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viernes, 25 de noviembre de 2011

Capitulo 130 : Ataque nocturno , part 2


Lidia había sido localizada entre los escombros, todavía estaba viva. Alicia se había deslizado hacia el interior de aquel agujero con una botella de agua para que Lidia pudiese beber. Lidia bebía con ansia y Alicia comenzaba a temer por su vida, estaba muy débil. En ese momento Gorka descendió también al interior del agujero, portaba una radial.
-¿Para que es eso?-preguntó Alicia.
-Para cortar ese hierro, si no se corta no podremos sacarla de aquí-dijo Gorka señalando al hierro que había clavado en el vientre de Lidia.
Lidia comenzó a murmurar algo en voz baja y Alicia acercó el oído para escuchar lo que Lidia decía.
-…Juanma…¿Dónde estas?... ven pronto… no me queda…-
-Delira…-dijo Gorka mientras encendía la radial y comenzaba a cortar el hierro.
Alicia cogido las mejillas de Lidia y le beso en la frente.
-Pronto estarás fuera. Resiste-
**************
Se me había pasado el mareo del todo. Era el momento de volver a intentarlo, había dado la vuelta del todo al pueblo y había visto claramente la calle que tenía que tomar. Iba a tener que ser rápido. Me acerque a la zona y desde allí visualice toda la calle recta, al final se veía el edificio del colegio , el camión y  la muchedumbre de no muertos, de vez en cuando hasta mis oídos llegaban los sonidos de los disparos que la panda de críos efectuaban contra los no muertos.
Respire hondo, puse las manos sobre el volante y pise el acelerador. El Ume comenzó a recorrer la calle a gran velocidad, algunos no muertos que se cruzaron salieron volando tras recibir el impacto del Ume, estos salían volando por encima o salían volando hacia los lados. Mientras me acercaba a gran velocidad, algunos de los no muertos que rodeaban el colegio se fijaron en mi y comenzaron a avanzar, me los quite de en medio rápidamente y enseguida me vi junto al camión rodeado de no muertos. Pronto me vi rodeado, estos aporreaban los lados del Ume y los cristales, no tardarían en agrietarlos. Miré hacia arriba y me fije en la ventana del techo, mi única salida, apunté con mi arma y dispare tres veces, los cristales llovieron sobre mi y me incorporé. Me deslicé como una anguila hacia arriba al tiempo que un no muerto atravesaba la ventana del conductor con la cabeza. Me quede en cuclillas sobre el techo del Ume, disparé a un no muerto que se había subido a rastras desde la parte trasera, una adolescente que iba desnuda y presentaba una fea herida en la espalda, un segundo no muerto comenzó a trepar hacia mi, no dispare, le asesté una fuerte patada en la cara y este cayó por el lado libre del Ume donde solo había no muertos alzando los brazos. Rápidamente me encarame por la loma verde del camión y comencé a trepar como un mono.
Una vez sobre el camión, fuera del alcance de los no muertos, me acerqué hasta la farola y me agarré a ella, esta tenía parte empotrada en el camión y la otra parte estaba atravesando la ventana del segundo piso formando un puente. Mientras lo recorría, pude ver como los chavales me miraban desde la terraza como sorprendidos con mi llegada.
El cristal estaba semi entero, solo estaba el agujero que había provocado la farola, de un salto atravesé el cristal y caí rodando al interior del pasillo. Me incorpore rápidamente apuntando en todas direcciones, al final del pasillo vi una puerta cerrada con cadenas y apuntalada apresuradamente y además mal, al otro lado unos no muertos, de numero indefinible, arremetían contra la puerta. Cuando me di la vuelta me encontré con el negro cañón de un AK-47 apuntando a mi cara.
-¿Quién cojones eres?- preguntó un chico.
-Soy Santa Claus. No te jode- contesté con ironía. - ¿Nadie os avisó que venia?-
-No se de que me hablas. Tira las armas ahora mismo cabrón-
Miré al chico y vi que se trataba del mismo que aparecía en la foto que me había dado Gloria. Dejé las armas delante de mí y puse las manos detrás de la cabeza mientras miraba al chico.
-Me manda Rey…Y tu novia…Gloria, ella me dio una foto tuya para que te encontrara. ¿Nadie os avisó de mi llegada?-
-Aquí nadie dijo nada-
Mientras yo permanecía arrodillado con las manos detrás de la cabeza y con el chico apuntándome a la cara, la puerta se sacudía violentamente. De vez en cuando algún no muerto metía los brazos. El chico se estaba poniendo nervioso por momentos y temblaba de pies a cabeza.
-Escucha…- dije al tiempo que me quitaba las manos de detrás de la cabeza y le mostraba las palmas de mis manos.- Esa puerta no resistirá mucho. ¿Habéis asegurado mas aparte de esa?-
-¿Qué?- preguntó el chico confuso.
-¿Que si os habéis encargado de cubrir todas las puertas?- volví a preguntar.
-Creo que si-
-¿Crees?-
De un salto me puse en pie y el chico saltó hacia atrás sin dejar de apuntarme.
-No te muevas. Juro por dios que te disparo-
-Si me disparas…, dile adiós a la oportunidad de salir de aquí de una pieza. Llévame con tus compañeros ahora mismo, no hay tiempo que perder-
El chico no dejaba de apuntarme, no se fiaba de mí.
-Si me vas a disparar hazlo, pero no dudes tanto-
-Si…sígueme- el chico se apartó para que pasara delante de el. – Pero intenta algo raro y te juro que…-
El chico no acabó la frase, comencé a andar con el pisándome los talones y apuntándome hasta que llegamos a una sala donde se encontraban los demás chicos y chicas, los que había visto en la terraza mas tres mas, cuatro contando a uno que estaba tumbado en un colchón sucio con una herida en el brazo, un total de trece personas. Una chica delgada, morena, de cabello largo y ondulado con unos enormes ojos marrones se quedo mirándome, no tenía mas de catorce años y sin embargo estaba allí con un AK-47 en las manos.
-Bonita entrada. ¿Quieres matarnos a todos?- dijo la chica.
-No, para nada. Vine a ayudaros, me manda Rey-contesté.
-Estefanía- le dijo un chico a la muchacha que se había acercado.- Sube a la terraza y ponte en contacto con Rey, que te diga si lo que dice este perro es cierto-
Uno de los chavales se acercó a mi y me puso unas esposas, este me dejo esposado a una tubería del gas, estaba completamente indefenso. Estefanía se marchó y yo me quedé allí viendo como me vigilaban, de vez en cuando alguno se tomaba el detalle de escupirme encima. Cuando le lanzaba una mirada, el chico se limitaba a mirarme y a sonreír.
-No puedes ponerme una mano encima. Soy menor-
Esos chicos parecían no darse cuenta de que el mundo se había ido a la mierda de forma definitiva. Por lo tanto la ley del menor ya no existía. No pude evitar mirar al herido, este presentaba un aspecto horrible, su aspecto no era nada halagüeño y la herida del brazo era una señal clara de lo que le iba a pasar.
-¿Por qué no le habéis matado ya?, ¿estáis esperando a que muera?-pregunté intentando saber por que el herido, seguramente mordido, seguía ahí.
-¿Matarle?. Se pondrá bien, solo le han mordido- contestó el menor.
En efecto lo habían mordido, era tal y como me había imaginado, pero allí seguía aquel muchacho. Muriendo poco a poco, se iba a reanimar.
-¿Qué dice este?-preguntó otro de los chicos.
-Que lo matemos. Quiere que matemos a Fabio- contestó el menor.
En ese momento, el segundo chaval se adelantó rápidamente y me asestó una fuerte patada en la cara. Sentí un fuerte dolor y después el sabor de la sangre en mi boca, escupí  y sobre el suelo deje una mancha de saliva mezclada con sangre. En ese momento escuché el ruido de un arma cargándose, el chico me estaba apuntando.
-¿Y si es a ti a quien matamos?- me puso el cañón en la cabeza.- ¿Que me impide hacer un Picasso con tus sesos en esa pared de ahí?-
Yo lo miré y le dedique una sonrisa.- No eres mas que un crio que las únicas personas que has matado han sido en videojuegos, matar a alguien no es lo mismo. El cargo de conciencia te seguirá siempre. Probablemente no soportes la presión y te acabes matando solo, o ya lo harán los podridos, pero tu puedes darte por muerto si me matas. No tenéis la menor posibilidad sin mí-
-Que gordos los tienes-dijo el que me apuntaba.
En ese momento el herido se sacudió un poco y uno de sus compañeros se apresuro para bañarle la frente con un trapo húmedo, luego el chico que le mojaba la frente nos miro a todos.
-Esta ardiendo-
La cara del chico era un autentico poema. Se notaba que no tenía ni idea de que hacer con su compañero.
-Le han mordido, es cuestión de tiempo que se convierta en uno de esos seres-dije tratando de que todos me miraran.
Algunos de los presentes se miraban entre si como decidiendo si decía la verdad o mentía.
-¿De que cojones estas hablando?-preguntó el que me apuntaba.
-¿Es que no sabéis nada?. Cuando uno de esos seres te muerde, la herida te mata y cuando mueres, enseguida te levantas como uno de ellos, tener aquí a ese chico es como tener una bomba de relojería a punto de explotar-
-¿Se supone que debemos creerte?-preguntó otro de los chicos.
Otra patada, esta vez en la boca del estomago me dejo completamente dolorido y con la cabeza sobre el pecho mientras jadeaba de dolor.
-Cállate ya. No eres más que un adulto mentiroso. Como todos-
La chica que respondía al nombre de Estefanía volvió a la sala, me miró y luego miró a sus compañeros.
-Dice la verdad. Lo manda Rey-
En ese momento alcé la cabeza y los miré a todos.
-Os lo dije-
-Rey también dijo que te tuviéramos vigilado y que nos sacarías a todos de aquí- contestó Estefanía.
-Entonces quitadme las esposas- contesté.
-¿Para que mates a nuestro amigo?-preguntó el que me había golpeado.
-¿Por qué quiere matar a Fabio?-preguntó Estefanía.
-Este cabrón dice que convertirá en uno de esos seres-
-Os estoy diciendo la jodida verdad. Cuando muera y se reanime vendrá a por nosotros- les repetí otra vez.
Todos me miraban como si yo estuviera loco, como si lo que decía solo fuese una fantasía de un demente, pero yo sabía como funcionaba todo aquello y también sabía que a ese chico no le quedaba mucho tiempo, su vida se apagaba. Una nueva convulsión sacudió todo su cuerpo y vomitó algo de color rojo oscuro, era sangre. Los demás se lo quedaron mirando, alguno apartó la vista.
-¿Es que no lo veis?. Se muere- les dije.
-¿Qué hacemos?, quizás diga la verdad-dijo Estefanía lanzándome una mirada.
-Esperaremos. Si miente lo mataremos-
Esos chicos no tenían ni idea del mundo que les rodeaba y yo iba a tener que sacarles de allí, lo malo era que estos no parecían dispuestos a colaborar. Las cosas pintaban realmente mal.

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