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sábado, 27 de agosto de 2016

NECROWORLD Capitulo 126

Día 21 de Octubre de 2010
Día 844 del Apocalipsis…
Cobertizo… 00:45 de la noche…

Poco a poco fui recuperando el conocimiento. Me encontré sentado en la misma silla donde había sentado a Riley para sacarle la verdad.  Levanté la cabeza y vi al menos a diez hombres allí, Riley estaba de pie discutiendo con uno de ellos acaloradamente.
—Déjame que lo mate. Mira todo lo que me ha hecho. Quiero cargármelo— decía Riley.
—Te ha torturado por que Kennedy y tu fuisteis descuidados y unos estúpidos. Si hubierais sido más cautelosos, no habríais levantado sospechas.
Mientras levantaba la cabeza vi como uno de ellos se me acercaba, entonces le vi la cara. Tenía la cara podrida, como si fuera un caminante. Al verlo sentí la necesidad de alejarme de el. Me eché hacia atrás y caí al suelo golpeándome la cabeza. Eso hizo que los tipos que me custodiaban me miraran. El que hablaba con Riley dejó a un lado la discusión y se acercó a mí. Se trataba de un hombre joven de casi cuarenta años. Este me levantó y me miró con una sonrisa.
—¿Quiénes sois vosotros?— pregunté yo
—Hola, me llamo Jacob. Te estrecharía la mano, pero no es posible. Supongo que te debemos una explicación. Pero seré breve. Nosotros somos por así decirlo, nómadas. Viajamos buscando sitios donde vivir, sitios grandes y con suministros. Vuestro hotel es un lugar estupendo para vivir y nos lo vamos a quedar. Y puedes estar tranquilo por que no pretendemos mataros. Nosotros no hacemos eso.
—Si queríais estar en el hotel… Solo era necesario venir a hablar con nosotros— respondí.
—Nosotros no confiamos en nadie. Ya no. Y tú lo sabes bien como es este mundo. Si hubiésemos compartido el lugar, habríais acabado echándonos de alguna manera. Por eso haremos lo siguiente. Nosotros nos quedaremos el hotel y vosotros os marchareis. Lo siento, pero es así. Nada de compartir. Lo siento.
—Mi gente no se marchará. No sin luchar— respondí mirándolo a los ojos.
—Tu gente no opondrá resistencia. Ahora se bueno y quédate aquí hasta que tu gente venga a buscarte. Reserva las fuerzas y podrás dirigirlos hacia un lugar seguro. Por cierto, mi nombre es Jacob— el tipo se puso en pie y se alejó. Agarró a Riley y se lo llevó a rastras, miró a varios de sus hombres y les comenzó a impartir órdenes. –Quedaros aquí con el vigilándole. No quiero que le toquéis un solo pelo de la cabeza. Al amanecer os quiero en las puertas del hotel para terminar lo que hemos empezado.
Salvo tres hombres, todos se marcharon de allí, incluido Riley. Se dirigían de nuevo hacia el hotel. Mis compañeros estaban en peligro si esta gente entraba.

Hotel…

Aquella noche, Vicky no había querido cenar, no tenía hambre y se había ido a dormir, pero se despertó cuando escuchó un ruido en la habitación de al lado. Se levantó y salió de su habitación. Fue a la habitación de sus padres y entonces intentó abrir la puerta, pero entonces algo se la bloqueaba. Abrió un poco la puerta y se asomó al interior, entonces vio a su madre Eva en el suelo. Entró rápidamente y trató de reanimarla, pero estaba profundamente dormida. No entendía que le pasaba.
Los bebés comenzaron a llorar y ella se acercó a las cunas a calmarlos, fue entonces cuando miró por la ventana y los vio, eran caminantes, los caminantes habían tomado el hotel. ¿Pero como? Entonces se dio cuenta de que no eran caminantes, eran personas, cientos de ellas, todas entrando en el hotel. Rápidamente comprendió lo que estaba ocurriendo, esas personas no habían sido invitadas. Volvió corriendo a su habitación, dejando antes a Eva en la cama y cerrando la puerta. Una vez en su habitación cogió su pistola, comprobó que estuviera cargada, cogió un par de cargadores más y salió. Vicky recorrió el pasillo y llegó a las escaleras, entonces allí vio al gato de Cindy. Este estaba junto a su dueña, la cual estaba entre varios escalones, se acercó a ella y comprobó que estuviera viva, lo estaba, pero profundamente dormida, como Eva. Algo les había pasado, daba igual como las zarandeara o tocara, no se despertaban. En ese momento escuchó voces abajo, pero no era nadie conocido, se asomó con cuidado y los vio, eran varios hombres, algunos de ellos estaban parados quitándose lo que parecía piel.
En efecto se quitaban piel, pero no era la suya, si no una segunda capa, esta segunda piel de la que se desprendían era pálida y tenía como postulas, como la piel de los caminantes. Fue en ese momento cuando tuvo una revelación. Recordó que aquel mismo día mientras estaba en el jardín trasero, miró a las vallas y vio a varios caminantes, aunque estos nunca se acercaban al hotel, de hecho había escuchado como los adultos comentaban sobre eso. Lo que estaba presenciando le dejaba claro que esos caminantes no eran caminantes, eran personas. Justo en ese momento entró otro hombre, a ese si lo conocía. Se trataba de Kennedy.
—Tú y tú. Seguidme. En el piso de abajo es donde guardan las armas bajo llave.
—¿Y que hacemos con los bellos durmientes?— preguntó uno de los hombres señalando a alguien a quien Vicky no podía ver. Aunque se imaginó que era algún habitante del hotel que al igual que Cindy y Eva, se había quedado dormido.
Vicky no comprendía nada. ¿Quién era esa gente? ¿Y que hacía Kennedy con ellos? ¿Quizás Kennedy y su hermano eran espías o algo parecido? Fue en ese momento cuando pensó en Carlos, su tío. ¿Y si eran personas enviadas por el? Aunque enseguida descartó la idea, de ser Carlos, ya lo habría visto. Esa gente no tenía nada que ver con el, pero entonces… ¿Quiénes eran? ¿Qué querían?
—Buscad por todo el hotel. Buscad los cuerpos, maniatadlos y amordazarlos. Luego llevadlos al hall principal. Cuando se despierten los pondremos al tanto de la situación actual. Por cierto, tened cuidado, es posible que algunos no se hayan dormido. Algunos de los que viven en este hotel son extremadamente peligrosos— respondió Kennedy.
—¿Qué hacemos si alguno se despierta y nos quiere joder?— preguntó otro hombre.
—Pues os lo cargáis y punto. Luego tirad el cadáver donde no lo encuentre nadie salvo los gusanos. No entiendo por que Jacob se empeña en no matar a ninguno. Sería muy fácil. Tu hermano no aprende.
—Si matamos a alguno y Jacob se entera, lo pasaremos mal. Incluido yo que soy su hermano. Venga, haced lo que os digo, los efectos del somnífero no durarán toda la noche. Se despertarán algo atontados, pero no me fio, si no se pueden mover, mejor. Eso nos facilitará las cosas. Venga, moveos.
Los hombres comenzaron a dispersarse y Vicky tomó una decisión. Muchos estaban fuera de combate y su padre no estaba, se había marchado, pero no sabía a donde se había ido. Tenía que ser ella quien se ocuparía de proteger a su gente.

***** 
Kennedy bajó al sótano acompañado de varios hombres. Nada más llegar, vieron como el tipo de la celda de detención se levantaba y se los quedaba mirando mientras agarraba la verja con ambas manos.
—¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?— preguntó en ese momento el hombre de la celda.
—¿Quién coño es ese? Creí que la mayoría estaban soñando con los angelitos— preguntó uno de los hombres mirando a Kennedy.
—Ese es Malaquías. Está ahí no se muy bien por que motivo. Creo que no ha comido esta noche— Kennedy se acercó a la jaula. –Si te dejamos salir… ¿Prometes portarte bien? Es evidente que si estás ahí es por que no eres amigo de estas personas. Y tampoco tienes pinta de ser peligroso. Más bien me pareces un pedazo de mierda, pero puedes sernos útil para algo. Aunque antes de dejarte salir te haré una advertencia. No intentes jodernos. ¿Dónde están las llaves de la celda?.
—Están en la enfermería. Las guardan ahí junto a las llaves del armario de armas— respondió Malaquías.
—¿Y tu como lo sabes si no sales de ahí?— preguntó uno de los hombres que acompañaba a Kennedy. –Seguro que nos la quieres jugar. Pues ni lo sueñes capullo.
—No tengo el por que mentiros— respondió Malaquías. –Lo que quiero es salir de aquí. Y haré lo que sea para conseguirlo.
Kennedy sonrió y caminó hacia la puerta de la enfermería, nada más entrar se encontró a Mélanie tirada en el suelo. Tenía una brecha en la frente y sangraba. Seguramente se había dormido de pie y al caer se había golpeado la cabeza. Kennedy pasó sobre ella y comenzó a rebuscar por los cajones, pero no encontró nada.
—Quizás las lleve ella encima— dijo uno de aquellos hombres señalándola. –Voy a verlo— dijo agachándose, pero justo antes de que pudiera siquiera tocarla, Kennedy lo apartó de un empujón. El compañero de Kennedy se dio un golpe y seguidamente lo miró. —¿Se puede saber que haces?
—Ni se te ocurra poner tus sucias manos sobre ella. No creas que  me he olvidado tus asquerosas aficiones. No entiendo como Jacob aun te mantiene en el grupo. Alejate de ella y de cualquier mujer de este grupo— le amenazó Kennedy mientras registraba a Mélanie. Pocos segundos después consiguió el manojo de llaves.
—¿Qué más te dan mis asquerosas aficiones si estas personas no nos importan lo más mínimo? Vamos a echarlos de aquí. Morirán ahí fuera de todos modos. No tienen armas.
—Nosotros tampoco las teníamos y hemos sobrevivido— respondió Kennedy. –Además, ella es medico. Nos vendrá bien para curarnos si lo necesitamos. Además, ella estaba en la lista que se le entregó a Jacob, estaba como alguien importante.
Con las llaves en su poder y con Mélanie esposada, salieron de la enfermería, le abrieron la puerta a Malaquías y luego entraron en la sala de tiro. Se dirigieron hacia el armario donde guardaban todas las armas y Kennedy comenzó a repartirlas. Justo en ese momento llegaron Jacob y Riley. Cuando Kennedy vio las heridas de su hermano, abrió los ojos de par en par.
—¿Quién cojones te ha hecho eso?
—Juanma se tomó la molestia de charlar amablemente conmigo. Estaría muerto de no ser por Jacob y los otros— respondió Riley al tiempo que cogía el arma que uno de sus compañeros le entregaba.
—Pero se lo has hecho pagar ¿No? ¿Dónde está?— preguntó Kennedy. –Si sigue vivo quiero matarlo yo mismo.
—Nadie lo tocará— intervino Jacob. —¿Qué os tengo dicho? No matamos a la gente por que si. Y si el sospechó de vosotros fue por que vosotros y nadie más, fuisteis descuidados y estúpidos. Además, ese tío solo pretendía que hablaras, no creo que pretendiese de verdad matarte. Cuando lo noqueamos había salido por que no tenía claro si matarte o no— Jacob miró entonces a Malaquías. —¿Y este quien es?
—Malaquías señor.
—Este no figuraba en la lista. ¿Por qué no está dormido como todos los demás?
—No lo añadí a la lista por que no consideré que fuera alguien importante. No está dormido por que no comió. Era un prisionero de este grupo. Ya lo habíamos visto varias veces, pero nunca antes nos habíamos prestado atención— respondió Kennedy. –Quiere unirse a nosotros.
—Este tipo no es nadie para nosotros. Propongo dormirlo como al resto o encerrarlo de nuevo. No nos puede aportar nada— dijo Riley dando unos pasos hacia Malaquías. Iba a golpearle justo cuando Jacob lo detuvo.
—Déjame que yo decida si nos puede servir de algo o no. Señor Malaquías… ¿A que se dedicaba antes de esto? Hable y por su bien espero que me convenza.
—Antes de esto era sacerdote en una orden del vaticano. Cuando esto comenzó a ocurrir, fui reclutado en un equipo de hombres religiosos y salimos de Roma para purgar al mundo del mal. Durante mucho tiempo estuvimos purgando el mal y acabando con todos los infieles que nos cruzábamos. Todo fue bien hasta que esta gente me atrapó y encerró. Son mala gente— explicó Malaquías. –Quiero ser uno de los vuestros, se cocinar… Y si tenéis niños con vosotros… Puedo enseñarles la palabra de dios.
—No me jodas. Un jodido sacerdote… No lo necesitamos para nada. Propongo que lo dejemos frito aquí y ahora— replicó Riley.
—No decides tu hermano— dijo Jacob. Seguidamente se dirigió de nuevo a Malaquías. –En nuestro grupo no tenemos ni niños ni mujeres. Los teníamos, pero los fuimos perdiendo por el camino. Al final solo hemos sobrevivido los fuertes. Pero me interesa, en mi grupo hay gente que necesita urgentemente una educación religiosa o lo que sea, y por otro lado… Me interesa eso de que sepas cocinar. Bienvenido a nuestra familia. Dadle un arma y que se de una ducha. Huele que apesta.
Los hombres se llevaron a Malaquías y los tres hermanos se quedaron solos.
—Ya hemos tomado el hotel, pero cuando esta gente se despierte no dejarán que nos hagamos con este lugar así como así. Propongo que los matemos a todos y aseguremos nuestro futuro aquí— dijo en ese momento Riley. –Y al primero que hay que matar es a Juanma. Ese cabrón me ha destrozado. Déjame volver allí y matarlo.
—Nosotros no matamos a otros. Estoy harto de repetirlo. Soy yo quien da aquí las órdenes y no quiero que nos convirtamos en monstruos desalmados. Por eso no mataremos a nadie de este grupo. Los echaremos de aquí y se acabó. Los desterraremos de su hogar, no tendrán armas y nosotros si. No se atreverán a regresar.
—Tu confianza nos costará la vida. Parece que olvidas lo que pasó— replicó Riley. –Si no hubieses sido tan confiado, si no la hubieses cagado…
Riley no terminó la frase. Jacob lo agarró del cuello rápidamente y clavó sus ojos en el al tiempo que hacia chocar a su hermano contra la pared. –Cállate. No lo digas, no quiero oírlo. Si abres la boca para decirlo o lo insinúas. Te mataré.
En ese momento escucharon disparos en los pisos superiores y algún que otro grito. Grito que enseguida reconocieron como que era perteneciente a alguien de su grupo. Algo había pasado.
*****
Seguía atado a la silla observando a los que me custodiaban. Los observé bien, eran tres dentro del cobertizo y suponía que había más de ellos fuera. Aunque no sabía cuantos exactamente. Todos vestían ropas sucias y presentaban un aspecto demacrado, como si hiciera días que no comían apenas nada. Uno de ellos estaba extremadamente delgado y de vez en cuando tosía. Parecía estar enfermo. Otro detalle importante era que ninguno de ellos llevaba armas de fuego, ni siquiera armas blancas, la única arma que parecía llevar, era como una estaca colgada del cinturón. Quizás su única defensa contra los No Muertos.
—¿Qué es lo que estás mirando tú?— preguntó uno de ellos acercándose a la silla donde estaba yo sentado. –No me gusta el modo que tienes de mirarme.
—Me tenéis aquí atado y no se lo que va a pasar conmigo. ¿Cómo quieres que os mire? No se que pretendéis, pero será mejor que lo dejéis ya— respondí mirando al que había comenzado a toser. –Tu amigo tiene mal aspecto.
—El no es asunto tuyo. Simplemente quédate quieto y calladito— dijo el hombre que se me había acercado y que en ese momento me estaba amenazando con la estaca.
—Tu amigo está enfermo. Puede morir en cualquier momento y eso hace que si sea asunto mío. Por que cuando muera y deduzco que será antes del amanecer, todos los que estamos aquí estaremos en peligro— respondí haciendo un gesto con la cabeza y señalando al hombre enfermo. El cual tenía tan mal aspecto que mucho me temía que no duraría mucho. De hecho, se había sentado en un rincón y tiritaba de frio.
En ese momento se abrió la puerta y entró otro hombre, al verlo me di cuenta de que llevaba mi pistola colgada del cinturón. Antes de que se cerrara la puerta, divisé a otros dos en el exterior montando guardia.
—¿Qué cojones pasa aquí? Jacob dijo que no habláramos con el. Además, estáis hablando demasiado alto y estáis atrayendo la atención de caminantes. Neil y Tommy acaban de cargarse a uno de ellos. Silencio.
—Esa es mi pistola— dije en ese momento. –No recuerdo habértela regalado.
—¿Vas de gracioso o que?
—Por supuesto que no. Solo resalto lo obvio. Pero da igual, vas a devolvérmela tarde o temprano, lo se— respondí con una sonrisa. Entonces en ese momento me apuntó a la cabeza con el arma y comenzó a ejercer presión en el entrecejo.
—Sigue jugando y te aseguro que te arrepentirás. Si yo quiero, ahora mismo te…— No terminó la frase. Con un rápido movimiento saqué la mano y lo golpeé, desviando el arma hacia mi derecha. Esta se disparó y sentí un fuerte dolor en el tímpano, pero aun así, agarré rápidamente el arma aprovechando la sorpresa, se la arrebaté y el trató de quietármela de nuevo, pero yo le asesté un cabezazo en la cara, este cayó de espaldas, me hice con el control del arma y abrí fuego. Primero lo abatí a el y luego a los otros tres que había dentro. El ruido atrajo a los otros dos de fuera, entraron y disparé a uno, logre abatirlo, pero cuando iba a disparar al segundo, vi que me había quedado sin balas.
El tipo se lanzó sobre mí con fiereza y ambos caímos al suelo. La pistola salió volando lejos de mí mientras aquel tipo me golpeaba. Liberé la otra mano por fin y con las dos manos lo agarré de la cabeza y le metí los dedos en los ojos. Este gritó y yo aproveché para golpearle nuevamente. Seguidamente con un rápido movimiento cogí la estaca de su cinturón y se la clavé en el cuello. Cuando me lo quité de encima, me apresuré a liberar mis pies.
Totalmente libre me puse de pie y miré a mí alrededor. Había matado a seis hombres, pero no me importaba, solo me importaba regresar al hotel y ayudar a mi gente. Los que me custodiaban no portaban armas y era probable que los que habían ido al hotel tuvieran pocas armas o ninguna. No lo sabía con certeza, pero aun así emprendí la marcha a la carrera. Tenía que llegar cuanto antes.
*****
Jacob llegó al piso donde había escuchado los gritos y nada más llegar vio a dos de sus hombres en el suelo. Otro de ellos estaba herido con un tiro en la pierna.
—¿Qué es lo que ha pasado?— preguntó Jacob mirando a su compañero, el cual estaba apoyado en la pared sosteniéndose la pierna herida. Como no respondió, Jacob le levantó la cabeza y le obligó a mirarle. –Charlie… ¿Qué ha pasado?
—Una… Una maldita niña salió de la nada y nos disparó. Huyó por aquella puerta— dijo Charlie señalando por el pasillo. Jacob miró hacia la puerta y vio el número. La numero 318.
Jacob se levantó y miró a los que habían subido con el. –Llevaros a Charlie y clavadles algo en la cabeza a Ralston y a Parsons. Que no revivan… Yo me ocupo de esto— Jacob hizo una pausa y miró a Kennedy. –Espera. Quiero que tu me  traigas a uno de los bebés de la habitación 101.
Jacob fue obedecido sin rechistar y pronto se quedó solo en el pasillo, seguidamente comenzó a caminar por el pasillo mientras hablaba. –Eres Vicky supongo. He oído hablar de ti. Creo que eres una chica muy valiente, ya no eres ninguna niña y eso es de admirar— Jacob llegó a la habitación y cuando cruzó la puerta se encontró con el cañón de un arma apuntándole a la cara. Eso hizo que sonriera y alzara las manos. –Se que no te temblará el pulso si decides matarme, pero te sugiero que no lo hagas. Aquí son muchos los que me siguen… Y no creo que tengas munición para todos. Ahora tienes dos opciones, matarme y morir o rendirte y vivir. Debo admitir que no quiero morir… Y ahora estoy a un solo paso de ello, un movimiento en falso y estaré muerto. ¿Cierto? Pero si yo muero, entonces será cuando de verdad comiencen a pasar cosas malas, yo soy el único que impide que tus amigos y tu padre mueran. Si yo muero, ellos también lo harán, por que soy yo quien está impidiendo que los maten. Mientras yo viva, ellos viven. Eso te incluye a ti y a tu padre también.
—¿Qué es lo que queréis?— preguntó Vicky sin dejar de apuntar. Jacob pudo comprobar que era cierto que el pulso no le temblaba.
—Simplemente queremos vivir, y este es el lugar perfecto, pero desgraciadamente no podemos compartirlo. Por eso tenéis que marcharos y dejarnos este lugar para nosotros. Lo entiendes ¿Verdad?
—Podéis buscaros otro sitio— respondió Vicky con el dedo en el gatillo. Estaba a punto de disparar. –Dejadnos en paz.
—No hay otros sitios, y los pocos que hay están ya ocupados. No es tan difícil hacerse con un hogar. Tu misma lo has comprobado, nos hemos acercado sin que os dierais cuenta y os hemos arrebatado vuestro hogar. Hoy al amanecer estaréis de nuevo ahí fuera. Simplemente tenéis que hacer lo mismo que nosotros.
En ese momento Vicky disparó e hirió a Jacob en un brazo. Este cayó contra la puerta y lanzó un grito de dolor, pero aun así no disparó. Simplemente puso su propia mano delante de el. Entonces, varios hombres llegaron a la puerta, todos le apuntaban, todos menos uno, este entró en la habitación con el pequeño Nathan en brazos, apuntándole con la pistola.
—Suelta la pistola criaja de mierda o me cargo al niño. ¡¡¡Ahora!!!
Vicky pensó en disparar y salvar a su hermano, pero si lo hacía, seguramente morirían los dos. No tenía nada que hacer. Dejó caer el arma al suelo y levantó las manos en señal de rendición.
—Llevadla al Hall principal con los demás. Están comenzando a despertar— ordenó Jacob.
Vicky fue inmovilizada y llevada hasta el hall, allí vio a todos los que vivían en el hotel. Estaban sentados en el medio. Rodeados, maniatados y derrotados. Vio a Johana con una herida en la cara, seguramente había sido golpeada varias veces, también vio a Mélanie curándole una herida de la frente a Eva.
Vicky fue empujada y la obligaron a sentarse junto a Juan. También el presentaba magulladuras. Al ver a la niña, este sonrió.
—Me alegro de que estés bien. Temí que hicieras que te mataran.
—¿Quién es toda esta gente? He contado más de cincuenta de ellos cuando me traían hasta aquí. Han usado a mi hermano Nathan como rehén— respondió Vicky alzando la vista para mirar a Eva. Acababan de devolverle a sus hijos. –No veo a mi padre.
—Tu padre no está aquí. Yo mismo le ayudé a llevar a ese de allí al coche— respondió Juan mirando a Riley. –Se lo llevó a un cobertizo para sacarle la verdad a golpes. Es evidente que estábamos en lo cierto en cuanto a las sospechas.
—¿Y por que está el aquí y no mi padre? ¿Crees que está muerto?— preguntó Vicky.
Juan negó con la cabeza. –No lo se. Sea lo que sea no está aquí.
En ese momento la puerta principal se abrió y entraron varios hombres empujando al doctor Alard y a la doctora Brown. Al verlos, el que mandaba bajó los escalones, ya se había curado la herida del brazo. Vicky se lamentaba por no haber apuntado mejor.
—¿Y estos quienes son?— preguntó Jacob.
—No te lo vas a creer— dijo uno de sus hombres. –Estos dos estaban en un cobertizo trabajando con caminantes. No se que coño estarían haciendo.
—¿Trabajar con caminantes? ¿Es usted científico?— preguntó Jacob.
Alard asintió con la cabeza. –Estudio a los caminantes y trato de comunicarme con ellos. Creo que es posible.
—Interesante quizás para el National geografic, pero no para mí. Ponedlos con los demás— ordenó Jacob.
*****
Llegué al hotel y me oculté detrás de un árbol para observar el interior. La luz del hall principal estaba encendida y parecía que se veía movimiento en el interior. Fuera vi a varios hombres armados. Había por lo menos diez de ellos. Iba a ser imposible entrar sin ser visto, y aunque lo lograra, no podría hacer mucho yo solo. Solo me quedaba una opción, la única factible.
Salí de detrás del árbol y caminé con decisión hacia la puerta. Nada más llegar, levanté las manos y grité que quería hablar con Jacob. Eso hizo que todos los guardas me miraran y me apuntaran.
—He dicho que quiero hablar con Jacob. Abrid la puerta— volví a decir.
Los guardas se miraron y uno de ellos caminó hasta la puerta, la abrió y me obligó a entrar. Seguidamente me llevó encañonado hasta el hall, allí entramos y todos mis compañeros se quedaron mirándome. Jacob también lo hizo, primero sonrió, pero cuando me vio manchado de sangre, la sonrisa se esfumó. Entonces caminó hacia mí.
—Me sorprende mucho que estés aquí. Deduzco que mis chicos no te han dejado irte, así que solo puedo suponer que están muertos. ¿Es así? ¿Los has matado?
—Así es— respondí.
En ese momento vi como varios de los hombres me apuntaban dispuestos a matarme. Solo un gesto de Jacob impidió que eso ocurriera.
—Bueno. Supongo que era lo más obvio que puede pasar cuando unos cuantos tipos te retienen a la fuerza y te ponen física y emocionalmente al límite. Tú intentas escapar y alguien tiene que morir. Es lógico. Pero no entiendo como es que has venido hasta aquí desarmado y con tanta sinceridad. Deduzco que quieres negociar, así que tú dirás. Te escucho.
—El hotel es lo bastante grande para todos. Podemos compartirlo o incluso ayudaros a encontrar un hogar. La unión hace la fuerza.
—Es ciertamente una buena idea. Y tú pareces sincero… Pero… ¿Y tus amigos? Ellos estarán de acuerdo? Lo sentó, ellos no me parecen tan de fiar. Seguro que aprovecharían cualquier momento para matarnos. Lo siento, pero no pienso arriesgarme. Ya he arriesgado demasiado. Además… entre tu hija y tú habéis matado a ocho de mis hombres. No es que les tuviera mucho aprecio, de hecho eran los más prescindibles y no creo que hubiesen durado mucho más… Pero si te soy sincero. Si yo dejo pasar por alto esto, mis hombres me perderán el respeto. Así que aunque me pese, debo castigarte, debo equilibrar un poco la balanza. Aun así, solo morirán siete de tu grupo. En principio eran ocho los que van a morir, pero antes de nuestra llegada, mi hermano Kennedy mató a una chica. Diana creo que se llamaba— Jacob miró a Kennedy. —¿No era así como se llamaba?— Kennedy asintió y yo sentí una profunda rabia. Me quise lanzar contra Jacob, pero entonces varios de sus hombres se lanzaron contra mí y me inmovilizaron.
—Os voy a matar a todos. Os voy a destrozar, os voy a exterminar— comencé a decir.
—Como decía antes de que me interrumpieras. Hay que equilibrar la balanza y siete de tus hombres deben morir. Es un ojo por ojo de toda la vida. Alégrate, no tocaremos ni a una sola mujer. Pero como ya te dije, nosotros no matamos, así que tendrás que hacerlo tu, pero no serás tu el brazo ejecutor— Jacob hizo un gesto con la cabeza y dos de sus hombres se acercaron a Vicky, entre los dos la agarraron y uno de ellos le puso una pistola en las manos. También escuché como otro de ellos le quitaba uno de los bebés a Eva y le apuntaba con una pistola.
—¿Qué es lo que estáis haciendo? Dejadlos en paz. Si quieres que alguien muera, mátame a mi— comencé a decir mientras me inmovilizaban. –Por favor. No les hagas daño.
Jacob hizo caso omiso de lo que le decía, simplemente me miró y sonrió. –Aquí. Ahora. Quiero que elijas a las siete personas que quieres que mueran. Elije a siete hombres de tu grupo y tu hija que es tan valiente. Será su verdugo. Es lo justo. Así que empieza a elegir.
No tenía más opciones. Levanté el brazo y señalé a Damian, obligaron a Vicky a caminar hasta el. Entonces le obligaron a disparar. El cuerpo de Damian se desplomó en el suelo. Después señalé a Clarck, Forrest, Nick, Francis y Arnold. Todos corrieron la misma suerte que Damian mientras el pulso me temblaba y las lágrimas resbalaban por mis mejillas. Vicky estaba cubierta de sangre que le había salpicado y apenas se movía por si sola, tenían que llevarla.
—Muy bien. Solo te queda uno. Elije bien— dijo Jacob.
—Mátame a mi— pedí en ese momento. –Acaba con esto matándome a mí.
—Tu no. Eso no tendría sentido. Esta gente te necesita para sobrevivir. Elige de una vez y o el que caerá será el bebé. Venga, solo uno más y esto se habrá acabado.
En ese momento vi como Levine se levantaba de su sitio. –Yo seré quien muera. Matadme a mí.
—Tenemos a un voluntario. Muy bien niña, cárgatelo— dijo Jacob.
—A el, no— dijo en ese momento Malaquías apareciendo en escena. –Ese hombre tiene un don. Uno que le permite caminar entre los muertos, puede sernos muy útil.
—¿Es eso cierto? Entonces no lo mataremos. Llevadlo a la celda de detención y vigiladlo bien— dijo Jacob. Se llevaron a Levine y Jacob volvió a mirarme. –Vuelve a quedar uno. Elije.  Venga, animo.
En ese momento alcé el brazo y señalé a Jacob. –A ti. A ti te voy a matar. Juro que lo haré, es una promesa que te hago. Te pienso ejecutar.
En ese momento Jacob alzó el arma y le disparó a Vicky en una pierna y la niña pegó un grito de dolor. Yo traté de zafarme y Jacob me golpeó. –Esto era un ojo por ojo. Ella a mi me disparó. Ahora elije de una puñetera vez o le pego otro tiro.
Con la mano temblando, la levanté y alcé el dedo señalando a Jeff. Obligaron a Vicky a levantarse y la acercaron a Jeff, donde le disparó.
—Muy bien. Y esto llegó a su fin. Ya podéis marcharos, hacedlo ordenadamente y sin empujar ni armar jaleo, por favor— dijo Jacob.
Me levanté temblando y caminé hasta Vicky. Allí le hice un torniquete y la cogí en brazos. Ambos llorábamos amargamente mientras nos empujaban hacia el exterior. Fue en ese momento cuando vi que algunos retenían a Mélanie. Dejé a Vicky en brazos de Juan y fui hacia ellos, pero me lo impidieron.
—Ella se queda con nosotros. Necesitamos un medico. Es hora de que os marchéis. Largo.
Me di media vuelta apretando los puños y caminé hacia el exterior. Todo había salido mal y habíamos perdido el único hogar que habíamos tenido en mucho tiempo.


sábado, 20 de agosto de 2016

NECROWORLD Capitulo 125

Día 19 de Octubre de 2010
Día 842 del Apocalipsis…
Hotel… 00:30 horas de la madrugada…

Todos dormían y yo había bajado a la cocina a comer algo, cuando llegué me encontré con Silvia. Estaba preparando algo de comida que se llevarían al amanecer en su partida hacia Las Vegas. Cuando llegué, di unos golpecitos en una de las mesas para no asustarla. Ella se dio la vuelta y al verme sonrió.
—Pensé que dormías— dijo ella.
—Me entró hambre y decidí bajar a comer un poco. No esperaba encontrarte aquí.
—No podía pegar ojo de los nervios y decidí bajar a preparar la comida que nos llevaríamos. Ahorraremos tiempo mañana por la mañana— respondió Silvia mientras yo avanzaba y me sentaba a su lado. Ella paró de llenar la bolsa y suspiró. –Estoy muy nerviosa. Ni siquiera se lo que me voy a encontrar. Temo llegar allí y que ella no esté. O incluso temo que ocurra algo y que no lleguemos, pero sobre todo, temo que fuese una mentira más de A.J.
—Entiendo… Pero escucha a tu corazón y haz caso a tu intuición ¿Qué es lo que te dicen?— pregunté. Entonces Silvia me miró.
—Me dicen que mi hija está viva allí— respondió Silvia. Entonces me miró. –Debo darte las gracias por todo. Por haberme acogido aquí y haber permitido que me quedara cuando hice todo lo que hice. Aunque aun no se como me encontraste en ese cobertizo.
—Te seguí con sigilo por las alcantarillas que usabas. Lo demás vino solo.
En ese momento vimos aparecer a Riley en la cocina, este nos miró. –Vaya. No imaginé que encontraría a alguien aquí a estas horas. Yo vine a prepararles café a los que están vigilando. ¿No os importa?
Yo negué con la cabeza y seguidamente comencé a ayudar a Silvia a terminar de llenar las bolsas. Cuando Riley se fue con los cafés. Silvia me miró. –Hay algo que no te había contado y que se me olvidó con todo el jaleo. Antes de que ellos llegaran, en una de mis salidas buscando a A.J. Me crucé con ellos y el grupo de Juan. Venían en dirección al hotel, aunque en un principio no los reconocí. Mientras estaba escondida, vi al hermano de Riley.
—¿A Kennedy?— pregunté.
—Si— respondió Silvia. –No recuerdo bien lo que decía, pero estaba hablando con alguien por walkie talkie. Alguien que no es de aquí. Creo que ocultan algo y habría que vigilarles.
—Está bien… Veré que hago. Si los vigilamos hay que hacerlo de una forma que ellos no se den cuenta. Ahora vete a dormir, mañana saldréis temprano. Buenas noches— le dije a Silvia. Esta me miró, me dio un abrazo y un beso en la mejilla.
—Gracias por todo— dijo ella. Después se dio la vuelta y subió a su habitación. Unos minutos después subí a la mía y me acosté.

04:00 de la madrugada…

Riley salió a hurtadillas del edificio y corrió hacia las vallas del hotel. Antes de llegar se paró a observar los puestos de vigilancia. No parecía que los guardas siguieran despiertos, al parecer, los somníferos que había puesto en los cafés habían hecho efecto. Eso dejaría fuera de combate a los guardias un par de horas. Lo suficiente.
Llegó a la valla y se sacó un papel del bolsillo, lo pasó a través de los barrotes y alguien lo recogió. Alguien en la oscuridad comenzó a ojear la hoja.
—¿Estos son todos ellos?
—La mayoría. Solo he apuntado los nombres de los que tienen más voz y voto aquí. Los demás son solo meros habitantes. No son ni importantes ni peligrosos— respondió Riley.
—¿Por qué los nombres de Silvia, Dylan, Katrina, Rachel, Sheila y Cloe están marcados con una cruz?— preguntó el hombre.
—Por que esos seis se van al amanecer a Las Vegas. Y ya sabes como son allí las cosas. Puede que no vuelvan de allí. Y puede que ni siquiera lleguen. De todos modos no son importantes.
—Vicky y Juanma— leyó el hombre al otro lado de la valla.
—El líder de este grupo como ya te dije. Vicky es su hija adoptiva. Es una cría, pero no le tiembla el pulso a la hora de apretar el gatillo. Eva, Shanon y Nathan son la mujer y los dos hijos recién nacidos de Juanma. Los he marcado con un círculo por que son nuestra mejor carta para poner a ese cabrón contra las cuerdas. ¿Cuándo vendréis?
—No tardaremos. Estamos ultimando los detalles del asalto. Pronto tendrás noticias nuestras. De hecho nos verás llegar, pero solo tú y Kennedy sabréis que vamos. Ahora vuelve al interior. Es importante que no te descubran. Nos vemos pronto— dijo el hombre desapareciendo en la oscuridad. Riley se dio media vuelta y regresó al interior del edificio.

Día 20 de Octubre de 2010
Día 843 del Apocalipsis…
Cobertizo… 07:00 de la mañana…

Le quité la capucha de la cabeza y el rostro de Riley quedó al descubierto. Estaba amordazado y maniatado a una silla. Cuando me vio trató de zafarse y de gritar. Seguidamente clavó su mirada en mí. Yo me alejé de el y cerré la puerta del cobertizo. El mismo cobertizo donde Silvia había estado ocultando el coche con el que salía a buscar a A.J.
Miré a Riley y comencé a caminar hacia el mientras le hablaba con tranquilidad. –Puede que te sorprenda lo que está sucediendo y es normal. Ahora voy a quitarte la mordaza y hablaré contigo. No quiero que grites, lo que quiero es que mantengas la calma. Asiente si me entiendes— Riley asintió y yo le quité la mordaza.
—¿Por qué haces esto? ¿Qué vas a hacerme?— preguntó Riley nada más quitarle la mordaza. –No hagas algo de lo que después puedas arrepentirte.
—Vayamos paso a paso y no tengas tanta prisa. Estas aquí por que no me fio de ti ni de tu hermano. Se que ocultáis algo y vas a hablar— respondí mientras cogía un taburete y me sentaba frente a el.
—No se de que me hablas. Mi hermano y yo no te ocultamos nada. Te lo juro. Estás cometiendo un error. Si me sueltas ahora… Si me sueltas ahora prometo que olvidaré esto. Nos marcharemos si quieres.
—Lo siento, pero no. Antes de que acabe el día te habré sacado la verdad. Por tu bien, espero que seas tu quien hable por si mismo, si no, traeré a tu hermano y entonces uno de los dos hablará. Colabora.
—Estás chiflado. ¿Qué pretendes? ¿Vas a torturarme?
—Si— respondí tajantemente. –A menos que vayas a hablar. El que te torture solo depende de ti. Así que empieza. ¿Quién más hay aparte de vosotros? Tu hermano hablaba por el walkie con alguien. Alguien que está ahí fuera, alguien con quien mantenéis el contacto. ¿Quién es? ¿Cuántos son?
—No se de que me hablas. Mi hermano y yo estamos solos. No hay nadie más ahí fuera.
Me levanté del taburete y le propiné un puñetazo en la cara, seguidamente me senté al tiempo que Riley volvía a mirarme mientras un hilillo de sangre comenzaba a surgir de su boca. –Respuesta incorrecta. Se que mientes. Se sincero, di la verdad y todo esto acabará ahora. Incluso podríamos llegar a un acuerdo. No compliques más las cosas.
—Estás loco. Estás torturando a un hombre inocente— respondió Riley escupiendo al suelo. —¿Qué es lo que harás cuando veas que por mucho que me tortures no diré nada por que no hay nada que decir? Cuando llegué al hotel y te vi, pensé que eras diferente a todos esos que deambulan por ahí fuera. Mis hermanos y yo hemos visto gente de todo tipo. Pero tú no eres distinto, eres otro más. Otro chalado más. Otro monstruo.
—¿Con quien hablaba tu hermano?— pregunté nuevamente. –Habla y será mucho mejor para todos. Si no, las cosas se van a complicar.
—Que te follen— respondió Riley.
—Muy bien. Tú lo has querido— respondí. Me lleve la mano a un bolsillo y saque astillas de madera muy afiladas. Las cuales había estado preparando durante la noche. Me levanté y rodeé a Riley, cuando estuve detrás de el, me acerqué a su oído y le susurré. –Quise evitarlo, pero ahora relájate, creo que esto te va a doler— seguidamente le puse la mordaza y clavé la primera de las astillas debajo de una de las uñas de Riley.

Hotel…
7:15 de la mañana…

Yuriko estaba en una de las torretas vigilando cuando subió Laura. Está traía dos cafés y uno se lo dio a su compañera. Ambas comenzaron a beber mientras observaban al camino. En el cual se podían ver varios caminantes moviéndose de un lado al otro.
—Hace un rato que se fue Juanma con el coche. ¿No dijo a donde iba? Me parece raro. Juan y el cargaron algo en el maletero. Un saco o algo así— dijo Laura sentándose en una de las sillas.
—No lo se. Pero bueno, el sabrá lo que hace. Por cierto…¿No crees que hay muchos caminantes? Hace frio, se supone que deben estar aletargados, pero estos parecen muy activos— respondió Yuriko cogiendo los prismáticos para observar a los No Muertos. –Deberíamos avisar a los otros y limpiar un poco la zona. ¿No te parece?
—No será necesario. Míralos, ni siquiera se acercan. Se mantienen alejados, simplemente caminan de aquí allá. No son una amenaza, además, si nos ponemos a disparar ahora podríamos alterarlos. Déjalos y ya nos ocuparemos de ellos solo si se acercan demasiado— respondió Laura cogiendo unos prismáticos para mirarlos también, su mirada se posó sobre un caminante que tenía un largo cabello cubriéndole el rostro. Entonces el No Muerto pareció mirarla y luego seguir caminando.
En ese momento sonó el walkie y la voz de Stacy surgió de el. —¿Habéis visto la cantidad de caminantes? Aquí donde estamos Alexandra y yo hay varios. Están paseándose entre los arboles del bosque. Y quizás os parezca extraño, pero hemos visto como dos de ellos chocaban y se quedaban quietos, no se, era como si estuvieran cuchicheando.
—¿Hablas en serio?— preguntó Laura cogiendo el walkie. –Quizás te lo hayas imaginado.
—No me imaginé nada. Alexandra también lo vio— respondió Stacy. –Puede que solo se chocaran y nada más, pero os juro que pareció que cuchicheaban.
—Puede que sea una especie de reflejo. Lo he visto antes, algunos de ellos a veces hacen cosas que hacían cuando estaban vivos. Una vez durante una incursión vi a uno de ellos con unas llaves en la mano. Estaba frente a un coche y estaba tratando de meter las llaves en el paño de la puerta del conductor, también vía a otro que estaba un día tratando de beber de una fuente. Quizás esto solo sea uno más de esos casos. Algo en su cerebro todavía les hace tener esos recuerdos— explicó Yuriko.
—Podríamos hablarlo con el doctor. Seguro que tiene una teoría interesante acerca de esto— dijo Laura mirando en dirección al hotel, detrás de este. En uno de los jardines, estaba el cobertizo donde el doctor Alard y la doctora Brown trabajaban.
—Pues buena suerte— dijo Yuriko. –Apenas sale de su pequeño laboratorio. De hecho, últimamente duerme allí y no deja que nadie entre. De hecho a puesto plásticos en la ventana para que nadie vea lo que hace. Es un tipo muy raro.
En ese momento alguien más subió a la torreta. Yuriko y Laura entonces vieron a Kennedy. El hermano menor de Riley, no lo conocían mucho, ya que apenas habían cruzado más de dos palabras con el. Este venía totalmente abrigado y cuando estuvo en la torreta comenzó a frotarse las manos. Luego se quitó la bufanda y les dedicó una sonrisa a las dos chicas.
—Buenos días. Estoy buscando a mi hermano Riley, pero no lo encuentro. ¿Lo habéis visto por casualidad? Por cierto, menudo frio hace… Debemos estar como a unos dos grados bajo cero. Puede que más, no entiendo mucho sobre esto del clima.
Laura y Yuriko negaron con la cabeza. Ninguna de ellas había visto a Riley esa mañana. La última vez que lo vieron había sido en la cena de la noche anterior, pero después de eso ya no lo habían vuelto a ver.
*****
Kennedy acudió a la cocina buscando a su hermano, pero cuando llegó allí, tan solo se encontró a Mélanie, a Diana y a Faith preparando lo que harían para la cena. Cuando vieron entrar a Kennedy se dieron la vuelta y se lo quedaron mirando.
—Estoy buscando a mi hermano. ¿Lo habéis visto? Llevo rato buscándolo pero no hay ni rastro de el— dijo Kennedy acercándose a ellas, cuando llegó, se encontró con que estaban trocando los conejos que Levine había cogido de las trampas. —¿Puedo ayudaros?— preguntó Kennedy repentinamente en ese momento, como si hubiese olvidado por completo a su hermano.
—¿Te manejas bien en la cocina?— preguntó Mélanie incrédula. –No te veo en cocina, la verdad.
—Pues doctora. Yo era quien preparaba la comida en mi casa desde los once años. Después, antes de que el mundo se fuese al infierno, tuve mi propio restaurante y gané varios concursos de cocina. Quería dedicarme a la alta cocina, pero ya sabéis, entonces los muertos comenzaron a caminar— Kennedy observó los conejos y preguntó. —¿Cómo queréis hacerlos?
—Al horno— respondió Mélanie.
—Vale. Eso está muy bien… Pero ¿Cómo? Me refiero ¿queréis hacerlo con patatas y tomates del huerto? Es mejor usar especias, se que las trajeron de una incursión— Kennedy rebuscó en los armarios de la cocina y sacó unas bolsas donde podía leerse “Finas hiervas”. Se las mostró a las chicas y sonrió. –Con esto, haréis que coja mucho más sabor, mirad, os apunto el tiempo que tiene que estar puesto así. Yo voy arriba a mi habitación y ahora bajaré. Es importante que esté jugoso y que la carne absorba bien el sabor.
Kennedy les apuntó en un papel los pasos que había que seguir y después salió de la cocina, fue hasta su habitación y se encerró en ella. Una vez allí comprobó que nadie le hubiese seguido y cogió su mochila, rebuscó en el interior y sacó una bolsa llena de pastillas. Eran somníferos. Se puso de pie y se subió a una de las camas, abrió un tubo de ventilación y de el sacó un walkie talkie. Lo encendió y comenzó a hablar.
—Jacob… ¿Estás ahí?
No tardó en responder una voz. –Aquí estoy. ¿Qué ocurre?
—Ha llegado el momento, voy a hacerlo. Esta noche tomaremos este lugar. Pondré los somníferos en la cena. Eso nos facilitará las cosas… Pero no encuentro a Riley. No se donde está. ¿Está con vosotros?
—No…, pero déjanos a Riley a nosotros. Nosotros nos ocuparemos de el. Tú haz lo que tienes que hacer y asegúrate de que el plan salga bien— respondió la voz al otro lado del walkie talkie.
Kennedy cortó la comunicación del walkie talkie y se dio la vuelta, justo en ese momento vio en la puerta a la chica extraña, recordó que se llamaba Diana, ella también estaba allí abajo observando como las otras dos preparaban la cena para la noche. La chica lo miraba con los ojos abiertos como platos, tenía la boca abierta y estaba mirando el walkie y las pastillas. Esta se dio media vuelta y se alejó de la puerta, Kennedy la siguió y la cogió en el pasillo, le tapó la boca para evitar que gritara y se la llevó a rastras hasta su habitación. Allí la tiró a la cama y puso sus manos alrededor del cuello de la muchacha y comenzó a apretar, la joven quiso gritar, zafarse, pero Kennedy era demasiado fuerte.
Kennedy apretó los dientes en un último esfuerzo y la chica dejó de moverse. La había matado. Después de eso se alejó del cuerpo espantado, no quería haberla matado, pero ella lo había visto y podía contárselo a otros. No sabía que enfermedad tenía, ni le importaba, pero si ella se iba de la lengua, tendría serios problemas.
Dejó el cuerpo sobre la cama y se asomó al pasillo, al parecer nadie lo había visto, ni a el ni a la chica. Tenía que bajar el cuerpo a la habitación de la chica, la numero 111, meterlo en el baño y hacer que pareciera un suicidio. Lo malo era que compartía habitación con otra chica.
Envolvió el cuerpo en una manta y se lo cargó a los hombros. Con cuidado de no ser visto recorrió el pasillo y comenzó a bajar hasta el primer piso. Lo positivo era que a esas horas la mayoría todavía dormían. Llegó a la 111 y abrió la puerta con cuidado, allí vio a la otra chica, la cual respondía al nombre de Stephanie. Esta dormía tranquilamente. Entró en el baño y dejó el cuerpo con cuidado en el suelo, cogió un cuchillo y le hizo un corte en ambas muñecas. No tardarían en encontrar el cuerpo, pero aun así su plan ya estaba en marcha. Salió de la habitación de las chicas y regresó a la cocina. Cuando llegó, se encontró con Mélanie y Faith, las cuales ya habían comenzado a seguir los pasos que el les había indicado.
—Disculpadme si he tardado— dijo Kennedy.
—No te preocupes. Por cierto, mandamos a Diana a buscarte para hacerte una pregunta. ¿La has visto? Era la muchacha que estaba aquí antes— dijo Mélanie dejándole paso a su compañero.
—No. No la he visto. ¿Hace mucho que la mandasteis?— preguntó Kennedy tratando de ocultar sus nervios. Aun le dolían las manos de haber apretado tanto el cuello.
—Déjala. Ya sabes como es. Seguro que se entretuvo con cualquier otra cosa por el camino— respondió Faith. –Nosotros a lo nuestro y ya volverá si quiere.
*****
Las horas pasaron y el cuerpo de Diana fue encontrada al medio día, cuando Stephanie se despertó y encontró el cuerpo de Diana en el baño de su habitación. Todos los demás se enteraron cuando Stephanie gritó aterrorizada. Poco después sacaron el cuerpo en de la habitación y lo sacaron al jardín. Allí le dedicaron unas palabras, todo había quedado como un suicidio, solo Faith se había percatado de las marcas en el cuello de la chica y que le faltaba una de las zapatillas de color amarillo que solía llevar siempre. Esas marcas no tenían motivo de estar ahí, ya que la chica se había cortado las venas.
Llegó la hora de la cena y todos comenzaron a cenar, aunque el pesar por la muerte de Diana seguía presente, aquello había afectado profundamente a Stephanie por ser quien compartía habitación con ella y por ser ella quien la encontró, Eva también estaba muy afectada y Johana lo notó.
—¿Qué te ocurre? ¿Estás así por la muerte de la chica?— preguntó Johana.
—Si. Le teníamos mucho cariño, Juanma y yo. La habíamos acogido con nosotros como si fuera hija nuestra, no era más que una niña. Y no se como se lo diré a Juanma. Sigue fuera y todavía no ha regresado. No se donde está.
—Tenía cosas que hacer fuera— respondió Johana alzando la cabeza para mirar a Kennedy. Este estaba en otra mesa hablando y riendo con Mélanie. –No te preocupes. Estará bien y estará de vuelta antes de que te des cuenta.
—Pero no me dijo lo que iba a hacer. Estamos todos menos el… Y el hermano de Kennedy— respondió Eva mirando también al hermano de Riley.
—No te preocupes. Todo está bien respondió Johana dándole un mordisco al trozo de carne de conejo.
Faith observaba a Kennedy desde su sitio. Había algo que no le cuadraba, ella y Mélanie mandaron a Diana a buscarlo y esta se había ido a su habitación a suicidarse cortándose las venas. Era imposible que esa chica se hubiese suicidado, y era más imposible que ella sola se hubiese hecho las marcas del cuello. Si Katrina hubiese estado allí, también ella habría llegado a esa misma conclusión. El cuerpo presentaba signos que hacían imposible que la joven se hubiese suicidado. De hecho, el como estaba el cuerpo, más bien indicaba que había sido asesinada. Por un momento pensó que podría haber sido Stephanie, pero esa chica no mataría ni a una mosca, mucho menos a Diana, además, las marcas del cuello eran grandes y las manos de Stephanie no lo eran tanto. Ella no había sido, tan solo quedaba un sospechoso posible. Observó a Kennedy levantarse y poner varios platos de la cena sobre el carrito, seguidamente se dirigió hacia el exterior. Seguidamente Faith dejó de comer y se levantó. Salió del salón y pensó en seguir a Kennedy, pero no sacaría nada en claro. Entonces decidió subir a la habitación de los hermanos. Si iba a encontrar alguna pista sobre la muerte de Diana y que esta implicara a Kennedy. Esta estaría en la habitación.
Subió rápidamente las escaleras y llegó a la habitación de los hermanos, entró sin cuidado, era evidente que allí no había nadie. Una vez dentro de la habitación miró a su alrededor buscando señales de lucha y en efecto las encontró. La alfombra del suelo estaba movida como si hubieran arrastrado algo por allí. La cama estaba deshecha,  de tal modo que más que durmiendo, parecía que alguien se había retorcido sobre el. Faith reconstruyó en su mente la escena del crimen. Kennedy habría agarrado a Diana y la había arrastrado, luego la había tirado sobre la cama y la había estrangulado hasta matarla.
Faith se agachó y miró debajo de la cama y entonces encontró la zapatilla que le faltaba a Diana. Eso implicaba a Kennedy del todo. Justo en ese momento escuchó abrirse la puerta a sus espaldas, se dio la vuelta rápidamente sacando su arma y apuntó. Frente a ella se encontraba Kennedy.
—Entra y cierra la puerta. Haz otra cosa y te pego un tiro entre las cejas.
Kennedy hizo lo que Faith le había ordenado, cerró la puerta y levantó las manos. —¿Qué pasa? ¿Por qué haces esto?
—Cierra el pico y saca la pistola con la punta de los dedos. Ahora— ordenó Faith sin dejar de apuntar.
Kennedy cogió su pistola con los dedos y la dejó en el suelo, luego miró a la chica. —¿De que va esto?
—Sabes muy bien de que va— respondió Faith. –Has matado a Diana. Es inútil que lo niegues.
—¿Y vas a matarme por ello?— preguntó Kennedy sin perder detalle de los movimientos de Faith.
—¿Matarte? Si. Debería hacerlo, pero esperaremos a que Juanma regrese y entonces el decidirá que hacer contigo— respondió Faith al mismo tiempo que comenzaba a notarse rara. Era como si se le estuviesen escapando las fuerzas. Cuando se quiso dar cuenta, tenía una rodilla en el suelo y le costaba apuntar a Kennedy. Justamente en ese momento, el se lanzó contra ella, le golpeó y le arrebató el arma, seguidamnte le apuntó. —¿Qué me está pasando?— preguntó mirando a Kennedy.
—Nada. Simplemente duérmete— respondió Kennedy con una sonrisa mientras Faith caía rendida al suelo y se quedaba dormida.
Kennedy salió de la habitación y recorrió el pasillo, bajo todos los escalones y comenzó a ver a varios de los habitantes del hotel en el suelo. Algunos de ellos estaban al pie de las escaleras, otros seguían en el salón. Salió al exterior y vio a Alexandra tirada en el suelo. Miró hacia las torretas y allí vio a sus ocupantes, también dormidos. Entonces vio a un hombre acercarse tambaleándose, intentó levantar el brazo para pedirle ayuda, pero entonces se desplomó.
Kennedy siguió caminando hacia la puerta principal al mismo tiempo que los No Muertos comenzaban a acercarse. Cuando Kennedy estuvo junto a las puertas, entonces las abrió y los caminantes comenzaron a pasar por delante de el, ninguno le hizo caso hasta que uno de ellos de detuvo delante de el y lo miró.
—Has tardado mucho ¿No?— dijo el No Muerto.
—Aquí dentro las cosas no son como ahí fuera. He hecho lo que me habéis dicho y lo que planeamos. Este sitio ahora es nuestro. ¿Y mi hermano?
—Tu hermano estará aquí pronto— respondió el No Muerto. –Ya tenemos a alguien ocupándose de traerlo. Perdona, pero voy a quitarme esto— en ese momento el caminante se llevó las manos a la cabeza y la piel y el cabello se deslizaron hacia arriba de un tirón dejando al descubierto el rostro de un hombre de unos cuarenta años. –Nunca creí que haríamos esto para apropiarnos del hogar de otros. Es asqueroso— seguidamente dejó caer el trozo de piel al suelo.

Día 21 de Octubre de 2010
Día 844 del Apocalipsis…
Cobertizo… 00:30 de la noche…

Le había hecho de todo a Riley para que hablara. Le había clavado astillas debajo de las uñas de la mano derecha y le había roto los dedos de la mano izquierda uno por uno. Le había golpeado la rotula con un martillo y le había arrancado las uñas de los pies. Aun así seguía sin hablar. Estaba comenzando a desesperarme ¿Y si decía la verdad? ¿Y si me estaba excediendo? Pero ya no había marcha atrás.
—Tienes que decirme la verdad. Esto solo se pondrá peor si no dices nada. Se que ocultas algo— dije mirándolo directamente.
—Mátame ya si es lo que quieres. No vas a sacarme nada— respondió en ese momento Riley. –Da igual si me matas ahora o después, pero al final todos moriremos.

En ese momento saqué el arma y le apunté a la cabeza. –Muy bien. Si es lo que quieres. Si tu no hablas lo hará tu hermano. Puedes estar seguro— me quedé unos segundos apuntándole a la cabeza. Retiré el arma y me fui fuera. Tenía que estar seguro de lo que iba a hacer. Fue en ese momento cuando escuché un ruido entre los matorrales, podría ser algún caminante atraído por el ruido o alguien que venia a buscarme, ya era tarde. Vi aparecer una silueta y justo en ese momento me golpearon haciéndome perder el conocimiento.