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viernes, 2 de diciembre de 2011

Capitulo 131 : Avaricia , part 3


Roache se sentía completamente pletórico, había dado esquinazo a esos malditos. Unas horas antes del ataque había huido de allí con sus mejores hombres, dejando solos a los que el consideraba morralla. Antes del ataque había descubierto a un grupo de espías, estos, antes de morir, le habían contado todos los planes de su jefe y sobre el ataque que estaba previsto.
Roache no se lo pensó mas, se largo del campamento casi a escondidas de los otros, ya no le interesaba el campamento, tenía en su poder todo lo que quería. Ahora se encontraban en plena carretera alejándose de allí hacia Madrid, donde por las buenas o por las malas, el gobierno pagaría por haberle traicionado de ese modo.

Saliendo casi de la comunidad Valenciana decidieron parar para repostar, había no muertos cerca, pero sus hombres darían buena cuenta de ellos en pocos minutos.
Deseaba llegar a Madrid, plantarse en medio del bunker y amenazarles allí con la bomba, esta no estaba acabada tal y como estaba planeado, se habían dejado a Leslie en el campamento y a esas horas, según Roache, ya estaría mas que muerto, o bien tiroteado por los asaltantes o bien devorado por los no muertos que se habrían colado en el interior durante el asalto. Realmente lamentaba haberse perdido ese gran espectáculo, se imaginaba a un grupo armado y muy bien preparado entrando a saco en el campamento y arrasándolo todo, desde joven, esas situaciones le disparaban la adrenalina, pero también se excitaba, lo disfrutaba, era lo que sentía cuando mataba a un enemigo, pero en esos momentos, su avaricia era la que tomaba el control de su cuerpo y mente, pero sobretodo, la dulce venganza.
Un soldado francés le sacó de sus pensamientos.- Coronel, hemos tratado de contactar con los hombres que quedaban allí, nadie contesta-
-Todos están muertos, es inútil. Nos quedaremos aquí un par de horas y luego seguiremos-
En ese momento escucharon dos disparos que venían de una gasolinera, seguidamente, dos hombres salieron de allí, uno de ellos sangraba por el brazo. Roache se acercó a ellos y observó al herido, seguidamente le disparo a la cabeza.
-Coronel, no le habían mordido. Nos ataco un infectado, pero lo matamos, se hirió al caer-
Roache sonrió y luego miro al soldado.- Ya lo sabía, no tenía pinta de mordisco, pero no quiero torpes entre mis hombres… seguid asegurando esto, no quiero a ningún bicho de esos cerca de mi, ¡apestan!-
***********
Lujan se sentía frustrado. La supuesta vacuna no servía para nada, habían hecho que un podrido mordiera a uno de sus hombres y le habían puesto la vacuna seguidamente, pero esta no había hecho nada y el pobre desgraciado había muerto sin remedio y revivido a los diez minutos, lo habían tenido que matar. Cuando eso ocurrió se encargó de hacerlo Irina, algo que la chica disfruto tremendamente.
Irina miraba a Lujan, este sentía rabia y su mirada era totalmente inquietante.
-Volveremos a Madrid-
-¿Para que?, la zona es totalmente inhabitable, hay demasiados podridos-contestó Irina.
-Nos mantendremos en las afueras. La vacuna era falsa o al menos esta no funciona. Por lo tanto al franchute lo han timado a base de bien. Teniendo en cuenta que es un cabrón…, ese ha ido a vengarse del gobierno que queda allí. Eso es seguro-
-¿Les atacaremos?-
-No. De momento…- Lujan miró el maletín de las vacunas.- Esta vez haremos bien las cosas. No creo que el franchute se arriesgue jodiendo al gobierno a la primera, estos deben tener una fuerte escolta. Así que bueno…, esperaremos a que ese payaso les quite las vacunas, luego nos encargaremos de el, le quitaremos entonces vacunas y bomba-
-¿Y si la bomba explotase?, ¿y si la lanzan?-preguntó Irina inquieta.
-No me digas que te asusta eso. A ti…-
-Pues si, me asusta. No quiero morir-
-Tranquila…, no hay de que preocuparse. No creo que ellos se arriesguen tampoco-
Lujan comenzó a serenarse y entonces sonrió ampliamente. Tenía un plan, un plan que tenía por seguro que no iba a fallar. Sus hombres lo seguirían hasta el final.
********
Salí corriendo en la dirección por la que se habían largado los chicos, cuando me encontré con ellos vi que faltaban dos de ellos. Uno era Ezequiel y el otro era un chico llamado Mark. Casi nos chocamos a la carrera y la mirada de Cayetano era un poema, esta me dejaba muy claro lo que había pasado. De nuevo todos juntos comenzamos a correr por los pasillos. De vez en cuando algún infectado se cruzaba en nuestro camino. Pero yo era el primero en atacar alzando el fusil como si fuera un garrote.
Llegamos a un amplio hall, allí no se veía a ningún no muerto, lo cruzamos corriendo y rápidamente nos encontramos en un comedor.
-Están muertos. Ezequiel y Mark. Salieron de una esquina de repente, habría más de veinte. Los agarraron y desparecieron entre un mogollón de manos. Solo escuchábamos los gritos-
-Estamos atrapados. No saldremos de aquí- dijo Estefanía entre sollozos.
-Ayudadme con ese armario de ahí-dije señalando un gran armario.
Todos los chicos y yo lo arrastramos hasta bloquear la puerta en la que no tardamos en escuchar los golpes que propinaban los no muertos. No sabía cuanto tiempo podrían tardar en echarla abajo.
-Tú tienes la culpa, tu plan era una mierda desde el principio- dijo uno de los chicos acercándose a mí para golpearme, pero fue Cayetano quien lo paró dándole un puñetazo.
-Si no fuera por el… ya estaríamos muertos. Vino a rescatarnos aquí después de atravesar el pueblo jugándose la vida. Así que como vuelvas a intentar algo…, te hare pedazos- Cayetano me miró- ¿Tienes algún otro plan?-
Me acerqué a una ventana y miré. Desde ahí se veía la calle que pretendíamos tomar para llegar hasta el camión de SEUR, luego miré a Cayetano.
-No estamos demasiado lejos. Si corremos llegaremos rápidamente-
-Somos diez personas. No vamos a caber todos en el camión- dijo Estefanía tratando de convencerme que era un error salir ahí fuera.
-No nos queda otra y lo sabes. Vamos a correr y punto-contesté.
-¿Estas loco?-preguntó uno de los chicos.
-Es muy probable. Ya llevo un tiempo metido en todo esto y empiezo a dudar de mi salud mental-contesté con ironía.
Me acerqué a la ventana y la abrí. Miré al exterior y me fijé en que teníamos esa calle despejada casi del todo, solo habrían unos pocos no muertos. Miré a mis compañeros y les hice un gesto para que me siguieran.
Poco a poco nos plantamos en el exterior y comenzamos a correr por la calle hacia la gasolinera. No tardamos en llegar, corrí hacia la cabina del conductor y me asomé al interior de la furgoneta. Vi como algunos chicos subían a la parte trasera.
-¿Están las llaves puestas?-preguntó Cayetano llegando junto a mi.
Yo miré al contacto y vi que ahí no había nada. Mire debajo del asiento y nada, en el salpicadero y nada. Las llaves no estaban. Juré en voz alta y le di una patada a la puerta, fue entonces cuando escuché un gemido a mis espaldas, me di la vuelta y vi a un no muerto que salía del interior de una tienda, este llevaba el mono de trabajo de SEUR, si las llaves estaban por allí, las llevaría el encima. Alcé mi pistola y me acerqué a el, cuando estaba a tres metros de el dispare y la bala le entro por la frente volándole la tapa de los sesos. Cuando el no muerto se desplomó me abalance sobre el y comencé a rebuscar en los bolsillos de su mono de trabajo, no había nada salvo un paquete de tabaco y algunos albaranes manchados de sangre reseca y negruzca.
-¿Qué coño pasa?-preguntó Cayetano desde el camión.
-Pasa que este cabrón no lleva las llaves-
Cayetano se acercó corriendo a mí y comenzó a rebuscar entre las ropas del cadáver, fue entonces cuando escuchamos los gritos de los demás. Los no muertos habían abandonado el colegio y ahora avanzaban hacia nosotros por la calle. Cada vez más cerca. Podía escuchar los gritos y sollozos de los que estaban en la parte trasera. Me estaban poniendo nervioso, lancé un grito y le quite el seguro a mi fusil, luego miré a Cayetano.
-¿Sabrías puentear el coche?-
-Si, creo que si-
-Hazlo, yo me ocupo de estos-
Cayetano corrió hacia la cabina del camión y se subió mientras yo corría en dirección a la horda. Tenía que elaborar rápidamente un plan, lancé un grito en dirección a la horda que crecía y corrí hacia ellos.
-Por aquí cabrones. Seguidme- disparé al aire repetidas veces para que la horda se centrara en mi.
Cuando logré que se fijaran en mi, comencé a correr por una calle, no deje de mirar a la horda hasta que estuve seguro de que los estaba alejando de los chicos. Lo había logrado, pero ahora tenía un serio problema. Tenía más de mil no muertos pisándome los talones y yo estaba solo en medio de una calle de un pueblo que no conocía. Si por desgracia llegaba a un callejón sin salida, estaría jodido del todo.
Tenía a la horda a unos cien metros por detrás, me giré hacia ellos y dispare repetidas veces, no me importaba si los mataba o no, me importaba más que estos se fijaran en mí, solo en mí.
Derribe a uno y este cayó al suelo haciendo tropezar a algunos que venían detrás. Cada vez estaban mas cerca. Estaban rabiosos y los que no gemían lanzaban gritos animales y sobrehumanos.
-Vamos. Seguidme mal nacidos-
**********
El tiempo límite se acercaba y nadie había vuelto al internado. Rey ya no tenía muchas esperanzas en que nadie volviera, podría matar a los prisioneros o bien venderlos como esclavos.
Rey había salido del internado a escondidas  seguido por varias de las chicas embarazadas y las había ordenado que se quedaran en un cobertizo, Gloria estaba entre ellas, todas tenían una tela negra en la cabeza y tenían las manos atadas a la espalda, todas las chicas estaban apunto de dar a luz.
Rey estaba nervioso, las chicas no iban a ser un problema, les había suministrado un dosis pequeña de sedante, esperaba que eso no hiciese daño al bebe que había en sus entrañas. Miró el reloj y luego al camino, era como si estuviese esperando a alguien.
No tardó en ver aparecer un camión que llegaba por el camino. Cuando este llego junto a Rey, de el se bajaron varios hombres de varias edades, todos adultos. Uno de ellos se acerco a Rey y lo contemplo con una amplia sonrisa.
-¿Cómo estas Guillermo?-preguntó el tipo sonriente.
Rey agachó la cabeza y saludo al hombre en voz baja.- Buenas tardes doctor-
El doctor contemplo a las chicas y se acerco a ellas para palpar sus abultadas barrigas, eran ocho chicas en total.
-Muy buen trabajo. ¿Cómo están las demás?-
-Aun les queda. Estas están apunto de parir-contestó Rey.
El doctor miro a sus hombres y les ordeno a sus hombres que subieran a las chicas al camión. Cuando las subieron el doctor se acercó a Rey y le entregó un paquete.
-Ahí va lo que te prometí-
-¿Y me da su palabra?- Rey miró al doctor con lagrimas en los ojos. - ¿Me da su palabra que no me harán nada?-
El doctor sonrió y puso sus manos en los hombros de Rey.- Soy un hombre noble, puedes confiar en mí, serás intocable mientras nos proporciones chicas embarazadas-
-Hay algo más doctor…-
Rey condujo al doctor a un pequeño cobertizo. Cuando el doctor se asomó vio un bulto en un rincón sollozando, luego miró a Rey.
-¿Qué hace aquí?, ¿Quién lo trajo?-
-Unos forasteros. Están presos-
-Liberales-dijo el doctor dándose la vuelta.
Cuando el doctor y sus hombre se marcharon con las chicas, Rey volvió al interior del internado mientras pensaba que no tenía el porque liberar a los forasteros, no a todos, allí había chicas que podían servirle.

1 comentario:

  1. la ostia para que coño les entrega a las preñas al doctor ese de los cojones, este guillermito va ser peor que nuestro querido amigo roache y irina juntitos... veremos a ver que pasa.. cada vez se las haces pasar mas putas juanma. capitanpintaroja.

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