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sábado, 26 de noviembre de 2016

NECROWORLD Capitulo 137

—Hace tiempo que no se si tomo las decisiones correctas. De hecho, cuando tomo decisiones equivocadas es cuando muere la gente… Y esas muertes están en mi conciencia. Es como si yo los hubiese matado— decía mientras estaba tumbado en la cama de la habitación en la mansión Crawford. –No dejo de darle vueltas al asunto. Es como cuando estábamos delante de las puertas de Las Vegas. De alguna manera sentí que estaba matando a Katrina, Silvia y Rachel, pero no puedo ceder a lo que quiere Carlos. No puedo entregarle a Eva. La quiero ¿Entiendes?— giré la cabeza hacia mi derecha y miré a Lidia a los ojos.
—Si. Lo entiendo, pero a mi también me amas. Sin embargo tuviste que dejarme ir— respondió Lidia.
—La situación fue distinta. A ti te asesinaron y moriste en mis brazos. Yo no podía hacer nada. Sin embargo te vengué, se lo hice pagar a Álvaro— respondí.
—Lo se. Lo mataste a sangre fría. Lo vi, aunque fue a través de tus ojos. Ahí hiciste lo correcto, sin embargo ahora no. Si no entregas a Eva, los pondrás a todos en serios problemas. Los que no mueran volverán a vagar por ahí en busca de un hogar y morirán de todos modos. En el fondo sabes que entregar a Eva sería lo mejor.
—Sabes que no puedo hacer eso— respondí. –Aunque se la entregara… Eso no nos garantiza que Carlos nos deje tranquilos. De hecho… Se que aunque le entregase a Eva no atacaría. Y están los niños, también quiere a Shanon y Nathan. También quiere a Vicky.
—Que no quieras entregar a Vicky lo entiendo… Pero… ¿Por qué no le entregas a los gemelos? Al fin y al cabo son hijos suyos, tú no tienes ninguna responsabilidad con ellos. Quítate ese peso de encima.
—Yo soy el padre de esos niños. Así los he reconocido y así me reconocerán ellos.
—Eso claro si todos vivís lo suficiente— replicó Lidia levantándose de la cama. Se puso de pie y rodeó la cama para irse al fondo de la habitación. –Si me permites un consejo… Entrégala y pasa de todo, quítate todos los pesos de encima y se acabó. Márchate como cuando pasó lo de los rusos, después de eso te largaste. En teoría lo hiciste para protegernos de ti mismo, pero la realidad es que lo hiciste para no tener que preocuparte de nada más que de ti mismo.
—Eso no es cierto— respondí.
—Claro que lo es. ¿Y sabes cómo lo sé?— Lidia se acercó a mi y cuando estuvo frente a mi ya no era ella. Era yo mismo. –Lo se por que yo soy tu.

Día 31 de Octubre de 2010
Día 854 del apocalipsis
Mansión Crawford… 09:00 de la mañana…

Me levanté sobresaltado y miré a mí alrededor. Estaba en la habitación y la luz del día entraba a través de las ventanas. Miré a mi lado y allí vi a Eva, la cual se acababa de despertar. Me volví a tumbar en la cama. Me sentía mareado y la cabeza me dolía.
—¿Qué te pasa?— preguntó Eva.
—Solo ha sido una pesadilla— respondí. –No es nada.
—¿Quieres contármela?— preguntó Eva al tiempo que me daba un beso. Entonces ella levantó la cabeza, me miró y puso su mano sobre mi frente. –Estás muy caliente. Creo que tienes algo de fiebre.
—Pues eso no es buena señal. Ya sabes lo que pasa cando uno tiene fiebre y se muere— respondí tratando de levantarme. –Ya sería lo que me faltaba para terminar de arreglar la situación.
—No seas alarmista. Tienes fiebre, pero no la misma que se tiene cuando el virus está haciendo de las suyas. Lo que más bien tienes… Juraría que es un pequeño catarro. Voy a ir a por algo de paracetamol que trajimos. No te muevas de aquí— dijo Eva levantándose de la cama. Ella iba en ropa interior y me fijé en su trasero.
—¿Nunca te he dicho que tienes un culo precioso?— pregunté.
—No. Nunca— respondió Eva mientras se ponía los pantalones. –Está demostrado que tienes fiebre. No te preocupes, yo me encargaré hoy de cuidarte— dijo cariñosamente. Cuando se dirigió hacia la puerta para salir, la llamé y se dio la vuelta. –Dime.
—Coge a los niños y sácalos de aquí— dije. –Es más que nada para asegurarnos. Solo quiero que estén a salvo.
—No pasará nada— respondió Eva.
—Por favor— supliqué. –Imagínate que muero y me reanimo. No quiero hacerles daño.
—Como quieras— respondió Eva caminando hacia la cuna y cogiendo en brazos a los gemelos. –Ahora vengo.
Eva salió de la habitación y yo me quedé a solas. Aunque entonces escuché una voz. Levanté la cabeza y miré al fondo de la habitación. Allí sentado en un sillón vi a Molano. Este estaba totalmente ensangrentado y tenía mordiscos por todo el cuerpo.
—Buena idea lo de sacar a esos críos de aquí. No vaya a ser que te conviertas en un caminante y los tomes como tu desayuno. Ahí estuviste hábil, como cuando me mataste.
—No estás aquí— respondí.
—Claro que no. Solo estoy en tu cabeza como tantos otros— Molano se señaló a la cabeza y metió un dedo dentro de una de sus heridas. –Dime ¿Por qué sigues dándole vueltas a lo de entregarla a Carlos? Ella casi que te lo pidió si así evitaba la guerra. Ella sabe que no la matará… Y tú también lo sabes. ¿No fue eso lo que hablasteis anoche? Ella te dijo que podría convencerlo de que no os hiciera nada.
—Eva y yo ya lo hablamos anoche. Eso no cambiaria nada. Además, no quiero perderla. Ella es mi mujer.
—Eso ya lo se— respondió Molano. –Pero ella te dijo eso para evitar la guerra que se avecina. Quiere evitar el enfrentamiento que solo se cobraría vidas para nada. Ella te lo pidió ¿Por qué no lo haces? Si lo haces por su dulce coñito… Joder, no tardarás en encontrar otro. Será por chicas en el grupo, tienes un harén donde elegir.
—No lo haré— respondí.
—Tu mismo— respondió Molano.
Yo cerré los ojos y cuando los volví a abrir, Molano ya había desaparecido.

******
Corey había estado dándole vueltas toda la maldita noche desde que había escuchado la conversación en la biblioteca. Una conversación a partir de la cual había comenzado a urdir un plan. Un plan para salvar a los demás y que ya debía haber comenzado a tomar forma.
La conversación que había escuchado la noche anterior la habían tenido Juanma y Eva. El le había contado que no habían logrado disuadir al tal Carlos y que la guerra era inminente. Una guerra acabaría reduciendo el hotel a cenizas y entonces se quedarían sin hogar, lo que habían vivido cuando los nómadas volvería a ocurrir. Eva a eso, había respondido que la entregara, pero Juanma por egoísmo se había negado. Era evidente que a el, solo le importaba el mismo. Según Corey, la guerra debía evitarse y solo había una manera de lograrlo.
Corey llegó a la cocina y vio a Eva. Esta estaba preparando un desayuno, Corey se imaginó que debía ser para el gran rey del castillo.
—Hola— dijo Corey entrando en la cocina.
Eva se dio la vuelta y lo miró. –Hola. ¿Has visto por casualidad el paracetamol? Juanma tiene algo de fiebre— preguntó Eva.
—No. No lo he visto— respondió Corey cerrando la puerta de la cocina. Avanzó hacia Eva y le puso la mano en la boca al tiempo que ponía el cañón de la pistola en el vientre. Eva lo miró y el apretó todavía más. –Escucha. Seré breve y será mejor que colabores. Voy a llevarte a Las Vegas. Allí te entregaré al tal Carlos y pararé esto. Es evidente que si dependemos de Juanma estamos jodidos. Ahora te sacaré de la casa y será mejor que no intentes nada o te juro que me cargo a los críos— amenazó Corey mirando a los niños, los cuales estaban en un carrito en la cocina. –Un solo grito y lo hago. Puede que después me maten a mí, pero tú no podrás vivir con la muerte de los putos críos en tu conciencia. ¿Queda claro? Ahora andando.
Corey le quitó la mano de la boca a Eva y esta comenzó a hablar. –No podrás sacarme de aquí así como así. Te descubrirán cuando cojas un coche.
—No hay casi nadie despierto aparte de nosotros. Andando— Corey sacó a Eva de la cocina dejando allí a los niños, Corey iba detrás de Eva con la pistola en su espalda. Recorrieron el pasillo y únicamente se cruzaron con Paula.
—¿A dónde vais?— preguntó Paula.
—Vamos a dar un paseo. ¿Verdad Eva?— preguntó Corey.
Eva asintió. Se despidieron de Paula y salieron por la puerta. Paula llegó a la cocina y entonces vio a los niños. Estaban solos y eso era raro. Fue en ese momento cuando escuchó el motor de un coche. Salió corriendo y vio el vehículo en el que llegaron Juanma y Juan por la noche. Este salió a toda velocidad atravesando las verjas. Paula enseguida se dio cuenta de que aquello parecía un secuestro.
*****
Escuché el ruido de un vehículo y me levanté tambaleante de la cama, me acerqué a la ventana y vi el coche salir atravesando la puerta. Me dio tiempo a ver a Eva fugazmente en la ventanilla del copiloto. Como no entendía nada salí de la habitación, recorrí el pasillo hasta que llegué a las escaleras. Una vez allí me mareé y caí rodando. Cuando llegué abajo, Paula llegó corriendo a socorrerme. Me ayudó a ponerme en pie y enseguida le pregunté.
—¿Dónde está Eva?
—No se que ha pasado, pero Corey se la ha llevado. Creo que la estaba obligando— respondió Paula mientras me miraba la brecha de mi cabeza.
Rápidamente me aparté de ella y fui hacia la cocina, allí estaban los gemelos solos. Seguí por el pasillo y llegué a la puerta principal. Casi me caí. Me quedé apoyado en el porche hasta que apareció Juan poniéndose la camiseta. Este pasó corriendo a mi lado seguido por Johana mientras gritaba algo que no pude entender. Me quedé jadeando en la puerta mientras más de los que estaban allí salían atraídos por el ruido. Finalmente me desmayé ante la mirada atónita de Vicky y Cindy.
*****
Me desperté de nuevo en la cama. No sabía cuanto tiempo había pasado. Intenté levantarme, pero Nina me detuvo rápidamente.
—No te levantes. Tienes que descansar.
—Pero Eva… Tengo que ir a buscarla— respondí sin apenas poder abrir los ojos. Nina volvió a pararme. Enseguida me metió algo en la boca y me obligó a beber un vaso de agua. Me lo tragué y la miré. —¿Qué es lo que me has dado?
—Te he dado paracetamol. Tienes mucha fiebre— respondió Nina.
—Pero Eva…
—No te preocupes. Juan y Johana van tras el. Pronto estarán aquí. Necesitas descansar— dijo Nina. –Tienes que confiar en ellos.
Me dejé caer en la cama. Quería moverme y hacer algo, pero mi cuerpo no daba más de si. Fue en ese momento cuando una voz masculina llamó mi atención. Miré hacia la puerta, el lugar de donde provenía esta y entonces vi a Álvaro cruzado de brazos.
—¿De verdad piensas que esto va a salir bien? ¿No te das cuenta de que las historias se repiten? Eva está tan jodida como lo estuvo Lidia el día que la secuestré y me la llevé. Dudo mucho que vuelvas a verla con vida— Álvaro comenzó a caminar por la habitación y yo comencé a seguirle con la mirada. –Me surge la duda de que harás. Si Eva muere ¿A quien matarás? ¿A Corey? ¿O matarás a Juan y Johana por haberla dejado morir? ¿Los torturarás como hiciste conmigo?
—¡¡¡¡Tu no estás aquí!!!!— le grité a Álvaro.
—¿Con quien estás hablando?— preguntó Nina. –Me estás asustando.
—Claro que estoy aquí. Aunque en tu cabeza. Tengo entendido que hoy ya has hablado con un par de aquellos a los que mataste. Si van a ir pasando todos, va a tocar pedir número. Dime, tengo curiosidad ¿Qué harás una vez Eva yazca muerta a tus pies?
—Desaparece— respondí.
—No puedo irme y dejarte solo— respondió Nina. –Estás delirando. No sabes lo que dices— dijo Nina sujetándome.
—Hazle caso. No sabes lo que dices. Estás hablando con alguien que solo está en tu cabeza. Podría estar aquí de verdad, pero tu me mataste hace tiempo— rió Álvaro, este se inclinó sobre mi casi pegando su cara a la mía –Nunca te quitarás esa culpa que tienes encima y te consumirá. Mucho has durado.
Álvaro desapareció de repente y yo me quedé mirando a Nina. Intenté levantarme para ir detrás de Corey y Eva, pero Nina nuevamente me retuvo.
—No puedo dejarte ir. Aun tienes la fiebre muy alta.
—Pero…
—No te preocupes. Juan y Johana traerán a Eva de vuelta. Tienes que confiar en ella.
*****
Eva iba en el asiento del copiloto mirando a Corey. Este conducía a toda velocidad tratando de alejarse de Gray. Ella podía escapar, pero en lugar de eso, se limitó a quedarse quieta observando a su secuestrador.
—Así que este es tu plan… Conducir hasta Las Vegas y entregarme a ese cabrón. Realmente… ¿Qué esperas conseguir?
—Salvarles la vida a todos. Tú eres la clave en todo este asunto. Ese tal Carlos te quiere a ti ¿No? Pues una vez te tenga se acabaron todos los problemas.
—Eso no solucionará nada Corey. El quiere también a mis hijos y a Vicky. Puede que me entregues, pero el vendrá a buscarlos y pasará lo que quieres evitar, pero tu no lo verás por que te habrá matado. Eso si no lo hace Juanma cuando nos alcance.
—¿Juanma? El estará fuera de juego unos días— respondió Corey sin dejar de mirar al frente mientras conducía.
—¿Qué quieres decir?— preguntó Eva.
—Digamos que me he encargado de que no nos moleste. Aunque no esperaba que sobreviviera. La dosis no fue lo suficientemente alta.
—¿Me estás diciendo que tu has hecho que Juanma enfermara?— preguntó Eva. Entonces recordó que fue Paula quien les llevó la cena.
—Era la única manera de evitar que ese cabrón nos molestara. Eché drogas en su comida. Ahora debe estar jodidamente colocado. Tendrá suerte si sobrevive.
Eva no pudo contener la rabia y golpeó a Corey con todas sus fuerzas. El golpe fue tan fuerte que Corey perdió el control del vehículo y acabó saliéndose de la carretera. Atravesó una valla y se estrelló contra un poste de la luz. Con el choque, Eva se dio un golpe contra el salpicadero y Corey contra el volante.
Rápidamente y con esfuerzo, Eva volvió en si pese al mareo y salió por la puerta. Tenía que regresar a la mansión y avisar de que lo que a Juanma le pasaba era que lo habían drogado. Se arrastró primero por el suelo y luego se puso en pie para comenzar a correr, detrás de ella comenzó a escuchar los gritos de Corey, no tardó mucho en comenzar a escuchar los disparos. Aquel tipo le estaba disparando.
—¡¡¡¡Vuelve aquí jodida puta. Vais a hacer que nos maten a todos!!!!
Eva ni siquiera se dio la vuelta, fue en ese momento cuando vio un autobús que se acercaba. Era el mismo autobús con el que habían ido a la mansión. Comenzó a hacer señas y entonces escuchó otro disparo, seguido de un fuerte dolor en el muslo. Eva cayó de bruces. Estando en el suelo se dio la vuelta y vio a Corey caminando hacia ella apuntándole.
—¿No os dais cuenta? Nos estáis condenando a todos con vuestro egoísmo. Nos estáis…— Corey no terminó la frase. El no había visto llegar el autobús y fue brutalmente atropellado. Su cuerpo fue lanzado por los aires y desapareció entre unos arboles.
El autobús pasó un poco de largo y se detuvo a unos diez metros de donde estaba Eva, la puerta de este se abrió y del vehículo salió corriendo Johana a socorrerla. Cuando llegó junto a ella comprobó la herida del muslo de Eva.
—No parece grave, pero te llevaremos al hotel a que Mél o Sheila te curen.
—No— respondió Eva. –Tenemos que llevar a Juanma también. Corey le hizo algo y podría morirse.
Juan también se acercó a ellas y cuando escuchó a Eva, rápidamente les indicó que cogieran el autobús y que regresaran a la mansión. El se quedaría a terminar el trabajo.
Johana y Eva hicieron lo que Juan les dijo, se subieron al autobús y se alejaron de allí mientras Juan se quedaba.
Una vez solo, Juan comenzó a buscar el cuerpo de Corey. Finalmente lo encontró tirado entre unos arboles. Su aspecto era un desastre, tanto sus piernas como cadera, estaban destrozadas y dejaban los destrozados huesos a la vista, pero aun así, seguía vivo, aunque no podía hablar. Juan se acercó a Corey. Totalmente  sorprendido por como se aferraba a la vida.
—Vaya. Así que sigues vivo. No me lo esperaba— Corey abrió la boca, pero salvo un gemido no salió nada más. En su cara se veía el sufrimiento. –Aunque ahora sigas vivo, no te queda mucho. Te mueres… Y la verdad, después de lo que has hecho no es que me importe tu miserable vida— Juan se sentó a su lado y sacó su pistola. —¿Sabes como me ganaba la vida yo? Era asesino a sueldo. Me pagaban por matar a quien me dijeran. Si, lo se. No es algo de lo que sentirse orgulloso, tampoco es que me gustara. Mi primera victima fue un violador, el tío estuvo en prisión con una pena de más de cincuenta años. El caso es que la ley de mi país es una mierda y ese malnacido salió en libertad. El padre de la muchacha me contrató para que yo hiciese el trabajo y así lo hice. Fue mi primer encargo. Los primeros días lo pasé algo mal, había matado a una persona. Era un cabrón, si, pero matar es matar. Me estuve comiendo la cabeza hasta que un día dejó de importarme. Un día llegó mi segundo encargo, luego el tercero, el cuarto, el quinto…— Juan siguió enumerando los encargos hasta que se detuvo. –Con el tiempo me di cuenta de que a la hora de cargarme a la gente ya no sentía nada, ni alegría, ni miedo. Estuve en prisión y allí contrataron mis servicios para cargarme a otro preso, mi jefe en ese momento era un tipo que no iba a salir de prisión nunca, este no me pagó con dinero, me pagó con un abogado que ya tenía todas mis coartadas. Salí limpio de la cárcel y todo quedó como un error de la ley. Ya te dije que esta es una mierda en mi país. Después de eso seguí aceptando encargos, me mandaban, hacía el trabajo y me largaba. La mayoría de mis encargos eran ratas que merecían morir, todos habían cometido algún delito, me sentía tan bien con ello que ya no les quise cobrar. Uno de mis encargos, de los últimos, fue un hombre, un hombre que no podía moverse, estaba postrado en la cama. Creo que tenía la polio o algo así, su esperanza de vida era poca, pero mientras seguía viviendo estaba sufriendo. Su encargo no fue para que me cargara a nadie en especial. Su encargo era que lo matara a el mismo. Fue la primera vez que me encontraba con un caso así, el hombre estaba solo y salvo cuidadores, nadie se ocupaba de el. Me ofreció una gran suma de dinero que yo acepté. Sin embargo, antes de hacerlo, le pregunté  si era eso lo que quería y el me respondió que si, me dijo: “Mátame”… Y así lo hice. Después de eso me retiré y no volví a matar a nadie, no al menos hasta que ocurrió todo esto— Juan hizo una pausa y miró a Corey. El cual todavía estaba vivo. –Seguramente te estarás preguntando el por que te cuento esto… La respuesta es muy sencilla. Te veo sufrir y me recordaste a ese hombre, al cual admiro por su decisión. Se ganó todos mis respetos, por eso no me gusta ver el sufrimiento. Te lo cuento por que si tú me lo pides, te ahorraré el sufrimiento ahora mismo metiéndote una bala en la cabeza. Dime ¿Quieres que te mate?
Corey miró a Juan con ojos suplicantes e intentó hablar, pero no pudo. Entonces movió la cabeza asintiendo. Juan sonrió.
—Supongo que eso es un si. Muy bien, vamos allá.
Juan puso su pistola en la frente de Corey mientras este cerraba los ojos. Entonces Juan apretó el gatillo, pero no se escuchó ningún disparo, de hecho, ninguna bala salió del arma. Corey abrió los ojos y miró a Juan. Este lo miraba con una sonrisa, le quitó el arma de la frente, le quitó el cargador y se lo mostró, estaba vacio.
—Como ya te dije antes— Juan se levantó. –Era asesino a sueldo, tu no tienes nada para pagarme y además. Yo ya hace tiempo que me retiré. Y como no me gusta ver el sufrimiento, me largo. Calculo que aun te deben quedar unas cuantas horas, disfrútalas. Hasta nunca— dijo Juan mientras se alejaba.
*****
Eva y Johana regresaron a la mansión Crawford. Nada más llegar, subieron corriendo a la habitación y se encontraron con Nina. Juanma estaba tumbada en la cama y parecía que estaba dormido.
—¿Ya habéis vuelto?— preguntó Nina
—Ayúdame a levantarlo— le espetó Eva a Johana. –Debemos llevarlo al hotel. Necesita con urgencia un lavado de estómago.  Corey  lo envenenó para hacer más fácil lo de secuestrarme.
Johana y Eva cogieron a Juanma y lo levantaron de la cama. Bajaron rápidamente las escaleras y se subieron al autobús en el que habían llegado. Rápidamente se pusieron en marcha.
—Vamos cariño. Tienes que aguantar— decía Eva.
Abrí los ojos lentamente y entonces vi a Eva. Justo detrás de ella vi a Lidia.
—¿Dónde estoy?—pregunté.
—Te estamos llevando al hotel. Tienes  que aguantar. Ni se te ocurra morirte— decía Eva.
—Eso. Ni se te ocurra morirte. Has matado a tantos que te están esperando al otro lado para ajustar cuentas. Ya nos veremos— dijo Lidia.
Entonces cerré los ojos mientras escuchaba la voz lejana de Eva. No sé el tiempo pasó, pero cuando me desperté, me di cuenta de que estaba tumbado en la camilla de la enfermería del hotel. Miré a mi alrededor y vi a Mélanie y Sheila. Estas hablaron entre ellas y Mélanie salió, segundos después, Mél entraba seguida por Eva. Nada más entrar, Eva se acercó a mí y me dio un beso, me tocó la frente y sonrió.
—Te bajó la fiebre. Es un alivio.
—¿Qué ha pasado?— pregunté. Tenía los recuerdos algo nublados.
—Corey te drogó. Lo hizo para dejarte fuera de combate mientras me llevaba a Las Vegas, pero todo salió bien— respondió Eva. –Todos estamos a salvo. Al menos de momento.
—¿Y dónde está Corey?— pregunté.
Johana entró en ese momento en la enfermería. –La última vez que lo vi, estaba volando por los aires tras ser golpeado por el autobús. Juan se quedó allí. Supongo que a estas horas debe estar muerto. Ya está, tranquilo. Ahora lo que debes hacer es descansar.
Me levanté de la camilla y me quedé sentado. –No hay tiempo para descansar. Carlos probablemente esté de camino y él, no nos dará ni un descanso, tenemos que prepararnos para lo que está por venir. Quiero que todos sigan  preparándose.
—Yo me quedaré aquí. No pienso irme, no puedo irme otra vez— dijo Eva.
—No. Tú debes quedarte  en la mansión con los bebés. Prefiero que estés lejos de aquí cuando  todo ocurra. Bajo ningún concepto puede encontrarte aquí. ¿Entiendes?— pregunté.
En ese momento alguien llamó  a la puerta de la enfermería, le dimos permiso para entrar. Y cuando entró,  vimos que se trataba de Juan.
—Me alegro de ver que estás bien.

—Si. Y es hora de prepararnos. Vamos a terminar con esto de una vez por todas. Cuando vengan, se arrepentirán de haberlo hecho

sábado, 19 de noviembre de 2016

NECROWORLD Capitulo 136

Día 30 de Octubre de 2010
Día 853 del apocalipsis…

—Has hecho lo que has podido, no te preocupes— me iba diciendo Luci en el asiento trasero del vehículo mientras cruzábamos las puertas del hotel y veía al resto del grupo salir a recibirnos. –Lo entenderán, Carlos no es esa clase de persona con la que se pueda razonar, pero tenias que intentarlo. Ahora solo te queda…
—¿Cómo los preparo para la inminente guerra que se avecina? Muchos no están ni siquiera preparados. Diga lo que les diga se alarmarán, muchos podrían optar por marcharse, si eso ocurre, nos quedaremos en minoría y eso nos hará todavía más débiles— dije interrumpiendo a Luci. En ese momento vi a Sheila salir también acompañada por Mélanie y Stephanie, por su mirada estaba esperando ver a Rachel salir de uno de los vehículos. Volví a mirar a Luci. —¿Cómo le explico a Sheila que no logré traer a Rachel?
—Supongo que encontrarás la manera. Ahora debes ir a la enfermería y que te curen bien el brazo. Yuriko y yo solo te hemos hecho una cura muy básica.
Los vehículos se detuvieron y yo salí del coche, entonces todos los que estaban allí se congregaron a nuestro alrededor. Unos hablaban con otros, otros miraban por encima de nosotros para ver si venia alguien más.
—¿Qué ha pasado? ¿Dónde están Rachel y las demás?— preguntó Stephanie.
—No pudimos rescatarles— respondí. –Nos atacaron y tuvimos que huir, pero Carlos me aseguró que Rachel, Silvia y Katrina están vivas. Creo que…
—Yo os contaré todo lo que queráis saber, yo también estuve a su lado— me interrumpió Luci. Esta miró entonces a Mélanie y Sheila. –Juanma necesita que le curéis este brazo, llevadlo a la enfermería.
Yo me fui con Mélanie y Sheila mientras Luci se quedaba explicándoles todo lo que había pasado. Cuando llegué a la enfermería, Mélanie me quitó la venda e inspeccionó la herida. —¿Quién te lo ha curado? Ha hecho un buen trabajo.
—Fueron Yuriko y Luci— respondí con un suspiro, entonces miré a Sheila. –Siento no haber traído a Rachel. Carlos nos atacó de repente y tuvimos que huir, aun así no parecía que fuese a ceder, pero dijo que vivían. El único que dijo que murió fue Dylan…— hice una pausa y entonces las miré a las dos. –Carlos sabe donde estamos.
—Eso no es bueno supongo— dijo Mélanie mientras me echaba desinfectante a la herida.
—No. No lo es— respondí mirando a Sheila.
—¿Le creíste?— preguntó en ese momento Sheila. —¿Creíste a tu hermano?
—No sabría que decirte— le respondí sinceramente –Pero por como hablaba… Creo que lo que el pretende es un intercambio. Si es lo que quiere, las necesita vivas. Vendrá aquí y amenazará con matarlas si no le entrego a Eva, a Vicky y a los niños.
—Y supongo que no se la entregarás— respondió Sheila.
—Entregársela no creo que cambiara nada. El ya intentó matarnos allí, aunque se la entregara, no creo que se marchara de aquí tranquilamente, incluso podría largarse y regresar después pillándonos desprevenidos y matándonos a todos. Para el somos una amenaza que hay que erradicar. Si no fuese así no nos habría emboscado— respondí.
—Claro… Si tuvieras que entregar a alguien para salvar a Eva no te lo pensarías tanto— dijo Sheila, después se marchó de la enfermería dando un portazo.
—Se le pasará, es algo normal. Tiene miedo— dijo Mélanie mientras me curaba. –Todos lo tenemos. Entiendo que esté así por que está preocupada por Rachel, pero también te entiendo a ti. No puedes entregar así como así a la mujer que amas y esperar que tu hermano cumpla su palabra. No lo conozco, pero no creo que sea buena persona, de esas que cumplen su palabra. Entonces… ¿Qué otra opción nos queda?
—Carlos sabe donde estamos y vendrá. Se que lo hará. Puede que mañana ya lo tengamos en las puertas del hotel. Cuando eso ocurra intentaré hablar con el, jugaré mis ultimas cartas y si nada de eso funciona…
—¿Qué ocurrirá?
—Que tendremos que matarle. A el y a los que le sigan, habrá que matarlos a todos. Solo así erradicaremos esa amenaza que Carlos nos supone, mientras el siga vivo no nos dejará en paz. Intenté evitarlo allí y lo intentaré una vez más… Pero… Creo que esto solo acabará cuando uno mate al otro.
—Matar a un hermano no es lo mismo que matar a tres tipos cualquiera— respondió Mélanie recordando a Kennedy. Cuando la miré, ella clavó sus ojos verdes en mí. –No te culpo. Tuvisteis que hacerlo, esa gente nos hizo daño y por su culpa muchos murieron— Mélanie hizo una pausa para colocarme la venda nueva. –Pero tampoco puedo evitar pensar que solo buscaban lo mismo que nosotros, sobrevivir, aunque no escogieron el camino correcto de hacerlo, tu si lo haces, aunque tomes decisiones que no son acertadas. En este caso, la decisión de no entregar a Eva es la más acertada.
Me levanté de la camilla para ponerme la camisa y me di la vuelta para mirarla. –Dentro de un rato organizaré una reunión. Se avecina una guerra y hay que prepararse, a los que quieran defender este lugar se les instruirá en manejo de armas más potentes más allá de las pistolas de nueve milímetros. Los que no quieran luchar serán llevados a la casa donde están Eva y los demás. Los llevaré yo mismo tras la reunión.
—Yo me quedaré aquí. Quiero defender este lugar, es mi casa y mataré por ella si hace falta. Solo tengo que aprender a hacerlo sin sentir remordimientos después. ¿Puedes enseñarme a ello? A matar sin miedo… A matar sin mostrar sentimientos.
—Cuando alguien amenaza tu vida y lo matas. No hay sentimientos— respondí. Seguidamente salí de la enfermería y fui al hall principal del hotel, allí Juan y Luci habían reunido al resto. Era algo que ya habíamos hablado mientras regresábamos a Casa. Cuando me vieron aparecer todos me miraron, pude ver caras que expresaban cosas distintas, caras de miedo, de preocupación, de decisión, incluso caras que transmitían odio por no haber podido hacer nada. –Muy bien— comencé a decir. –Iré directo al grano, dejadme hablar y luego decid todo lo que queráis.

Mansión Crawford… Gray…
20:00 horas de la noche…

Eva se encontraba mirando por la ventana de una de las habitaciones, la misma en la que se quedarían ella y los bebés. estos dormían tranquilamente en la cuna que Nina les había traído, la había encontrado en la buhardilla y recordaba haberla visto allí hacía bastante tiempo. Abajo en el exterior, Johana y Nina cerraban las verjas tras trabajar en ellas para impedir que entraran caminantes. La llegada a la mansión había ido bien, no había nada ni nadie, lo cual les hizo fácil lo de tomar la mansión.
Eva estaba preocupada, conocía bien a Carlos y se imaginaba que no les pondría las cosas fáciles al grupo, en realidad no se fiaba de el.
—Mamá— la voz de Vicky hizo que se diera la vuelta. Todavía no se acostumbraba a que Vicky la llamase así.
—Dime— dijo Eva apartándose de la ventana.
—No me gusta este lugar. Deberíamos estar en el hotel esperando a papá y si hace falta, luchando para proteger nuestro hogar, nos costó mucho establecernos allí. No podemos perderlo ahora por que tío Carlos quiera que tu y los bebés os vayáis con el— respondió Vicky.
—Tu padre hace lo que cree que es conveniente para nosotras. El ha ido a ver a tu tío para hablar con el, y evitar que pueda pasar algo malo. Solo quiere arreglar las cosas— respondió Eva sentándose en la cama y cogiendo a Vicky del brazo.  –Lo importante es que permanezcamos aquí hasta que las cosas se solucionen.
—No se solucionarán mamá. Yo se lo que hay que hacer.
—¿A que te refieres?— preguntó Eva.
—Si tío Carlos no estuviera vivo, esto no pasaría. Papá tuvo que matarle cuando tuvo ocasión— respondió Vicky. –Todo sería mucho más fácil.
—No digas eso cariño.
—Es la verdad. Ya no soy una niña, he tenido que madurar mucho y entiendo lo que pasa a mí alrededor. Quizás al principio no entendía del todo las cosas, pero ahora si. El tío Carlos debe morir. Si es necesario le mataré yo misma, yo os protegeré si papá no puede.
—Tu padre juró que nos protegería— respondió Eva sorprendida por la actitud decidida de Vicky.
—Se lo que juró papá, pero tío Carlos no deja de ser su hermano, papá no pudo matarlo antes y tampoco podrá hacerlo ahora. Al fin y al cabo son lazos de sangre lo que les une. Por eso yo iré al hotel.
—¿Qué quieres decir?— preguntó Eva
—Quiero decir que yo iré allí y lucharé cuando vengan. Ya lo he hablado con Johana y me iré con ella— explicó Vicky.
—¿Qué harás que? no puedo dejarte. Johana no tuvo que dejarte.
—Johana también irá a allí y quiero ayudar. Aquí no hago nada. Tu debes quedarte aquí con todos los demás, pero yo iré quieras o no.
—No te dejaré— respondió Eva
—No te estoy pidiendo permiso— respondió Vicky. –Solo vine a informarte— Vicky se alejó de Eva y salió por la puerta de la habitación. Eva también se levantó y la siguió, cuando salió de la habitación, se encontró a Vicky hablando con Johana. Cuando estas vieron a Eva se quedaron en silencio.
—Vicky. A tu habitación— dijo Eva mirándolas a las dos.
—Estoy hablando con ella— respondió Vicky.
—Tranquila, ve a tu habitación y te avisaré cuando vaya a irme. Luego te veo— dijo Johana.
Vicky le lanzó una mirada a Eva y se alejó por el pasillo mientras Johana se acercaba a Eva. Cuando llegó junto a ella se plantó delante. —¿Qué es lo que ocurre?
—Tú eres lo que ocurre. ¿Quién te dio permiso para decidir? No puedes llevártela. No puedes llevarla al hotel. Juanma dio órdenes al respecto.
—Juanma no está aquí. Y Vicky quiere tomar cartas en el asunto. Si es lo que quiere no podemos impedírselo. Tiene derecho a luchar para proteger su hogar.
—Carlos también la quiere a ella. Su presencia en el hotel hará que Carlos vaya a por ella— respondió Eva. –Juanma quiere alejarla de todo eso.
—¿Se te ha olvidado a que más viene Carlos? El viene a por ti y tus hijos. Esto se podría haber evitado si tu no te hubieses abierto de piernas con el— respondió Johana. –Si lo miras desde otra perspectiva… Todo esto tiene que ver contigo, todos nos estamos jugando el cuello por ti. Estamos en esta mansión para protegerte a ti, Juanma se fue a Las Vegas para protegerte a ti y las chicas están donde están por protegerte a ti. Tú no eres la más indicada para decidir aquí. Si Vicky quiere regresar al hotel la llevaré y solo la devolveré aquí si Juanma lo ordena. Eso claro, si han logrado regresar. Ahora si me disculpas, tengo cosas que hacer— Johana se alejó de Eva y esta se quedó pensando.
Johana tenía razón. Todo era culpa suya, todo había surgido desde aquella vez que se acostó con Carlos, si no hubiese pasado eso nunca, quizás Carlos no sería el que era en esos momentos y quizás no estarían en la situación que estaban. Entonces Eva comenzó a tomar una decisión. Una que podría cambiarlo todo.

Hotel…
21:00 horas de la noche…

Lo había contado todo. Era hora de ponerse a trabajar. Para la guerra que se avecinaba había mandado construir unas trincheras cerca de la entrada principal. Sabía que Carlos nos atacaría y sabía que estaba muy confiado, el nos atacaría de frente. Los muros que ya habían comenzado a construirse nos servirían para mantenerlos a raya desde las puertas. Estos eran dobles, se trataba de dos muros con un metro y medio entre ellos, formando de esa manera un pasillo. En las paredes había oberturas para que pudiéramos disparar desde la seguridad que estos nos proporcionaban. La forma era en arco, protegiendo toda la entrada al edificio.
En las ventanas del hotel íbamos a poner ametralladoras, ahí solo estarían los mejores tiradores. Por si no conseguíamos mantenerlos a raya en esa zona y lograban penetrar en el hotel, los recibiríamos con explosivos, los cuales detonaríamos si llegaban a las puertas del edificio, estos solo serían puestos cuando Carlos llegara a las puertas del hotel. El único sitio donde no pondríamos las cargas sería en las puertas que daban a los jardines y huertos de detrás, las demás puertas estarían todas preparadas, Juan sería el que se encargaría de hacerlos detonar. También había hecho colocar cargas explosivas en el túnel de la alcantarilla, allí una detonación causaría grandes daños y dejaría atrapados aquellos a los que no matara.
La instrucción había comenzado en la planta baja del hotel y todos estaban practicando con blancos en movimiento mientras yo los observaba. Les estábamos enseñando a que debían disparar a cualquier punto, pero si no podían acertarles en puntos vitales tenían que dispararles a las piernas o los brazos para neutralizarlos. Eso nos daría unos segundos preciosos.
—Juanma— la voz de Levine hizo que me diera la vuelta.
—Dime Richard— le dije.
—Juan ya está listo para llevarte a la mansión Crawford. Me ha pedido que te lo dijera.
—Gracias— le dije dándole una palmada en el hombro. —¿Sigues tu supervisando las practicas de tiro?— le pregunté.
—Si. No hay problema— respondió. Yo se lo agradecí nuevamente y entonces volvió a llamarme —¿Cuándo crees que llegarán?
—Aun no lo se, pero no creo que se demoren mucho. En los próximos días es muy probable que los tengamos aquí delante. Por eso nos estamos preparando ahora, les estamos esperando.
—Sabes muy bien que un enfrentamiento directo aquí destrozará el hotel… ¿Ya has pensado a donde iremos después?
—La mansión Crawford será un buen lugar temporal. Ese es nuestro plan B. Prepararemos la retirada con varios vehículos en la parte trasera. Serán los que usaremos para largarnos si la cosa se complica— respondí.
—También sabes que muchos morirán. Esto no acabará bien— dijo Levine.
—También lo se. Eso es lo que más me ronda la cabeza, podríamos largarnos sin más, pero eso sería dejar tiradas a Silvia, Rachel y Katrina. Más bien lo hago por ellas— dije finalmente. Después salí por la puerta y me reuní con Juan en el hall principal.
—¿Estás listo?— preguntó Juan.
—Lo estoy— respondí.
Ambos salimos del hall. En el exterior nos subimos a un coche y nos fuimos en dirección a la mansión Crawford.

Las Vegas…
22:00 horas de la noche…

Carlos había organizado una cena en uno de los grandes casinos que había en Las Vegas Strip. Allí se habían reunido todos los residentes de alto estatus en una gran mesa en forma de semicirculo. Lo primero que hizo fue proponer un brindis. Esa cena era algo que tenía previsto desde antes de desterrar a Dorian.
Había ordenado retirar también todos los carteles con la cara de Dorian y había ordenado que hicieran unos con su cara, también había comenzado a ordenar la construcción de una estatua que le representara, definitivamente, Carlos había conseguido uno de sus mayores propósitos, pero la cosa aun no había terminado, le faltaba lo más importante, una mujer y sus herederos.
—Gracias por haber venido. Es un honor y un placer teneros aquí esta noche. Os he reunido aquí hoy en esta lujosa cena por que hoy es el comienzo de una nueva era para todos nosotros— dijo Carlos levantando la copa. Todos hicieron lo mismo y seguidamente bebieron, entonces Carlos prosiguió. –Me gustaría hablaros de los nuevos cambios que tengo preparados. Aumentaré considerablemente el número de soldados. Tenemos muchos, pero aquí todo el mundo debería ser capaz de defenderse. Así que a partir de la próxima semana, comenzara lo que llamaré la escuela militar donde adiestraremos a jóvenes a partir de los diez años. Otra cosa… Dentro de unos días confío en poder ofreceros los primeros avances de la vacuna. Si las cosas salen como espero, dentro de unos meses tendremos una vacuna que muy superior a la que se estaba preparando, esta no tendrá caducidad.
—¿No es la misma que tenían en Manhattan?— preguntó un hombre grueso, calvo y con bigote. Este vestía un traje de etiqueta y junto a su silla descansaba un bastón con un pomo de oro macizo.
—Si, lo es, pero en Manhattan la usaron nada más conseguirla, no contaban con que esta acabara desapareciendo del organismo y volviésemos a estar como al principio, pero si todo sale como tengo previsto, pronto tendremos la fuente inagotable de esta y experimentaremos antes de vacunar a los residentes de la ciudad, por supuesto todos optarán a ella.
—Pensé que ya la teníamos con esa chica, Luci— dijo una mujer totalmente enjoyada.
—Así era, pero Luci se escapó, además era incontrolable e imprevisible. La nueva fuente es una niña, es mucho más fácil de controlar— respondió Carlos.
—¿Vas a usar a una niña para extraer la vacuna?— preguntó un hombre mientras cortaba un trozo de carne y se lo metía en la boca.
—No es una niña cualquiera. Se trata de mi sobrina, ella y Luci, actualmente son las personas más importantes de este mundo, aunque ahora mismo, una de ellas me es bastante prescindible— respondió Carlos.
En ese momento sonó un pitido y Carlos se llevó la mano al bolsillo. Después sacó un aparato, lo miró, sonrió y luego miró a sus invitados. –Debo anunciaros que he preparado un espectáculo para esta noche— la puerta se abrió en ese momento y tras chicas entraron en la sala, eran Rachel, Silvia y Katrina. Estas fueron llevadas a un escenario delante de la mesa. Iban vestidas con lencería de color negro. Justo en ese momento comenzó a sonar la música mientras ellas comenzaban a bailar. –Por favor. Deleitaros con el espectáculo y disfrutad de la noche. Recordad, se miran pero no se tocan.
Katrina observaba a Carlos mientras bailaba y se iba quitando la ropa. Este le sonreía desde la otra punta de la sala y levantó la copa antes de beber. El estaba disfrutando de esa humillación. Katrina miró entonces a sus dos compañeras, ellas también se sentían humilladas, aun así Katrina siguió bailando y desnudándose mientras se juraba a si misma que Carlos pagaría por ello.
Carlos observaba a las chicas y no pudo evitar fijarse en su hermana recién descubierta. Entonces se le ocurrió una idea de hacer daño para vengarse por lo que ocurrió en las puertas de Las Vegas. Se le ocurrió algo que haría mucho daño a Juanma.

Mansión Crawford…
Gray…
22:30 horas de la noche…

Juan detuvo el vehículo delante de las verjas de la mansión y bajamos. Enseguida vino Johana a abrirnos las puertas. Nada más ver a Juan se abrazó a el y le besó en los labios, después vino a abrazarme a mi.
—¿Cómo os ha ido?— preguntó ella. Se nos quedó mirando y volvió a hablar. –Por vuestras caras diría que no muy bien.
—Ahora te lo contaré todo— dijo Juan.
—¿Dónde están Eva y Vicky?— pregunté.
—Están dentro cenando. Iba a ir al hotel después de cenar— Johana hizo una pausa. –Por cierto. Tu hija quiere estar en el hotel, me ha pedido que la lleve, yo le dije que si y Eva no está de acuerdo. Tú tienes la última palabra.
—Hablaré con ellas— dije yo al tiempo que entraba.
Los tres avanzamos hacia la puerta principal, justo antes de llegar, Vicky salió corriendo y vino a abrazarme. Yo la recibí con los brazos abiertos.
—¡¡¡Papá!!! Me alegro mucho de verte— dijo Vicky con una sonrisa.
—Y yo de verte a ti. Te he echado de menos— respondí. Esta volvió a abrazarme y entonces me hizo daño en la herida del brazo. Yo emití un leve gemido y ella se dio cuenta. —¿Qué te ha pasado en el brazo?
—Solo es una herida. Una más que se suma a todas las que tengo. Vamos a dentro— dije caminando junto a los demás, una vez dentro cerramos la puerta y entonces vi a Eva bajando las escaleras. Cuando me vio, bajó corriendo y me abrazó.
—Tenía miedo de no volver a verte.
—Yo también lo temía. ¿Habéis cenado?— pregunté.
—Si. Ya hemos cenado, algunos de los niños ya duermen. ¿Vosotros habéis comido algo?
—Este si que comerá algo ahora— dijo Johana pasando a mi lado tirando de Juan y subiendo por las escaleras.
—No me lo canses demasiado— dije antes de que los perdiéramos de vista. Después miré a mi familia, más concretamente a Vicky. –Johana me ha dicho lo que quieres y las respuesta es no. Es demasiado peligroso.
—Papá. No es justo— se quejó Vicky. –Ya no soy una niña. Dejad de tratarme como tal. Soy más madura que muchas de las que se han quedado en el hotel. Se disparar mucho mejor que ellas.
—Eso lo se. Por eso mismo estás aquí. Eres lo bastante mayor como para proteger a tus hermanos. Las cosas en el hotel pueden salir mal y si eso ocurre, quiero saber que cuento contigo aquí, protegiéndolos— le puse la mano en la cabeza y le acaricié el pelo. –Ahora ve a dormir y descansa. Mañana hablaremos más tranquilamente, ya que pasaré aquí la noche.
Vicky me dio un beso en la mejilla y subió por las escaleras mientras que yo me quedaba a solas con Eva en las escaleras.
—¿Qué pasa? Por tu cara se diría que las cosas no salieron bien— dijo Eva.
—Tienes toda la razón ¿Dónde podemos hablar tranquilamente?— pregunté.
—Ven. Aquí al lado hay una biblioteca— dijo Eva. Seguidamente me llevó hasta la mencionada biblioteca. Era una habitación bastante grande. Había varios sillones en torno a una mesita, varias estanterías llenas de libros y un piano en una esquina. Una vez allí comenzamos a hablar. Se lo comencé a contar todo.

Día 31 de Octubre de 2010
Día 854 del apocalipsis…
00:15 horas de la madrugada Las Vegas Strip…

Carlos se encontraba en su casa bebiéndose un vaso de vino. Entonces llamaron a la puerta y el ordenó que pasaran. Eran Butch y Katrina, ella aun iba vestida con la misma ropa que se había quitado durante la cena. Carlos los miró.
—Gracias Butch. Puedes irte.
Butch se fue y Katrina se quedó allí plantada de pie. Miró a su alrededor buscando algo que pudiera usar como arma mientras Carlos estaba desprevenido llenando una segunda copa.
—¿Por qué querías verme?— preguntó Katrina.
—Ponte cómoda— dijo Carlos sin darse la vuelta. Al ver que no se movía se dio la vuelta y la miró con una sonrisa. –Es inútil. No hay nada que puedas usar como arma y aunque lo encontraras… No podrías hacer nada— dijo Carlos señalando una cámara. –Entrarían a dispararte. Siéntate.
Katrina caminó hacia uno de los sillones y se sentó, segundos después Carlos se sentó a su lado y le dio la copa de vino.
—¿Qué es lo que quieres ahora?
—Felicitarte por tu actuación. Lo has hecho muy bien— la felicitó Carlos. –Quería saber si me harías un baile privado.
—¿Qué?— preguntó Katrina estupefacta.
—Un baile privado, pero primero bebe— dijo Carlos.
Katrina bebió un trago y seguidamente se levantó. Se quedó frente a Carlos y este le hizo un gesto para que empezara. Katrina comenzó a contonearse lentamente mientras se iba quitando la ropa. Tuvo que cerrar los ojos para no mirar a Carlos, aunque eso no impidió que las lágrimas comenzasen a deslizarse por sus mejillas. Primero se quitó el sostén dejando sus pechos al descubierto. Carlos la miraba con una sonrisa de oreja a oreja y asintió. –Lo estás haciendo muy bien. Quítatelo todo— dijo Carlos mientras se quitaba el cinturón. Katrina siguió moviéndose y finalmente se quitó las bragas, quedándose totalmente desnuda. Ella miró a Carlos y vio que el también se había quedado desnudo. –Ven aquí y siéntate a mi lado— Katrina obedeció y caminó hacia el sofá. Una vez allí, Carlos le ordenó que se tumbara.
—Por favor… No…— suplicó Katrina. –Somos hermanos.
—Ya lo se— dijo Carlos. –Ahora túmbate- Katrina hizo lo que Carlos le ordenó y se tumbó. Fue en ese momento cuando Carlos le separó las piernas y se puso sobre ella. Katrina cerró los ojos cuando notó que entraba dentro de ella. Carlos la obligó a mirarle mientras la penetraba. –Quiero que pienses en Juanma. Quiero que veas que todo esto es culpa suya, quiero que cuando te vea, sepa lo que te he hecho.
Katrina volvió apartar la mirada y lloró amargamente. Se sentía humillada, y todavía se sintió peor cuando Carlos eyaculó dentro de ella.