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miércoles, 28 de diciembre de 2011

Capitulo 135: El convoy, part 4


La sonrisa de aquel hombre me perturbaba. Había algo en ella que no me gustaba nada. El hombre dio unos pasos al frente y me tendió su mano, yo no dejé de apuntarle. Ya había tenido demasiadas malas experiencias debido al exceso de confianza. No, esta vez no iba a caer. Sabía que tanto Iván como Luci no confiaban tampoco, al igual que yo no dejaban de apuntar. Nuestra sorpresa fue mayúscula cuando el walkie del segundo hombre crepitó con la voz de una mujer.
-Manuel. Tenemos a unos forasteros armados aquí junto a nuestro convoy. ¿Qué hacemos?-
-Nada. Aquí están sus compañeros- respondió el hombre que se había presentado como Manuel.
Yo apunté directamente a la cabeza de aquel hombre y este levantó las manos para que viera que estaba desarmado, ambos lo estaban. Nos miraban aun así sin un ápice de miedo. Eso era lo peor, a pesar de tener nosotros la sartén por el mango, estos se mostraban terriblemente confiados.
-Somos de fiar como vosotros- dijo el hombre con una sonrisa.
-¿Cómo sabes que somos de fiar?-pregunté yo sin dejar de apuntar a aquellos dos tipos.
Estos dos se miraron y luego el tal Manuel comenzó a hablar.- Os llevamos siguiendo desde que abandonasteis el internado aquel. Vi que mi hijo estaba con vosotros y quería saber si le ibais a hacer daño, pero vi que no teníais intenciones malas y por eso nos presentamos ante vosotros-
Me fijé en Fidel, este no dejaba de abrazar a su padre. Entonces no pude evitar hacer la gran pregunta, esta era referente a los dibujos de Fidel. Cogi el dibujo de ese hombre con la sombra detrás y se lo tiré a los pies.
-¿Qué cojones significa eso?. Una sombra que representa al puto diablo no es nada halagüeño…y no es por ofender, pero en estos tiempos… no es bueno fiarse de los desconocidos-
-Tienes mucha razón hijo- respondió el hombre que permanecía impasible ante el cañón de mi fusil.
En ese momento comenzamos a escuchar los disparos de dos fusiles. Seguramente eran David y Andrea.
Los dos hombres se miraron mutuamente y el tal Manuel cogió su Walkie.-¿Veis Caminantes desde vuestra posición?... Nadia repito. ¿Veis Caminantes desde vuestra posición?-
La mujer que había al otro lado de la comunicación no tardó nada en contestar, su voz sonaba temblorosa. –Los vemos, son unos treinta, avanzan hacia su casa, no se como los han descubierto, pero van hacia usted y los chicos. Salgan de ahí cuanto antes-
-Nos vemos ahora- dijo el tal Manuel cortando la comunicación.
Yo miré a mis dos compañeros y estos dejaron de apuntar a Manuel. Yo lo miré fijamente y bajé el arma.
-Si nos la juegas te matare-

David y Andrea se habían quedado de piedra cuando de repente habían visto aparecer un grupo de aquellos seres por la calle, pero lo que de verdad los aterrorizo fue la enorme horda que habían podido ver en la plaza. Había miles, toda la población de Castalla estaba allí. Solo un pequeño grupo se había separado de la horda y avanzaba hacia la casa donde se habían adentrado los demás, no eran muchos, pero eran bastantes como para ser un problema. Habían disparado al aire para alertar a los demás aun sabiendo que eso atraería a la horda más grande, algunos pequeños grupos ya habían comenzado la marcha.
-Los tendrán encima enseguida-dijo Andrea casi presa del pánico.
En ese momento David cayó en la cuenta de que había un land Rober en la parte trasera de la casa. No lo habían visto antes.
-Cariño. Creo que Juanma y los demás tienen problemas-
-Volvamos con los demás. Ellos sabrán apañárselas, pero si no salimos de aquí ahora nos quedaremos atrapados- dijo Andrea tirando de David.
Los dos comenzaron a bajar rápidamente los escalones de la casa, los saltaban de dos en dos, incluso de tres en tres. Cuando llegaron a la calle se encontraron con un Land Rober que doblaba la esquina, este se paró frente a ellos y cuando la puerta se abrió vieron a Cesar en el asiento del copiloto junto a un desconocido.
-¿Pero que coño?-se preguntó David estupefacto.
-Subid de una puta vez. Las explicaciones vendrán después- contestó Cesar.
-¿Y Juanma y los otros?-preguntó David.
-Mi gente se esta ocupando de ellos-dijo el hombre de mediana edad que conducía el vehículo.
David y Andrea no se lo pensaron más y subieron al vehículo. El conductor pisó el acelerador y salió disparado de allí cuando un grupo de infectados apareció doblando la esquina de una calle.
-¿Quién es este tío?-preguntó David sin quitarle ojo al conductor.
-Me llamo Michael y os estamos salvando el culo- contestó el conductor.
El vehículo comenzó a recorrer las calles de Castalla en dirección hacia donde los demás estaban esperando. David no entendía nada, ni de donde habían salido los de los Land Rober. Una aparición tan oportuna no lo tranquilizaba. Ahí había algo que no cuadraba.

Luci, Iván y yo salimos de la casa por la puerta por la que habían accedido nuestros misteriosos compañeros. Montamos en un Land Rober que nos esperaba en la salida. Cuando se abrió la puerta el conductor vi que era la misma chica rubia de los cuadros. Al verla, Fidel se lanzó sobre ella y la abrazó.
-Es mi hija Ursula- la presentó Manuel.- Luego ya habrá mas tiempo para presentaros vosotros, ahora salgamos de aquí-
Todos subimos al vehículo y salimos de allí a toda velocidad. Cuando abandonamos el pueblo nos reunimos con los demás donde los habíamos dejado, allí había mas personas. Todas desarmadas, nuestros compañeros seguían portando sus armas. Cuando salimos del vehículo nos dimos cuenta que había mucha tranquilidad en el ambiente, los desconocidos no nos habían asaltado, era extraño.
Se trataba de un convoy de varios vehículos, eran ocho en total. Según contó Cesar, estos llegaron allí al rato de que nosotros nos metiéramos de lleno en el pueblo.
Nuestra misión había terminado, habíamos reunido a Fidel con su familia, podíamos volver a la prisión. Cuando estuve apunto de decir que nos fuéramos, vi como Vanesa le quitaba el bloc de dibujo a Fidel y se lo ponía en la cara al padre de este.
-¿Qué significa esto?- dijo Vanesa señalando el dibujo donde salía Ray.
-Es Raymundo. Es un buen muchacho-respondió Manuel con una media sonrisa.
-Si, ya se quien es. ¿Dónde esta?-quiso saber Vanesa.
-Esta en nuestro campamento a las afueras de Alcoy. Lo rescatamos en Banyeres. Os llevaremos hasta allí si no tenéis inconveniente-
Todos nos miramos. Mis amigos no sabían si fiarse de aquellas personas, pero no nos habían desarmado y nos habían salvado, pero en su momento también lo hicieron los rusos y aquello fue un desastre.
-Nos habéis salvado, pero no por eso vamos a confiar en vosotros- dije yo.
-Podéis acompañarnos, en ningún momento os despojaremos de vuestras armas. Somos de fiar aunque no os lo creáis- me dijo Manuel sonriendo.-¿Tu estas al mando?-
Miré a los demás y entonces asentí con la cabeza-Si, soy yo el que esta al mando-
Manuel me miró y sonrió de nuevo. No me gustaba para nada esa sonrisa, me recordaba demasiado a Smirnov.
-Creo que debemos hablar en privado joven-
-Me parece que no- le negué- Nosotros trajimos a su hijo hasta aquí para que se reuniera con su familia. Ya lo hizo, nosotros volvemos a nuestro hogar-
-¿La cárcel?-
La pregunta de Manuel me cogió por sorpresa.-¿ Como sabes lo de la cárcel?-
-Te dije que os habíamos estado vigilando desde que salisteis del internado de los chicos. Os hemos estado escuchando en todo momento para ver si erais buena gente. Para saber si no erais como otros grupos con los que nos hemos encontrado, si te soy sincero…pensaba que erais peligrosos y ya estábamos pensando en atacaros y quitaros a mi hijo por la fuerza, ese era el plan que teníamos cuando mi hermano y yo entramos en la casa, pero cuando vi que Fidel estaba a salvo deseche esa posibilidad. Además…- la cara de Manuel cambió de golpe.
-¿Qué pasa?-pregunté.
-Debo decírtelo en privado-
-¡¡No!! Quiero saberlo ahora- grité.
-Hace unos días hubo una explosión en la prisión. No sabemos que ha pasado-
El corazón me dio un vuelco. El presentimiento que había tenido de repente tomaba un macabro sentido. Miré a mis compañeros nuevamente y estos me devolvieron la mirada.
-Os llevaremos de vuelta- dijo Manuel- Podéis confiar en nosotros-
Todos nos subimos a los vehículos y nos pusimos en marcha hacia Alcoy. Teníamos que volver cuanto antes.

Capitulo 135 : El convoy, part 3


Eva estaba junto a la camilla donde Lidia se encontraba. El aparato al que estaba conectada emitía pitidos que revelaban el estado de Lidia, el mismo aparato que la mantenía con vida. Eva no podía dejar de mirarla.
-Lidia…no se si me oyes, muchos dicen que las personas en coma escuchan a los demás cuando les hablan. No se si será verdad porque yo nunca he estado en coma. Debes saber que hemos perdido a mucha gente en un asedio de esas cosas, Juanma todavía no ha vuelto y el grupo se esta dividiendo… Gorka ha sugerido que nos marchemos de aquí, eso implicaría dejarte aquí e irnos sin esperar a los que están fuera. Yo no estoy de acuerdo, pero creo que todos se lo plantean- Eva hizo una pausa para limpiarse las lagrimas que comenzaban a surgir de sus ojos.-Perdona. Ya sabes como es nuestra situación, como para no llorar- Eva sonrió y continuo hablando- Si te cuento esto es para que sepas que yo no voy a dejarte aquí, si ellos se marchan yo me quedare contigo, cuidare de ti y esperaremos a los demás-
Eva se inclinó sobre Lidia y le dio un beso en la frente y seguidamente puso sus manos sobre la mano derecha de ella.
-Yo no te abandonare-
*********
El furgón conducido por Emilio se detuvo delante del hospital de Alcoy. Los No Muertos  estaban mas hacia el centro de la ciudad, al menos en su mayoría. Eso les daba una ventaja, tenían que ser rápidos y saquear lo que tenían que saquear del hospital. Con toda seguridad allí dentro en el hospital habría mas de esos seres.
-Espera…-dijo Dennis abriendo la parte trasera del furgón para sacar el armamento que llevaban. Este saco un AK-47 y se lo pasó a Emilio.- No se cuantos podría haber ahí dentro ni el trayecto que hay hasta el almacén de medicamentos…¿Tienes la lista de Nuria?-
-Aquí la tengo-dijo Emilio mostrando la lista que Nuria les había dado.

Las puertas del hospital estaban abiertas de par en par. La amplia recepción parecía un vertedero. Había sillas y mesas montando una barricada en la entrada a urgencias mientras que en un rincón había varias bolsas para cadáveres amontonadas, lo más perturbador de estas era que estaban ocupadas. Cuando pasaron cerca de ellas, algunas se sacudieron con violencia. En el interior de estas el ser pugnaba por salir de aquel encierro eterno.
-Joder…-murmuro Emilio al ver el movimiento de las bolsas.
-No te sorprendas tanto, cuando todo empezó a ocurrir… antes de que se dijese que los muertos volvían a caminar y que se supiese que era la mordedura, los heridos acudían todos al hospital, los que morían primero pasaban a llenar la morgue donde poco después se reanimaban y masacraban al personal. Lo peor vino cuando el asunto se descontroló. Había muertos por los pasillos y estos se reanimaban enseguida. La misma situación se vivió en todos los hospitales. La gente se pensaba que estos eran seguros…se equivocaron-
Ambos comenzaron a subir las escaleras y vieron el cartel que señalaba lo que había en cada planta, este estaba tirado en el suelo. Emilio se arrodilló para inspeccionarlo y vio donde estaba el almacén de medicamentos. Este estaba en la tercera planta, con suerte esta no había sido saqueado del todo y podrían conseguir algo.
Subieron hasta que llegaron a la tercera planta y allí vieron el almacén, la puerta estaba cerrada y cuando Dennis trató de abrirla se dio cuenta de que esta estaba cerrada desde dentro. Dennis dio un par de golpes y enseguida unos golpes desde dentro respondieron a los suyos. Era evidente que al otro lado de la puerta había uno de esos seres, este había sido atraído por los golpes de Dennis.
-Aquí hay uno-
Emilio se puso frente a la puerta con la espalda pegada a la pared y apuntó hacia la puerta del almacén. La cual, Dennis se estaba preparando para abrir. Los golpes eran cada vez mas seguidos y a estos se sumaron los gritos del infectado que había a otro lado.
-¿Estas listo?-preguntó Dennis mirando a Emilio.
Emilio asintió con la cabeza y Dennis le dio una patada al pomo de la puerta. Este salió disparado y un celador salió disparado del interior, tenía el uniforme empapada en sangre reseca. Emilio ni siquiera se lo pensó, disparó a bocajarro y la cabeza del celador muerto estalló, el cuerpo salió disparado hacia atrás y se estrelló contra una estantería donde montones de cajas de pastillas comenzaron a caer sobre el. Seguidamente comenzaron a escuchar ruidos por todo el hospital. El ruido del arma de Emilio había delatado su posición y pronto se verían asediados por más de aquellos seres.
Emilio comenzó a llenar su mochila con cajas de morfina, era lo más importante que buscaban, mientras que Dennis llenaba su mochila con antibióticos, este solo sacaba lo del interior y lo envolvía en el prospecto para que no ocupara mas espacio del necesario en la mochila.
-Ya tengo cargada mi mochila.¡¡¡Vámonos!!!-dijo Emilio colgándose la mochila al hombro y amartillando su fusil. Estaba dispuesto a reventarle la cabeza al primero de esos bichos que asomara su putrefacta cara por allí.
Dennis hizo lo mismo y ambos salieron del almacén con la mercancía que habían ido a buscar. Por el final del pasillo a sus espaldas vieron a una enfermera que avanzaba hacia ellos tropezándose con todo, la enfermera en vida habría estado algo rellenita en vida. La enfermera tenía un gran boquete en el estomago, allí anidaba una cantidad considerable de gusanos que hacían bullir la carne negruzca del ser. Justo unos metros por detrás, las puertas dobles del pasillo se abrieron y más seres con pinta de civiles entraron en tromba. Algunos de ellos eran más rápidos. Ambos comenzaron a correr por el pasillo, de vez en cuando, Dennis se daba la vuelta para descargar sobre aquellos seres una ráfaga de munición. Dennis estaba demasiado nervioso como para acertar en las cabezas de los infectados.
Comenzaron a bajar las escaleras rápidamente en dirección al furgón. Pronto llegaron a la recepción. Fue entonces cuando Emilio se sacó la mochila de encima y se la pasó a Dennis, este había dejado de disparar y cogió la mochila.
-¿Qué cojones estas haciendo?- preguntó Dennis estupefacto.
-Corre hacia el furgón y ponlo en marcha. Yo voy al aparcamiento del hospital, tengo que robar una ambulancia-
-¿Cómo sabes que quedan ambulancias?-
-No lo se, pero da la vuelta para recogerme por el otro lado-
Emilio salto la barricada que bloqueaba el pasillo de urgencias y comenzó a correr mientras que Dennis se dirigía hacia el furgón. Por el hospital, los ruidos y gemidos se iban intensificando.
********
Félix y los demás se habían pertrechado con todo lo que se iban a llevar en su viaje. Este iba a ser largo, muy largo. Alcoy estaba lejos de allí. Todos estaban de acuerdo en seguir la corazonada de Félix. De alguna manera habían confiado en ella y creían que allí encontrarían al resto.
Natacha estaba echando una última ojeada a su arma, quería que estuviera en buen estado y que esta no la dejaría tirada en un momento de necesidad. Un momento de necesidad como podría ser estar rodeados de una horda de infectados.
-Bien. Ya podemos irnos, pasaremos por la autopista para ver si podemos hacernos con un vehículo o algo- sugirió Félix.
-El atasco es grande. Lo malo es que el blindado que conseguimos lo tuvimos que dejar atrás. Podríamos haberlo usado-dijo Magda .
-Lo habríamos dejado antes o después. En Alcoy no se puede entrar si no es por puentes. Un vehículo tan grande seria difícil que pasara por allí. Por ejemplo, cuando nieva es casi imposible salir de allí. Lo que necesitamos es un vehículo ligero como un coche o un furgón- explicó Emilio a medida que salían por la puerta de la casa.
Los primeros en salir fueron Toni, Félix y Natacha, eran los que más experiencia tenían en combate. Fuera no había nadie, los infectados no estaban por allí. Iba a ser fácil llegar hasta la autopista, esperaban que fuera igual de fácil llegar hasta Alcoy.
*******
Emilio llegó hasta la recepción de urgencias. Al otro lado del mostrador la recepcionista se había percatado de la presencia de Emilio y trataba de pasar por encima del escritorio que estaba tras la ventanilla, esta se había puesto frenética cuando vio aparecer a Emilio.
Emilio no hizo caso del ser y fue directo al aparcamiento en busca de una ambulancia, era lo que necesitaban si querían trasladar a Lidia.
Había varias bolsas para cadáveres ocupadas por un cuerpo, también vio un helicóptero del ejercito, un superpuma. Quizás, si Jorge hubiese estado allí habría sabido pilotarlo, pero en ese momento el único interés que podría tener en ver a Jorge era para pegarle un tiro para hacerle pagar cara su traición.
Emilio pasó del helicóptero y vio una ambulancia del samur, era lo que había estado buscando. Emilio corrió hasta ella y lo primero que hizo fue asomarse por la ventana del conductor, este aun estaba allí al volante, aunque de el solo quedaban los huesos. Emilio abrió la puerta y saco de un tirón el esqueleto, las llaves seguían en el contacto.
-Por favor, que funcione-
Emilio saltó al interior de la cabina, cogió las llaves en el contacto y las giró. El motor ni se movió. El motor estaba muerto.
Fue en ese momento cuando apareció Dennis con el furgón y se acercó a donde estaba el.
-¿Qué coño estas haciendo?-preguntó Dennis con desesperación.- Tengo a un jodido grupo de esas cosas oliéndome el culo, estarán aquí en unos momentos, no hay tiempo que perder, olvídate de la puta ambulancia-
-Pero…-trató de replicar Emilio.
Emilio no tardó en ver a la horda de unos veinte infectados aparecer por el aparcamiento. Emilio lanzó una última mirada a la ambulancia y con un juramento se lanzo al interior del furgón. Dennis pisó el acelerador y salieron rápidamente de allí, en la huida atropellaron el cuerpo de un adolescente que se cruzó con ellos. Mientras se alejaban, Emilio miró la ambulancia mientras para si pensaba que tenía que volver a por ella.

Capitulo 135: El convoy , part 2


La urbanización vio el amanecer con tranquilidad. Félix y Toni habían estado turnándose para vigilar mientras las chicas dormían. La primera en despertar había sido Natacha, esta estaba en la cocina preparando algo de café. Iban a tener un largo viaje por delante. No había No Muertos por la zona, ni siquiera parecía que los hubiese cerca.
Natacha sacó un mapa de la comunidad Valenciana con varios puntos rojos marcados.
-¿Qué es esto?-preguntó Félix.
-Es un mapa que tenía Roache. Lo usaba para localizar puntos de interés. Son lugares con altas vallas o grandes muros. Quería montar varios campamentos y estar comunicados por aire-
-No sabía eso- dijo Toni sentándose en una silla.
-Hay muchas cosas sobre Roache que no sabéis. Ese cabrón tenía mucha ambición, espero que este por ahí jodido o con una bala en la cabeza-
-Mirad eso de ahí-dijo Félix señalando un punto rojo en el mapa.
Natacha lo miró y se quedó extrañada, no sabía a que se refería Félix.-¿Qué es eso?-
-Alcoy. Es una ciudad con algunos sitios de interés. Murallas y demás. Si Roache lo tenía marcado es porque tenía cierto interés. Los nuestros son listos y tengo una corazonada de que pueden estar allí-
-Yo creo lo mismo. Deben estar allí. Lo malo es el problema de podridos, su numero será elevado, la población antes de la pandemia era de unos 60.000 habitantes. Así que imaginaros la que nos espera-
-¿Crees que merece la pena acercarse?-preguntó Natacha.
-Acabas de decir que Roache quería usar el desplazamiento aéreo. ¿No?-preguntó Félix.
-Si- respondió Natacha sin saber muy bien a donde quería llegar su compañero.
-Alcoy es conocida como la ciudad de los puentes. La peculiar orografía marcada por barrancos, que condicionaron el urbanismo y las ampliaciones sucesivas, hicieron necesaria la construcción de estos puentes. Además de los pequeños puentes que formaban la antigua red viaria (el puente de Penáguila, el de Cocentaina y el puente viejo de San Roque), que datan de los siglos XVII y XVIII, hay otros menores que fueron edificados para permitir el acceso a las industrias situadas en la orilla del río Riquer.-
Toni se quedó sorprendido con la explicación de su compañero. Se notaba que Félix sabía cosas de Alcoy.- No sabía que sabías tanto de geografía-
-Cuando corría en bici fui varias veces…coño…parece que ha pasado una eternidad desde todo eso. Por ejemplo, si mi intuición no me falla… Roache tenía pensado volar esos puentes, ya que es prácticamente el único acceso a la ciudad. No seria mala idea si no fuera porque Roache era un jodido loco-
-¿Creéis que los vuestros están allí?- preguntó Natacha mirando a Toni y a Félix.
-Pues deberíamos ponernos en marcha desde ya. Alcoy nos pilla a tomar por culo de aquí y nos llevara un par de días o más, pongamos un máximo de seis o diez. Todo dependerá de nuestro trasporte y las vueltas que tengamos que dar- explicó Toni.
Cuando Magda y Sole se despertaron se pusieron en marcha yendo a pie. Iban a tardar en llegar, pero valía la pena intentarlo.
*******
Iván, Luci, el chico y yo nos habíamos adentrado en Castalla. Las calles estaban llenas de basura. Algunas de las casas estaban cubiertas de vegetación debido al paso del tiempo. Nadie se había ocupado de cuidar aquello, supuse que algún futuro incendio arrasaría el pueblo algún día.
Ninguno de los tres perdía de vista al chico, este parecía que sabía muy bien hacia donde iba. Tenía una gran sonrisa que daba a entender que íbamos en la dirección correcta. Cuando llegásemos a su casa quizás tendríamos respuestas del significado del bloc de dibujo y del paradero de Ray. Llegamos a una casa residencial enorme, tan grande que seguramente pertenecía a la persona más rica de la población. La reacción de Fidel fue soltarse de la mano de Luci y entrar corriendo dentro de la casa. Nosotros tres hicimos lo mismo y entramos con las armas en alto dispuestos a disparar contra lo primero que representara un peligro contra nosotros.
-¿Dónde coño se ha metido ese crio?-preguntó Iván.
Luci trató de gritar su nombre, pero yo le negué con la cabeza. Aquello no seria buena idea. Tendríamos que buscarlo por el interior de aquella casa. Mientras caminábamos por los pasillos podía ver cuadros de familia, en ellas aparecía el mismo hombre que había dibujado en el bloc de dibujo, este estaba junto a una mujer y una chica rubia de unos veinte años, era bastante guapa. Los cuadros tenían gran cantidad de polvo, lo que significaba que allí hacía tiempo que no había nadie.
En ese mismo momento escuchamos un ruido en el piso de arriba, eran como unas campanillas.
-Creo que esta arriba-dijo Iván señalando hacia unas escaleras.
Los tres subimos las escaleras con cautela y nos vimos en medio de un pasillo parecido al de los cuadros, salvo por la diferencia de las ventanas que teníamos a nuestra derecha, las cortinas ondeaban con el viento del medio día, era un aire fresco y limpio. Allí mismo no había ni rastro del olor a muerte al que ya nos habíamos acostumbrado. Por el pasillo nos encontramos con un triciclo de color rojo y azul, seguramente había pertenecido a Fidel cuando este era mas pequeño. Volvimos a escuchar el sonido de las campanillas, este venia de más adelante. Caminamos poco a poco hacia delante y llegamos a una puerta abierta, era de un color blanco, aunque esta estaba ennegrecida por el polvo y la ceniza que en algún momento se había colado por las ventanas.
Entramos en la estancia y vimos que era una habitación infantil. Había varios peluches, un tobogán y balones de futbol y baloncesto, las paredes estaban llenas de dibujos colgados. En un lado de la habitación estaba Fidel con una pandereta en las manos, mientras Luci lo vigilaba, Iván y yo nos quedamos mirando la cantidad de dibujos que cubrían las paredes de la habitación.
En los dibujos se veía a la misma chica del cuadro posando. Se veía a mas niños dibujados, uno de los dibujos me llamo la atención, se veía un cuerpo en el suelo y una mancha de color rojo en la cabeza del protagonista del dibujo.
Iván cogió el dibujo y lo descolgó de la pared-¿Que opinas?-
-Que le han abierto la cabeza de un golpe- contesté.
Algo me llamo la atención en ese momento, había una piedra encima de una estantería junto a unos muñecos de He-man. Me acerqué a la estantería y cogí la piedra, esta tenía una mancha de color rojo reseca. Era sangre.
-Esta es el arma homicida- murmuré.
-Mira este dibujo de aquí-dijo Iván llamando mi atención.
Miré el dibujo y vi algo que me dejo boquiabierto. Se trataba del mismo hombre de otros dibujos, pero había algo diferente en el, detrás de su silueta había una especie de sombra con ojos rojos.
-¿Qué crees que significa esto?-pregunté yo descolgando el dibujo para observarlo con más atención.
-Se podría decir que esa sombra representa al diablo…-respondió Iván.
-Este hombre parece el padre de familia, pero no entiendo que tiene que ver una cosa con la otra. Quizás el padre del chaval sea un hijo de puta de manual. Si es así y el hijo lo ve como en este dibujo. No entiendo como puede querer volver con su familia-
-Ni idea, pero aquí no hay nadie. Creo que vinimos para nada-dijo Iván.
En ese momento escuchamos un ruido que venia del exterior, nos asomamos por la ventana y vimos un frondoso jardín con altas hierbas. Aquello parecía una selva. Entonces vimos algo que nos dejo parados, un par de hombres avanzaban por el jardín en dirección a la casa, en un principio creímos que eran No Muertos, pero estos iban demasiado bien vestidos y sus ropas estaban limpias, fue entonces cuando uno de los hombres me resultó familiar, volví a mirar los dibujos y fue en ese momento cuando reconocí al hombre. Era la misma persona.
-¿Qué hacemos?-preguntó Luci ocultándose mientras trataba que Fidel no hiciera ningún ruido.
-Es el mismo tío de los dibujos- dije en voz baja.
-Entonces si es el mismo tío…significa que es el padre del chaval-dijo Iván preparando su arma para disparar en caso de que fuera necesario.
No tardamos en escuchar el ruido de los pies en el interior de la casa. Los pasos avanzaban hacia nosotros, venían directos.
-Ocúltate en ese armario con el niño-le señalé a Luci mientras Iván y yo ocupábamos posiciones de combate.
Luci hizo lo que le dije. Iván y yo tumbamos la cama para que formase una cobertura y nos situamos detrás, habíamos hecho ruido pero nos daba igual, esas personas sabían que estábamos allí.
Los dos hombres no tardaron en aparecer en el marco de la puerta con las manos en alto, estos iban inmaculados. Fue en ese momento cuando el tipo de los dibujos nos miró de hito en hito y sonrió.
-Buenas tardes. Tenemos que hablar. Tengo entendido que traían a mi hijo Fidel. Yo soy Manuel Hidalgo. Dr. Manuel Hidalgo y el es mi hermano Pablo-dijo señalando al otro hombre.
De repente la puerta del armario se abrió y Fidel salió corriendo a abrazar al hombre que se había presentado. Nosotros no dejábamos de apuntar. No entendíamos como sabían tanto.