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viernes, 8 de julio de 2011

Capitulo 114 , La vida que nos toca vivir , part 1

Habían pasado ocho días desde que Eva y yo habíamos llegado. Nos encontrábamos a uno de Mayo. Habían pasado ya trescientos veintitrés días desde que todo el mundo desapareciese dejando hordas de no muertos campando a sus anchas por un mundo que antes nos pertenecía solo a nosotros.

Durante esos ocho días nos adaptamos a nuestra nueva vida en la cárcel. Salvaguardados de las hordas del exterior. Ocho días en los que aseguramos el pabellón de los presos peligrosos y acabamos con todos los infectados que había en su interior.

Al día siguiente de nuestro regreso. Hicimos saber lo ocurrido con Zapico he hicimos un funeral en su nombre. Todos los que lo conocíamos lloramos su perdida. Sobre todo Ana que desde el funeral se había encerrado en si misma y apenas la veíamos. Alicia era quien se estaba haciendo cargo del bebe durante esos días.

Me encontraba en la cocina preparando una bandeja de comida para llevársela a Ana a la sala donde se había ocultado del resto de nosotros. Cuando termine de preparar la bandeja me acerque al calendario y marque el uno de Mayo. En ese momento entro Iván.

-¿Que haces?-

-Marcar el día en el que estamos-conteste yo

-¿Esa bandeja es para Ana?-pregunto Iván

-Si. Voy a llevársela. No quiere ver a nadie, pero tampoco puedo dejar que muera de hambre ahí arriba. Tengo que hablar con ella-conteste yo

-Los demás van a salir al monte a cazar. Según Carlos. Hay jabalíes por esta zona montañosa-dijo Iván

-¿Iras?-pregunte yo

-Si. Saldremos en un rato unos cuantos-contesto Iván

-Bien. Suerte-conteste yo

Después de que Iván saliese de la cocina, yo salí también y me dirigí por el pasillo pasando cerca del baño. La puerta estaba abierta y vi a Eva duchándose. Cuando esta me vio cerró el grifo y se cubrió con una toalla. Luego se acerco a la puerta y me sonrió.

-¿Me traes el desayuno?-pregunto Eva

-En realidad esto es para Ana. Me preocupa su salud. No se le ve. No habla con nadie. No cuida de su hijo....-conteste yo

-Ha perdido a su marido. Al padre de su hijo. Necesitara tiempo-contesto Eva apoyándose en la pared frente a mi.

-La culpa es mía. Se entero de una forma muy dura-conteste yo

-¿Aun te culpas?. Fue un accidente. Ella se entero por que os escucho a ti y a Lidia hablar. Pero no le des mas vueltas. Es duro. Pero ya paso. Debes relajarte o caerás enfermo. Te pasas los días tenso-contesto Eva

-No puedo dejar de pensar en todos los prisioneros. Dos de los que vimos son de nuestro grupo. A saber si siguen vivos. A estas alturas quizás los hayan matado-conteste yo

En ese momento vi que Lidia se acercaba y se plantaba junto a mí. Luego miro a Eva y le sonrió.

-¿Te importa si te robo a mi novio unos momentos?-pregunto Lidia

-No. Voy a seguir duchándome-contesto Eva

Eva volvió a entrar en los vestuarios y cerro la puerta. Luego volvió a escucharse el sonido de el agua caer. Seguidamente Lidia me pidió que la siguiera a la enfermería. Una vez alli deje la bandeja de comida en una mesa y mire a Lidia.

-¿Que pasa?-pregunte yo

-Tengo estas pastillas. Son para la ansiedad. Llévaselas a Ana. Que se tome una después de comer.

-Bien-conteste yo cogiendo el botecito que me daba.

-Pero el bote quédatelo tu. Temo que pueda ingerir demasiadas y hacer una locura-contesto Lidia.

Yo me guarde el bote de pastillas en el bolsillo del pantalón y luego fue a coger la bandeja.

-Por cierto. Tienes muy buen rollito con Eva. Tanto que ahí estaba con una toalla que apenas la cubría. Es como si no quisiera ocultar nada...nada que no hubieses visto antes-contesto Lidia.

Note el tono en que lo decía. Ella parecía imaginarse algo.

-Mira....yo...-conteste.

Lidia no me dejo terminar.

-Mira. Ya hablamos en otro momento. Pero quiero que sepas que no soy estúpida. El tiempo que estuviste en su casa paso algo entre vosotros. Me di cuenta porque conmigo últimamente estas distante. Me dices que me quieres, me besas, me abrazas y te acuestas conmigo. Pero no te siento como antes. No desde que llego ella. Se que me ocultas algo. Lo único que espero. Es que tengas el valor de contármelo y de ser sincero-

Yo no pude contestar. Aunque lo hubiese hecho. Lidia no me habría querido escuchar. Salí de la enfermería y fui hacia la sala donde estaba Ana. Al abrir la puerta vi que todo estaba a oscuras. Mientras caminaba tropecé con una botella de cristal. Busque el interruptor de la luz y la encendí.

La luz de la sala era débil. Pero pude ver todo lo que me rodeaba. Sillas, mesas, pizarras y otros muebles. También había carpetas llenas de papeles. Era un trastero y entre el polvo que flotaba en el aire también note un olor. El olor del alcohol.

-¿Ana? ¿Estas aquí?-pregunte yo

Mire al suelo y vi la botella con la que había tropezado. Se trataba de una botella de whisky. Ana llevaba días allí dentro. Bebiendo sin parar.

-¿Ana?-pregunte yo de nuevo.

En ese momento escuche su voz. Sonaba débil, como si acabase de despertar.

-¿Que quieres?...déjame sola...tus pasos y tu voz me dan jaqueca-

Busque con la vista la procedencia de su voz hasta que la vi. Estaba en un rincón sentada en el suelo. Su ropa estaba manchada por restos de vomito y su pelo estaba sucio y alborotado.

No pude evitar que el corazón me diera un vuelco. Era la primera vez que la veía en ese estado.

-Te traigo algo para que comas-dije yo mostrándole la bandeja.

-Por mi como si se lo das de comer al perro. Lárgate-contesto Ana

-No puedes pasarte los días así. Bebiendo sin parar. Vas acabar matándote-conteste yo

Ana comenzó a reír a carcajadas.

-¿Matándome?. Eso seria hacerme un favor yo misma. Ya no queda nada en este mundo que me una a el ni a nadie. Todo esta muerto...y podrido. Acéptalo el mundo que conocíamos ha muerto....para siempre-contesto Ana

-Tienes un hijo que te necesita-conteste yo

-¿Sabes lo que necesito yo? A mi marido. ¿Lo recuerdas? Tu amigo Iván Zapico. Mi marido-contesto Ana

-Puedes culparme de su muerte. Pero no te hagas esto-conteste yo

Ana se puso en pie y se acerco tambaleándose hacia mi. Vi que en una mano aun sostenía una botella de whisky casi acabada.

-¿Y que me estoy haciendo? Tú no entiendes lo que es perder a quien amas. Tu no entiendes nada-dijo Ana pretendiendo dar un trago a la botella.

Entonces yo se la arrebate de las manos y lance la botella contra la pared rompiéndola. A lo que Ana contesto dándome una bofetada.

-Tendrías que haber sido tú. Tú tendrías que haber muerto. No eres un líder. No sirves para serlo. Desde que esto empezó las cosas nos han ido de mal en peor solo porque tú estabas ahí. ¿Y ahora pretendes ir de bueno trayéndome comida?- Ana tiro la bandeja de comida al suelo. - Por mi puedes metértela por el culo. ¿Quieres ayudarme? Olvídate de que existo. Déjame matarme aquí sola. Al fin y al cabo todos moriremos tarde o temprano. ¿Vivir? ¿Para que?. Estamos hundidos en la puta miseria, rodeados de muerte-

-Esta es la vida que nos toca vivir-conteste yo

-La vida que nos toca vivir. Tiene gracia. Lastima que sea una estupidez-dijo Ana mientras se sentaba apoyándose en la pared.- ¿Quieres un consejo? Mientras todos duerman. Algún día. Paséate por sus celdas matándolos uno a uno. Cuando hayas acabado matate tú. ¿La vida que nos toca vivir? No es más que una mierda-

No podía contestar. Salí del trastero y salí al exterior. El sol brillaba en lo alto y aun podía ver los restos humeantes de la pila de cadáveres que los demás habían amontonado en un extremo del patio.

Vi como el equipo de caza salía a cazar subidos en uno de los furgones. En lo alto de las torretas Luci y Andrea montaban guardias. Los demás estaban ocupados haciendo huertos y corrales para los animales. Esa era la vida que nos tocaba vivir después del apocalipsis. Recordé las palabras de Ana y me plantee si realmente valía la pena vivir así. El mundo exterior había acabado para siempre. La gente que sobrevivía fuera era como nosotros o eran personas a las que no les importaban los demás. Se regían por la ley del mas fuerte. Los fuertes Vivian y los débiles eran sometidos por los fuertes o morían. Esa era nuestra nueva vida.

Una vida que nadie habría querido jamás.

******************************

Los días habían transcurrido lentos para Paco. Cada día desde el día del intento de fuga. Algunos soldados y Lazarevick se turnaban para golpearle y torturarle. El era el nuevo entretenimiento. Cada vez que acababan. El doctor Leslie iba a curarle y prácticamente le salvaba la vida. Eso había creado entre ellos una relación de confianza. Paco confiaba en el doctor. Leslie le había contado lo de la bomba y Paco se había quedado perplejo. Si eso era cierto estaban perdidos.

¿Que demonios pretendía ese hombre?.¿Que demonios pretendía Roache?.

Lo que mas llamo la atención de Paco fue la revelación de que el gobierno estaba oculto en algún punto de Madrid.

¿Porque no hacían nada para solucionar todo ese jaleo?, ¿Porque habían dejado a los supervivientes a su suerte?.

Paco no había vuelto a ver a los otros desde hacia ocho días. Pero sabía que al menos Toni y Félix seguían vivos. El doctor le había confirmado que las mujeres seguían todas vivas y las habían vuelto a encerrar en la casa, las cosas habían vuelto casi a la normalidad en el campamento. Aunque Roache había sido herido y las medidas de seguridad del campamento habían aumentado. Ya no había opciones para escapar. A Paco solo le quedaba esperar que alguien de fuera asaltara el campamento y los liberara.

Todos estaban en el campo de trabajo cavando y picando como siempre mientras los militares los vigilaban. Toni, Félix y Miguel estaban fijos en su trabajo. Ya no había opciones de escapar.

-Con el intento de fuga han reforzado la seguridad-dijo Toni

-Tranquilo. El grupo que persiguió a Juanma no ha vuelto. Los encontraron muertos. Por lo tanto .Juanma logro escapar y a estas alturas ya habrá avisado a los demás. Deben estar preparando el asalto-contesto Félix

-¿Ese Juanma es el mismo que intento sacarnos?-pregunto Miguel

-Si. Era el-contesto Toni

-Si el y los vuestros vuelven para sacarnos. Cabe la posibilidad de que no lo logren y los que no mueran acabaran aquí metidos también. Aceptarlo. Estamos jodidos-dijo Miguel.

Félix y Toni se miraron y se dieron cuenta que Miguel tenia razón. Si querían escapar sin poner en peligro a nadie mas. La fuga seguía dependiendo de ellos.

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