el armamento, llevaba una cantimplora y varias latas de comida para una semana, el agua podría conseguirla fácilmente de ríos y riachuelos, lo que de verdad le preocupaba era llevar suficiente munición. Sabía que la iba a necesitar, solo esperaba no tener que usarla toda, la idea de encontrarse con una horda como la que se había colado en la prisión la aterrorizaba.
Cuando estuvo lista se despidió de los demás, ató una cuerda alrededor del cuello de Yako y salió por la puerta principal, con la promesa de que Gorka se encargaría de la protección de la prisión y de los demás, también sabía que podía contar con Gálvez, el preso, el que a pesar de ello se había ganado la confianza y respeto del grupo.

Nada mas salir, Yako pareció encontrar el rastro, algo que alegró a Eva. Enseguida ambos aceleraron el paso y se fueron alejando de la prisión, era la misma dirección que había tomado el grupo que buscaba el helicóptero.
-Vamos chico. Encontremos a Juanma y a los otros-
Además de rastreador, el perro podría servirle como protección contra los infectados. De algún modo, al lado del animal no se sentía sola. Tenía garantías de supervivencia con el animal, además, este hacía tiempo que solo recorría el interior de la prisión acompañando a Vicky, esa era una nueva manera de que hiciera ejercicio y parecía que estaba disfrutando de esa escapada.

Eva y Yako avanzaban por un camino con arboles a ambos lados. El perro seguía olisqueando el suelo, para Eva era indudable que habían pasado por allí, su olor seguía por allí y lo el perro lo estaba siguiendo.
Eva rezaba para si misma, deseando que estuvieran vivos, no se podía imaginar la idea de encontrarlos convertidos en uno de esos seres y tener que acabar con la vida de estos. Se negaba a si misma esa posibilidad, pero tenía claro que era solo una de las tres posibilidades. Vivos, muertos o No Muertos.
-Que sigan vivos. Por favor-
Mientras caminaba se fijo en las huellas marcadas en el barro. Esas huellas coincidían con las botas que calzaba el grupo, las botas militares a decir verdad. Había varias, así que con toda seguridad eran las de ellos.
Eva se agachó y comprobó que había de diferentes tamaños, pudo distinguir las del muchacho, las del mismo adolescente que la asaltó en su propia casa. Por unos momentos se lo imaginó muerto, fue entonces cuando sintió remordimientos, lo había tratado mal el día que se largaron. En el momento del asalto, quizás la podrían haber matado o violado, pero habían llegado al grupo y se habían integrado, Eva supuso que en su situación quizás ella habría hecho lo mismo. No lo sabía con seguridad, pero se imagino en la piel de aquel chico y de la presión, cuando la asaltaron y ella le apuntó, ese chico tenía más miedo que ella a ellos.
El rastro estaba seguro, iban por el buen camino.
**********
Cuando Paco y Sandra salieron de la casa del viejo se encontraron con las vallas infestadas de infectados. Podría haber cientos allí. Los dos doberman del viejo ladraban hacia la multitud. Paco cargó con Sandra a cuestas y se acercaron a uno de los vehículos que tenía el viejo, ayudó a Sandra a subir a uno de ellos, cuando estuvo apunto de subir sintió un fuerte calambre por todo el cuerpo. El veneno comenzaba a hacer su efecto.
Paco recobró fuerzas y antes de saltar al interior del vehículo, pinchó las ruedas del otro vehículo, quizás eso, en caso de que el viejo siguiera vivo, impediría que este los siguiera.
Cuando Paco se puso al volante miró a Sandra que yacía en el asiento trasero. Esta estaba sudando mucho a causa del dolor que le producía el pie hinchado. Paco pisó el acelerador y el vehículo salió hacia delante, atravesó la valla y se llevó por delante a varios infectados. El vehículo se fue alejando por el camino y ninguno de los dos miró atrás. Paco no pensaba en otra cosa que no fuera sacar a su compañera de allí, aunque le quedaran horas de vida, alejar a su compañera de allí era lo único que le importaba.

Ramiro se puso de pie nada mas escuchar el ruido del motor y seguidamente el chirriar de la valla. Era seguro que ambos habían escapado y si habían atravesado la valla, les habían dejado entrada libre a los grises, estos seguramente ya estaban invadiendo los alrededores de la casa, escuchó el aullido de los perros y los gruñidos de aquellos seres, seguramente se estaban dando un festín con sus dos perros.
La sangre manaba de la frente de Ramiro. La herida se le había reabierto, pero una herida le dolía mas que la de la cabeza, era la herida del corazón que sus dos hijos le habían provocado con su traición.
No tardó en escuchar como algunos de esos seres comenzaban a golpear las puertas de la casa, escuchó como rompían los cristales, no tardarían en tomar el interior de la casa y el estaría en serios problemas, eso seres darían con el y sabía muy bien lo que le pasaría si uno de ellos le mordía.
Subió las escaleras y cuando llegó arriba vio como algunos grises trataban de atravesar las ventanas, la puerta de la entrada vibraba con cada nuevo golpe. Ramiro recorrió el salón y cogió su arma, si esos seres querían su carne, podían ir a por ella, pero el se la vendería cara. Tenía muy claro que iba a salir de la casa y que iba a dar con sus hijos, mataría a María, a Iñaki no lo tocaría, esperaría a que el veneno hiciera su efecto, lo vería morir poco a poco y lo disfrutaría. Iñaki estaba condenado, las horas corrían en su contra y los primeros síntomas no tardarían en llegar, no irían demasiado lejos. Sabía que era el quien conducía, ya que María no estaba para conducir con el pie en ese estado.
Cuando Ramiro inspecciono su arma y comprobó que estaba totalmente cargada, abrió fuego contra el primer gris que asomó la cabeza por allí, en su vida anterior, antes de morir y resucitar, había sido un excursionista a juzgar por las zapatillas ya destrozadas que calzaba. Detrás del excursionista entró una niña. Ramiro no pestañeo, uso su gran cuerpo para lanzarse cual jugador de rugby contra la pequeña grisácea, esta salió despedida hacia atrás y acabo estrellándose contra la mesa, con un fuerte CRACK Ramiro supo que la espina dorsal de aquella pequeña monstruo se había quebrado. Era hora de salir de la casa, de una patada arrancó la puerta de la casa del sitio y los grises que había detrás de ella cayeron al suelo. De un salto, Ramiro se lanzó al exterior y comenzó a disparar a diestro y siniestro. Mientras disparaba llego corriendo hasta donde guardaba los vehículos, uno de ellos se lo habían llevado sus hijos, pero el otro aun podía cogerlo el. Llegó hasta el vehículo que quería coger mientras esquivaba a los grises. Cuando vio que tenía las ruedas pinchadas lanzó un grito de furia, pero no iba a dejar que esos seres acabaran con el, iba a luchar con uñas y dientes. Se volvió hacia los grises que se acercaban y abrió fuego rápidamente, recargó y volvió a disparar. Tenía que salir de allí rápidamente. Logró salir de allí a base de disparos y empujones. Cuando estuvo en el exterior vio las huellas de los neumáticos,  iba ha seguir el rastro y los iba a encontrar.

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