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sábado, 8 de octubre de 2011

Capitulo 123 : Habitacion con vistas , part 4

Ramiro siguió conduciendo por el pueblo esquivando pequeños grupos. Necesitaba algo más antes de volver a casa con sus queridos hijos. Necesitaba ropa limpia para su amada hija. Llego a una tienda y dejo a los perros fuera, si algún "gris" se acercaba, ellos le darían la alarma con sus ladridos. Las puertas de la tienda estaban abiertas de par en par, así que se preparo por si dentro había algún gris esperando para saltar sobre el.
-Poco a poco-se decía
Puso los pies en el interior cubierto de sombras, tenia que encender la linterna que llevaba en el chaleco, cuando había alumbrado toda la estancia, avanzo cautelosamente y escuchando los sonidos de su alrededor, escucho el ruido de las uñas de las ratas cuando salían corriendo al ver su sombra.
-Condenados bichos-
Si algo asqueaba a Ramiro eran las ratas y las cucarachas, en los primeros días del brote se dijo que aquellas malditas alimañas eran las principales causantes de la pandemia, sus portadoras. Aunque en la radio y televisión se discutían innumerables teorías sobre los principales motivos de la pandemia. Ataques de bioterroristas, fuga de un virus....
-Gilipolleces habladas por gilipollas-
Camino mas hacia el fondo de la tienda buscando la ropa de mujer, su niña había pegado el estirón y ya no le valía cualquier conjunto de ropa, Ramiro buscaba únicamente lo mejor. Esperaba que no hubiesen saqueado aquello sin compasión y así fue, los conjuntos de ropa estaban intactos, quizás un poco cubiertos de polvo por el paso del tiempo. De pronto vio algo que lo hizo pararse de golpe, unos pies asomaban por debajo de una pila de vestidos, a medida que se acercaba y los alumbraba con la luz, el dueño de los pies pareció reaccionar.
Ramiro espero a que el gris que una vez fue quizás el dependiente o el cliente asomara la cabeza, no tardo ni cinco segundos en dar la cara, se trataba de un hombre cuyo cuero cabelludo había sido arrancado a mordiscos, sus ojos estaban privados de vida y de su boca goteaba sangre mezclada con saliva.
El gris dio un paso hacia a el como si estuviese dudando en si debía atacar, pero Ramiro sabia que esos seres no dudaban, no tardaría en lanzarse sobre el. Ramiro no le dio opción, alzo su rifle de caza y apunto a la cabeza de aquel desdichado. La bala salió disparada del cañón y atravesó la cabeza del gris, manchando la pared de cuajarones de sangre, pequeños fragmentos de cráneo y sesos. Ramiro lo contemplo un rato, definitivamente aquellos seres, pese a su aspecto podrido y grotesco lo fascinaban.
¿Como era posible que unos seres muertos pudiesen caminar de nuevo?
¿Que extraña fuerza sobrenatural o natural los impulsaba a volver de la tumba para volver a caminar?
Recordó cuando pese a estar jubilado volvió a la comisaria el día del brote, deseaba entrar en servicio, pero el comisario Pino se lo negó tajantemente.
-Esta usted demasiado viejo y senil como para hacer nada. Vuelva a casa y cuando tenga ganas váyase a jugar a la petanca o a dar de comer a las palomas- le dijo
Horas mas tarde las hordas de grises tomaron la comisaria y no dejaron títere con cabeza, el comisario Pino acabo siendo uno de ellos y Ramiro lo despacho a gusto con dos balas en la cabeza, aquel día perdió a sus dos hijos, Iñaki y María, también perdió a su mujer Eloísa.
Pero después de tanto tiempo, había reencontrado a sus hijos y supo que estaba teniendo una segunda oportunidad, lo haría bien desde el principio, los cumpleaños que no estuvo con ellos, los regalos que nunca les hizo, era su nueva oportunidad y no la iba a desperdiciar.
Ramiro cargo varios vestidos en la camioneta y luego se subió a ella, era hora de volver a casa.

Sandra estaba buscando por todas y cada una de las puertas de la casa. Esta era bastante grande, por todo lo que estaba viendo se trataba de una especie de caserón. Llego hasta una habitación cerrada con llave, a través de esa puerta se filtraba un olor a podredumbre, como si algo al otro lado estuviese pudriéndose.
-¿Que habrá aquí?-se pregunto
-¿Que mas da lo que haya?, no te importa, preocúpate por escapar de aquí-se contesto a si misma.
De pronto escucho un ruido en el exterior y el ladrido de dos perros. El corazón casi se le paro. El viejo había vuelto.
Sandra comenzó a correr por el pasillo en dirección a la salita, se lanzo sobre el sofá y cerro los ojos para fingir estar dormida, entonces escucho como unas llaves abrían la puerta.
El viejo entro silbando y lanzo un grito.
-¡¡¡¡Papa esta en casa!!!!!-
Sandra no contesto, se limito a permanecer con los ojos cerrados.
-¡¡¡¡Papa esta en casa!!!!!-volvió a repetir.
Seguidamente, Sandra escucho el sonido de unos pasos que iban hacia ella, siguió sin abrir los ojos. De pronto y de improviso noto como la golpeaban con fuerza en la cara y dos manos se cerraban sobre su cuello, cuando Sandra abrió los ojos y trato de gritar, vio al viejo sobre ella con cara de furia, este la miraba como con odio mientras la estrangulaba.
-¡¡¡¡¡¡Te tengo dicho que cuando entre por la puerta vengas corriendo a darme un beso!!!!!-
Sandra comenzó a darle palmadas en los brazos para librarse de la fuerte presión que aquel loco ejercía sobre su cuello, notaba como la vida se le escapaba.
-Pa....-
-Pa.....pa...-logro balbucear Sandra
El viejo la soltó de golpe y la empujo contra el sofá de nuevo. Sandra comenzó a tomar aire con grandes bocanadas.
Aquel viejo casi la había asfixiado.
-Siento haberme puesto así, pero ya sabes como le molesta a papa que se le ignore cuando llega a casa...-el viejo se puso en pie mientras Sandra lo miraba con temor- Mira lo que te he traído- le mostro los vestidos- Adelante, pruébatelos-
Sandra tosió de nuevo y no estaba dispuesta  a cambiarse de ropa delante de aquel lunático, fue entonces cuando vio la cara del viejo, este estaba volviendo a enfurecerse. Sandra no tuvo mas remedio que hacer lo que le dijo y comenzar a probarse los vestidos.

Paco se despertó con los gritos del viejo, aun le hacían efecto los sedantes. Trato de liberarse de sus ataduras pero le fue imposible.
-Jodido viejo demente. Te estas buscando un problema-
Paco se movió un poco y vomito, tenia el estomago revuelto y algún hueso roto con toda seguridad, la paliza del viejo había sido brutal, sin duda era fuerte, mas que el. Para colmo tenia a Sandra secuestrada también, tendría que idear un plan para escapar de allí con ella y huir bien lejos y si aquel loco se ponía por medio, Paco lo mataría, ese viejo se lo había ganado a pulso.

Cuando Sandra termino de probarse los vestidos, el viejo sonrió complacido.
-Ya es hora de dormir-
El viejo se acerco a Sandra y la cogió por el brazo, luego la condujo hacia la habitación, una vez en ella la hizo tumbarse en la cama y le puso el grillete en el tobillo, luego se inclino sobre ella y le dio un beso en la frente.
Sandra pudo notar el aliento de aquel tipo, era un aliento que la mareaba.
-¿Quieres que papi te cuente un cuento?-pregunto el viejo.
Sandra no quería arriesgarse a otro ataque de furia por parte del viejo y asintió con la cabeza. El viejo salió por la puerta y a los pocos segundos volvió con un libro y un maletín.
El viejo se sentó a su lado y comenzó a leerle la " Princesa Cisne", cuando acabo, saco del maletín una jeringuilla con sedante.
-Eso es lo mismo que le inyecto a Paco- pensó Sandra
-Esto te ayudara a dormir bien-dijo el viejo con cierta ternura que a Sandra inquieto.
Aquel hombre tenia algún tipo de desorden emocional, no razonaba con claridad y podía estar tan tranquilo como si de repente estaba furioso, una persona así era imposible de saber como pensaba.
Sandra sintió como la aguja penetraba en su cuello y poco a poco sus parpados comenzaron a pesarle, su vista se fue oscureciendo mientras veía al sonriente viejo.
-Mañana será otro día mi pequeña-

Cuando su hija se había dormido, Ramiro salió de la habitación, bajo a la salita y se puso un video. En el veía a sus dos hijos y a su mujer en un video familiar, el era quien sostenía la cámara, la fecha que marcaba la cámara era.
15-06-2008
El día de la pandemia, la grabación había sido echa en medio de un montón de gente, estaban en el punto seguro.
-Papa, no es momento para grabar, apaga eso-le pidió su hija.
La voz de Ramiro se escucho en el televisor.
-Es un recuerdo, no seáis así-
-Ramiro, ya basta, te comportas como un demente-le reprendió su mujer.
De repente en el video se escucharon gritos entre la multitud, la cámara enfoco hacia el lugar de donde venían y Ramiro pudo ver a varios grises irrumpir en el lugar atacando a todo el que se cruzaba en su camino, no tardo en ver como uno de los grises se lanzaba sobre su hija y le arrancaba el pómulo de un mordisco. Seguidamente la cámara comenzó a oscilar de un lado a otro mientras Ramiro corría.
Ramiro no lo soporto más, apago el video, sollozo un rato y de nuevo volvió a sonreír.
Sus hijos volvían a estar con el, volvía a tener la oportunidad de mejorar las cosas, y no iba a permitir que nadie le entorpeciera.
-Son mis hijos y a pesar de todo los quiero-

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