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sábado, 8 de octubre de 2011

Capitulo 123 : Habitacion con vistas, part 1

Cuando Sandra se despertó todo le daba vueltas. Su cabeza era como una olla a presión y el cuerpo le dolía de tal forma que parecía que le hubiesen dado una paliza. Se encontraba tumbada sobre un colchón. Poco a poco fue abriendo los ojos y la luz del medio día le dio la bienvenida otra vez al mundo de los despiertos. Aun tenia la vista borrosa, pero pudo advertir varias siluetas de varios colores a su alrededor. Espero unos instantes a que su vista se volviera más clara y entonces vio donde estaba.
La luz del medio día se filtraba a través de una ventana con barrotes y la luz quedaba proyectada sobre centenares de muñecos de peluche que ocupaban toda la habitación ocultando las paredes, de lo poco que se veían de estas, eran de un color rosa  y de vez en cuando tenían pintado un corazón rojo.
-¿Que demonios?-se pregunto Sandra incorporándose poco a poco.
La cabeza estaba apunto de estallarle, cuando se sentó en la cama se pudo ver en el espejo, lo que vio reflejado era cuanto menos extraño, se vio a si misma, tenia una tirita en la frente y su pelo había sido manipulado hasta convertirlo en dos coletas sujetas por unos lazos de color rosa, su ropa había desaparecido y en su lugar había un vestido de color azul clarito, en ese momento la sensación que le dio a Sandra era que parecía una muñeca de porcelana.
Cuando sus pies tocaron el suelo vio el grillete de su tobillo izquierdo, estaba encadenada a la cama. Aquello la dejo traspuesta, parecía la pesadilla de algún perturbado, una habitación infantil la rodeaba y de repente, ella se sentía como la protagonista de una película de terror, al fin y al cabo, eso había sido su vida los últimos once meses, una constante y perturbadora película de terror.
Cuando se puso de pie sintió nauseas y vomito a un lado de la cama, se tumbo un rato para que se le pasase el mareo. Mientras esperaba escucho como un ruido en el exterior, era alguien dando golpes a algo. Con paso ligero, Sandra se acerco a la ventana y miro a través de los barrotes, vio un amplio solar rodeado por una valla y al otro lado de la valla había una mujer, esta la miro y comenzó a dar golpes en la valla con mas énfasis, era una mujer de mediana edad con la piel pálida a la que le colgaba una mejilla y sus labios habían desaparecido formándole una especie de sonrisa macabra. Antes de ver a esa mujer había deseado que todo hubiese sido un sueño y que los infectados solo fuesen producto de ello, pero no era así, los infectados eran reales y su situación había dado un giro de 180 grados, solo que no sabia si a mejor o a peor, todo indicaba a lo segundo a juzgar por el grillete que la mantenía junto a la cama.
-Tengo que salir de aquí, de esta mierda de sitio-se repetía una y otra vez.
Pensarlo no era tan fácil como hacerlo, intento quitarse el grillete sin hacer ruido, no sabia si el que le había hecho eso seguía allí o no, ni lo sabia ni quería comprobarlo por las malas.
Lanzo un par de maledicciones por lo bajo y trato de romper la cadena dando tirones hacia los dos lados, pero nada.
Recordó la primera película de " Saw", donde los dos protagonistas estaban en una situación similar, con una sierra como única herramienta, la intención del macabro asesino era que se cortaran un pie para librarse de el cruel destino, Sandra sonrió aliviada al ver que no había ninguna sierra con la que emular tan macabra hazaña, obviamente tampoco seria capaz de cortarse un pie solo para escapar por la puerta y encontrarse de bruces con su captor o algún infectado hambriento, no, ni de broma.
Decidió tumbarse en la cama a esperar, si había alguien allí, tarde o temprano entraría por la puerta, no solo podría ver quien era, si no que podría lanzarse sobre el o sobre ella y hacérselo pagar caro su encierro, le atizaría con cualquier cosa o lo estrangularía con la cadena.

Ramiro estaba en el piso de abajo preparando la comida, fue entonces cuando escucho un ruido en la habitación de la niña, esta por fin se había despertado, eso hizo que una increíble emoción se apoderara de el, tenia ganas de abrazarla fuertemente, después de tanto tiempo la había encontrado. Con una sonrisa fue hacia el comedor de su casa y cogió el paquete empapelado con papel de regalo con dibujos de los pitufos, cuando tuvo el paquete debajo del brazo comenzó a subir las escaleras, llego a un pasillo y lo recorrió hasta que llego a una puerta donde lo recibía un letrero con flores donde podía leerse " María".
Con gran emoción cogió el pomo de la puerta y lo giro, seguidamente abrió.

Sandra vio como la puerta se abría poco a poco y tras ella aparecía un hombre mayor con ojos grises que sostenía un paquete y sonreía con los ojos humedecidos, por un momento pensó en saltar sobre el y acabar con su vida, pero aquello no se lo esperaba.
-Buenos días princesa-dijo aquel hombre.
Sandra no sabía que contestar a aquello, había pensado en muchas cosas sobre su captor, pero nunca en que fuera un hombre de la tercera edad, casi octogenario, le impresiono la forma física que conservaba aquel hombre pese a la edad, algo que también le hizo pensárselo dos veces.
-Piénsalo, fíjate en sus manos, mas bien son manazas, si se le antoja puede partirte el cuello como si partiese un mondadientes, no seas estúpida y quédate quietecita- se decía a si misma.
El hombre se limpio las lágrimas de los ojos y situó el paquete junto a Sandra mientras agachaba la cabeza como avergonzado.
-Es para ti, ábrelo, no se si te gustara. Creo que era lo que querías..-
Sandra sin saber muy bien porque, cogió el paquete y comenzó a abrirlo, cuando le quito el papel se encontró con una caja de cartón rosa donde se leía " Barbie", en el interior se apreciaba una muñeca sucia y a la que le faltaba el pelo y una pierna, la muñeca tenia manchas de barro, la tapa de la caja de cartón presentaba desgarros como si la hubiesen abierto a la fuerza. Sandra no pudo evitar poner una mueca de desprecio y desconcierto, aquello era extraño a más no poder, de pronto la voz del hombre se escucho con timidez.
-¿No te gusta, mi pequeña?-pregunto el hombre
Sandra estuvo apunto de comenzar a gritarle, pero de nuevo su voz interior se dejo escuchar.
-...Como un mondadientes...vigila tus palabras, es un demente y lo sabes-
Sandra movió por primera vez los labios y dijo.
-Si, me gusta mucho, pero no me encuentro bien-
El hombre ante la respuesta de Sandra comenzó a aplaudir como un niño al que le regalan una bici nueva el día de su cumpleaños, mientras sonreía y trataba de dar saltos de alegría.
-¿Donde estoy?-pregunto Sandra con timidez, como si no tuviese que haber formulado aquella pregunta.
El hombre la miro y puso una mirada tierna, aunque mas que tierna, a Sandra le pareció inquietante.
-Te diste un golpe y probablemente no te acuerdas. Pero estas en casa otra vez, con papa. Y esta vez no dejare que te pase nada, estaremos juntos por siempre jamás-dijo el hombre acercándose a Sandra.
El hombre se inclino sobre ella y le planto sus ásperos labios sobre la frente, Sandra trato de retirarse, pero aquel hombre la estrecho entre sus brazos.
-No temas. Papa esta aquí y te protegerá. Ahora no te acuerdas, pero pronto recordaras todo, papa esta aquí...-
-Genial, has acabado en los brazos de un perturbado que se cree que eres su hija. Estas en vete a saber donde, sin saber si estas lejos o cerca de los otros y para colmo vas vestida como una jodida muñeca de porcelana, muy bien, eso es un triplete a tu favor Sandra, genial-volvió a decirle la voz interior.- Tienes que sacártelo de encima como sea-
-Tengo hambre-dijo Sandra apartándose un poco de aquel hombre que olía a sudor y a puros recién fumados.
-Si, si mi niña, estoy en ello, te preparare sopa caliente, tu favorita- dijo el hombre poniéndose de pie.- Recuerda que mañana cumples cinco años, hoy será el ultimo día que hagamos lo del avión-
-¿Cinco años?. Este tío esta como una regadera. Apúrate en pesar como sales de aquí por que desde luego tu situación mejora por momentos muchacha- Sandra se dio una palmada en la sien para dejar de escucharse a si misma, aunque tenia razón. Aquello comenzaba a ser muy inquietante y peligroso.

Ramiro salió de la habitación tarareando algo mientras la emoción lo embriagaba  y lo llevaba como flotando en una nube, por fin, después de tanto tiempo había encontrado a su hija. Llego hasta el piso de abajo y contemplo una foto donde aparecía el y su hija, la chica de la foto era idéntica a Sandra en todos los aspectos.

Sandra escuchaba los tarareos de aquel viejo tarado mientras trataba una y otra vez de romper la cadena, también escuchaba los gemidos de la infectada de al otro lado de la valla, cuando escapase, si es que lo lograba, no solo tendría que esquivar al viejo, si no también a los infectados que se encontrase por el camino, para colmo se encontraba mal.
Supuso que hasta despertar había estado sedada. ¿Pero con que?.
Había algo que le aterraba y era lo que podría haber hecho aquel viejo con ella mientras estaba inconsciente, podría haber abusado de ella y no haberse enterado, eso la hizo sentir arcadas y volvió a vomitar.
-Si te ha magreado ya se lo harás pagar, ahora preocúpate de averiguar como escapar de aquí de una pieza- otra vez la voz.
En ese momento escucho la voz del hombre a sus espaldas.
-La comida esta lista. ¿Que haces María?-
-Trataba de bajar a comer, pero...estoy atada y me asuste..-
El viejo se acerco a ella y se sentó a su lado, seguidamente saco una llave , esta la metió en el cerrojo de los grilletes, ahora Sandra estaba libre.
-¡¡¡¡Es el momento!!!!, golpéalo y huye-le grito la voz interior.
Estuvo apunto, pero sus piernas estaban  paralizadas  por el miedo, aquel hombre pesa a la edad parecía estar en muy buena forma y ella no había visto mas que aquella habitación, el viejo jugaba con ventaja y la cogería enseguida, si eso pasaba no sabia de lo que era capaz aquel viejo, de repente el viejo le lanzo una mirada severa, como si supiese lo que estaba pensando.
-No intentes escapar, sabes que papa se enfada si no le hacen caso. Sabes muy bien que papa es muy fuerte-
Era lo último que Sandra necesitaba saber, aquel hombre decía ser muy fuerte y le advertía que no intentara nada raro.
-..Como un mondadientes te partirá el cuello, como un mondadientes..-repitió la voz.

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