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viernes, 15 de julio de 2011

Capitulo 115, El helicoptero , part 4

Estábamos listos. Era el momento de partir. Nos habíamos despedido de todos y estábamos a punto de salir por la entrada principal de la prisión.

Mientras cruzábamos la puerta mire a la torreta donde estaba Eva y esta me saludo. Yo le devolví el saludo y le sonreí. Sabia que podía confiar en ella y sabia que cumpliría la promesa de proteger a Lidia y a Vicky.

Lidia nos siguió hasta la puerta seguida por Alexia. Mientras Alexia y Cesar se despedían una ultima vez. Lidia se acerco a mi y me entrego una pequeña bolsa botiquín, luego me miro.

-Es para que os curéis las heridas que os hagáis-dijo Lidia

-Gracias-conteste yo

-Vuelve pronto. ¿Vale?. Tenemos que hablar y ver que hacemos-dijo Lidia

-Descuida. Pero prométeme que cuidaras de la niña-dije yo

-Lo hare-dijo Lidia

En ese momento Lidia me abrazo. No me beso. Pero no era necesario. Con su abrazo sentía más de lo que merecía de su parte en ese momento. No sabía si me había perdonado mi error. No tenia ni idea. Aun así le abrace y nuevamente la bese en la frente.

Me di la vuelta y todo el grupo de búsqueda y rescate nos pusimos en marcha. El camino iba a ser largo y nos llevaría días seguir el rastro del helicóptero. Gracias a Héctor sabíamos la dirección que había tomado. Con toda seguridad había sobrevolado las cercanías de Ibi y allí se habría estrellado. La mayoría no sabíamos que nos encontraríamos al llegar allí. No sabíamos si los tripulantes del helicóptero estarían vivos ni si serian amistosos. Solo teníamos un pensamiento en la cabeza y era el de estar preparados para cualquier cosa.

Según Carlos. Las montañas eran un buen refugio para saqueadores y caníbales. Estos montaban sus campamentos allí donde la presencia de muertos era menor. Los moradores de la montaña como los llamaba Benito refiriéndose a ambos tipos de supervivientes , montaban campamentos o se adaptaban a la vida en cuevas. Aunque unos se dedicaban a la caza y al saqueo. Los otros. Los caníbales eran un verdadero peligro.

Según Carlos. No sabias que eran caníbales hasta que empezaban a comerte. Ambos lo sabían bien. Habían tenido que llegar al extremo de comerse a una persona para sobrevivir y le habían cogido el gusto en cierto modo. Pero solo fue una vez. Sin embargo. Los caníbales que se habían desplazado a las montañas eran de otra pasta. Eran reincidentes y que ya no comían otra cosa que personas que estaban solas o a grupos reducidos.

Yo no había tenido ninguna experiencia con caníbales antes. Pero si los demás. Lo sabia porque me lo habían contado.

No tardamos en abandonar el camino y adentrarnos en plena montaña. Philip estaba a mi lado vigilado en todo momento por Iván. De vez en cuando decía algo en Francés que se negaba a traducir cuando le preguntábamos que significaba.

El paso era lento y con calma. Necesitábamos tener todos los sentidos puestos en el entorno. Nunca se sabía de donde podía salir el peligro. Mientras avanzábamos podríamos estar siendo observados por alguien.

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Al convertirse en un asesino. Álvaro se había vuelto cauteloso, previsor y quizás un poco paranoico. Pero gracias a eso le había librado de ser descubierto por el grupo que avanzaba por la montaña. Ese grupo provenía de la cárcel y estaba compuesto por los que el creía que eran los mas hábiles con el uso de las armas. No sabía a donde se dirigían. Pero sabia que sin ellos en la cárcel. Entrar y colarse en el interior de la cárcel era pan comido.

Álvaro siguió caminando mientras recordaba lo que le había hecho al hombre del paracaídas. Para el fue estupendo y los gritos eran como música para sus oídos. Recordó a su hermano. Pero no lo recordaba con cariño. Lo recordaba como una carga. Alguien innecesario en su vida.

Álvaro no tardaría en llegar a la prisión y tenia que pensar en a quien mataría primero. Quizás mataría a la niña. ¿Que se sentiría al matar a una niña?, ¿Seria algo similar al placer de matar a una persona adulta?. Álvaro deseaba saberlo. Lo deseaba.

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Jorge detuvo el jeep y se bajo de este. Corrió a la parte trasera y corrió la cremallera de la bolsa que ocultaba a Paco. Este se incorporo a duras penas y bajo del jeep. Paco estaba tan débil que casi se cayo de bruces.

-Toma el arma y lárgate de aquí lo más rápido que puedas. Ocúltate en alguna cueva o lo que sea y no salgas hasta mañana. Descansa-dijo Jorge mientras le daba la pistola y una mochila.

-¿Como encontrare a los demás?-pregunto Paco

-Eso no lo se. No se donde se encuentran. Pero ahora solo piensa en recuperarte. Pero ante todo. No vuelvas al campamento ni intentes nada-dijo Jorge

Paco se guardo el arma y luego miro a Jorge.

-Gracias-

Paco se alejo poco a poco de allí y Jorge subió al jeep otra vez. Luego piso el acelerador y se marcho de vuelta al campamento.

Al cabo de un rato llego al campamento y vio lo que más temía. Se habían dado cuenta de que Paco no estaba y Lazarevick estaba completamente enfurecido. Cuando Jorge se bajo del jeep miro a Hanzo.

-¿Que ocurre Bruce Lee?-pregunto Jorge con una sonrisa

-El prisionero que llevo a cabo la fuga se ha escapado-contesto Hanzo

-¿Como es eso posible?-pregunto Jorge

-Al parecer alguien lo saco de ahí. Se cree que podría haber sido el extraño que nos asalto-contesto Hanzo

-¿Y como se colo?-pregunto Jorge

-No lo se-contesto Hanzo

Al parecer no sospechaban de nadie de dentro del campamento. Y eso de momento lo libraba de sospecha .¿Pero por cuanto tiempo?.

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Nuestro grupo avanzaba deprisa por la montaña. En ese momento vimos algo en medio de un pequeño barranco. Parecía una mochila de color verde. Al verla Iván y yo descendimos hasta ella y la registramos a conciencia. No había nada destacable. Solo algunas raciones y una botella de agua reventada. La cual seguramente había reventado al chocar contra el suelo.

-Seguramente la tiraron desde el helicóptero para deshacerse del exceso de peso y ganar algo de altura-dijo Iván

-Es lo más probable-conteste yo

Iván miro hacia los demás.- Mirad si hay algo mas inusual por el terreno-

Los demás comenzaron a mirar a su alrededor y entonces Héctor comenzó a correr hacia algún lugar. Unos segundos después Héctor comenzó a gritar.

-¡¡¡¡¡Venid aquí!!!!!,Aquí hay algo-

Iván y yo subimos hasta donde estaban los demás y todos fuimos hacia donde estaba Héctor. Cuando llegamos junto a el, vimos lo que parecía un paracaídas. Este tenia el logo del ejercito español.

-Es un paracaídas-dijo Eder

-Eso ya lo veo. ¿Pertenecerá al helicóptero?-pregunto Iván

-Es lo más probable. ¿Donde esta el paracaidista?-pregunto David

En ese momento Carlos y Benito vieron unas pisadas en el barro. Estas se alejaban en la dirección que queríamos seguir.

-Las huellas son recientes. Sea quien sea nos lleva como unas horas de ventaja-explico Carlos.

-Las huellas siguen mas adelante. Pero desaparecerán mas adelante-dijo Benito

-La zona embarrada esta solo aquí. Mi hijo tiene razón- añadió Carlos.

Después del hallazgo seguimos nuestro camino y llegamos a lo que parecía un vertedero. Había basura por todas partes. Era el vertedero de Ibi.

-El tripulante habrá pasado por aquí. Es casi seguro que va hacia el helicóptero-dije yo

Seguimos avanzando durante un rato y paramos a descansar. Mientras vigilaba a Philip. Ivan se me acerco.

-¿Puedo acompañarte?-

-Por supuesto-conteste yo

-¿Que ocurrió con Lidia?,¿Va todo bien?-pregunto Iván

-No muy bien. La cague y ahora nos hemos distanciado-conteste yo

-Deberías hablar con ella al volver. Por cierto .Deberías haberte cortado el pelo antes de salir. El pelo largo es una carga-dijo Ivan

-Ni lo pensé. Pero no importa-conteste yo

Descansamos unos diez minutos más y luego seguimos nuestro camino para encontrar el helicóptero. Seguimos sin saber que una amenaza se acercaba a la prisión y que esta era totalmente peligrosa para todos.

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Álvaro llego a Alcoy. Desde su posición podía ver la cárcel. Sin el grupo que había salido de alli, seria fácil entrar. Pero no lo haría directamente.

Álvaro se acerco con sigilo y llego hasta los muros de la cárcel. Allí quedo oculto de la vista de los que vigilaban desde las torretas. Podía ver a una chica. Una rubia a la que no conocía de nada y no había visto nunca. Debería esperar a la noche para poder entrar sin ser visto.

Nuevamente Álvaro sintió la excitación de lo que suponía matar. Y esa sensación le encantaba.

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