El viejo no había sacado a Sandra de la habitación aquel día. Lo único
que Sandra escuchaba eran los golpes que este le daba a Paco. Aquel viejo se
estaba ensañando con el, en cierto modo, Sandra se sentía culpable. Ella no
había sido sacudida por aquel viejo loco, pero sin embargo, Paco se las estaba
llevando todas. Cada golpe que escuchaba era mas fuerte que el anterior, no
quería ni imaginarse lo que Paco estaría pasando.
Paco estaba en el suelo boca abajo y cuando se intento levantar, el
viejo le propino una patada en el estomago. Paco rodó por el suelo y cuando
estuvo de lado escupió un par de muelas bañadas en sangre y saliva.
-¿Ya tuviste suficiente Iñaki?-preguntó el viejo-Siempre has sido una
decepción de hijo. ¿Qué coño hice mal contigo para que me salieras así?-
-Yo no se que hizo tu jodido hijo, ni se donde esta, ni me importa,
pero tu eres un puto tarado de mierda que necesita un buen psiquiatra- contestó
Paco mientras escupía sangre.
El viejo lo cogió por el cuello y lo levantó en vilo.-¿Tienes algo que
decirme?-preguntó el viejo.
-Si…- Paco hizo una pausa y sonrió- Yo no soy tu puto hijo pedazo de
hijo de puta-
El viejo mostró una mueca de rabia y con gran fuerza lanzó a Paco por
los aires. Paco acabó estrellándose contra un panel de herramientas y cuando
cayó al suelo, estas cayeron sobre el.
-¿Por qué no te das cuenta que lo único que quiero es protegeros a ti
y a tu hermana. Solo quiero ser un buen padre-dijo el viejo.
Paco se incorporó a duras penas y se armó con un destornillador, el
hombre miró aquel arma y sonrió.
-Tira eso Iñaki o me veré obligado a darte una lección-
Paco hizo caso omiso de la amenaza de aquel loco y se lanzó contra el.
El viejo logro esquivar a Paco y con un movimiento rápido lo inmovilizó,
seguidamente le arrebató el destornillador y se lo clavó en una mano
atravesándosela de parte a parte. El grito de Paco fue desgarrador y brutal,
tanto que hasta Sandra lo escuchó como si lo tuviera al lado.
-Ya te avisé- dijo el viejo apoyándose en la pared- ¿Por qué eres tan
obstinado hijo mío?-
Paco se retorcía en el suelo victima del fuerte dolor que sentía en su
mano. Con toda la sangre fría que pudo reunir se fue sacando el destornillador
de la mano y luego lo tiró al suelo mientras se quejaba y sujetaba la mano.
Luego miró al viejo con una media sonrisa.
-¿Has acabado ya o aun quieres más?-
El viejo no miró a Paco, se dio la vuelta y comenzó a subir las
escaleras, entonces Paco temió que aquel tipo le hiciese daño a Sandra.
-Si le tocas un solo pelo a Sandra te mato. Te lo juro-
El viejo no hizo ningún caso, llegó hasta la puerta y salió del
sótano.
Ramiro no subió a la habitación de su hija. Simplemente fue a la
cocina y sacó el maletín que había encontrado en el puerto de Valencia, donde
estaban las ampollas de “Procaterol 14”. Sacó una y miró al sótano. Iba a
inyectársela a su hijo y lo iba a castigar de forma ejemplar, aunque lo matara,
ya tenía suficientes faltas de disciplina por parte de su hijo, pero ya nunca
mas iba a suceder, su paciencia se había agotado.
Podía escuchar los gritos de su hijo desde el sótano, este le
amenazaba con matarlo si tocaba a María. Lo que Iñaki no sabía era que el no
iba a hacerle ningún daño a su hija, al fin y al cabo era su niña querida. En
realidad nunca había querido a Iñaki, y siempre tuvo las sospechas de que Iñaki
no era hijo suyo y que este era fruto de la relación adultera de su mujer con
su hermano. Nunca los perdonó. Con su mujer se había callado y no había hecho
nada, pero con su hermano fue otra cosa. Lo llevó un día de caza y lo asesinó
por la espalda, quizás fue un acto de cobardes, quizás, pero ese mal nacido no
merecía ni siquiera la molestia de ver quien lo mataba. Ramiro, como buen
policía, era un hombre inteligente y sabía como hacer desaparecer las pruebas y
buscarse una coartada perfecta. Y así lo hizo, quedo libre de toda sospecha.
Con el paso del tiempo crió a Iñaki como su hijo, aunque las pruebas
de paternidad decían lo contrario, pero Iñaki lo era todo para María y el por
narices tuvo que quererlo, pero esa vez, Iñaki había llegado demasiado lejos.
Nada de lo que María dijera le haría cambiar de opinión. Iba a matar a ese
maldito hijo bastardo.
En ese momento, Ramiro comenzó a escuchar los gritos de su hija, esta
berreaba como si estuviese siendo atacada por una manada de perros salvajes.
-Maldita sea…¿Y ahora que?-se preguntó Ramiro.
Sandra se había autolesionado el tobillo para poder escapar del
grillete que la tenía presa. Quería ayudar a Paco y no le importaba nada de lo
que pasase después, se armaría con cualquier cosa y mataría al viejo loco,
luego ella y Paco se recuperarían y partirían hacia la prisión. Aunque lo mas
importante era quitarse primero de en medio el obstáculo que representaba ese
maldito viejo asqueroso. Sandra ya había tenido suficiente.
Con gran esfuerzo, Sandra sacó el pie roto a través del grillete y se
puso en pie como pudo mientras se apoyaba en la pared y los muebles, el dolor
era tremendo. Al menos contaba con que Lidia la curase cuando volviese a la
prisión, si volvía, claro.
En ese momento Sandra se dio cuenta de que el viejo subía las
escaleras, seguramente alertado por los gritos de ella.
Ramiro abrió la puerta de la habitación de su hija y se encontró la
cama vacía. Miró a su alrededor y vio a María de pie en un rincón apoyando solo
un pie en el suelo, el otro pie estaba hinchado y lo mantenía en alto. Vio como
María cogía rápidamente una lámpara y la levantaba en el aire con intención de
golpearle.
-Cariño, suelta eso- pidió Ramiro.
María sollozó de miedo y se negó a soltar la lamparilla de la mesita.
Estaba dispuesta a golpearle.
-Suelta eso. Soy tu padre-
-¡¡¡Yo no soy tu puta hija.!!! ¡¡Ella esta muerta y tu eres un puto
enfermo!!. Estas loco-
En ese momento los ladridos de los perros los alertaron y Ramiro
corrió a asomarse por la ventana. Allí junto a la valla se habían congregado
varios “Grises”. Estos parecían haber sido atraídos por los gritos y los
golpes, parecía imposible que hubiesen llegado tan rápido hasta ellos. Todavía
era mas raro que estos estuvieran tocando la valla electrificada sin quedarse
fritos. Ramiro maldijo por lo bajo cuando se dio cuenta que los generadores habían
agotado el combustible, con lo cual la valla y toda la instalación eléctrica
había dejado de funcionar.
-Joder- murmuró Ramiro cuando vio que la valla comenzaba a ceder.
Sandra entró en pánico cuando comenzó a escuchar los cada vez más
crecientes gemidos de los infectados que estaban llegando a la casa del viejo.
Vio como el viejo también parecía asustarse por primera vez desde que
desgraciadamente lo había conocido. Las cosas se habían puesto muy mal allí.
*******
El funeral de la chica fue celebrado casi al anochecer. Todos
estábamos reunidos. Pude ver como Héctor, Abel, Hawkins y Philip estaban
acompañados por chicas, al parecer habían encontrado pareja nada mas llegar.
Uno de los que allí había y que parecía hacer las veces de sacerdote,
comenzó a decir unas palabras referentes a la chica que había muerta. El cuerpo
envuelto en varias mantas fue depositado encima de un montón de troncos bañados
en gasolina y justo después otro de los hombres le prendió fuego. En ese
momento, mientras el cuerpo ardía, Joe se situó a mi lado.
-Os recomiendo que tengáis un par de ojos en la nuca desde ahora. Lo
de vuestro amigo el militar no ha sido un simple accidente- me dijo Joe en voz
baja.
-¿De que me estas hablando?-pregunté sin mirar a Joe.
-Sois buenos chicos. No quisiera que os pasara nada, pero aquí las
cosas son mucho peores de lo que parece-
-¿Se supone que debo fiarme de ti?-
-Puedes fiarte o no, pero pronto las cosas se van a poner peor. Lo de
vuestro amigo accidentado es para reteneros aquí-
En ese momento vi como algunos de allí se nos quedaban mirando, eso
hizo que Joe hablara mas bajo.-Contándote esto me estoy jugando la vida.
Reúnete a las cinco de la madrugada conmigo junto a mi tienda, es mi guardia.
Te lo contare todo. Aquí hay oídos por todas partes, no sabes quien es tu amigo
o quien te la meterá doblada. Fíjate en tus amigos, seguramente alguno se ha
pasado a su bando-
Joe se fue alejando y yo me quede quieto. Miré a mis compañeros y
entonces comencé a dar vueltas a lo que me había dicho Joe. No sabía si fiarme
de el, pero ahora no sabía si fiarme de mis compañeros, podría ser verdad que
alguno se había cambiado de bando.
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