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sábado, 24 de septiembre de 2016

NECROWORLD Capitulo 130

Día 22 de Octubre de 2010
Día 845 del Apocalipsis.
09.00 de la mañana.  Las Vegas…

Carlos había dado la orden de sacarles el paradero de su hermano costase lo que costase. Por eso, dos de sus hombres habían cogido a Silvia y Cloe. Después las habían llevado a una sala oscura donde las sentaron en sillas, la una frente a la otra. Silvia estaba asustada, mientras que Cloe estaba serena, no era la primera vez que vivía algo así al parecer.
—¿Por cual empezamos?— preguntó uno de ellos mirando a las dos chicas.
—De momento solo una. La otra solo mirará, así sabrá que si no habla, lo mismo le esperará a ella. Veamos— el que llevaba la voz cantante miró a Silvia. Cuando vio que se estremecía, sonrió satisfecho. –Creo que empezaremos por ti. Tienes pinta de que comenzarás a cantar de un momento al otro. Además, eres la más guapa de las dos… De momento. Cuando hayamos acabado contigo ya no lo serás tanto— en ese momento le dio un puñetazo a Silvia. –Esta es la primera. Y la violencia irá subiendo si no dices lo que queremos saber.
—¿Qué harás con ella?— preguntó el otro. Cloe observó que no parecía muy listo.
—Pues primero la forraré a hostias. Intentaré no tocarle mucho la cara por si decide hablar. Si así no lo consigo… Pues me la follo y luego le voy cortando los dedos de las manos y los pies.
—Carlos no quiere que las violemos. Solo nos ha permitido golpearlas, pero nada de violar.
—Tú debes ser marica o algo así. Tienes aquí dos oportunidades cojonudas. ¿Las vas a dejar escapar por lo que diga ese gilipollas. Solo es un mierda que se ha hecho con el control de la ciudad. Cualquier día alguien se hartará de el y le cortará el puto cuello. Quizás incluso lo haga yo.
—No digas eso. Si te oye estarás muerto.
—No me jodas. No me escuchará. Está demasiado ocupado con la morena esa que dice que es su hermana. Nosotros aquí tenemos carta blanca. Basta con que no las matemos para nada. Si nos las follamos no creo que lo digan, por que no tendrán lengua para hacerlo.
—No pienso participar en esto.
—Pues vete. Vete a llorar a tu mamaíta. Yo pienso divertirme de lo lindo con ella.
Cloe los observaba a los dos tipos y también observaba a Silvia. En sus ojos vio el terror y supo en lo que estaría pensando. Estaba temiendo volver a revivir lo que ocurrió antes de que se uniera al grupo. Cloe la apreciaba y en ese momento tomó una decisión.
—¡Eh! Tu— ambos tipos se giraron y Cloe miró al que mandaba de los dos. –Si, tu. El mil hombres que dice que hará esto y lo otro. El que se cree que va a meterle su sucia polla a alguien. ¿No te parece que estás un poco flipado?
—¿De que coño estás hablando?
—De nada. Solo opino que eres un fantasmón de mierda que intenta presumir de ser un macho alfa delante de los que tienen una inteligencia inferior. No eres más que un mierda tío. He conocido muchos como tu, tanto en la calle como en la trena y se os va la fuerza por la boca.
En ese momento aquel tipo le pegó a Cloe una patada en el estomago, después miró a su compañero. –Mira tu por donde hay un cambio de planes— después miró a Cloe. –Vas a catar como un ruiseñor.
Cloe pesé al dolor, levantó la cabeza y miró a su agresor. –Con esa patada de nenaza no harás cantar a nadie. Cretino.
Silvia enseguida entendió lo que estaba haciendo Cloe. Ella estaba provocando a aquel tipo para que se olvidara de ella y se centrase solamente en Cloe. Cloe estaba protegiéndola.
—Ya no me importa si hablas o no, pero tú vas a sufrir. Te juro que vas a arrepentirte.
—Si tengo que elegir entre que me aburras o me des de hostias, prefiero lo segundo— dijo Cloe escupiéndole un gargajo mezcla de mocos, sangre y saliva a la bota de aquel tipo. Eso lo enfureció todavía más. Seguidamente comenzó a golpearla sin compasión ante la mirada atónita de Silvia y la asustada mirada de su compañero.
*****
Carlos preparó un par de tostadas con mermelada. La dejó dentro de un plató y se dirigió a la cocina, allí puso una taza en la maquina de café y comenzó a llenarla. Cuando la llenó, volvió a donde había dejado las tostadas, puso el plato de estas y el café en una bandeja, la cogió y se dirigió a la puerta, cuando la abrió se encontró frente a frente con Butch.
—¿A dónde vas?— preguntó Butch.
—No es asunto tuyo— respondió Carlos saliendo y cerrando la puerta. –Ignoraba que ahora tuviera que darte explicaciones de lo que hago o dejo de hacer.
—Se lo llevas a esa que dice que es tu hermana ¿Verdad? ¿En serio te has creído eso? Solo quiere salvar el culo ¿Quieres un consejo? Sácale la verdad. Reviéntala si es necesario. Si quieres yo me ocupo de ella. La habré hecho cantar antes de la hora de comer.
—No te acerques a ella. Ni se te ocurra— dijo Carlos —¿Has venido a interrogarme o vas a decirme algo más?
—Ese tipo. El hermano de la que murió. Está estable y fuera de peligro. Los médicos han trabajado duro, pero sobrevivirá. Aunque sigo sin entender el por que lo hemos hecho. Se supone que lo curábamos a cambio de que hablara.
—Lo he pensado mejor. Es mejor que nos esté agradecido. Así sospecho que cuando despierte, estará tan contento de lo que hicimos que nos lo dirá todo— respondió Carlos. –Se que solo quería a su hermana, pero ella ya no vive. Ahora tiene algo mucho más valioso. La vida ¿Qué habéis hecho con el resto? Con las rubias y las lesbianas.
—Las rubias están con Robie y Marco, ellos les sacarán algo. Las lesbianas están aun en la celda.
—A las lesbianas sepáralas. Si quieren volver a estar juntas que hablen. Si aun así no dicen nada… A la jaula. Será divertido para los demás. Ahora, si me disculpas.
Carlos se alejó de Butch y fue hasta la habitación donde estaba Katrina. En las últimas horas la habían trasladado allí. Nada más llegar vio a los dos guardas. Al verlo, estos se apartaron de la puerta y dejaron que pasara. Cuando entró, se encontró con Katrina sentada en la cama. Ella lo miró a el y este sonrió.
—Te he traído el desayuno. Espero que te gusten las tostadas con mermelada y el café. Si no te gustan, puedo prepararte otra cosa— Carlos dejó la bandeja sobre la mesita de noche que Katrina tenía cerca, después se sentó en una silla que había al lado del escritorio. –Pedí que te trajeran aquí expresamente. Es una habitación de lujo. Creo que en su día se hospedaron aquí grandes estrellas y personas de alto estatus social. Algo así como reyes, Jeques… Ya me entiendes— Carlos entonces la miró fijamente. –Es increíble… Realmente eres mi hermana. Te miro a los ojos y son los ojos de nuestro padre— recordar eso hizo que Carlos comenzara a reírse. –Menudo cabrón. Que callado se tenía lo de que tenía una hija al otro lado del mundo… Y que casualidad que haya sido necesario el fin del mundo para que nos encontremos. Es hasta irónico. Adelante, come.
—¿A que viene tanta amabilidad de repente?— preguntó en ese momento Katrina. –Creí que ibas a dejarme en una celda como a los demás.
—Eres mi hermana. Creo que no debemos dejar la oportunidad de conocernos y empezar con buen pie. Supongo que te habrán hablado ya de mí. Te habrán dicho cosas como que soy un cabrón. Un ser despreciable, pero quiero demostrarte que no es así. Soy una persona como tu.
—Por eso quieres saber donde está Juanma. Para ir a por el y matarle— respondió Katrina cogiendo una tostada y dándole un bocado. Masticó un poco y tragó, después la dejó otra vez en la bandeja. –Está buena.
—En un principio si quería matar a Juanma. De verdad, el hecho de tener que verlo me enervaba, pero ahora ya ni siquiera pienso en eso. Yo no mataré a Juanma. Si el no me obliga a ello, claro. Simplemente quiero recuperar lo que es mío. A Eva y a mi hijo. También necesito a Vicky. Lo de esa niña es por una buena causa.
—Juanma no te las entregará por las buenas.
—Lo convenceré de que lo haga. Si no, si se niega, entonces si tendré que matarle. A el y a todo el que se interponga en mi camino. Pero si tu me dices donde está. Si tu me confiesas su paradero, le daré más de una oportunidad. Todo puede marchar bien entre nosotros, pero el tiene que asumir que hay cosas que me pertenecen. A Vicky ni siquiera pienso quedármela para siempre. Solo un mes o dos, después, se la devolveré.
—Y si no cede. ¿Qué harás entonces?
—Atacar con todas mis fuerzas. Muchos morirán por su culpa.
—¿Sabes? Si atacas a Juanma y comienzas a matar indiscriminadamente a la gente… Bueno, eso incluye también a tu sobrina. Mi hija.
—¿Tienes una hija? ¿Cómo se llama?— preguntó Carlos sorprendido.
—¿Para que quieres saberlo si vas a matarla en el ataque?— preguntó Katrina.
—Es mi sobrina. No tengo por que hacerle daño. Podemos hacer un trato. Verás. Si tú me dices donde está nuestro querido hermano. No solo traeré a Eva, Vicky y a mi hijo conmigo. También traeré a tu hija para que os reunáis. Luego como amo y señor de esta ciudad, os daré una lujosa casa. Allí tu hija crecerá y tú envejecerás felizmente. Tendrás mi protección. No se ni donde está Juanma, pero joder. Seguro que esto es mucho mejor que ese agujero donde es seguro que os tiene metidas. Aquí hay más gente y más recursos.
Katrina tomó un sorbo de café y luego miró por la ventana. En la calle vio a varias personas paseando como si nada, luego miró a Carlos. –Parece un sitio mejor, desde luego.
—Entonces… ¿Hay trato? Tú me dices donde puedo encontrar a Juanma y yo os garantizo una vida de lujo aquí. No os faltará de nada. Te doy mi palabra.
—Eres buen negociador, podrías haber sido policía… Pero conmigo no es suficiente. Prefiero vivir en un agujero proporcionado por Juanma, feliz con mi hija y mis sobrinos, antes que vivir aquí bajo el mando de un jodido loco. No es que dude de tu promesa, de hecho no noto la mentira. Sin embargo, como ya te dije. No quiero vivir cerca de alguien como tu.
—Creo que no eres consciente de tu situación. Te recuerdo que estás en la última planta de un hotel. De aquí no saldrás si yo no quiero… Y si yo quisiera, podría tirarte por esa ventana ahora mismo.
—No lo dudo. Nuevamente veo que hablas muy en serio, pero aun así, no pienso decirte una mierda. Vas a tener que torturarme mucho si quieres sacarme algo, pero también veo que no tienes cojones a hacerlo, prefieres dar órdenes. Creerte que tienes la sartén por el mango. No eres más que un loco megalómano.
En ese momento, Carlos se levantó de la silla, sacó su pistola y se la puso a Katrina en la frente, pero ella se mostró imperturbable. Solamente sonrió –Puedo matarte si quiero.
—¿Y por que dudas? ¿Por qué solo hablas y hablas? Si quisieses matarme. Si quisieses matar a alguno de nosotros. Ya lo habrías hecho, pero temes hacerlo. Por dos razones. Temes quedarte sin conocer el paradero de Juanma. Quieres saberlo por encima de todo y la ejecución de uno de nosotros podría dejarte sin conocer lo que tanto deseas saber. Nos cerraremos en banda y no abriremos la boca. Y la segunda razón y la más importante, temes la reacción de Juanma. Por eso quieres que desaparezca, por que le temes. El es el tipo de persona que puede llegar a cambiar el mundo, el es el tipo de persona que antepone la seguridad de los otros a la suya propia, pero tu… Tu solo eres escoria. Quisieras ser como el y no le llegas a la suela del zapato. Eres basura y lo mejor de todo es qu tu lo sabes. ¿Quieres matarme? Adelante. Hazlo.
Carlos apartó la pistola y solamente le dio un puñetazo a Katrina en la cabeza, seguidamente tiró la bandeja al suelo y salió de la habitación dando grandes zancadas. Mientras caminaba apretaba los puños y los dientes, los rehenes estaban resultando ser más fuertes de lo que pensaba.
*****
Silvia seguía sentada en la silla sin poder apartar la vista de lo que estaba sucediendo. Cloe estaba en el suelo tumbada boca abajo, desnuda de cintura para abajo. Sobre ella, el que llevaba la voz cantante, también desnudo de cintura para abajo, embestía con fuerza. La cara de Cloe había perdido toda expresividad por culpa de la hinchazón y la sangre. El otro hombre, estaba cerca de su compañero esperando a que este terminara. Finalmente, el que mandaba mostró una mueca y lanzó un gemido, de pronto se detuvo. Descansó unos segundos y luego se puso en pie para subirse los pantalones. Cloe seguía en el suelo sin moverse.
—Ya puedes. Créeme tío. Te encantará.
—¿Te has corrido dentro de ella?— preguntó el otro con voz tímida.
—Pues claro. ¿A que estás esperando? Bájate los pantalones y métesela a la fuerza, esa zorra tiene el coño más seco que la mojama.
—No. Da igual. Ya no tengo ganas— respondió el otro dando unos pasos atrás.
—Venga hombre. No me digas que ahora te da asco. No vas a pillar nada. Estoy sano.
—No. Da igual— dijo el otro.
—Bueno. Tu mismo. Levántala, súbele los pantalones y átala de nuevo a la silla— dijo el mandamás. Este se acercó a Silvia y la miró a los ojos. –Espero que hayas disfrutado por que luego más tarde te toque a ti. Espero que tú no lo tengas igual de seco.
Silvia entonces le escupió a la cara. –Tú y todos los que son como tú, sois escoria. Vivís en un mundo hecho a vuestra medida.
En ese momento, Cloe que estaba siendo levantada por el otro tipo, pareció recobrar la consciencia de golpe. Le arrebató el cuchillo que llevaba en la cintura al otro y lo inmovilizó rápidamente poniéndole el cuchillo en el cuerpo. El que llevaba la voz cantante se dio la vuelta y los miró a ambos. Primero miró a su compañero y luego a Cloe.
—¿De verdad crees que me importa la vida de ese maricón? Por mi puedes cortarle el puto cuello. No es nadie, es solo un media mierda al que protegía cuando estábamos en la cárcel. Si no lo hubiese protegido, habría sido la putita de los gorilas que allí había. Por mi puedes matarlo si quieres.
—Aléjate de ella— dijo en ese momento Cloe. –Aléjate.
Sin embargo, aquel tipo hizo caso omiso. Cogió a Silvia de la barbilla y miró a Cloe. –A el puedes matarlo por que me importa una mierda… Pero… ¿Ella te importa a ti una mierda? Tira ese cuchillo y volveréis a vuestra celda sin más problemas. ¡¡¡Venga!!! O le rompo el cuello— Cloe miró a Silvia y seguidamente dejó caer el cuchillo. Soltó a aquel tipo y el otro soltó a Silvia. –Muy bien. Así me gusta— entonces se abalanzó sobre Cloe, la empujó y está se cayó dándose un golpe en la espalda. Quedándose tendida en el suelo con los ojos muy abiertos y la boca abierta.
—¿Qué has hecho?— preguntó el otro.
—Da igual. Coge a esa, yo cogeré a la otra.
—Esta no se mueve. Creo que la has matado. Si Carlos se entera, si Carlos lo ve…
—Que te calles ya coño. Haz lo que te dije. Las dejaremos en la celda y se acabó. A esta no le queda mucho. Morirá, se reanimará y matará a la otra sin dejar cabos sueltos. ¿Quién nos culpará entonces? Por mucho que vea los golpes. Venga, hazlo.
Ambos hombres cogieron a las dos chicas. Las llevaron a las celdas, las echaron dentro y cerraron la puerta. Seguidamente se alejaron. Cuando ya se quedaron solas. Silvia corrió a socorrer a su amiga.
—Cloe. Mírame. ¡¡¡Cloe!!!— entonces Cloe la miró. –Gracias a dios. Estás viva. Por que has hecho eso, por que dejaste que te hicieran todas esas cosas?
Cloe intentó hablar, pero entonces tosió algo de sangre. Luego habló. –No podía dejar que te hicieran daño. Somos amigas. Bajo ningún concepto iba a dejar que abusaran de ti— Cloe volvió a toser sangre.
—Pero… No puedes protegerme siempre. En cualquier momento me tocará a mi o a cualquiera de nosotras. Estamos en sus manos. Tampoco tendrías que haber hecho lo del cuchillo. Has sido muy imprudente. Pero ya da igual, te ayudaré a levantarte y te llevaré a la camilla.
—No… Me…— Cloe tosió. —…Iento… Piern… as…
—No te entiendo— dijo Silvia bajando el oído hasta la boca de Cloe para escucharla y entenderla mejor.
—No me siento las piernas— dijo en ese momento Cloe. –No puedo moverlas.
—Seguro que si que puedes. Inténtalo— dijo Silvia tocándole una pierna, esperando que la moviera, pero no fue así. –Vamos. Tienes que intentarlo.
—No puedo— Cloe comenzó a llorar. Silvia era la primera vez que la veía así. –No puedo— fue en ese momento cuando Cloe miró a su amiga. La cogió de las mejillas y la miró directamente a los ojos. –Tienes que matarme. Se que me muero y aun así no querría vivir así. Si me muero, seré un peligro para ti. Tienes que hacerlo ahora. Tienes que sobrevivir a cualquier precio para reencontrarte con tu hija.
—No puedo— comenzó a decir Silvia. –No puedo matarte.
—Hazlo por mí. Si eres mi amiga lo…— Cloe tosió. –Los golpes deben haberme dañado algún órgano. Seguir viva hasta que muera sola, será un sufrimiento. No quiero morir así.
—No quiero quedarme sola— respondió Silvia.
—No lo estarás. Confía en mí. Se fuerte y sobrevivirás a esto, te reunirás con tu hija algún día y serás feliz. Confió en ello.
—¿Cómo quieres que lo haga?— preguntó en ese momento Silvia.
Cloe miró hacia la cama de la celda y hizo un gesto con la cabeza señalando a la almohada. –Ponla sobre mi cara. Luego cuando este muerta. Coge mi cabeza y golpéala contra el suelo hasta que quede el cerebro tan dañado que no me permita volver.
Silvia se levantó del suelo y fue hasta la cama. Allí cogió la almohada y volvió junto a Cloe.
—No puedo hacerlo— dijo Silvia con lágrimas en los ojos. –Tiene que haber otra manera.
—Mírame bien. No duraré mucho… Y aunque sobreviva… Ya no podré andar. No sería más que un lastre. Es el único favor que te pido. Míralo… Cloe tosió sangre de nuevo. —…Míralo de este modo. No me estás matando, me estás dando el descanso eterno. Me estás sacando de esta pesadilla. Por favor, hazlo ya. Pero primero prométeme que te reunirás con tu hija.
Silvia asintió y puso la almohada sobre la cara de su amiga. Ejerció presión al mismo tiempo que las lágrimas comenzaban a brotar sin descanso de sus ojos. Cuando Cloe dejó de respirar, Silvia retiró la almohada. Se quedó mirando el rostro de su amiga, la cual aun tenía los ojos abiertos. Se los cerró y seguidamente cogió su cabeza y la golpeó varias veces contra el suelo hasta que escuchó el crack y la sangre comenzó a extenderse por el suelo de hormigón.
Silvia comenzó a llorar, pero se detuvo cuando vio una silueta al otro lado de los barrotes. Se trataba de Carlos. El hermano de Juanma.
—¿Qué has hecho? ¿Por qué la has matado?
Silvia dejó de llorar de repente y se dirigió a los barrotes, mirando fijamente a Carlos. –Fueron tus hombres. Ellos la dejaron así. Medio muerta y sin poder moverse. La maté para ahorrarle más sufrimiento.
Carlos dio un golpe a los barrotes y se alejó rápidamente de allí dando grandes zancadas. Salió por la puerta que daba a las celdas y después salió al exterior. Caminó por la calle y fue al bar donde se reunían varios de los hombres. Nada más entrar vio a Robie y Marco. Ambos estaban tomándose una cerveza. Enseguida se dirigió a Robie.
—¿Sois vosotros las que habéis hablado con las dos rubias?— preguntó Carlos.
—¿Qué?— preguntó Robie. Marco simplemente apartó la vista.
Carlos se acercó más a Robie y repitió la pregunta. —Qué si fuisteis vosotros quienes hablaron con las rubias. ¿Tengo que volver a preguntártelo?
—Si. Fuimos nosotros— Robie miró a Marco de reojo. –Bueno. Solo yo. Este mariconcete de aquí no dijo nada.
—¿Y dijeron algo?— preguntó nuevamente Carlos.
—No. Pero mañana hablarán seguro. Intuyo que están a punto de cantar. Solo hay que ponerse duro con ellas. Solo así entenderán su situación. Yo me encargo jefe— dijo Robie dándose una palmada en el pecho.
—¿Si? Quizás tenga que hablar yo con ellas— respondió Carlos. Cuando dijo eso, el trago casi se le atragantó a Robie.
—No. En serio. No es necesario. Yo les saco toda la información.
—Si. Claro— en ese momento. Carlos golpeó a Robie. Lo cogió del cuello y lo tiró sobre la barra del bar. Cogió la botella de cerveza por el cuello y rompió el culo de esta. Seguidamente le clavó la parte rota en la cara a Robie ante la mirada atónita de todos los presentes. Marco se había retirado al ver la escena. –Quería que les sacarais el paradero de los otros sin hacerles daño, pero no, tú, tenias que ir mucho más allá ¿Verdad? Tú, tenias que ser el puto macho alfa. Has matado a una de ellas. Pedazo de mierda— Carlos comenzó a clavar la botella repetidas veces la botella en la cara de Robie mientras este gritaba angustiosamente y la sangre salpicaba a Carlos. Cuando Robie dejó de gritar y de moverse, Carlos tiró al suelo su cuerpo, sacó la pistola y le disparó dos veces en la cabeza. Después se dirigió a todos los demás. –Os aviso a todos. Quien haga daño a esas chicas sin que yo se lo ordene, correrá la misma suerte que el— Carlos señaló el cuerpo de Robie. –Aquí se obedecen mis órdenes.
Nadie dijo nada más. Carlos salió del bar y comenzó a caminar por la calle. Los rehenes no podían morir, no de momento, no hasta poder encontrar el paradero de su hermano. Tenían una menos y eso lo único que hacia era empeorar las cosas. Juanma podría no querer aceptar el trato y eso provocaría un enfrentamiento. Un enfrentamiento que el no estaba seguro de ganar. Al no conocer nada de el desde que se separaron, este estuviese donde estuviese, podría haber formado un grupo mucho más grande y preparado, podría incluso tener mucho mejor armamento que el. Su hermano le daba miedo aunque no quería admitirlo.
Carlos se paró en un callejón y comenzó a pensar. Quizás lo que tenía que hacer, era encontrar a su hermano y tratar de hacer un intercambio, pero entonces, tendría que ser mucho más duro con los rehenes. Entonces llegó a la conclusión de que únicamente necesitaba a tres de los rehenes. Solo necesitaba decidir quienes serían los tres a los que ofrecería en el intercambio, el resto, eran simples peones sacrificables. Entonces comenzó a elaborar un plan. Salió del callejón y comenzó a caminar hasta el Caesar Palace. Subió hasta la habitación donde estaba Katrina. Cruzó la puerta y se plantó delante de ella.
—¿Otra vez aquí? No tengo nada que decirte.

—Vas a decirme donde está nuestro hermano o te juro que no volverás a ver a tu hija. Aquí me sobran dos y me da igual que seas mi hermana.

sábado, 17 de septiembre de 2016

NECROWORLD Capitulo 129

Día 22 de Octubre de 2010
Día 845 del Apocalipsis.
06:15 de la mañana…

Me desperté al escuchar los gritos. No había salido de aquella sala ni para cenar. Me levanté rápidamente del suelo y corrí a abrir la puerta, pero cuando lo hice, tres caminantes se lanzaron contra la puerta. Yo la cerré rápidamente y me apoyé contra ella para impedir que los No Muertos entraran. Estos empujaban con más fuerza y yo no había comido nada, estaba débil y ellos estaban empujando, yo estaba perdiendo terreno, mientras tanto, en el almacén, seguía escuchando los gritos.
*****
Los caminantes habían aparecido de repente en el almacén, justo cuando Eva se despertaba. Enseguida comenzó a gritar y todos se despertaron. Eran más de dos docenas y estaban entrando por una puerta que se había quedado abierta. Enseguida vio a Juan y Johana haciéndoles frente con unas maderas, pero la falta de comida y el cansancio, no les permitía efectuar golpes contundentes.
—Retroceded y buscad sitios altos— dijo Juan a medida que golpeaba a un No Muerto.
Los que allí estaban, comenzaron a subir enseguida sobre los conteiner que había en el almacén. Ella cogió en brazos a los bebés y comenzó a correr seguida de Vicky. La cual cojeaba por la herida del disparo, justo detrás de ella llegaba a paso rápido un caminante al cual Eva reconoció enseguida, era Brandon. Eva llegó al conteiner y subió primero a sus hijos, Stephanie que ya estaba arriba los iba cogiendo. Eva se dio la vuelta para ir a ayudar a su hija, pero fue Blair quien apareció de repente y atravesó la cabeza de Brandon con un hierro, después cogió a Vicky en brazos y llegó hasta el conteiner. Cuando ella y Eva subieron, Eva se dio cuenta de que Blair estaba pálida.
—¿Te encuentras bien?
—No demasiado, pero te juro que no es por que me hayan mordido.
Desde lo alto del conteiner. Eva observó todo el almacén, la mayoría habían logrado subir a los conteiner y estaban a salvo, aunque vio a un hombre que se sostenía el brazo, tenía una herida sangrante. Eva siguió mirando, pero no había ni rastro de Juanma.
—¿Dónde está Juanma? ¿Lo habéis visto?— preguntó Eva mirando a Juan, que estaba en otro conteiner.
—Por aquí no está— Juan miró a su alrededor y entonces se fijó en tres caminantes que estaban dando golpes en una puerta. Eso hizo que rápidamente señalara en aquella dirección. –Allí, creo que está allí. Hay unos caminantes intentando entrar.
—¿Qué podemos hacer? Estamos atrapados nosotros también— dijo Stephanie mirando a Eva.
—Tenemos que cerrar esa puerta en primer lugar, después acabar con todos estos. Si no lo hacemos, seguirán entrando…. Y si se acumulan muchos aquí dentro, si que estaremos perdidos.— comenzó a decir Johana. —¿Algún voluntario?

*****
Los caminantes seguían ganándome terreno y yo seguía intentando que entraran, pero me estaba quedando sin fuerzas. En el momento que entrasen estaría muerto. De repente un fuerte golpe me lanzó hacia atrás y la puerta se abrió de golpe, dejando entrar a los tres caminantes. Yo retrocedí espantado y mi espalda dio contra la pared, pero aun así no estaba dispuesto a morir así, no iba a morir ahí.
El primer caminante que era el más rápido llegó hasta mí y yo le bloqueé impidiendo que me mordiera. Lo cogí de la cabeza y de un rápido movimiento lo rodeé y estampé su cabeza contra la pared. La sangre me salpicó y tenía trozos de cráneo escurriéndose entre mis dedos. Los otros dos caminantes estaban mucho más deteriorados, aunque yo seguía teniendo las de perder si no me enfrentaba a ellos de uno en uno. Retrocedí un poco y esperé a que llegase el más próximo. Cuando lo tuve cerca lo agarré de la cabeza y metí mis dedos en la cuenca de sus ojos, hundiéndoselos. Aunque no acabé con el, lo tiré al suelo y fui a por el siguiente, le di una patada a la espinilla y esta se rompió. El caminante cayó al suelo de bruces y yo le asesté una patada a la cabeza, pero estaba demasiado débil como para acabar con el. Salí por la puerta y esquivé a un cuarto No Muerto. Una vez fuera de la sala vi a toda mi gente subidos en los conteiner.
—¡¡¡Juanma!!! ¡¡¡La puerta!!!— me gritó Johana señalando hacia la puerta del almacén. La cual estaba abierta. Enseguida entendí lo que quería decir. Quería que cerrara esa puerta, así impediría que entraran más.
Comencé a correr esquivando a los caminantes que se cruzaban conmigo. Llegué hasta la puerta y nada más llegar vi a un grupo de caminantes que trataban de acceder desde el exterior. Rápidamente le puse la pierna en el pecho a uno y empujé con todas las fuerzas que me quedaban. Seguidamente cogí la puerta corredera y comencé a cerrar rápidamente, detrás de mi iba formándose un grupo de caminantes que comenzaban a caminar hacia mi.
Cerré por fin la puerta aplastándole la cabeza a un No Muerto, la sangre volvió a salpicarme.
Sin fuerzas, me quedé apoyado en la puerta de metal y me dejé caer sobre el suelo de hormigón. No podía más, escuchaba a mis compañeros gritar a los caminantes tratando de atraer su atención. Con algunos lo conseguían, pero otros siguieron caminando hacia mí. En ese momento, pese a los gritos y las suplicas de Eva, cerré los ojos y me preparé para mi inevitable final. Mi vida había llegado a su fin en ese preciso instante.

Oklahoma…
07:00 horas de la mañana…

David mirarse la hora del reloj decidió que era hora de despertar a los demás. Eran las siete de la mañana e iba siendo hora de partir. Se acercó a Luci y le tocó el hombro, esta, rápidamente volvió la cabeza y sacó un cuchillo. David se retiró un poco y puso una mano delante.
—Tranquila. Soy yo.
—Lo siento. Creí que seguía allí y que lo de escapar había sido un sueño. ¿Qué hora es?
—Son las siete. Creo que deberíamos partir ya— dijo David. –Por cierto, me ha parecido ver un vehículo. Quizás podamos usarlo.
—Muy bien. Voy al baño a echar una meada, tu despiértalas— dijo Luci poniéndose de pie mientras David arrugaba la nariz. —¿Qué pasa?— preguntó Luci.
—No… Nada. Que nunca cambiarás. Siempre tan directa— respondió David con una sonrisa.
—Hay que llamar a las cosas por su nombre, pero si te parece demasiado soez puedo decir que voy a hacer un pis— dijo Luci.
—No, no. Puedes llamar a las cosas como quieras.
—Vale. Pues voy a echar una meada de las que hacen historia.
David rió y Luci fue hacia el baño.
Luci entró por la puerta y la cerró. El interior del baño era asqueroso. Había suciedad y polvo por todas partes. Abrió todas las puertas buscando un inodoro en buen estado. Finalmente encontró uno que estaba más o menos decente, se bajó los pantalones y se situó encima para orinar. Cuando terminó salió y entonces se quedó mirando por la ventana hacia el exterior. Allí entonces vio a un perro. Se trataba de un Golden Retriever. Aunque estaba muy sucio y tenía el pelaje manchado de sangre oscura, pudo distinguir la raza. El perro estaba en el suelo mordisqueando un hueso al que aun había pegados trozos de carne. En ese momento apareció un perro de raza indefinible que intentó quitarle el hueso, entonces el Golden Retriever le gruñó y se alejó de el. Luci se apartó de la ventana y salió, entonces se encontró con que la mujer, Alicia y los niños ya estaban despiertos.
—Todo está listo. Podemos irnos— dijo David.
—Hay perros ahí fuera— dijo Luci. –He visto a dos, pero es probable que haya más.
—Si. Los vi anoche. Se cargaron a un caminante— respondió David. —¿Por qué?
—Son perros salvajes y están hambrientos— respondió Luci. Ella caminó hasta la bolsa de las armas y sacó un par de pistolas. Una se la dio a Alicia y la otra a la mujer.
—Esto… ¿Por qué?— preguntó Alicia.
—Por si tienes que matar a esos perros. Están hambrientos y nosotros somos ahora mismo lo más parecido a comida que hay por aquí. No esperes que vengan moviendo el rabo a darte la patita. Se han vuelto salvajes— respondió Luci cogiendo a la bebé en brazos. –Yo la llevaré aquí— dijo al tiempo que se hacía una especie de bolsa que cruzaba todo su pecho.
David y Luci caminaron hacia la puerta con cuidado y Luci salió la primera. Seguida por David. Nada más salir, vieron a un perro tumbado en el suelo a unos metros de ellos. Era un pastor alemán que estaba cubierto de sangre.
—Es un coche— dijo en ese momento David en voz baja tras ver que realmente era un vehículo lo que había visto. –Si corremos llegaremos.
—No podemos— respondió Luci haciéndole una señal a Alicia y la mujer para que fueran saliendo de la tienda despacio. Ellas obedecieron, cuando Alicia salió vio al perro. A unos metros más allá había un Rottwailer observándolos. –Mantened la calma. No hagáis nada que puedan tomar como un gesto agresivo.
En ese momento escucharon un gruñido y se dieron la vuelta. El Golden Retriever había aparecido a su derecha tras doblar una esquina. Este dio un par de pasos al frente y ladró una vez. Eso hizo que el Pastor Alemán se levantara también, Luci vio entonces como se le erizaba el pelo del lomo.
—Luci…— susurró Alicia
—Seguid caminando lentamente. No hagáis movimientos bruscos— dijo Luci sin mirar a nadie. Su mirada estaba clavada en el Pastor Alemán y en el Rottwailer, el cual había comenzado a caminar en su dirección. –David… ¿A cuantos metros está ese coche o lo que sea?
—No lo se, pero si no funciona… Nos quedaremos atrapados dentro si se ponen agresivos— respondió David.
Ya estaban alejados de la puerta de la tienda unos diez metros cuando aparecieron dos perros más. No eran de raza y parecían un cruce entre galgos y otra raza. Eran de color marrón oscuro, pero la suciedad los hacia parecer negros. Estaban extremadamente delgados y de sus bocas goteaba baba de un color rojizo. Estos dos mostraban los dientes amarillentos mientras los miraban fijamente.
Luci le dirigió una mirada a David. –Quítale el seguro al arma y prepárate para disparar si es necesario— Luci notó que la mujer detrás de ella se estaba poniendo nerviosa. Justo cuando iba a decirle que se tranquilizara, la mujer comenzó a correr hacia la entrada de la tienda. Los perros entonces comenzaron el ataque.

Almacén…

Los caminantes estaban a mí alrededor. Incluso a mi lado, pero ninguno de ellos reparaba en mí. Lo había dado todo por perdido demasiado pronto y no había caído en la cuenta de que estaba manchado con la sangre de caminantes y que olía como ellos. Eso me había sorprendido. Allí estaba yo, sentado en el suelo con los ojos abiertos y los caminantes dando golpes en la puerta. Probablemente pensando que yo había salido, en esos momentos, para ellos, yo no estaba allí. Me levanté poco a poco y miré de reojo a un No Muerto, una chica joven y que en vida podría haber sido muy guapa. Ella me miró a mí y seguidamente me ignoró. Retrocedí un poco y me fui alejando, llegué hasta uno de los conteiner y fui recibido por Juan.
—¿Estás bien?
—Si. Estoy bien. Dame algo con lo que acabar con ellos y esperad— respondí.  Alguien nos pasó una vara de hierro y miré a Juan. –Acabo enseguida— me di la vuelta y caminé hacia los caminantes de la puerta. Allí comencé a acabar con ellos uno por uno. Lo hacía con rabia, sin importarme que sus sesos y entrañas me salpicaran. Cuando acabé con todos. El resto del grupo bajó de los container.
—Han mordido a un hombre— dijo en ese momento Mike.
Todos miraron al hombre herido. Yo solo respondí. –Cuando muera. Atravesadle la cabeza con esto— di dándole la vara de hierro a Juan. Después me fui a la sala donde había estado antes. Allí me quité la ropa quedándome solo en ropa interior y me senté en un rincón. Allí me culpé por haberme rendido en ese momento. Había renunciado a mi vida y había optado hasta por dejar solos a Eva y a mis hijos. Me sentía como un maldito egoísta.

Oklahoma…
Área de servicio…

Todo ocurrió muy rápido. La mujer había echado a correr presa del miedo hacia el interior de la tienda. Eso fue el detonante para que los perros comenzaran el ataque, centrándose en ella. La mujer solo había llegado a la puerta cuando los animales la alcanzaron. Esta cayó al suelo y el Golden Retriever se lanzó sobre su cara, la cual comenzó a morder con frenesí mientras la mujer lanzaba agónicos gritos. Los demás perros también acudieron y comenzaron a morderle en brazos y piernas. Luci lo contempló sin poder reaccionar, simplemente miró a David y le susurró una única palabra. –Corre…
Alicia, David y Luci echaron a correr mientras los perros daban buena cuenta del cuerpo de la mujer. La cual permanecía inmóvil con los ojos abiertos de par en par y la boca abierta mostrando una mueca de terror.
Estaban llegando al coche cuando Luci miró hacia atrás y vio como el Rottwailer había dejado el cuerpo de la mujer y comenzaba a correr detrás de ellos. Luci podía ver su robusto cuerpo a gran velocidad detrás de ellos, no iba a tardar en darles alcancé. Luci se dio la vuelta y abrió fuego varias veces. Una bala atravesó una de las patas del animal, pero eso no lo detuvo hasta cinco metros después, el animal tropezó y cayó de bruces gimiendo.
Los demás perros no hicieron nada, estaban demasiado ocupados comiéndose a la mujer, solo el Pastor Alemán levantó la cabeza para mirar a los cinco humanos que huían corriendo, pero enseguida volvió a lo suyo.
Luci se acercó al Rottwailer y le pegó un tiro en la cabeza. Seguidamente se dio la vuelta y corrió detrás de sus compañeros. Finalmente cuando los alcanzó, vio que el vehículo era ni más ni menos que una furgoneta. Esta estaba debajo de una uralita y en un punto que hacía imposible que la viesen cuando llegaron el día anterior. David miró al interior y vio que las llaves estaban puestas. Se metió dentro y comprobó que hubiese combustible en el depósito. Este estaba prácticamente lleno.
—Hemos tenido suerte— dijo David. –Mucha…
—La furgoneta está prácticamente nueva. Puede que no lleve mucho tiempo aquí. Puede que alguien llegase aquí y ya no volviera a por ella— respondió Luci plantándose delante del vehículo. Abrió el capó y comprobó que el motor estuviese bien. Después fue al maletero y lo abrió, entonces descubrió varias cajas de cartón. Abrió una y vio varias botellas de agua, también vio latas de conserva. Realmente habían tenido suerte, mucha más que el dueño de aquello. Fue cuando Luci recordó el hueso que llevaba el Golden Retriever la primera vez que lo vio.
—Podemos irnos— dijo David poniéndose al volante.
Luci se puso de copiloto y Alicia detrás con los niños. Justo cuando David iba a poner en marcha el motor. El Pastor Alemán se plantó frente al coche. Seguidamente aparecieron los demás perros, todos tenían sangre en el hocico.
—Sal de aquí de una condenada vez—dijo Luci mirando a los perros.
David encendió el motor y luego pisó el acelerador. El coche avanzó y los perros se apartaron, aunque en cierto momento, David escuchó un golpe. Como si hubieran atropellado a uno, pero eso no le preocupó. La furgoneta abandonó el área de servicio y ninguno de ellos miró atrás.

Almacén…
18:00 horas de la tarde…

El hombre acababa de morir. Juan rápidamente clavó el hierro a través de su oído y miró al resto. El hombre se llamaba Justin.
—Tenemos que enterrarlo a el y a Brandon— dijo Juan mirando a Johana.
—¿Dónde está Juanma a todo esto? Desapareció hace horas.
Juan señaló a la sala. –Se volvió a encerrar ahí. No puedo culparle… Ya se culpa el suficiente— respondió Juan.
En ese momento, Stephanie se acercó a ellos y Johana la miró. —¿Qué pasa ahora?
—Es Blair. Tenemos un problema— respondió Stephanie.
Stephanie condujo a Juan y Johana hasta una sala. Allí estaba Blair totalmente tapada y tumbada en un colchón. Eva estaba con ella tocándole la frente.
—¿Qué le pasa?— preguntó Johana mirándola.
—Tiene mucha fiebre. Creo que puede haber cogido neumonía— respondió Eva, pero sin Mél o Sheila aquí… No se bien que le ocurre exactamente.
—¿Y no será que le han mordido? Si es así es mejor matarla— respondió Johana. –Yo lo haré.
—No. No tiene mordiscos. Fue lo primero que pensé y lo primero que busqué. Esto parece más algo natural. Así que tenemos la opción de salvarla. Necesitamos algo que le baje la fiebre— respondió Eva.
—Claro. Ahora me lo saco del bolsillo. Debe estar entre las armas y la comida— respondió Johana con ironía.
—No es el momento para ironías— replicó Eva. –Necesita esos medicamentos y los necesita ya. Si no se los administramos, también ella se morirá. No es algo raro lo que necesitamos. Simplemente necesitamos algo como ibuprofeno. Eso podemos encontrarlo en cualquier farmacia.
—Se te olvidan dos detalles. El primero es que ni siquiera estamos cerca de una farmacia. Para llegar a ella hay que salir. Sin armas es un suicidio. Y la otra es que aunque encontrásemos una farmacia, sería muy extraño que aun nadie la hubiese saqueado. Aceptadlo. Ella está muy jodida.
—¿A cuanto nos queda Macon de aquí si vamos a pie?— preguntó en ese momento Juan.
—A unos quince o veinte minutos— respondió Stephanie mientras mojaba un trapo en un cubo de agua, después se lo ponía en la frente a Blair. –Si se sale ahora ganaremos tiempo.
—A ver. ¿Os estáis oyendo? Quizás se vaya para nada. Tenemos otras opciones.
—Nosotros si. Ella no— respondió Juan. Enseguida miró a Stephanie. –Tengo entendido que tú estuviste aprendiendo medicina con Sheila. ¿No?
—Hasta que me puse a contar cuentos a los niños. Si. Quería estar en los grupos de incursión en busca de medicamentos, pero Juanma no me lo permitió— respondió Stephanie.
—Pues ve preparándote, por que acabas de ascender. Si sabes de medicamentos me vendrás bien para coger de paso los más necesarios. Vamos, no hay tiempo que perder.
—Creo que no me habéis entendido aun…— replicó Johana.
—Te he entendido perfectamente, pero me la suda. Voy a necesitar a dos personas más. Ven conmigo o quédate, pero deja de darme el coñazo— replicó Juan.
Juan salió de la sala seguido por Stephanie y Johana y se dirigió a Mike. —¿Qué ocurre?— preguntó Mike.
—Vamos a salir. Iremos a Macon a buscar ibuprofeno para Blair. Ha enfermado y tenemos que bajarle la fiebre como sea. Si no, se morirá. Eres un hombre fuerte, te necesitamos.
—No puedo dejar solos a mis hijos— respondió Mike. –Mo vamos armados. Podríamos no regresar…
En ese momento aparecí yo y miré a Juan. –Yo iré con vosotros. No dejaré que muera nadie más. Nos vamos ya. Partimos nada más me vista.
Me preparé poniéndome la misma ropa que me había quitado. Una vez me junté con los demás, les expliqué que si no teníamos armas íbamos a tener que pasar desapercibidos. Solo así conseguiríamos regresar sin problemas. Cuando los cuatro estuvimos preparados tras sacarles las entrañas a los caminantes que habíamos matado, salimos de allí en dirección a Macon. Yo estaba decidido a no dejar que Blair también muriese.

Macon…
18:50 horas de la tarde…

Habíamos llegado a Macon sin problemas. Ahora solo faltaba encontrar una farmacia que aun no hubiese sido saqueada. Juan y yo íbamos en cabeza.
—¿Qué tal te encuentras?— preguntó Juan. –Se muy bien como lo estás pasando, pero tienes que superarlo de una vez. Así no puedes seguir. Deja de culparte por que por mucho que seas quien nos lidere, no toda la responsabilidad es tuya. Todos tenemos la nuestra y ninguno hizo nada por lo mismo que no lo hiciste tu.
—Pero se supone que debo cuidar de todos y cada uno de vosotros. Hasta ahora solo parece que os he complicado las cosas. Aun así, llevo pensando mucho, buscando una solución. Haré lo que sea necesario para recuperar lo nuestro. No descansaré hasta que así sea.
En ese momento, Stephanie nos interrumpió. –Ahí está la farmacia— Juan y yo nos dimos la vuelta y miramos hacia nos señalaba la muchacha. La persiana metálica aun estaba echada, por lo que parecía, habíamos tenido bastante suerte.
—Démonos prisa. Blair cuenta con nosotros— dije caminando hacia la persiana. Llegamos a ella y Juan y yo comenzamos a levantarla, cuando lo conseguimos. Los cuatro entramos dentro y observamos el lugar. A diferencia de lo que parecía desde fuera, esta si había sido saqueada.
—La han saqueado. Hemos venido para nada— dijo Johana.
—No. Buscad, puede que aun quede algo de lo que buscamos. Si aquí no hay nada buscaremos otra— respondí mientras comenzaba a abrir un armario en el que no encontré nada.

Almacén…
19:00 de la tarde…

Eva dejó sobre la frente de Blair un trapo mojado. La fiebre de Blair había subido más. Blair intentó hablar, pero Eva rápidamente la cortó.
—No intentes hablar. Ahórrate esas fuerzas. Juanma, Juan, Johana y Stephanie deben estar a punto de regresar. Debes resistir un poco más.
—Corre deprisa para que ellos no te cojan. No hables para que ellos no te escuchen. Ellos están ahí fuera y saben que estamos aquí dentro— comenzó a decir Blair.
—¿Está delirando?— preguntó Vicky que también estaba allí.
—Si. Tiene la fiebre demasiado alta— respondió Eva. –Con una tan alta es normal que delire— Eva le puso la mano sobre la frente y notó que estaba ardiendo.
—Mamá— dijo en ese momento Vicky. Eva la miró. –Creo que no respira.
Eva miró nuevamente a Blair y se dio cuenta de que era cierto que no respiraba. Acababa de morir en esos precisos instantes. –Vicky. Sal de aquí.
En ese momento, Blair comenzó a abrir los ojos, pero era evidente que no era ella. Eva impidió que se levantara, cogió un hierro y se lo clavó a través del ojo. El cuerpo de Blair se quedó inmóvil de nuevo. Después de eso salió de la sala y llamó a Mike para que sacara el cadáver. Cuando lo sacó, lo dejó al lado de los cuerpos de Justin y Brandon.
—Hemos perdido a una más. Esto va de mal en peor. Si esto sigue así moriremos todos. ¿Quién será el siguiente?
—No tiene por que morir nadie más— respondió Eva mientras cubría el cuerpo de Blair con la manta. –Los enterraremos cuando Juanma y los demás vuelvan— Eva miró entonces a una de las ventanas y vio como caía la nieve, fuera se había desatado una tormenta. –Cuando Juanma vuelva, verás como encontraremos un lugar en el que vivir.
—Eso será si sobrevivimos al invierno— replicó Mike, después se alejó.
Eva miró de nuevo los cuerpos y evitó llorar, a pesar de que era de lo único que tenía ganas.

Macon…
19:15 horas de la tarde…

Habíamos encontrado varias cosas que nos podrían ser de ayuda, incluido ibuprofeno. Salimos de la farmacia y comenzamos a caminar bajo la tormenta. La temperatura había vuelto a bajar.
Caminamos hacia las afueras de Macon. Estábamos a punto de llegar a las vías cuando escuchamos el ruido de un motor. Estuvimos a punto de echar a correr sin volver la vista atrás cuando un haz de luz nos alumbró. Desde donde estábamos vimos que frente a nosotros había un vehículo grande. El motor se detuvo y entonces vimos que alguien salía por la puerta del conductor, también salió alguien más de la puerta del copiloto.
—No llevamos nada. Dejadnos en paz— les dije sin verles la cara. –No os acerquéis más o no dudaremos en mataros. No es la primera vez que lo hacemos.
—No esperaba encontrarte aquí— la voz de una chica se dejó escuchar en medio de la tormenta. Esta avanzó y se quedó de pie delante de los faros del vehículo. Fue en ese momento cuando la reconocí y corrí enseguida a abrazarla. Se trataba de Luci.
—¿Qué hacéis aquí?— preguntó la segunda persona que resultó ser David. –Nos dirigíamos a Manhattan para tratar de seguir vuestro rastro, pero no hará falta— enseguida corrí a abrazar a David al mismo tiempo que Juan y Johana se acercaban a Luci.

—Es una larga historia— dije mirando a David. Entonces vi a Alicia en el asiento trasero. También me fijé en que estaban armados. Entonces me di cuenta de que esa era la oportunidad que estaba esperando. Con ellos allí podríamos recuperar lo que era nuestro.

sábado, 10 de septiembre de 2016

NECROWORLD Capitulo 128

Día 21 de Octubre de 2010
Día 844 del Apocalipsis
08:00 de la mañana. En algún lugar del bosque…

Me encontraba yo solo, apoyado en un árbol y mirando a un lago que tenía justo delante. Me puse en pie y caminé hacia la orilla. Me arrodillé y miré mi reflejo en el agua.
—Fuiste un idiota— comencé a decir. –Por tu culpa os han echado de vuestro hogar. Por tu culpa han muerto personas. Eres un líder pésimo. Te odio, te odio… ¡¡¡Te odio!!!— grité dando un golpe en el agua. La imagen se distorsionó y seguidamente comencé a llorar.
Me dejé caer de espaldas a la orilla y miré al cielo gris. Hacía frio y probablemente iba a nevar, estando a la intemperie, eso iba a ser un problema para todos, especialmente para los niños del grupo a los que yo mismo había condenado. De repente escuché un ruido y miré hacia su origen. Un caminante salió de entre la maleza y comenzó a caminar hacia mí. Yo me levanté lentamente y esperé a que llegara a donde estaba, allí lo retuve alejado de mi. Le hice una llave, me situé detrás de el y lo lancé contra el suelo, allí comencé a golpear su cabeza contra una piedra semi enterrada. Cuando acabé con el, la sangre negruzca y corrompida comenzó a correr sobre los restos de las hojas caídas.
—¿Qué haces?— la voz de Juan me hizo levantar la cabeza y mirarle, el estaba plantado frente a mi.
—Solo quería reflexionar— respondí mirando nuevamente al lago.
—Y ya de paso culparte a ti mismo ¿No?— Juan me hizo un gesto con la cabeza. –Vamos. Regresemos con los demás.
Seguí a Juan a través del bosque y a cien metros de donde estaba yo al principio, nos reunimos con los demás. Más de cuarenta personas, todos desterrados de un hogar que yo mismo les había dado y que por mi culpa habían perdido. Algunas miradas de esas personas me señalaban como culpable de todo, pero no podía negarlo por que tenían razón.
Llegué hasta Eva y me aseguré de que los bebés estuviesen bien abrigados, yo mismo me había quitado ropa para que ellos no pasaran frio. Seguidamente miré a Vicky, la herida del disparo no era grave. Aun así me agaché y cargué con ella subiéndola a mi espalda.
—Papá, puedo caminar— dijo Vicky, pero yo no le hice ningún caso. En silencio comencé a caminar. Eva me dijo algo, pero tampoco le presté atención.
—Escuchad todos. Seguiremos a pie, si alguien se cansa. Que lo diga y volveremos a parar— comencé a decir.
—El cansancio no es el problema— dijo un joven del grupo. Se trataba de Scott. –El problema es el hambre. Aquí hay gente que está hambrienta. Gente mayor, y también niños. No resistirán mucho sin comer. Necesitamos comida.
—¿Ves comida por aquí?— preguntó Juan plantándose a mi lado.
—Teníamos comida, en el hotel. Pero nos la han quitado, nos lo han quitado todo. Podríamos haber luchado y hacérselo pagar, pero el prefirió retirarse.
—Cierto, podríamos haber plantado cara, pero estábamos desarmados. Eso habría sido malo para nosotros. Toda retirada es una victoria… Y esta retirada es una oportunidad de devolvérsela, pero hay que planearlo bien. Ahora muévete. Moveros todos.
Todos comenzamos a caminar a través del bosque, justo al mismo tiempo que comenzaban a caer los primeros copos de nieve.

Hotel…

Mélanie observó caer la nieve desde la ventana de la habitación donde la tenían encerrada. No dejaba de pensar en sus amigos, aquellos que habían sido desterrados. A ella no la habían echado por que al ser medico, aquellas personas, las que les habían arrebatado el hogar, la necesitaban, pero desde luego, ella no iba a hacer nada por ellos. No estaba dispuesta a traicionar a los suyos.
La puerta de la habitación se abrió lentamente y Kennedy entró con una bandeja. Había un plato con fruta y una taza de café.
—Te traigo el desayuno— dijo Kennedy dejando la bandeja encima de una mesita y sentándose en la cama al lado de ella –Será bueno que comas algo, luego te presentaré al resto. Algunos de los chicos son un poco gilipollas, pero con el tiempo te caerán bien.
—No me interesa— respondió Mélanie fríamente. –Por mí como si me echáis de aquí también.
—No digas eso. Quise que te quedaras para poder seguir conociéndonos y quizás poder tener una relación. Se que te gusto— lo ultimo hizo que Mélanie soltase una carcajada.
—¿Qué me gustas dices? Solo te he sonreído un par de veces y charlado contigo, eso no significa que me gustes, payaso. Ahora mismo solo me das asco, tu y toda tu gente. Lárgate de aquí y déjame sola.
Kennedy se levantó de la cama y miró a Mélanie. Si no te adaptas a nosotros no puedo asegurarte que vivas tranquila. Aunque no te lo creas, solo quiero protegerte.
—¿Protegerme?— preguntó Mélanie. –Los que deberíais protegeros sois vosotros. Simplemente habéis ganado una batalla, una simple batalla, pero haciendo eso, lo único que habéis hecho es encender un fuego que difícilmente se apagará, solo habéis hecho que las llamas comiencen a extenderse. Y no hay nada que pueda parar el incendio que se os viene encima. Ahora lárgate y déjame sola.
Kennedy no dijo nada. Salió por la puerta y cerró con llave, mientras tanto, Mélanie volvió a asomarse por la ventana y vio a varios de los invasores riendo y lanzándose bolas de nieve. Estaban totalmente desprevenidos, saboreando su victoria y creyéndose que todo había acabado, pero Mélanie conocía bien a sus amigos, conocía bien a Juanma y sabía que aquello no había terminado y que allá donde el grupo estuviese. Estaría preparándose para contraatacar.
*****
Kannedy fue al despacho que un día perteneció al gerente del hotel. Allí estaban sus dos hermanos hablando. Al primero que miró fue a Riley. Entonces le sonrió.
—Tienes mejor aspecto que hace unas horas.
—Cállate. No me haces gracia— respondió Riley.
—Callaros los dos. ¿Querías algo Ken?— preguntó Jacob mirando a Kennedy.
—Es sobre Mélanie. Se niega a ayudarnos. No se que puedo hacer para convencerla de que se una a nosotros— Kennedy avanzó y se sentó mirando a su hermano mayor.
—No te preocupes. Es cuestión de tiempo. Cuando ya no tenga más remedio hará todo lo que le digamos. Aun así ella no me interesa, me interesa más ese hombre que puede caminar entre los muertos sin ser visto. Es la primera vez que veo algo así y creo que podríamos sacarle mucho beneficio. Quiero que lo cojan unos cuantos hombres y lo saquen fuera para comprobar si es cierto que eso es posible.
—Pero Mélanie…— replicó Kennedy.
—Como ya te dije, olvídate de ella de momento. Hay cosas más importantes de las que preocuparse. Lo que quiero, es hacer una fiesta, vamos a celebrar nuestra victoria. Esta noche es cuando la celebraremos. Que se preparen todos.
Riley y Kennedy asintieron. Después de eso, Kennedy salió del despacho. Iba a organizar la fiesta que Jacob quería.

Bosque…

Eran casi las doce del medio día y seguíamos caminando por el bosque. La nieve caía sobre nosotros y yo notaba como Vicky tenía frio. Me paré de golpe cuando alguien del final de la fila comenzó a gritar. La gente comenzó a apartarse y un hombre quedó al descubierto, a su lado había una señora mayor caída en la nieve. Iba a ir hacia ellos, pero Juan se me adelantó.
—Voy yo.
Juan caminó hacia el cuerpo caído y se agachó a su lado. Le tomó el pulso y alzó la cabeza, seguidamente me miró sacudiendo la cabeza en un gesto de negación. La mujer había muerto, probablemente de frio.
—Seguimos— dije mirando a todos. Algunos aceptaron a regaña dientes, otros se limitaron a seguir caminando mientras la nieve caía con más fuerza.
Seguimos avanzando y llegamos a un lugar que parecía un campo, fue en ese momento cuando varias siluetas centraron toda su atención en nosotros. Más de un centenar de caminantes estaban justo delante de nosotros. Al vernos, fue como si una descarga eléctrica recorriera sus cuerpos. Estos comenzaron a caminar hacia nosotros.
—¡¡¡Atrás!!! Todo el mundo atrás— comencé a gritar al tiempo que retrocedía.
—¿Qué pasa?— preguntó Eva que iba justo detrás de mí, pero su pregunta fue respondida cuando los primeros No Muertos comenzaron a asomarse.
—¡¡¡¡Caminantes!!!!— gritó una mujer de entra la multitud. Su grito hizo que cundiera el pánico y la gente comenzara a dispersarse mientras los caminantes iban avanzando más rápido.
Todo el grupo comenzó el descenso. Algunos que corrían delante tropezaron y comenzaron a rodar por el suelo. Yo ayudé a Nina a levantarse mientras observaba como los caminantes atrapaban a un hombre.
Iba avanzando rápidamente justo cuando vi a gente correr hacia arriba, detrás de ellos iba otro rebaño que no habíamos visto antes y el cual nos había estado siguiendo. Ese fue el momento donde las cosas se descontrolaron y la gente comenzó a perderse, algunos ya habían sido rodeados por los caminantes y otros habían desaparecido bajo una pila de cadáveres. Traté de huir en una dirección, pero entonces escuché el grito de Eva, la busque con la vista y la vi en el suelo de rodillas con uno de los bebés en brazos. A cinco metros de ella, el otro bebé estaba tendido sobre la nieve, lloraba y un caminante estaba a pocos pasos de el. Sin pensármelo dos veces comencé correr, llegué hasta el caminante y lo golpeé con todas mis fuerzas. Seguidamente cogí al bebé en brazos y corrí junto a Eva.
—¿Qué hacemos? ¿A dónde vamos?
—Sígueme— le dije a Eva. Seguidamente comencé a gritar. –Replegaos. Todos juntos. Defenderos y no dejéis que se os acerquen demasiado. Golpeadles la cabeza.
Los más cercanos comenzaron a hacer lo que había dicho mientras que otros trataban de huir sin éxito. Habíamos tenido ya al menos seis bajas.
*****
Blair se vio rodeada por varios caminantes. Ella estaba más alejada de los demás. Los cuales estaban en círculo en torno a los que no podían defenderse por ser muy jóvenes o demasiado viejos. El primero de los caminantes se lanzó sobre ella y la derribó mientras otros dos No Muertos estaban a punto de caer sobre ella. Fue en ese momento cuando una figura apareció allí y comenzó a golpear a los dos caminantes, seguidamente alguien agarró al caminante que había cogido a Blair y tiró de el. Todo era confuso, pero Blair pudo distinguir a Brandon luchando contra los caminantes que se iban acercando. Le hizo una llave a uno y cayó al suelo, seguidamente Brandon y el No Muerto cayeron rodando por una pendiente y Blair los perdió de vista.
—¡¡¡¡Brandon!!!!— gritó Blair echando a correr por la pendiente. Finalmente encontró a Brandon. Este estaba de pie y a sus pies estaba el No Muerto con la cabeza destrozada. Brandon estaba cubierto de sangre.
*****

Comenzamos a reducir el número de No Muertos mientras nos íbamos alejando. Juan y Johana estaban a mi lado y golpeaban a los caminantes que se acercaban más. Esos seres nos superaban en número, pero nosotros éramos más inteligentes y les estábamos ganando terreno. Cuando quedaban pocos comenzamos a caminar alejándonos de ellos. Otros muchos, simplemente se quedaron devorando los cuerpos de nuestros compañeros caídos.
Nos alejamos de la zona y iniciamos otro descenso, hacía mucho frio y estábamos exhaustos. Finalmente, tras descender, nos encontramos una vía de tren. La cual seguimos hasta que llegamos a un almacén que parecía vacio.
Entramos en el almacén rápidamente, pero tomando las precauciones. Una vez comprobamos que dentro del almacén no había nada ni nadie, cerramos la puerta y pudimos recuperar el aliento. También comprobé a quien habíamos perdido. La mujer que murió de frio en el camino era Grace. En el ataque de los caminantes habíamos perdido a Janice, Louise,  Joice,  Arnold,  Kennet, Jordan, Brendan y a Lisa.
—Hemos perdido a varios. ¿Qué hacemos ahora?— preguntó Juan.
—De momento vamos a buscar comida aquí. Puede que encontremos algo— respondí al tiempo que dejaba a Vicky en el suelo junto a sus hermanos y Eva.
—¿Y que hacemos con la gente? Podrían haber mordido a alguien— me dijo Juan mientras miraba a los demás, estos estaban exhaustos. Otros estaban llorando las perdidas. –Es posible que hayan mordido a alguien y eso no podemos pasarlo por alto.
Miré a Juan y lo cogí del brazo para apartarme un poco del resto, cuando estuvimos en privado comencé a hablar. –Díselo a Mike y Johana. Id revisando a las personas, si encontráis a alguien al que mordieron, llevároslo fuera y matadle.
—¿Estás seguro?— preguntó Juan. –Matarnos entre nosotros es lo último que necesitamos.
Miré a Juan. –Yo ya no estoy seguro de nada.
Me alejé de Juan y comencé a pasear por el almacén, este me sonaba de haber estado antes. Llegué hasta una sala y vi una mesa allí, estaba llena de sangre y polvo. Sobre ella había hojas de papel esparcidas. En ellas encontré dibujos, más bien eran bocetos, fue entonces cuando vi un dibujo que me llamó la atención. Era idéntico al tatuaje de Silvia. Ese era el mismo almacén donde ella había estado encerrada.
*****

Brandon se había alejado de los demás y había encontrado un baño, allí se había refugiado. Primero se lavó la cara y se tocó la frente, notó que tenía fiebre. Seguidamente se subió la manga de la camisa y observó la herida. El caminante con el que había caído rodando le había mordido durante la caída y el no había dicho nada, temía que lo mataran los otros. Sabía que guardar silencio ponía en peligro a los demás, pero tampoco quería morir. Justamente en ese momento entró Blair en el baño y el se apresuró a taparse la herida.
—Llevo un rato buscándote— dijo Blair acercándose a el y plantándole un largo beso en los labios. Entonces ella sonrió.
—¿Por qué estás tan contenta? Hemos perdido a muchos hoy. No hay motivos para estar contentos.
—Han encontrado comida. No es mucho, pero algo es algo. Si lo racionamos bien, habrá para todos— Blair observó a Brandon, parecía ausente. —¿Te ocurre algo?
—No. Nada— dijo Brandon volviendo a besarla.
*****
Estaba inspeccionando el hotel cuando hasta mi llegaron unos gritos. Acudí corriendo y vi a dos jóvenes del grupo peleándose, todos los demás estaban a su alrededor. El motivo parecía ser una lata de conservas que estaba en el suelo. Estos discutían afirmando que la lata era suya. Acudí rápidamente corriendo y me plante entre ellos. Fue en ese momento cuando uno de ellos, Corey me golpeó.
—Tú no te metas. Esto no es asunto tuyo— Caí al suelo sujetándome la barbilla mientras Juan y los otros intervenían separándolos. –Dejadme. Todo es culpa suya. Si el no hubiera dejado entrar a esa gente, si el no hubiese sido un blando y hubiese luchado, esto no habría pasado. ¡¡¡El nos ha condenado a esto!!! ¡¡¡Nos iría mejor sin el!!!— Algunos del grupo comenzaron entonces a asentir y a darle la razón a Corey. Me estaban culpando a mí.
Me levanté de repente y golpeé fuerte a Corey, tanto, que este cayó al suelo y yo me puse sobre el para seguir golpeándole una y otra vez, hasta dejarle la cara ensangrentada. Juan tuvo que separarme de el, pero yo me solté de el y los miré a todos.
—Acepto que yo soy el único responsable de esta situación. Que es culpa mía. Pero no pienso toleraros que digáis que tuvimos que enfrentarnos a ellos. Nos superaban en número y tenían nuestras armas. Un enfrentamiento habría sido lo peor para todos nosotros. Habríamos muerto. No podíamos hacer nada contra ellos. Os lo creáis o no, en ese momento os salvé la maldita vida, pero si creéis que podéis hacer algo… Podéis volver y enfrentaros o simplemente suplicar que os dejen entrar, con suerte seréis sus mascotas— miré a algunas de las chicas. –Quizás con suerte os dejen vivir y os metan en una habitación de lujo a cambio de que os abráis de piernas ¿Seguro que es eso lo que queréis? Por que es lo que habría pasado, opté por la retirada por que era lo más acertado, pero como ya he dicho sois libres de regresar allí si queréis. Os invito a que os marchéis— señalé la puerta del almacén. –Ahí tenéis la puerta. Marcharos si queréis— nadie decía nada y eso me enfureció todavía más. –¿No decís nada? Supongo que es más fácil echarle las culpas a otro. Yo soy el que más culpa y lo admito, pero os he salvado la puta vida.
—Cálmate Juanma. Por favor— dijo en ese momento Eva.
—¿Qué me calme? Estoy harto de que se me eche la culpa de todo. Simplemente estoy dándoles una opción si no están de acuerdo conmigo. Pueden marcharse, pero si se quedan, que acepten la situación— miré a todos. —¿Os ha quedado claro de una vez?
Juan levantó a Corey del suelo y le dio la lata de forma muy brusca. –Toma. Que la disfrutes. El resto descansad, luego quiero que un par de vosotros me acompañe, iremos a cazar. Yo dirigiré la partida de caza.
Juan dispersó al grupo y se dirigió a mí. –No tiene sentido que te culpes más. La situación es la que es. Si no nos hubiésemos marchado, las cosas serían peores. Probablemente nos habrían ejecutado allí mismo. Lo sabes ¿No?
—Ahora solo necesito dormir y pensar— respondí alejándome de el. Llegué hasta una puerta, la abrí y vi una sala, pasé al interior y me cerré la puerta. Allí no había nada, así que simplemente me senté en el suelo apoyado en la pared y cerré los ojos, aunque eso no impidió que comenzara a temblar. Cuando golpeaba a Corey había deseado matarlo y todavía deseaba hacerlo. Sentía mucha rabia dentro de mí.

Las Vegas…
15:00 de la tarde…

Carlos daba vueltas alrededor de una silla. En ella estaba sentada Katrina. Carlos se paró frente a ella y la miró fijamente.
—Katrina ¿Verdad? Bien, tú serás la primera que será interrogada y si dices la verdad, es muy posible que deje que te vayas tranquilamente. Incluso es posible que os deje en libertad. Vosotras no me interesáis. Solo quiero saber donde está mi hermano.
—Si te lo digo irás a matarlo— respondió Katrina mirando a Carlos a los ojos. –No pienso decirte donde está.
Carlos en ese momento le mostró un cuchillo, el cual le acercó a la cara. —¿Ves esto? Te lo volveré a preguntar. Si no respondes, te puedo asegurar que haré trizas tu bonita cara.
Katrina sin embargo, en lugar de asustarse comenzó a reír. Eso hizo que Carlos frunciera el ceño sin entender que era lo que estaba pasando.
—¿Estás seguro de que quieres hacer esto? ¿Estás seguro de que quieres matar a tu hermana?
Carlos se acercó más a Katrina. —¿De que coño hablas? ¿Mi hermana?
—¿Te sorprende? A Juanma también, pero es cierto. ¿De verdad quieres hacerme daño? Si te digo donde está Juanma, irás a buscarlo. Y matarás a todos los que hay allí para conseguir tus fines. Eso incluirá también a mi hija, tu sobrina. Puede que seas un cabrón… Pero no serias capaz de todo eso…
Carlos se separó de la silla y miró a Katrina con odio, seguidamente sacó un walkie talkie e hizo una llamada. Poco después aparecieron dos hombres allí. Uno de ellos era Butch.
—Llevadla a una celda y que se quede allí sola. Y que nadie la toque.
—¿Traemos a otra?— preguntó Butch.
—Traedme al que está herido. Ahora— respondió Carlos. Butch y el otro hombre se llevaron a Katrina. La dejaron sola en una celda y fueron a por Dylan, al cual arrastraron hasta la sala. Allí lo tiraron al suelo y Carlos lo observó. –Tienes mal aspecto. No durarás mucho si sigues así. Como supongo que no quieres morir te ofrezco algo. Aquí tenemos médicos que pueden tratarte esa pierna y salvarte la vida.
—Eso estaría muy bien— respondió Dylan con los ojos entre abiertos.
—Por eso. Estoy buscando a mi hermano Juanma. Se que tu lo conoces ¿No es así?— Dylan asintió. –Pues venga. Dime donde está y yo haré que te salven la vida.
—Solo lo haré con una condición. Vine buscando a mi hermana. Dime donde está y te diré todo lo que quieras saber. Solo cuando la vea te daré la información que quieres.
Carlos sonrió. –Muy bien. Así se habla, dime quien es tu hermana y te la traeremos hasta aquí. Adelante, haz ese pequeño esfuerzo y te doy mi palabra, no solo te curaremos, también os proporcionaré una casa a ti y a ella. Una de las más lujosas. Aunque debo decir que no esperaba que traicionases así a tu gente.
—Ellos no son mi gente. Solo estaba con ellos por que no tenía a donde ir. Iba a largarme en cualquier momento… Mi hermana… Es Claire…
Al escuchar el nombre. Carlos se quedó mudo. Recordaba ese nombre y sabía quien era ella. Claire estaba muerta y murió la misma noche que capturaron a David y Luci mientras intentaban escapar.
—Verás Dylan. Siento decirte que lo de tu hermana no puede ser. Tu hermana hace tiempo que murió, pero aun así aun puedo ofrecerte que te curen. Esta es tu oportunidad, esa gente no te importa nada. Adelante, dime donde están.
En ese momento Dylan miró a Carlos. –Sin mi hermana no hay trato. Tampoco me interesa curarme si ella que es todo cuanto tenía ya no está. Puedes hacer conmigo lo que te de la gana.
Al escuchar eso, Carlos estalló de rabia, la cual había estado conteniendo y comenzó a golpear a Dylan. Estaba perdiendo la paciencia con las prisioneras.

En algún lugar de Oklahoma…
Inter estatal 40…
18:00 de la tarde…

David le dio una patada a la rueda delantera del coche. Este se había quedado sin gasolina mientras cruzaban la inter estatal numero 40. Allí parados, mirara donde mirara no había nada. Luci se había adelantado un poco para buscar algún vehículo que aun tuviera combustible en el depósito, pero no había tenido suerte.
La pequeña lloraba y eso estaba comenzando a atraer a los No Muertos que había por allí cerca.
—¿Qué se supone que haremos ahora? No hay nadie por aquí. Tampoco vehículos que podamos atravesar. Y aun estamos lejos de Manhattan. A este paso no llegaremos nunca.
—Pues no nos queda otro remedio— respondió Luci acercándose a la mujer para coger a la pequeña en brazos. –Caminaremos hasta encontrar un lugar donde podamos descansar— en ese momento, Luci señaló un cartel que señalaba un área de servicio a unos tres kilómetros.
David sacó la bolsa de armas del maletero y se la cargó al hombro. Segundos después, todo el grupo comenzó a caminar por la carretera.
Veinte minutos después llegaron al área de servicio que señalaba el cartel. Allí pararon. Luci y David entraron los primeros y se aseguraron que no hubiese caminantes dentro. Poco después acamparon allí y comenzó a anochecer.

22:00 de la noche…

Les habían dado de comer a los niños y estos se habían quedado profundamente dormidos junto a una cansada Alicia. Tan solo Luci, David y la mujer, se habían quedado despiertos junto a las ventanas para vigilar.
—¿Cómo fue?— preguntó Luci.
—¿Cómo fue el que?— preguntó David mirando a su compañera.
—Separaros de Juanma tras la caída de Manhattan— respondió Luci.
—Carlos ofreció un lugar seguro en Las Vegas, mientras que Juanma no sabía ni siquiera a donde podíamos ir. Me fui con Carlos pensando en Alicia y en su bienestar. Ahora me doy cuenta de que no hice lo más sensato. Sabía muy bien como era Carlos, pero esperaba poder perderlo de vista una vez llegáramos allí, pero también… Lo hice pensando en ti. En encontrarte y lograr hacer algo para ayudarte. Y como son las cosas… Al final… Fuiste tu quien me ayudó a mi. De no ser por ti creo que habríamos muerto en esa jaula. Es algo que nunca podré agradecerte lo suficiente.
—Yo si se como. Quédate vigilando tú mientras yo duermo un poco. Luego cuando me despiertes para hacer el cambio, tráeme un café y estaremos en paz— dijo Luci apartándose de la ventana.
—Eso está hecho— respondió David. Seguidamente, Luci se fue a donde estaban los niños y se tumbó al lado de la pequeña. Donde no tardó en quedarse dormida.
David miró de nuevo al exterior y lo único que vio fue un caminante tambaleándose. Al cual unos perros que aparecieron de repente, rodearon y se abalanzaron sobre el para devorarlo. David en ese momento se dio cuenta de lo salvaje que se había vuelto el mundo exterior. Ya casi lo había olvidado.

Día 22 de Octubre de 2010
Día 845 del Apocalipsis
06:00 de la mañana… Almacén cerca de Macon…


Brandon se encontraba mal. Se levantó de donde estaba, sabía lo que le pasaba y no quería poner en peligro a nadie. Tambaleándose, se acercó a una de las puertas y la abrió con intención de salir y alejarse, irse bien lejos, pero entonces sus fuerzas fallaron y se derrumbó. Quedando la puerta del almacén abierta. Cinco minutos después, Brandon abrió los ojos de nuevo… Y tenía hambre.