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viernes, 2 de diciembre de 2011

Capitulo 131: Avaricia , part 2


Me asomé por la ventana y mire hacia arriba. Allí vi al resto de chavales. Les hice una señal para que estuvieran preparados, seguidamente me agarre a la farola y comencé el descenso hacia el camión, iba a ser el claxon del camión el que iba a hacer sonar. Mientras bajaba veía a los infectados alzar los brazos hacia mí, escuché los disparos y vi caer a varios infectados tras ver como se abrían boquetes en sus cabezas. Por fin llegué hasta el capó del camión, me deslice hasta el interior y los no muertos centraron en mi toda su atención. Estos alzaban los brazos, algunos comenzaban a trepar hacia el interior de la cabina donde yo me encontraba, pero los recibía con patadas. Eso no me dejaría trabajar. Grité a Estefanía para que disparara sobre ellos, pero sus manos temblaban y era incapaz de disparar.

Cayetano estaba cubriendo a Estefanía por si algún no muerto aparecía por el pasillo, este al ver que no disparaba se la quedo mirando.
­-¿ Que haces?. Dispara-
-¿Y si le doy a el?-preguntó Estefanía.
-No tengas miedo y hazlo-
Estefanía apuntó de nuevo y descargó una ráfaga sobre los no muertos y el camión, yo tuve que agacharme en el asiento para evitar que me diera, cuando me asome de nuevo, la mire y sonreí. Me había quitado un gran peso de encima.
Rápidamente puse mis manos sobre el claxon y apreté con fuerza, el sonido del claxon puso a todos los no muertos como locos, tanto que algunos arremetían salvajemente contra las puertas del camión y trataban de abrir las puertas. No había pensado en todo eso, esos momentos eran lo peor, me las apañe para mantener el claxon enganchado y que este siguiera sonando, seguidamente  me deslicé hacia fuera, con tan mala suerte que me corte con uno de los cristales de la luna delantera en una pierna. Cuando Salí, me quede de pie sobre el capó mientras disparaba a los no muertos, me quede extrañado que solo se escuchasen los disparos de Estefanía, cuando mire hacia arriba me quede horrorizado, los que se suponía que tenían que cubrirme desde allí, habían desaparecido, solo me cubría Estefanía. Rápidamente comencé a pasar por encima de la farola en dirección al interior, cuando llegué hasta la ventana salté al interior, donde me encontré con Estefanía y Cayetano.
-¿Qué ha pasado?-pregunté. – Los de arriba han dejado sus posiciones-
No tarde en escuchar pasos apresurados por los pisos de arriba, golpes y disparos, seguidos de movimiento de verjas. Los chicos habían olvidado por completo el plan y pensaban que todo había acabado, pero para nada era así, y ese fallo nos ponía a todos en peligro. De pronto, el claxon dejo de sonar, al mirar por la ventana vi a al menos tres no muertos en la cabina moviéndose frenéticamente, quizás alguno había dado un golpe al claxon y lo había desenganchado. Las cosas se habían torcido de mala manera.
***********
Los cuerpos de los franceses a los que Hanzo había matado yacían en el suelo con la cabeza separada del cuerpo. Junto a los cuerpos estaba Hanzo arrodillado y rezando algo en japonés , algo que Jorge no alcanzaba a comprender, cuando Hanzo terminó de rezar, se puso en pie.
-¿Qué estabas haciendo?-
-Rezar por que sus almas encuentren la redención- contestó Hanzo envainando la katana.
-Vale… ¿Qué planes tienes?-preguntó Jorge.
-En primer lugar volver al campamento. Una vez allí diremos que los otros han muerto. Entre los dos sacaremos a tus amigos y los demás que están allí retenidos. Era ese tu plan en un principio. ¿No?-
-Si, ese era- contestó Jorge apoyándose en la pared.
-Pues que el plan siga adelante. De todos modos… no lo habrías logrado tú solo-
-¿Por qué lo dices?-preguntó Jorge.
Hanzo le hizo un gesto a Jorge y le pidió que le siguiera hasta el salón, allí los dos tomaron asiento. Hanzo comenzó a hablar.
-Conozco a los tipos como Roache. Son tipos a los que los corroe la avaricia. Lo quieren todo, antes de venir a España y mucho antes de que el mundo se fuera al infierno… vivía en Tokio. Mi estilo de vida en ese momento no era precisamente la mejor debido a los negocios de mi familia-
-¿Yakuza?-
-Correcto. Yo era una de las manos ejecutoras, un asesino bastante frio… hasta que ocurrió algo.-
-¿Qué ocurrió?-
-Conocí  a una mujer, me mandaron matarla. Pero no pude… me enamore de ella. Ella era española, la hija de algún miembro del gobierno me dijeron que era. Estuve un tiempo vigilándola, conociendo sus costumbres…, lo suficiente como para montar un plan de asalto y dejar pocas pruebas que incriminaran a los yakuza , aunque bueno, la poli no es que hiciera mucho por ello.-
-¿Qué ocurrió después?-
- Tuve que dejar el país junto a ella- en ese momento los ojos de Hanzo se humedecieron- Pasamos los mejores años de nuestra vida en España, tuvimos dos hijos. Fue entonces cuando mi pasado volvió. No puedes dejar la mafia por que si… Tienen demasiados trapos sucios como para permitir que alguien la deje y se vaya de la lengua-
-Te convertiste en el principal objetivo-
Hanzo asintió.- Algunos viajaron a España para acabar con nosotros, cuando eso ocurrió, se comenzaban a dar los primeros indicios del Apocalipsis y después lo de la bomba atómica que lanzaron en Tokio, fue ahí cuando pensé que nos habíamos librado de todo, baje la guardia, me confié…-
-¿Fue entonces cuando comenzaron las evacuaciones?-preguntó Jorge.
-Si. Ella al ser hija de político tenía preferencias, así que enseguida tuvimos un helicóptero de las fuerzas armadas españolas esperando en nuestro jardín para llevarnos al punto seguro de Tarragona. Así que nos llevaron allí-
-¿Qué tiene esto que ver con…?-
-Déjame continuar…, la avaricia es entonces cuando empieza a tomar forma de manera peligrosa. Los sicarios enviados se guiaban por ella, aun sabiendo que ya nadie les iba a pagar el trabajo… seguían empeñados en acabar con nosotros. Y nos siguieron hacia el punto seguro-
Jorge sintió en ese momento un escalofrió.
-El punto seguro de Tarragona era el mas grande y quizás el mas protegido. Había millones de supervivientes allí refugiados, tantos de diferentes países que era imposible saber quien era amigo o enemigo… realmente allí nadie era amigo de nadie, ya sabes como es el ser humano…, pero la cosa se complico cuando esos malditos no se detuvieron ante nada…-
-¿Qué pasó?- preguntó Jorge tragando saliva.
-Quisieron acabar conmigo por la vía rápida. Una noche, abrieron las puertas del punto seguro. Los podridos se colaron en el interior y masacraron a todos los supervivientes. Mis hijos y mi mujer entre ellos-
-Dios….-
-La avaricia no les hizo detenerse ni con el apocalipsis. Roache es igual, nada lo detendrá. ¿Sabes que alcance destructivo tiene una bomba nuclear?. ¿ Recuerdas Hiroshima o Tokio en los primeros días de la pandemia?. Ya no será solo la explosión, si no la radiación que nos cogerá de lleno. Hay que detener a Roache y deshacernos de esa bomba-
-¿Cómo se yo que no me traicionaras?-preguntó Jorge.
-No te he matado… eso es ya una prueba- contestó Hanzo- ¿Y que hay de tus amigos?-
-Ahora mismo para ellos soy un traidor, me matarían nada mas verme, en especial Juanma, el no se lo pensara dos veces, y lo entiendo, le dispare en el campamento-
-Entonces tendrás que ir desarmado y con las manos en alto cuando te encuentres con ellos- dijo Hanzo.
-Bien, volvamos al campamento de Roache- contestó Jorge.- Respecto a los míos, ya se me ocurrirá algo-
*****************
Cuando vi llegar por el pasillo al resto de chicos, sentí un arranque de rabia, ellos habían abandonado sus posiciones antes de tiempo, al primero que vi fue a Ezequiel, lo primero que sentí fueron ganas de acercarme a el y darle un buen puñetazo. Me acerque corriendo con el puño en alto, pero este me paro en seco apuntándome con su AK-47.
-Dame tus armas, vamos-
-Zequi. ¿Pero de que vas?-preguntó Cayetano.
-Nosotros nos vamos. El se queda, ya sabes las normas de Rey. No confiar en los adultos-
En ese momento Estefanía y Cayetano alzaron sus armas en mi defensa.
-Venga, atrévete a dispararle. ¡¡¡Venga!!!, y yo me atreveré a dispararte a ti- exclamó Estefanía.
En ese momento se escucharon varios cristales romperse, seguidos de golpes en puertas  y pasos sobre cristales rotos. Me aparte de Ezequiel y me asomé por la ventana, miré hacia abajo y vi como los no muertos entraban en tropel, estaban entrando dentro, estaban rabiosos y muy excitados después del ruido del claxon y de el ruido producido por los chicos al correr por los pisos superiores.
-¿Qué pasa?-preguntó uno de los chicos.
-Que estamos jodidos… eso pasa- me volví para mirar a los chicos.- Salgamos de aquí perdiendo el culo-
Ezequiel volvió a apuntarme con su fusil.- Tu te quedas, ya nos has traído demasiados…-
No le dejé terminar, le arrebate rápidamente el fusil y luego le di un codazo en la cara. El chico cayó al suelo con la mano tapándose la nariz.
-¡¡¡Cabrón!!!, te voy a denun…-
-¿A denunciar?.  ¿Acaso no ves tu alrededor?- cogí al chico en volandas y los puse de pie.- Todo el jodido mundo se ha ido al infierno, ¡¡¡Todo!!!, así que mejor deja de comportarte como un gilipollas y sígueme si quieres seguir vivo-
Mientras corríamos por los pasillos podíamos escuchar los gemidos en los pisos de abajo. Llegamos a unas escaleras que daban al primer piso. Allí vimos a una horda que enseguida que nos vieron aceleraron el paso, estos comenzaron a subir los escalones tambaleándose en dirección a nosotros.
-¡¡Atrás!!- les grité a los chicos.
Nos dimos la vuelta y comenzamos a correr por el pasillo alejándonos de la horda que comenzaba a tomar el último escalón. De vez en cuando me giraba para mirar la cada vez mas numerosa horda, de pronto me paré y comencé a disparar a la horda.
-¿Qué haces?-preguntó Cayetano.
-Mantenerlos a raya, vosotros seguid, tratad de llegar a la gasolinera-
Ezequiel cogió a Cayetano del brazo y trató de alejarlo.- Deja que se las apañe el solo- 

Mientras los chicos se alejaban yo me quede disparando sin cesar. Los no muertos a los que mataba se quedaban en el suelo bloqueando el avance de los demás, eso me daría ventaja, aunque no demasiada, miré a mi derecha y agarre un extintor, este lo lancé contra la horda y luego dispare contra el, dejando que el contenido se saliese. Algunos no muertos quedaron desorientados y se golpeaban con los otros. Me di media vuelta y comencé a correr. Había perdido de vista a los chicos, fue entonces cuando escuche disparos en el piso de abajo y después gritos, gritos de dolor y angustia.

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