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miércoles, 28 de diciembre de 2011

Capitulo 135: El convoy, part 4


La sonrisa de aquel hombre me perturbaba. Había algo en ella que no me gustaba nada. El hombre dio unos pasos al frente y me tendió su mano, yo no dejé de apuntarle. Ya había tenido demasiadas malas experiencias debido al exceso de confianza. No, esta vez no iba a caer. Sabía que tanto Iván como Luci no confiaban tampoco, al igual que yo no dejaban de apuntar. Nuestra sorpresa fue mayúscula cuando el walkie del segundo hombre crepitó con la voz de una mujer.
-Manuel. Tenemos a unos forasteros armados aquí junto a nuestro convoy. ¿Qué hacemos?-
-Nada. Aquí están sus compañeros- respondió el hombre que se había presentado como Manuel.
Yo apunté directamente a la cabeza de aquel hombre y este levantó las manos para que viera que estaba desarmado, ambos lo estaban. Nos miraban aun así sin un ápice de miedo. Eso era lo peor, a pesar de tener nosotros la sartén por el mango, estos se mostraban terriblemente confiados.
-Somos de fiar como vosotros- dijo el hombre con una sonrisa.
-¿Cómo sabes que somos de fiar?-pregunté yo sin dejar de apuntar a aquellos dos tipos.
Estos dos se miraron y luego el tal Manuel comenzó a hablar.- Os llevamos siguiendo desde que abandonasteis el internado aquel. Vi que mi hijo estaba con vosotros y quería saber si le ibais a hacer daño, pero vi que no teníais intenciones malas y por eso nos presentamos ante vosotros-
Me fijé en Fidel, este no dejaba de abrazar a su padre. Entonces no pude evitar hacer la gran pregunta, esta era referente a los dibujos de Fidel. Cogi el dibujo de ese hombre con la sombra detrás y se lo tiré a los pies.
-¿Qué cojones significa eso?. Una sombra que representa al puto diablo no es nada halagüeño…y no es por ofender, pero en estos tiempos… no es bueno fiarse de los desconocidos-
-Tienes mucha razón hijo- respondió el hombre que permanecía impasible ante el cañón de mi fusil.
En ese momento comenzamos a escuchar los disparos de dos fusiles. Seguramente eran David y Andrea.
Los dos hombres se miraron mutuamente y el tal Manuel cogió su Walkie.-¿Veis Caminantes desde vuestra posición?... Nadia repito. ¿Veis Caminantes desde vuestra posición?-
La mujer que había al otro lado de la comunicación no tardó nada en contestar, su voz sonaba temblorosa. –Los vemos, son unos treinta, avanzan hacia su casa, no se como los han descubierto, pero van hacia usted y los chicos. Salgan de ahí cuanto antes-
-Nos vemos ahora- dijo el tal Manuel cortando la comunicación.
Yo miré a mis dos compañeros y estos dejaron de apuntar a Manuel. Yo lo miré fijamente y bajé el arma.
-Si nos la juegas te matare-

David y Andrea se habían quedado de piedra cuando de repente habían visto aparecer un grupo de aquellos seres por la calle, pero lo que de verdad los aterrorizo fue la enorme horda que habían podido ver en la plaza. Había miles, toda la población de Castalla estaba allí. Solo un pequeño grupo se había separado de la horda y avanzaba hacia la casa donde se habían adentrado los demás, no eran muchos, pero eran bastantes como para ser un problema. Habían disparado al aire para alertar a los demás aun sabiendo que eso atraería a la horda más grande, algunos pequeños grupos ya habían comenzado la marcha.
-Los tendrán encima enseguida-dijo Andrea casi presa del pánico.
En ese momento David cayó en la cuenta de que había un land Rober en la parte trasera de la casa. No lo habían visto antes.
-Cariño. Creo que Juanma y los demás tienen problemas-
-Volvamos con los demás. Ellos sabrán apañárselas, pero si no salimos de aquí ahora nos quedaremos atrapados- dijo Andrea tirando de David.
Los dos comenzaron a bajar rápidamente los escalones de la casa, los saltaban de dos en dos, incluso de tres en tres. Cuando llegaron a la calle se encontraron con un Land Rober que doblaba la esquina, este se paró frente a ellos y cuando la puerta se abrió vieron a Cesar en el asiento del copiloto junto a un desconocido.
-¿Pero que coño?-se preguntó David estupefacto.
-Subid de una puta vez. Las explicaciones vendrán después- contestó Cesar.
-¿Y Juanma y los otros?-preguntó David.
-Mi gente se esta ocupando de ellos-dijo el hombre de mediana edad que conducía el vehículo.
David y Andrea no se lo pensaron más y subieron al vehículo. El conductor pisó el acelerador y salió disparado de allí cuando un grupo de infectados apareció doblando la esquina de una calle.
-¿Quién es este tío?-preguntó David sin quitarle ojo al conductor.
-Me llamo Michael y os estamos salvando el culo- contestó el conductor.
El vehículo comenzó a recorrer las calles de Castalla en dirección hacia donde los demás estaban esperando. David no entendía nada, ni de donde habían salido los de los Land Rober. Una aparición tan oportuna no lo tranquilizaba. Ahí había algo que no cuadraba.

Luci, Iván y yo salimos de la casa por la puerta por la que habían accedido nuestros misteriosos compañeros. Montamos en un Land Rober que nos esperaba en la salida. Cuando se abrió la puerta el conductor vi que era la misma chica rubia de los cuadros. Al verla, Fidel se lanzó sobre ella y la abrazó.
-Es mi hija Ursula- la presentó Manuel.- Luego ya habrá mas tiempo para presentaros vosotros, ahora salgamos de aquí-
Todos subimos al vehículo y salimos de allí a toda velocidad. Cuando abandonamos el pueblo nos reunimos con los demás donde los habíamos dejado, allí había mas personas. Todas desarmadas, nuestros compañeros seguían portando sus armas. Cuando salimos del vehículo nos dimos cuenta que había mucha tranquilidad en el ambiente, los desconocidos no nos habían asaltado, era extraño.
Se trataba de un convoy de varios vehículos, eran ocho en total. Según contó Cesar, estos llegaron allí al rato de que nosotros nos metiéramos de lleno en el pueblo.
Nuestra misión había terminado, habíamos reunido a Fidel con su familia, podíamos volver a la prisión. Cuando estuve apunto de decir que nos fuéramos, vi como Vanesa le quitaba el bloc de dibujo a Fidel y se lo ponía en la cara al padre de este.
-¿Qué significa esto?- dijo Vanesa señalando el dibujo donde salía Ray.
-Es Raymundo. Es un buen muchacho-respondió Manuel con una media sonrisa.
-Si, ya se quien es. ¿Dónde esta?-quiso saber Vanesa.
-Esta en nuestro campamento a las afueras de Alcoy. Lo rescatamos en Banyeres. Os llevaremos hasta allí si no tenéis inconveniente-
Todos nos miramos. Mis amigos no sabían si fiarse de aquellas personas, pero no nos habían desarmado y nos habían salvado, pero en su momento también lo hicieron los rusos y aquello fue un desastre.
-Nos habéis salvado, pero no por eso vamos a confiar en vosotros- dije yo.
-Podéis acompañarnos, en ningún momento os despojaremos de vuestras armas. Somos de fiar aunque no os lo creáis- me dijo Manuel sonriendo.-¿Tu estas al mando?-
Miré a los demás y entonces asentí con la cabeza-Si, soy yo el que esta al mando-
Manuel me miró y sonrió de nuevo. No me gustaba para nada esa sonrisa, me recordaba demasiado a Smirnov.
-Creo que debemos hablar en privado joven-
-Me parece que no- le negué- Nosotros trajimos a su hijo hasta aquí para que se reuniera con su familia. Ya lo hizo, nosotros volvemos a nuestro hogar-
-¿La cárcel?-
La pregunta de Manuel me cogió por sorpresa.-¿ Como sabes lo de la cárcel?-
-Te dije que os habíamos estado vigilando desde que salisteis del internado de los chicos. Os hemos estado escuchando en todo momento para ver si erais buena gente. Para saber si no erais como otros grupos con los que nos hemos encontrado, si te soy sincero…pensaba que erais peligrosos y ya estábamos pensando en atacaros y quitaros a mi hijo por la fuerza, ese era el plan que teníamos cuando mi hermano y yo entramos en la casa, pero cuando vi que Fidel estaba a salvo deseche esa posibilidad. Además…- la cara de Manuel cambió de golpe.
-¿Qué pasa?-pregunté.
-Debo decírtelo en privado-
-¡¡No!! Quiero saberlo ahora- grité.
-Hace unos días hubo una explosión en la prisión. No sabemos que ha pasado-
El corazón me dio un vuelco. El presentimiento que había tenido de repente tomaba un macabro sentido. Miré a mis compañeros nuevamente y estos me devolvieron la mirada.
-Os llevaremos de vuelta- dijo Manuel- Podéis confiar en nosotros-
Todos nos subimos a los vehículos y nos pusimos en marcha hacia Alcoy. Teníamos que volver cuanto antes.

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