Sole se había empezado a dar cuenta de que había comenzado a entrar
agua en la barca y que acabarían hundiéndose. En un principio se sintió
engañada por Félix, el no le había dicho nada, pero luego se dio cuenta de que
había sido lo mejor, nada ni nadie podría salvarles. Los que habían puesto allí
las bombas ya habían muerto u huido y si cualquiera de sus compañeros trataba
de salvarlos, morirían ellos y el al mismo tiempo en la explosión, Félix sabía
eso cuando le dijo a David que se marchara, Félix había asumido ya su final.
-Félix…- comenzó a decir Sole. –Quiero que sepas que no te culpo de
nada, aunque me hayas ocultado que la barca se hunde con nosotros dentro. No
querías preocuparme y deseabas que esto fuese rápido, casi sin darnos cuenta,
al menos se que no estaré sola cuando llegue mi hora, se que tu estarás
conmigo- Félix no respondía, Sole solo escuchaba sus sollozos, por lo tanto
supo que estaba llorando. La barca estaba apunto de hundirse. –Se que nos
pasará una vez muertos ahí abajo, reviviremos y seremos No Muertos, pero
nuestras almas ya no estarán ahí, habrán abandonado esos cuerpos y habrán ido a
un lugar mejor donde nos reencontraremos con nuestros seres queridos, con
nuestros amigos y tu y yo. Estaremos felices para siempre-
-Sole, yo no se si existe ese lugar, pero cuando pase lo que tiene que
pasar estaremos juntos-
El agua casi cubría sus cabezas cuando ambos se dieron un último beso,
luego se pusieron espalda contra espalda para agarrarse las manos con fuerza,
al menos eso era lo único que no les habían quitado. No culpaban a David por no
haber podido salvarles, solo culpaban a los que les habían metido en aquella
barca y a los No Muertos que habían llevado al mundo a la destrucción.
Finalmente la barca se hundió y tanto Félix, como Sole como los
explosivos que estaban atados a ellos se fueron seis metros hacia el fondo
mientras contenían la respiración. La muerte no tardaría en llegar.
*****
Sandra y Vanesa habían acelerado el paso en el momento que habían
comenzado a escuchar los disparos y las explosiones que venían del parque del
retiro, algo gordo se había liado allí, lo supieron antes, cuando vieron
avanzar a las hordas en la misma dirección que pretendían ir, lo que les había
obligado a detenerse en un par de ocasiones, pero cuando el estruendo comenzó
no le dieron más importancia y comenzaron a correr para llegar lo antes posible
y poder ayudar así a sus compañeros en caso de que lo necesitasen.
Las dos chicas doblaron una esquina y allí se encontraron con un
vehículo militar español, a su lado había dos soldados hablando.
-Joder tío. Beltrán la ha liado buena, ahí no se ha salvado ni el
tato, ha sido tal el jaleo que todos los podridos de la ciudad deben estar
allí. Espero que no tarden en volver porque me quiero largar de aquí-
-Podríamos largarnos ya y que les den, no me encuentro seguro en estas
putas calles, además, Beltrán esta como una cabra-
-Cierto, por eso prefiero quedarme, ¿has olvidado lo que nos hará si
se nos ocurre desertar en medio de todo esto?, nos cortará los cojones y nos
obligará a tragárnoslos-
Vanesa miró a Sandra y le hizo un gesto para que la siguiera
lentamente, poco a poco se fueron situando detrás de los soldados y entonces
los encañonaron.
-Hola chicos, supongo que no os importará que cojamos prestado vuestro
vehículo- dijo Vanesa a uno de los soldados al mismo tiempo que Sandra apuntaba
al otro. Uno de ellos intento darse la vuelta, pero Vanesa lo golpeó y tiró al
suelo. –Yo no lo haría, soy de gatillo fácil y hoy llevo un día de perros, mala
combinación guapeton-
-No nos matéis- suplicó uno de ellos.
-¿Mataros? No es necesario, eso si, nos llevamos vuestro vehículo, nos
va a venir de puta madre-
-¿Qué haréis con nosotros?-
-Enseguida lo veras- respondió Vanesa mientras ella y Sandra los
desarmaban por completo. Un minuto más tarde los dos soldados se quedaban
esposados en el interior de un contenedor mientras Vanesa y Sandra ponían rumbo
al parque del retiro a bordo del Ume de los militares a los que acababan de
asaltar.
-Este trasto nos vendrá bien si tenemos que salir a toda prisa de
allí-
-Espero que estén bien- dijo Sandra mientras se agarraba el pecho,
hacía un rato que tenía una mala sensación, como si sintiera que alguna vida se
había acabado de apagar. Lo mismo sintió con Paco, Zulema, Toni y Abel.
*****
Recobré el conocimiento semi enterrado debajo de un montón de
escombros, todo me dolia y seguramente tendría alguna costilla rota, aunque eso
no me importaba, todavía me quedaban fuerzas. Me incorporé todo lo rápido que
pude ayudándome de la pared y me vi rodeado de humo y fuego en algunas
estancias, si no me hubiese despertado podría haber muerto asfixiado. Tosí un
par de veces y miré a mi alrededor para ver donde estaba, me encontraba en el
hall principal otra vez, también habían por allí un par de infectados
comiéndose los restos de un cadáver que había quedado irreconocible.
Nada más verme comenzaron a avanzar hacia mi y yo los eliminé rápidamente,
fue en ese momento cuando escuché el grito familiar de Vicky, la pequeña había
gritado en cualquier sitio de los pisos superiores, eso significaba que seguía
allí dentro mientras el fuego consumía el edificio hasta los cimientos. Sin
tiempo que perder comencé a correr subiendo los escalones y derribando a
cualquier No Muerto que se me cruzara por el camino, había fuego por todas
partes y el humo me lo estaba poniendo difícil, avancé a tientas siempre con el
fusil por delante hasta que escuché unas voces en francés que venían de más
arriba, esa voz era indudablemente la de Roache, eso me hizo correr más deprisa
olvidándome del dolor.
Llegué a un piso superior, miré a mi alrededor y al final de un
pasillo escuché disparos, seguidamente aparecieron tres hombres armados
seguidos por un cuarto de aspecto fuerte que cojeaba, y detrás de el, a la
fuerza la seguían dos siluetas femeninas, una de ellas perteneciente a una
niña.
-¡¡¡¡Vicky!!!!- grité en ese momento, aunque fue un error, un error
que no tardé en lamentar cuando tres de las siluetas se volvieron hacia mi y
comenzaron a disparar mientras casi apagados por el sonido de los disparos me
llegaban los gritos de Vicky y Eva llamándome.
Rápidamente me llevé la mano a la bota donde había guardado la vacuna
y saqué la ampolla en perfecto estado, luego volví a guardarla y comencé a
gritar. –Roache, tengo aquí la vacuna, si la quieres déjalas marchar- no podía
devolver el fuego, corría peligro de que alguna bala les diera a alguna de las
dos y eso si que no me lo perdonaría nunca.
En ese momento Roache me contestó. –No era lo que habíamos hablado
joven amigo, yo quiero la bomba y la vacuna, solo tendrás a las chicas cuando
me des lo que quiero-
En ese momento cayeron escombros del piso superior en medio del
pasillo. –Esto se viene abajo Roache, podemos hacerlo fácil y salir de aquí
para hablarlo con calma o morir todos sepultados o quemados-
-No me tomes por imbécil, eso ya lo se, pero no volverás a jugármela,
a ellas me las llevo, te mandaré una postal para un nuevo trato, ahora nos
despedimos-
No podía arriesgarme a eso, otra vez no, si tenía que salvarlas, ese
era el momento, abandoné mi cobertura y comencé a disparar contra los tres
soldados.