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sábado, 17 de diciembre de 2016

NECROWORLD Capitulo 140

Día 6 de Noviembre de 2010
Día 861 del Apocalipsis…
07:00 horas de la mañana…

Me encontraba sentado en el suelo apoyado en el tronco de un árbol. Estaba solo y temblaba de pies a cabeza. Me miré las manos,  estaban manchadas de sangre, pero la sangre no era mía. No podía dejar de pensar en lo que había pasado hacía unas horas.

Día 5 de Noviembre de 2010
Día 860 del Apocalipsis…
09:15 horas de la noche… Hotel…

El corazón se me aceleraba a más a cada paso que daba hacia el encuentro con mi hermano. Había llegado el momento, después de esto, todo cambiaria.
Llegué a las barricadas y me quedé allí de pie, detrás de ellas y a unos cuatro metros de la puerta.
—Buenas noches hermano.  Reconozco que no está nada mal este lugar. Te lo has montado bien— decía Carlos observando el interior del hotel. ¿Por qué no sales de detrás de esos muros para que podamos hablar tranquilamente?
Sin pensármelo mucho, abandoné la cobertura y caminé hacia la puerta. —¿Quieres hablar? Adelante, pero no te entregaré a Eva, ni a nadie.
*****
David estaba terminando de dirigir a los demás hacia sus puestos cuando se paró delante de una ventana al verme delante de las puertas.
—¿Qué coño está haciendo?— preguntó David mirando a Luci. Ella estaba en una de las ventanas con el rifle en las manos. Lista para disparar cuando hiciera falta.
—Está intentando hablar con él. Supongo que está ganando tiempo para que todos ocupen sus puestos. Date prisa.
David asintió y se alejó corriendo y dando órdenes para que se pusieran en sus puestos. La batalla podía empezar en cualquier momento.
*****
—Admito que esperaba escuchar otra cosa. ¿No  crees que sería más fácil  darme lo  que te pido? Esto acabaría rápido. Nosotros nos marcharíamos y tú te quedarías aquí tranquilo con tu gente—dijo Carlos.
—¿Qué te hace pensar que me fio de ti? Sé muy bien que vas a tratar de jugármela. No me fio de ti— respondí. Mientras observaba a todo el grupo armado que había detrás de él. Incluso vi a Butch apuntándome.
—Te entiendo perfectamente y reconozco que viniendo de mí. No es algo creíble— respondió mi hermano. –Pero lo único que quiero es a la madre de mis hijos, a mis hijos y a Vicky. A esta última te la devolveré sana y salva. Solo la necesito para sacarle sangre para crear una vacuna mejor. No sé si sabes que la vacuna que nos pusieron en Manhattan ha perdido toda su eficacia. Lo único que ha hecho hasta ahora, ha sido mantener el virus aletargado. Las únicas personas con el virus fuera de su organismo son Vicky y  Luci.
—Algo de eso he oído— respondí. –Pero prefiero volver a estar infectado antes de dejar que uses a mi hija como cobaya.
—Suponía que dirías eso. Eres todo un santo, eres San Juanma.
*****
Sheila y Mélanie observaban todo desde una de las ventanas de la planta baja.
—¿Ese es Carlos?— preguntó Mélanie observando a Carlos. —¿Ese es el hermano de Juanma?
—Sí, ese es el cabrón— respondió Sheila. Ella estaba buscando otra cosa. Ella estaba buscando a Rachel y a las demás, pero allí no estaban. Comenzó a temer que las hubiera matado.
*****
—¿Cómo hemos llegado a esto? Somos hermanos. Maldita sea— dije mirándole directamente a los ojos. –Somos familia. Nos encontramos después de mucho tiempo en aquella isla, y desde entonces… Te daba por muerto. Verte aquella vez me devolvió la esperanza.
—A mí por  lo contrario no me alegró en absoluto. Yo también te daba por muerto. Entonces apareciste y  me jodiste vivo.  Tu presencia en Manhattan mandó a la mierda todo lo que tenía. Hasta que un día moriste. Volví a ser feliz. Y ese tiempo tuve a Eva. Ella podría haber sido mía para siempre, pero entonces tuviste que volver a aparecer… Y de nuevo, todos los demás te  siguieron como si fueras Moisés.
—Se trata de eso ¿Verdad? De la envidia.
—Tú me robaste todo lo que me pertenecía. La ciudad podría  haber sido mía, pero tuviste que aparecer, y aceptar el cargo que te dio ese maldito  viejo. Con el tiempo lo acepté, como tu regreso, pero no iba a permitir que también te quedaras con mis hijos y la madre. Entrégamelos. No te lo diré más veces.
—No voy a entregártelos, pero aun así…  Acepto que son hijos tuyos. Por eso… Ven al hotel. Déjalo todo, Las Vegas y ven a vivir aquí. Podrás verlos crecer si así lo deseas.
Carlos puso cara de sorpresa y me miró a los ojos directamente.  —¿Me estás ofreciendo venir a vivir aquí? ¿Contigo?
—Te estoy ofreciendo venir aquí y volver a ser una familia. Eva es mi mujer, pero Shanon y Nathan son hijos tuyos. Sé que los quieres y lo justo es que los veas crecer y puedas estar con ellos. Puede que nos cueste, pero lo intentaremos. Hay que evitar esta guerra, no nos traerá nada bueno a ninguno, solo traerá muertes innecesarias. Sé que no quieres eso— miré a Butch. –Sé que ninguno de vosotros quiere esto. Y esto se puede evitar.
—Carlos… Creo que…— replicó Butch.
Carlos levantó la mano e hizo una señal para que Butch se callara. Después me miró a mí –Me ofreces entrar y volver a vivir como una familia. Me ofreces ver crecer a mis hijos, pero sin embargo, el que se sigue tirando a Eva serás tú…
—Ella es mi mujer— respondí.
Carlos sonrió. –Veamos. ¿De verdad te piensas que voy a aceptar eso? Dime que puede interesarme de este lugar. Esto no es nada, yo tengo a mis pies toda una ciudad que me pertenece. No quiero este hotel para nada. Quiero a Eva, a mis hijos y a Vicky. Me los llevaré de aquí aunque sea a la fuerza.
Mi hermano me lo estaba poniendo difícil, pero aun así estaba ganando tiempo. Estaba logrando aplazar la guerra, la cual se esperaba inevitable. Entonces miré a Butch y a todos los que iban con mi hermano. —¿Sabéis lo que estáis haciendo? Estáis a punto de empezar una guerra. Y en las guerras muere gente. Ataque quien ataque primero,  esto nos involucra a todos.
Los hombres de mi hermano comenzaron a hablar entre ellos, algunos incluso hablaron de echarse atrás, pero entonces mi hermano les lanzó una mirada. –Quien quiera irse es libre de hacerlo, pero mataré a todos aquellos que deserten o me traicionen.
En ese momento, uno de los hombres apuntó a Carlos. Eso hizo que Carlos lo mirara. –Ya basta. Él tiene razón. Esta guerra no tiene ningún sentido. Deberíamos volvernos a Las Vegas, deberíamos…— Aquel hombre no terminó la frase. Carlos le disparó delante de todos. Los demás se limitaron a observar.
—¿Alguien más quiere darme lecciones de moral? ¿Alguien más quiere traicionarme? Si alguien me mata o lo intenta, nadie lo dejará entrar a la ciudad. Ya di esa orden antes de irnos. Sabía muy bien que esto podría pasar.
—Aquí acogeremos a quien sea necesario. Os lo estoy ofreciendo— dije mirándolos a todos. Aunque ninguno pareció hacerme caso. Eso hizo que Carlos me mirara.
—Buen intento— Carlos hizo una pausa e hizo una señal, por un momento pensé que iban a disparar y me llevé la mano a la pistola, pero entonces aparecieron varios hombres que traían a empujones a Silvia, Rachel y Katrina. Las traían sin esposas, entonces las obligaron a arrodillarse delante de las puertas. –Cómo puedes observar, siguen vivas. De ti depende que sigan así. Dame lo que te pido y dejaré que entren. Para empezar, dame a mis hijos y dejaré que nuestra hermana se vaya. Tengo motivos para matarla y no lo he hecho— Carlos caminó hasta ponerse detrás de ella. –Adelante, dile a nuestro hermano lo bien que nos llevamos.
—La ha violado—dijo en ese momento Rachel. –Lo hizo para humillarla.
Eso me llenó de rabia y miré a Carlos. Este me sonrió. –No pude evitarlo. Estaba bebido y cachondo.
En ese momento apunté a Carlos y él puso su pistola en la cabeza de Rachel que estaba justo al lado. –Quizás quieras pensártelo antes de cagarla.
*****
Sheila estaba observándolo todo desde donde se encontraba. Quiso salir, pero Mélanie la retuvo. –No salgas ahora. Solo podrías empeorar las cosas— pero Sheila se soltó y comenzó a correr. Salió por el pasillo, llegó al hall y salió por la puerta. Cuando la vi llegar le puse la mano delante para que no siguiera avanzando.
—Vaya. Después de todo la bollerita estaba viva. Que sorpresa, no daba un duro por ella.
—Suéltala— dijo en ese momento Sheila.
—Claro que la soltaré. Esto va así. Quiero a mis hijos en menos de un minuto aquí. Si no, le volaré la cabeza. El reloj empieza a correr— amenazó Carlos ejerciendo presión sobre la cabeza de Rachel.
La cosa pintaba mal. Los bebés no estaban allí. Tenía que tratar de evitar que Carlos la matara. Retrocedí unos pasos y obligué a Sheila a ocultarse en el pasillo que habíamos montado. Después dejé la pistola que llevaba en el suelo. –Escucha. Ellos no están aquí.
—¿Y dónde están?— preguntó Carlos.
—Deja todo esto y te llevaré con ellos. También te llevaré con Eva.
—¿Eva tampoco está aquí? Me estás mintiendo. Sé que mientes— dijo Carlos mientras miraba una por una las ventanas del hotel. Allí veía a gente apuntando, volvió a mirarme a mí. –Veo que tienes a muchas personas apuntando a mi cabeza. Casi tantas como apuntándote a ti… Como bien dijiste antes. Dará igual quien ataque antes. Esto será un baño de sangre. Todos dispararán… Y esta zorra morirá de todos modos. Ve a por mis hijos y esta puta vivirá.
—No están aquí— repetí. –Puedo llevarte con ellos. A ti solo, pero tienes que acabar con esto ahora mismo. Carlos, por favor.
Carlos se miró el reloj. –Te quedan pocos segundos.
—Nos matará de todos modos. Él no quiere a nadie de aquí vivo. Dará igual lo que le digas por qué no lo vas a convencer. Está loco, y solo disfruta destruyendo.  Es un monstruo— dijo en ese momento Rachel.
—¿Tienes algo más que decir?— preguntó Carlos tirándole del pelo. –Te escucho.
—Si. Tengo una cosa más que decirte. Viniste buscando a Eva, Pero ella nunca se irá con un perturbado como tú. Tampoco te amará nunca, porque tú no sabes lo que es el amor. Estás condenado a estar solo, y será solo como morirás. Ojala ese día esté cerca y sufras.
Carlos se miró el reloj y sonrió. –Cero…— Sin pensárselo dos veces me miró con una  sonrisa y apretó el gatillo. La bala atravesó la cabeza de Rachel y esta se desplomó mientras a mi lado escuchaba los gritos de Sheila.
Quedé conmocionado y lo único que pude hacer fue agacharme a  coger mi pistola mientras de repente, comenzaban a escucharse disparos por todas partes.
Desde mi cobertura me asomé para disparar a mi hermano, pero ya no lo vi. Tampoco vi a Rachel ni a Silvia. Solo vi a varios de sus hombres disparando contra nosotros y a Rachel. Ella yacía muerta con los ojos abiertos y un charco de sangre debajo de su cabeza.
De pronto, escuché un sonido fuerte, y segundos después, las puertas saltaron por los aires. El humo envolvió el cuerpo de Rachel. Segundos después, un vehículo apareció atravesando el humo.
Agarré a Sheila y los dos comenzamos a correr por aquel pasillo. No me atreví a mirar atrás, pero sentí como parte de la pared también saltaba por los aires. Nos estaban disparando con lanzagranadas.
Sheila y yo corrimos todo lo que pudimos. Hasta que llegamos a una de las puertas del hotel, la cual comunicaba con el pasillo de hormigón. Una vez cruzamos la puerta, fuimos recibidos por Juan.
—¿Qué coño ha pasado?
—No lo sé. Fue muy rápido todo— respondí. –Hay que impedir que sigan entrando— entonces agarré a Sheila. Esta estaba en estado de shock todavía. Tuve que darle una bofetada para que reaccionará. –Se lo que sientes, pero ahora debes moverte.
—La ha matado. Ese cabrón la ha matado.
—Pagará por ello.
En ese momento comenzaron a disparar contra la puerta y tuvimos que agacharnos. Seguidamente comenzamos a correr mientras Juan iba sacando el detonador. Llegamos a la esquina justo cuando algunos hombres irrumpían por la puerta. Momento que Juan aprovechó para hacer detonar los explosivos.
La explosión fue tremenda y  alcanzó a todos los que intentaron entrar, incluso nosotros caímos al suelo. Nos levantamos rápidamente y aun aturdidos, comenzamos a correr mientras fuera, se escuchaban los disparos y explosiones.
******
Tras matar a Rachel y  comenzar el tiroteo. Carlos había corrido a refugiarse detrás de uno de los vehículos. Rápidamente comenzó a dar órdenes mientras buscaba con la mirada a las dos chicas. Estas habían desaparecido, pero no le importaba en absoluto. Al fin y al cabo, todos los que estaban allí dentro iban a morir.
—Entrad y matadlos a todos. A todos menos a mi hermano— Carlos cambió la frecuencia del walkie talkie. –Quiero que el helicóptero despegue. ¡¡¡Ahora!!!
Carlos cortó la comunicación y miró a Butch. El cual estaba disparando desde detrás de uno de los vehículos. Carlos se asomó y también comenzó a disparar. Apuntó a un chico joven y le acertó en la cabeza. Después vio a Laura. La que un día fue secretaria de su hermano en Manhattan. Le apuntó y disparó. La bala  impactó a Laura en el pecho.
—¡¡¡Acabad con todos y lanzad bengalas!!!
Carlos estaba siendo consumido por la furia. Quería matar con sus propias manos. Quería hacer lo mismo que había hecho con Sandra.
******  
Tras la muerte de Rachel y el comienzo del tiroteo. Silvia y Katrina habían comenzado a correr a través del bosque. Silvia iba delante dirigiendo a Katrina. Su idea era entrar en el hotel y hacerlo a través de los túneles que ella usaba hacía tiempo. Se pararon detrás de unos árboles cuando alguien comenzó a dispararles. Seguramente eran hombres de Carlos que las habían seguido.
Katrina le hizo unas señas en ese momento a Silvia. Aunque Silvia no pareció entenderla. Aun así, Katrina salió de su escondite y fue ocultándose entre los matorrales y esperó. Justo cuando pasó uno de los hombres de Carlos, ella saltó sobre él y le quitó el arma tras golpearle. Cogió el arma y disparó al otro, el cual no pudo reaccionar a tiempo. Katrina corrió hacia el segundo que había matado, le quitó el arma y se la dio a Silvia.
—Démonos prisa— dijo Katrina. Justo en ese momento volvieron a dispararles y ellas respondieron a los disparos desde detrás de los árboles. Katrina contó al menos a tres hombres más que avanzaban entre los matorrales. Uno de ellos alzó un arma y Katrina vio que se trataba de un lanzagranadas.
—¡¡¡¡Corre!!!!
Las dos comenzaron a correr mientras disparaban. No tardaron en comenzar las explosiones a sus espaldas. Les estaban pisando los talones. Rodearon el hotel y llegaron a la entrada del túnel de alcantarillado. Ambas entraron y comenzaron a correr. Mientras corrían, vieron los explosivos puestos y preparados para ser detonados.
—Sigue corriendo. No pares— dijo Katrina a unos pasos por detrás de Silvia.
Silvia llegó hasta las escaleras de mano y comenzó a subirlas. Katrina se quedó junto a ellas y esperó. No tuvo que esperar demasiado para comenzar a escuchar las voces y los pasos. Aquellos tipos las estaban siguiendo. Cuando vio las sombras, apuntó a uno de los explosivos y disparó.
*****
Escuchamos la explosión y enseguida supimos de donde venía. Llegué corriendo al hall principal y miré hacia los jardines. Allí vi una nube de polvo.  Entonces vi a alguien salir de ella. Eran Katrina y Silvia. Rápidamente salí a su encuentro.
—¿Estáis bien?— pregunté. Ellas asintieron. Entonces yo miré a Silvia y a Katrina. –Escuchadme bien. En Gray hay  una mansión, los niños están allí. Cindy está allí— me centré  en Silvia. –Y tu hija. Tu hija está allí, salid ahora y reuniros con ella.
Silvia me miró. —¿Hablas en serio?
—Vamos— dije. –Hay vehículos en la parte trasera. Empezad a largaros— La guerra seguía. Cada uno en sus puestos trataba de mantener a raya al ejército de Carlos. Era hora de hacer algo. Ello eran más que nosotros y estaban irrumpiendo en el hotel. Varios vehículos blindados habían cruzado las puertas y habían formado una especie de muro. Desde detrás de ellos, varios hombres nos disparaban mientras cubrían a un grupo que iba avanzando hacia el interior. —Juan— dije mirando a mi compañero. –Tenemos que largarnos. Comienza a sacar a la gente de aquí. Yo voy a por Eva.
—Muy bien. Seguidme— comenzó a decir Juan mirando a varios de los que estaban allí reunidos.
—Yo me ocuparé de los que están arriba del todo— dijo David echando a correr hacia los escalones.
Comencé a subir pisos rápidamente segundos después de David. Llegué al segundo y vi a Alexandra correr hacia mí. Detrás de ella iba Stacy. Yo les hice una señal para que se dieran prisa, pero justo  cuando iban a alcanzarme, la pared que quedaba a nuestra derecha saltó por los aires. Yo salí despedido hacia atrás y choqué contra la pared, después caí al suelo al mismo tiempo que se escuchaba otra explosión.
Me levanté tambaleando y lo único que vi fue humo. Volví a subir  con cuidado y vi los cadáveres de Alexandra y Stacy. Ambas estaban ensangrentadas y debajo de escombros. Me hubiese gustado poder ayudarlas, pero no fue posible.
Llegué por fin a la tercera planta y me encontré con Eva. También ella había estado disparando desde una de las ventanas.  Iba a decirle algo justo  cuando empezamos a escuchar un ruido. Era el de un helicóptero.
*****
Tamara y Arianne estaban disparando desde la terraza cuando vieron aparecer una bengala hacia el cielo. Segundos después apareció el  helicóptero de combate. Justo en ese momento también llegó David, el cual, al ver el helicóptero, comenzó a llamar a las chicas.
—Vámonos. Tenemos que…— David no terminó la frase. Comenzaron a dispararles desde el helicóptero. Él logró ocultarse detrás de un pequeño muro en el último momento, pero Tamara y Arianne no tuvieron tanta suerte y fueron rápidamente abatidas.
El helicóptero pasó de largo y David lo vio. Justo cuando comenzó a dar la vuelta. David se puso de pie y comenzó a disparar al mismo tiempo que regresaba  a la puerta. Volvieron a dispararle y está vez, una bala perdida le dio en el brazo. Cayó junto a los cuerpos de Tamara y Arianne. Allí se quedó tendido boca arriba, observando como el helicóptero comenzaba a dar la vuelta de nuevo. Se arrastró de nuevo y tomó apoyo. Entonces comenzó a disparar hacia el helicóptero, parecía que no estaba consiguiendo nada, y cuando iba a darlo todo por perdido, el helicóptero dio una sacudida en el aire, se tambaleó un poco y entonces comenzó a dar vueltas. El helicóptero pasó por encima de él y aterrizó bruscamente sobre la terraza del hotel. Arrastró el morro unos cuantos metros y el helicóptero se precipitó por encima del muro, cayendo abajo.
*****
Eva y yo subimos a la terraza atraídos por el ruido. Cuando llegamos, encontramos a David tumbado junto a los cuerpos sin vida de Tamara y Arianne. Cuando nos acercamos, él nos miró.
—Lo siento. No pude hacer nada por ellas. –Si hubiese llegado antes…
—Ya no puedes hacer nada. Nadie puede, tenemos que irnos de aquí. Eva, ayúdame— entre los dos ayudamos a David a ponerse en pie y entramos de nuevo dentro del edificio. En nuestra huida nos encontramos con varios de nuestros compañeros. Todos estaban huyendo. Llegamos al primer piso y allí la situación era caótica. Todos trataban de escapar a la vez. Algunos se tropezaban y caían por las escaleras. Sven, uno de los chicos que habían llegado en el grupo que llegaron los últimos al hotel, fue el primero en llegar a las escaleras, pero allí le dispararon y fue abatido. Eso hizo que los que iban en cabeza dieran la vuelta y empezaran a correr hacia nosotros.
Una nueva explosión hizo sacudirse de nuevo los cimientos del hotel y el suelo se hundió bajo los pies de algunos a pocos metros de nosotros. Nos estaban disparando con todo lo que tenían.
*****
Luci, Johana y Stephanie se habían encontrado en medio de toda la batalla. Ambas estaban abriéndose paso a través de los que les disparaban. Desde su posición vieron varios de los vehículos del enemigo. Allí aun había algunos, el resto estaban entrando  al hotel y este tenía algunas habitaciones en llamas. El hotel estaba perdido. También vieron como algunos de sus vehículos comenzaban a largarse.
—Algunos de los nuestros se están largando. Tenemos que hacer nosotras lo mismo— dijo Stephanie.
—Eso ya lo sé— dijo Luci observando a los vehículos enemigos. Entonces divisó a Carlos. Este estaba comenzando a caminar hasta el interior del hotel escoltado por varios de sus hombres. –Johana. Vosotras escapad. Yo aún tengo algo que hacer.
—Olvídate de ellos. Esto ya está perdido— dijo Johana.
—Eso ya lo sé, pero hacedme caso. Venga— dijo Luci obligándolas a salir corriendo al mismo tiempo que comenzaba a disparar.
Johana y Stephanie comenzaron a correr tal y como Luci les había dicho. Rodearon todo el hotel y llegaron a uno de los vehículos  que todavía quedaba allí. Stephanie logró subir, pero cuando iba a hacerlo Johana, comenzaron a disparar. Johana se retiró de un saltó y se ocultó detrás de uno de los cobertizos. Vio como Stephanie la llamaba desde dentro, pero ella no podía acudir.
—¡¡¡Marcharos!!!— gritó al tiempo que respondía al fuego enemigo.
El vehículo en el subió Stephanie salió por la puerta trasera y comenzó a alejarse. Johana estaba asediada. Eran tres tipos los que le estaban disparando. Se asomó para disparar y vio como uno de ellos preparaba una granada. Este disparó y Johana saltó hacia los jardines justo al tiempo que el cobertizo explotaba. No perdió tiempo en levantarse, cuando lo hizo comenzó a correr mientras disparaba, logró abatir a dos tipos antes de llegar a uno de los coches. Llegó al coche y se metió dentro, giró las llaves en el contacto y entonces notó el cañón de un arma en la sien.
—Baja del coche— le dijo la voz familiar de Butch.
Johana hizo lo que le dijeron y bajó del coche tras dejar su arma en el asiento del copiloto.  Después bajó con las manos en alto y miró a Butch. Este la miraba con una sonrisa. A su lado estaba el tipo que le había disparado con el lanzagranadas.
—Tiene guasa la cosa. De entre todos los que estaban aquí me encuentro contigo— dijo Butch. –Te confieso que tengo una mezcla de alegría y rabia. No quisiera tener que matarte, sería una lástima después de todo lo que hemos pasado juntos. Te voy a dar la opción de venir con nosotros. Le diré a Carlos que te deje vivir.
—¿Qué coño estás  diciendo? Carlos dice que no quiere prisioneros— dijo el tipo del lanzagranadas.
—Esto es cosa mía— respondió Butch. –Carlos escuchará mi petición— Butch miró a Johana. –Ahora andando.
—Antes  que irme contigo, prefiero que me maten lentamente después de turnarse cien tíos para follarme— respondió Johana.
—No has cambiado nada en todo este tiempo. Siempre tan soez y directa.
En ese momento, con un rápido movimiento. Johana sacó un cuchillo y se lo clavó en el cuello al tipo del lanzagranadas. Este no tuvo tiempo de reaccionar y ella le arrebató el arma. Este cayó al suelo y Johana apuntó a Butch. –Tú tampoco has cambiado nada, sigues siendo tan gilipollas.
Butch levantó las manos y soltó su arma. –Venga cariño. No seas así. Deja que me vaya. Por los viejos tiempos.
—Corre— dijo Johana.
Sin pensárselo dos veces. Butch le dio la espalada a Johana y comenzó a correr, pero antes de que este se alejara diez metros. Ella le lanzó una granada, la explosión fue tan repentina que seguramente Butch no la vio venir. Después de eso, Johana se subió al coche y se marchó de allí. Le hubiese gustado ayudar más, pero confiaba en que los que estaban huyendo, se reunieran todos en la mansión Crawford. Quizás en el hotel, ya no quedara nadie.
*****
Clay era uno  de los hombres de Carlos que había acudido al hotel. Desde su llegada, vio como este llevaba aquello al  terreno personal. Fue entonces cuando se sintió utilizado, al igual que muchos. Los cuales no intervinieron en ningún momento. Solo aquellos que siguieron a Carlos eran los que estaban cayendo como moscas.
Ante Clay, estaba el hotel, en el cual había incendios en varios puntos, no parecía que fuese a tardar mucho en que las llamas invadieran todo el edificio.
—Clay— dijo uno de los hombres que se habían quedado fuera con él. Clay se dio la vuelta y miró a su compañero. Este y otros estaban fijándose en la horda de caminantes que estaban saliendo del bosque atraídos por el ruido y el resplandor de las llamas.
Clay miró al hotel y luego a los que se habían quedado.  –Hora de irse. Que les den a todos, yo no vine aquí para esta mierda.
—¿Pero a dónde iremos?— preguntó uno de los hombres.
—Regresaremos a Las Vegas. ¿A dónde si no?— preguntó Clay.
—Pero Carlos dijo…
—Me da igual lo que dijera Carlos. El no regresará. Venga, nos vamos— ordenó Clay.
Todos se miraron y comenzaron a subir a los vehículos que quedaban. No tardaron en alejarse de allí. Dejando a Carlos y a otros a su suerte.
Carlos vio a los vehículos marcharse, al igual que otros de sus hombres.
—Se han marchado sin nosotros. Y están entrando caminantes… Y el fuego…— replicó un muchacho.
—No importa. El fuego está controlado. Acabemos lo  que hemos venido a hacer. Mi hermano sigue aquí. Hay que encontrarlo.  O estáis conmigo o estáis contra mí— respondió Carlos.
Los que iban con él se miraron y enseguida le dieron la espalda para comenzar a correr. Carlos se dio la vuelta y comenzó  a dispararles. Logró alcanzar a algunos, pero otros lograron escapar. Podría haberles seguido y haberles matado, pero le dio igual. No los necesitaba. El solo se ocuparía de hacer lo que había que hacer.
*****
Luci caminaba por uno  de los pasillos esquivando el fuego, entonces de repente vio que de frente llegaban varios tipos corriendo. Ella pensó que iban a por ella, pero cuando el primero pasó junto a ella sin prestarle atención, se apartó a un lado y los dejó pasar. Aquellos tipos estaban huyendo, probablemente desertando y dejando a Carlos solo.
Luci siguió caminando y llegó a una esquina. Desde allí vio a Carlos subir unos escalones.  Ella comenzó a seguirle, no se le iba a escapar.
*****
Mélanie seguía atrapada en la planta baja del hotel. Había regresado para recoger medicamentos importantes, pero cuando quiso largarse con los demás, las explosiones hicieron caer escombros delante de la puerta. El humo del fuego comenzaba a colarse por debajo de la puerta. Si no conseguía salir de ahí, estaría muerta pronto. Se fue al fondo de la enfermería y se subió sobre la camilla, casi en el techo, había un pequeño ventanal que daba al exterior. A uno de los jardines. Intentó alcanzarlo repetidas veces, pero no lo logró,  era imposible. Comenzó a gritar, pidiendo ayuda desesperadamente. Fue en ese momento cuando escuchó una voz al otro lado de la puerta.
—¿Mél?
La voz era de Faith. La  reconoció enseguida  y respondió. –Si. Estoy atrapada.
—Hay unos cuantos escombros delante de la puerta, pero creo que podré sacarte. Aléjate de la puerta si estás junto a ella.
—De acuerdo— respondió Mélanie.
De repente se escuchó un fuerte golpe y la puerta se soltó, cayendo al suelo. Al otro lado. Faith había usado una puerta grande de hierro como puente. Quedando por encima de los escombros y el fuego. Al otro lado, Faith le  tendió la mano.
—Salgamos de aquí.
Mélanie le cogió la mano a Faith y salió de allí. Enseguida la abrazó.
—El hotel se quema. Debemos salir de aquí— dijo Faith.
Ambas trataron de subir hacia el hall, pero entonces vieron a varios caminantes bajar por las escaleras. Ambas comenzaron a retroceder hacia la puerta mientras les disparaban, pero cada vez había más.
Llegaron a la puerta y la abrieron entre las dos. Enseguida salieron al exterior y comenzaron a correr hacia la entrada principal. Cuando estaban llegando, vieron el enorme rebaño de No Muertos que avanzaba hacia las puertas. Ellas se frenaron en seco y enseguida se dieron la vuelta hacia la parte trasera del hotel, con la esperanza de que quedara algún vehículo. Quizás la única opción que les quedaba.
*****
David, Eva y yo llegamos hasta la salida de emergencia. Justo cuando abrí la puerta escuchamos un disparo y los tres nos dimos la vuelta. Carlos venía hacia nosotros con la pistola en alto.
—No os mováis. Creí que Eva no estaba aquí.
Yo me di la vuelta y me puse delante de ellos. –Déjalos irse.
Carlos alzó el arma y trató de dispararme varias veces, pero su arma estaba descargada. Este puso una mueca de fastidio y la tiró al suelo. Yo di unos  pasos hacia delante y dejé el arma en el suelo. –Podemos arreglar esto. Aun no es demasiado tarde.
De repente una explosión hizo sacudirse todo el hotel y algunos escombros cayeron, separándome de David y Eva. Ella intentó alcanzarme, pero la miré y les espeté que huyeran, que me reuniría con ellos más tarde.
—Ten cuidado— dijo Eva al tiempo que abría la puerta y salían al exterior.
Eva y David bajaron las escaleras rápidamente mientras veían las diversas columnas de humo que salían del hotel. Abajo vieron varios caminantes invadiendo el hotel. Llegaron abajo y comenzaron a correr hasta uno de los coches. Llegaron y se subieron de un salto. Eva puso en marcha el acelerador sin darse cuenta de que Mélanie y Faith llegaban corriendo.
—¡¡¡Esperad!!!—gritó Mélanie, pero sus gritos fueron escuchados por Eva, pero si por los caminantes. Los cuales comenzaron a acercarse.
Ambas comenzaron a disparar mientras intentaban alcanzar uno de los coches.  El rebaño  de caminantes había crecido considerablemente, y más crecería mientras las explosiones siguieran. Mélanie fue la primera en llegar mientras Faith se quedaba atrás disparando contra un grupo de aquellos  seres. Mélanie abrió la puerta y entonces escuchó un grito a sus espaldas. Se dio la vuelta y vio a Faith rodeada, esta se había quedado sin munición. Mélanie trató de regresar, pero ya era tarde, los caminantes rodearon a Faith y se abalanzaron sobre ella. Mélanie disparó varias veces, pero no logró nada. Quiso volver al coche, pero la horda le cortaba el paso, lo único que pudo hacer fue correr hacia el bosque y perderse en la oscuridad mientras varios caminantes la seguían. Ella solo podía correr y disparar de vez en cuando.
*****
—Aquí estamos. Hermano contra hermano.  ¿No había algo así en la biblia?— preguntó Carlos. –No sé. Parece hasta irónico.
—Tú ya no eres mi hermano. Solo eres un loco que se le parece— respondí mientras veía como parte del pasillo en el que nos encontrábamos se venía abajo. –No te das cuenta de todo el daño que has hecho. ¿Qué dirían nuestros padres y Sergio si nos vieran así?
—Ellos ya no dirán nada. Despierta de una maldita vez, ellos están muertos. Igual que lo estarás tu muy pronto. Y cuando te haya matado, iré a buscar a Eva y la haré mía. Me la follaré hasta que me harte. Entonces puede que se la ceda a otros para que ellos también disfruten de su dulce coñito, porque seamos sinceros, tiene un coño la mar de disfrutable. Igual que el de nuestra hermana.
—Eres basura— respondí al tiempo que una nueva explosión sacudía los cimientos del hotel. Parecía ser que las calderas estaban reventando.
—No nos queda mucho aquí. Este lugar podría saltar por los aires en cualquier momento. ¿Te das cuenta de que destruyes todo lo que tocas? Viniste aquí intentando vivir una vida feliz, pero no fue  posible. Como vas a morir, creo que debería contarte como murieron papá, mamá  y nuestro hermano. En primer lugar dejé morir a Sergio. Maté a nuestro padre porque le habían mordido… Y maté a mamá… Simplemente la maté por que quise. A ella y al mamón militar que la iba roneando. Créeme que  lo disfruté. Igual que disfruté matando a Sandra. Igual que disfrutaré matándote a ti—en ese momento, Carlos se lanzó contra mí y ambos comenzamos a intercambiar golpes en medio de aquel pasillo que se caía a pedazos.
Carlos me lanzaba golpes directos a la cara, pero yo me cubría. Finalmente le agarré ambos brazos y le di un cabezazo en la cara. Este se tambaleó hacia atrás y yo aproveché para asestarle una patada en el pecho. Este cayó al suelo de espaldas y yo me lancé sobre él, pero este me recibió con otra patada y caí de espaldas. Ambos nos dimos prisa para ponernos en pie, pero entonces una nueva explosión hizo que el suelo que teníamos bajo nosotros se viniera abajo. Ambos caímos rodando entre escombros, no sé ni donde  estaba cuando levanté la cabeza, solo sé que había humo y fuego por todas partes.
Me levanté tambaleándome y entonces mi hermano salió de entre el humo lanzándose contra mí, chocamos contra una pared y este comenzó a darme puñetazos. Me puso las manos en la nuca y empujó mi cabeza hacia abajo para darme un rodillazo. Caí a sus pies y el me dio una patada en el costado, provocándome un gran dolor. Rodé sobre mí mismo y me quedé boca arriba, me costaba respirar, pese a eso, me levanté apoyándome en una viga que había caído y miré a mi hermano.
—¿Ya estás cansado? Creí que darías más pelea— Carlos se lanzó nuevamente contra mí y ambos atravesamos una puerta de madera. Enseguida pude ver que nos encontrábamos en el gran salón pese a las llamas y el humo. El calor allí era abrasador.
Mi hermano y yo seguimos intercambiando golpes. Yo dirigí un derechazo hacia su mentón y logré hacer que perdiera pie. Cayó al suelo, pero desde ahí me asestó una patada en la pierna, haciéndome perder el equilibrio. Caí sobre una rodilla y el me dio una patada en la cara. Volví a caer al suelo.  En ese momento se lanzó sobre mí y me agarró la cabeza con ambas manos, estaba intentando estrangularme o romperme el cuello. Yo trataba de liberarme dándole golpe en los brazos.
—¿Sabes lo que haré con Vicky? Le sacaré toda la sangre que pueda. Y cuando ya no pueda sacarle más, se la daré a unos tipos de Las Vegas a los que les encantan las niñas. Seguro que hacen de ella toda una mujer. La pena es que no puedas verlo.
Saqué fuerzas de donde pude,  apoyé los pies en el suelo y me levanté. Eso sorprendió a mi hermano que se vio levantado por los aires. Una vez estuve de pie, le di golpe en la cara con la cabeza, el me soltó y yo me di la vuelta para golpearle. Le di varios golpes sin parar estando sobre él, su cara estaba hinchada y ensangrentada, entonces me detuve.
—No tienes agallas para matarme. Nunca las has tenido para nada— Carlos me escupió a la cara. Yo lo solté y me alejé de él un poco. Entonces ambos nos quedamos  mirándonos mientras más escombros caían a nuestro lado.
—No quiero tener que matarte— dije. –No podría vivir con ello. Has hecho muchas cosas y mereces morir, pero yo no puedo hacerlo, no podría vivir con ello— miré a mi alrededor. –Mira esto. Es lo que has conseguido. Nuestro hogar se ha venido abajo.
—¿Te crees que me importa?— preguntó Carlos.
En ese momento, varios escombros más cayeron. Bloqueando la única puerta de salida. La misma que habíamos  atravesado antes. Estábamos allí atrapados. De nuevo miré a Carlos. –Ninguno de los dos saldrá de aquí. Si querías matarme lo has conseguido, pero tú también morirás. Esto es el fin.
En ese momento, Carlos sacó un cuchillo y me apuntó con él. –No. Aun no te  he matado, pero lo haré. Luego iré a por Eva. Y le llevaré tu cabeza…— Carlos se lanzó contra mi e intentó clavarme el cuchillo varias  veces, pero yo logré esquivarlo.
Me lancé contra él, le golpeé en la mano donde tenía el cuchillo y él lo soltó. Yo  me lo quedé mirando. –Yo llevo mucho tiempo muerto ya. Aquel que era murió en España hace tiempo— me agaché y cogí el cuchillo. –Ya no queda nada de tu hermano. Como en ti ya no queda nada de mi hermano. Esto es el final.
Más escombros cayeron a nuestro  alrededor y entre nosotros. Mi hermano se incorporó y se quedó sentado en el suelo apoyado en uno de los pilares del salón.
—¿Por qué no lo haces ya?— preguntó mi hermano. –Si no me matas ahora volveré a ir a por  ti y a por tu familia. Esto no acabará nunca.
—No lo harás— dije. —No volverás a vernos nunca más— tiré el cuchillo nuevamente a sus pies. –Yo voy a intentar escapar. No sé si lo lograré, pero te sugiero que hagas lo mismo. Aun puede quedarnos una oportunidad, pero aprovéchala y no vuelvas— le di la espalda y comencé a caminar hacia la entrada del salón. Había visto un lugar por el que podría pasar.
En ese momento escuché pasos rápidos detrás de mí y me di la vuelta, justo al mismo tiempo que mi hermano nuevamente se lanzaba contra mí. Con intención de clavarme el cuchillo,  puse mi mano delante y este la atravesó. Ambos nos miramos, entonces con un rápido movimiento me quité el cuchillo y se lo clavé a él en el estómago. Nuestras miradas volvieron a cruzarse una vez más y yo clavé más hondo el cuchillo, el hizo una mueca y se retiró un poco, se miró el estómago por el que sangraba y luego me miró a mí.
—Lo has hecho… Al final… Lo has hecho— comenzó a decir mientras retrocedía. Retrocedió varios pasos más hasta que su pie entró en contacto con las llamas, las cuales, rápidamente comenzaron a extenderse por todo su cuerpo. Carlos comenzó a gritar de dolor mientras las llamas envolvían todo su cuerpo. Yo dejé de mirarle y corrí hacia el agujero que había visto. Cuando llegué, Carlos ya no gritaba. Mi hermano acababa de morir. Crucé el agujero y llegué al hall, me dirigí a la puerta principal y entonces hubo una explosión. Esta me lanzó por los aires y varios escombros cayeron sobre mí atrapándome.
Me quedé tendido en el suelo con escombros sobre mis piernas. Intenté quitarlos para levantarme, pero no pude. Había humo y fuego por todas partes, me estaba asfixiando. Esa vez sí que parecía mi final, miré hacia la puerta y entonces vi varias siluetas que caminaban hacia mí. Fue en ese momento cuando apareció otra silueta, la cual les cortó la cabeza. Corrió hacia mí y pude ver que era Luci.
—Aguanta. Te sacaré de aquí— su voz sonaba lejana. Vi como hacía un esfuerzo increíble y levantaba los escombros. Haciéndome quedar libre, después me ayudó a levantarme y me sacó de allí. No miré hacia atrás. Lo único que hice fue asentir cuando me preguntó si Carlos había muerto.
*****
Richard Levine observaba el hotel desde la distancia y entre caminantes. Él había luchado como todos los demás y había escapado cuando todos huían de allí. El hotel estaba acabado y de nuevo, todos volvían a estar sin un hogar. Lo único que le quedaba, era reunirse con los supervivientes en la mansión Crawford.

Día 6 de Noviembre de 2010
Día 861 del Apocalipsis…
07:00 horas de la mañana… Mansión Crawford… Gray…

Vicky había madrugado para darles el biberón a los bebés. A sus dos hermanos y a la pequeña Lucia. Lo estaba haciendo al lado de una de las ventanas que daba a la puerta de las vallas. Entonces vio llegar al primero de los vehículos, y después a varios más. Dejó  con cuidado a los bebés en la cuna y bajó corriendo al encuentro de los que llegaban, también  Nina, Alicia  y Paula lo hicieron. No tardó en encontrarse con Eva a la que corrió a abrazar entre la multitud. Buscó a su padre, pero no lo vio.
—¿Y papá?— preguntó Vicky.
—No lo sabemos, pero seguro que está bien.
David y Alicia se abrazaron. También Cindy corrió a los brazos de su madre y se fundieron en un abrazo entre lágrimas. Silvia entró preguntando y fue Nina la que la atendió. Habló brevemente con ella, Silvia rompió a llorar mientras Nina corría escaleras arriba, después bajó con Lucia en brazos. Esta se la entregó a Silvia y ella cayó de rodillas al suelo mientras abrazaba a la pequeña, la cual miraba con una cara de no comprender nada. Vicky enseguida comprendió aquello, madre e hija se habían reunido después de mucho tiempo, todos se estaban reuniendo, pero allí aún faltaba gente. Juanma, su padre, era uno de ellos.

Día 6 de Noviembre de 2010
Día 861 del Apocalipsis…
07:15 horas de la mañana…

—¿Puedes moverte ya?— preguntó Luci agachándose delante de mí. Yo seguía temblando. –Avísame cuando puedas caminar y nos pondremos en marcha.
—He matado a mi hermano. Lo vi morir— respondí al tiempo que la miraba.
—Has hecho lo que tenías que  hacer. Todo ha terminado— respondió Luci. –Con suerte encontraremos un vehículo que esté bien. Nos iremos a Gray a buscar a los otros.
Me levanté del suelo y miré a mi compañera. –Me has vuelto a salvar la vida. Habría muerto de no ser por ti. Nuevamente estoy en deuda contigo.
Luci sonrió. –Venga. Vámonos de aquí. Ambos miramos el humo que salía del hotel y Luci me miró de nuevo. –Encontraremos otro lugar.
Ambos comenzamos a caminar por el bosque. Entonces escuchamos unos gritos y comenzamos a correr hacia ellos. Cuando llegamos al origen de estos, vimos a Mélanie defendiéndose de varios caminantes. Rápidamente, Luci y yo corrimos hacia ellos y los matamos. Enseguida, Mélanie se abrazó a nosotros.
—¿No hay nadie más?
—Solo  estamos nosotros.— respondí. –Tenemos que movernos ya.
Los tres comenzamos a caminar a través del bosque. Rumbo a la mansión Crawford.
Todo el asunto con mi hermano había terminado al igual que la guerra, la cual se había cobrado varias vidas. En esos momentos, nuestra supervivencia y la búsqueda de un lugar en el que establecernos, volvía a comenzar.


sábado, 10 de diciembre de 2016

NECROWORLD Capitulo 139

Día 5 de Noviembre de 2010
Día 860 del Apocalipsis…
09:00 horas de la mañana…

Juan había formado un equipo con Levine, Yuriko, Alexandra y Stacy. Iban a peinar toda  la zona con la misión de averiguar si Carlos y su grupo estaban por la zona. La idea había salido de Juan, quería asegurarse y en caso de encontrarlos, observar sin interferir.
—¿Estás seguro?— pregunté. –Aun puedes pensártelo mejor. No es necesario salir. Basta con vigilar día y noche en las torretas y estar siempre alerta.
—Si. Es necesario. No te preocupes tanto. Tú quédate aquí o ve a ver a Eva y tus hijos. Yo se cuidarme, y cuidaré de ellos. Estaremos de vuelta antes del anochecer. Y ya sabes lo que digo siempre. A ver, dilo.
—Los dioses están de nuestra parte— respondí.
—Así se habla— dijo Juan dándome una palmada en el hombro y se dio la vuelta para mirar  a sus acompañantes. –Muy bien. En marcha.
Juan y su grupo salieron por la puerta principal y cerré. Johana estaba a mi lado y me miró. –Estarán bien. No te preocupes. Juan cuidará te todos ellos.
—¿Tú no estás preocupada?— pregunté.
—No soy de piedra y claro que estoy preocupada, pero también confió en Juan y sé que no dejará que les ocurra nada… Y por supuesto, Juan sabe cuidar muy bien de sí mismo. Venga, vamos a dentro.  Tenemos gente a la que seguir instruyendo. Luego si quieres te acompañaré hasta la mansión.
Fui con Johana al interior y bajamos a la sala de tiro. En los últimos días habían mejorado mucho y me sentía orgulloso de todos. Estuvimos un rato allí y poco después, Johana y yo cogimos un coche para ir  a la mansión.  Cuando llegamos, nos encontramos con David y Mike, los cuales habían  pasado allí la noche.
—¿Cómo están todos?— pregunté bajándome del coche.
—Están bien.  Aunque los niños están algo inquietos. Nina los entretiene contándoles historias de miedo, pero algunos no dejan de dar la brasa con lo de que quieren volver al hotel— respondió David.
—¿Y Alicia?— pregunté.
—Está bien. Asustada, pero bien. Aun se lamenta por haberse ido  con Carlos aquel día. Quiere disculparse y no sabe cómo.
—No tiene nada de que disculparse. Estáis aquí otra vez y eso es lo que importa.
Entramos en la casa y enseguida me reuní con Eva y Vicky. Por mi cara, enseguida supieron que no había novedades  con respecto a Carlos, seguíamos sin saber nada de su paradero, pero aunque se lo oculté, algo me decía que estaba cerca.

Macon…

Carlos estaba en la tienda de lona esperando, entonces la cortina se corrió y apareció uno de sus hombres llevando a Katrina. Al verlos, Carlos le hizo una seña a aquel tipo y se largó dejándolos a solas.
—¿Qué quieres  de mí?— preguntó Katrina con tono agresivo.
—Solo quería hablar contigo. De hermano a hermana— respondió este poniéndose de pie y acercándose a ella.
—No tengo nada que hablar contigo— respondió Katrina.
—¿Estás segura de ello? Porque yo creo… Es más, juraría que te interesa lo que tengo que decirte. Quiero hablarte, de ti y de tu hija. De mi sobrina. Esta noche iremos al hotel, y pase lo que pase. Ella y tú vendréis conmigo a Las Vegas para vivir allí, estaréis bajo mi protección.
—Primero me tienes de rehén, luego me obligas a desnudarme delante de un montón de idiotas en una cena, luego me llevas a tu habitación y me violas… ¿Ahora me vienes con estas? Eres un jodido loco, ni muerta iría a Las Vegas con mi hija, y menos a vivir con alguien como tú. Por mi puedes pudrirte.
—Siento lo que pasó esa noche. Pero hay veces que me siento solo, pero una vez tenga a Eva conmigo. Eso no volverá a  pasar, tu hija y tú seréis intocables. Nadie os pondrá la mano encima— explicó Carlos.
—Juanma no permitirá eso.
—Juanma no dirá nada porque ya estará muerto— respondió Carlos.
—Pretendes matarlo  pase lo que pase ¿Verdad? Entonces. ¿De que servirá esta pantomima? Lo único que quieres es destruir.  Eres un maldito loco.
—Juanma no puede seguir vivo, porque mientras siga vivo es una amenaza. ¿No te das cuenta?
—De lo único que me doy cuenta es que la escoria como tú, es la que debería estar muerta— replicó Katrina. –Provocarás una guerra cedan o no. Así es como funcionas. Eres alguien destructivo y toxico, pero las personas como tú no duran mucho. Tarde o temprano, todos mueren.
—Tienes varias horas por delante, hasta las ocho de la tarde, a esas horas volverás a venir aquí. Quiero que durante ese tiempo decidas que quieres hacer, que me digas el bando en el que quieres estar. Si sigues del lado de Juanma, morirás con todos los demás.
—Que te follen— respondió Katrina.
Carlos sonrió. –Es posible. Puede que según tu respuesta, alguien me folle hoy. O yo  a ella.
La cortina de la tienda de lona se volvió a correr y aparecieron dos hombres para llevarse a Katrina. Le pusieron unas esposas y salieron, la llevaron al camión y la metieron dentro de un empujón, después cerraron la puerta. Enseguida fue Rachel a comprobar su estado.
—¿Estás bien? ¿Te han hecho algo?
—No. Estoy bien. Tan solo quería hablar— Katrina caminó hasta el fondo y se sentó. Allí siguió hablando.—Es lo que ya sospechábamos. Carlos atacará pase lo que pase, pero a mi quería ofrecerme unirme a él. Ofreciéndome vivir en Las Vegas con mi hija.
—Por lo menos a ti no quiere matarte por que sí. A ti al menos te da opciones. Rachel y yo lo tenemos peor— dijo Silvia. –A nosotras nos matará pase lo que pase.
—Nos matará a todos. Está loco— respondió Katrina.
—Yo lo conocía cuando estábamos en Manhattan. No es que tuviéramos mucho trato y no era así. Supongo que era algo que llevaba dentro y que explotó cuando un día apareció Juanma. El monstruo que había dormido  dentro de él se despertó, y ha ido creciendo hasta a día de hoy. Por nuestro bien, por el bien de muchos. Carlos debe morir.
Katrina se quedó pensando y entonces miró a sus compañeras. Entonces comenzó a hablar en voz baja –Yo me ocuparé de ello. Yo lo mataré. A las ocho de la tarde quiere verme para saber si me uno a él o no. Será cuando aproveche para matarle.
—Eso es muy arriesgado. Tanto si fallas como si lo logras, morirás— respondió Silvia.
Katrina suspiró. –Eso ya lo sé, pero con Carlos muerto, esto acabará. Si el muere, los otros no tendrán motivos para quedarse ni seguir con el plan. Se largarán.
—Muerto el perro se acabó la rabia ¿Verdad?— preguntó Rachel.
Katrina asintió. –Así es… Y esas cosas,  necesitan sacrificios.
—¿Sabes que estás quemando la casa contigo dentro?— preguntó Rachel.
—Sí, pero esto solo puedo hacerlo yo— respondió Katrina.—Solo quiero pediros un favor. Que algún día le contéis a mi hija por qué hice esto y que la quise hasta el final. Es lo único que os pido.
—Cuenta con ello— respondió Rachel. –Lo único que tenemos que hacer ahora, es que por lo menos, sobreviva una.

Bosque…
11:00 horas de la mañana…

Juan caminaba a la cabeza del grupo. Tenía el fusil colgado del hombro y ordenaba el alto cada vez que escuchaba un ruido. Enseguida, todos tomaban posiciones. Aunque al final resultaba ser algún animal del bosque o un caminante solitario al que Levine se acercaba y eliminaba con rapidez. Llegaron al almacén donde habían pasado un tiempo después de que los desterraran, allí Levine vio las tumbas.
—Son Brandon y Blair. Los perdimos.  Ahí hay más de los nuestros— dijo Juan señalando unas tumbas. –Eran buena gente y echaré de menos a los que más conocía. Si ahora volvemos a proteger nuestro hogar, demostraremos que no murieron para nada.
—Ellos no murieron. La situación en la que estábamos era como si los hubieran matado— respondió Yuriko.
—De hecho los mataron— respondió Stacy.
En ese momento escucharon un ruido y Juan levantó el brazo. Todos rápidamente corrieron a esconderse. Lo hicieron dentro de un vagón de tren medio quemado. Allí dentro esperaron hasta que vieron aparecer a varios hombres, seis en total. A la cabeza de ellos iba Butch al que enseguida, Juan reconoció.
—¿Qué hacemos?— preguntó Alexandra.
—No hacer nada. Solo observar— respondió Juan.
*****
—Opino que esto que estamos haciendo es una estupidez— decía uno de los hombres. Era un chaval joven de unos dieciocho años. –Si ya sabemos dónde están. ¿Para qué coño nos manda Carlos a vigilarles?
—Carlos quiere que les observemos e informemos. Solo eso— respondió Butch. –Simplemente quiere saber de qué disponen. No es que esté de acuerdo, pero si él lo manda, toca obedecer.
—Está como una cabra. Ojala se lo carguen cuando lleguemos. Es que no puedo creerme el motivo por el que hacemos esto. Todo por una tía y unos jodidos bebés— dijo otro hombre.
—¡¡Eh!! Mirad eso. ¿Son tumbas?— preguntó Daniel corriendo hacia los montículos de tierra, cuando llegó se dio la vuelta para mirar a sus compañeros. –Si. Son tumbas… Y parecen recientes.
—Ni caso— dijo Butch mientras caminaba hacia un vagón de tren calcinado. Allí se apoyó y desplegó un mapa. –Según este mapa, estamos a seis kilómetros del hotel. Ya nos queda poco. Este es el almacén ferroviario que aparece en el mapa.
—¿Y si paramos a descansar? Estoy hasta la polla de andar. No hacemos otra puta cosa. Siempre andar, andar y matar caminantes para seguir andando. Echo de menos esas tardes en mi casa viendo algún partido o tirándome a alguna tía a la que había conocido el día anterior. Estaba en el instituto cuando comenzó esta mierda. Lo único positivo que saqué, fue ver a mi profesor de historia convertido en uno de esos seres— contó el chico más joven.
—Supongo que para ti eso sería lo más— respondió Daniel. –Yo ya no recuerdo ni donde estaba. Creo que estaba en el baño de algún antro dormido junto al váter. Me habría colocado con alguna mierda.
—He, mirad esto— dijo en ese momento uno de los hombres.
Todos miraron a donde señalaba. Estaba señalando al suelo, allí había huellas que parecían recientes. Butch también las vio y alzó la cabeza mirando a su alrededor.
—Estas son recientes. Por la forma no son de caminante. No se tambaleaban, andaban en línea recta.
—¿Qué significa eso?— preguntó el chico más joven.
—Significa que pertenecen a personas vivas. Personas que han pasado por aquí hace poco— Butch se alejó del vagón y levantó el arma. –Personas que todavía pueden estar por aquí.
*****
Juan escuchaba la conversación de Butch y los otros desde dentro del vagón. Su corazón latía a mil por hora. Si se les ocurría mirar dentro del vagón, les descubrirían y no habría más remedio que enfrentarse a ellos, algo que quería evitar a toda costa. Un enfrentamiento, solo haría que la guerra estallase sin remedio, no quedaría lugar para llegar a una especie de pacto. Un enfrentamiento solo aceleraría los acontecimientos, pero si los descubrían, no les quedaría otro remedio. Rápidamente le hizo una seña a Stacy y con cuidado le quitaron el seguro a las armas. Con cuidado se movieron por el interior y esperaron, pero no ocurrió nada. Solo escucharon hablar a Butch.
—Volvamos a nuestro campamento.
—¿Por qué?— preguntó otro hombre.
—Que les follen a todos. Cuando lleguemos, les diremos que nos atacaron caminantes. Disparad la mayoría de la munición. Tiene que ser creíble.
En ese momento comenzaron a escuchar disparos, Yuriko incluso se tapó los oídos. Los disparos se prolongaron durante un minuto y medio. Cuando dejaron de escucharse, solo oyeron pasos alejándose. Con mucho cuidado, Juan se acercó a un agujero y los observó. Eran seis y se largaban. Entonces miró a los otros.
—Ahora con cuidado los seguiremos. Con suerte, esos gilipollas nos llevarán a su campamento.

Hotel…
12:00 horas del mediodía…

Stephanie se encontraba cerca de la entrada vigilando. Le tocaba a ella estar ahí. Siempre se mantenía detrás de las barricadas que habían fabricado, las cuales eran muros de hormigón de casi un metro cincuenta de alto. Desde allí, era imposible que nadie de fuera pudiera disparar a nadie de dentro.
—¿Cómo va?— preguntó en ese momento Tamara. Ella y su hermana llegaron andando con los fusiles preparados. —¿Te acompañamos?
—Si, por favor. Estar aquí sola es un aburrimiento— respondió Stephanie.
Las tres comenzaron a caminar junto al muro sin apartar su vista de las vallas, aunque al otro lado no se veía a nadie. Aunque si hubiese alguien, a la vista no iba a estar. Miraron a una de las torretas y allí vieron a Laura.
—¿Crees que vendrán?—preguntó Arianne mirando a Stephanie.
—Ojala que no. No quiero una guerra. Es absurdo… Pero parece que ese tal Carlos no opina lo mismo. No sé ni quien es… ¿Vosotras lo conocisteis?
—Ya no estaba con ellos cuando nos encontraron con nuestro padre, pero tengo entendido que es un jodido loco. Un hermano de Juanma que se la tiene jurada. Aquí hay muchas cosas que no nos han contado. Sin comerlo ni beberlo nos han metido en una estúpida guerra— dijo Tamara. –Y no estamos preparadas para esto.
Llegaron hasta la torreta donde estaba Laura y subieron, esta las recibió con una sonrisa. –Sin novedad en el frente. ¿Vosotras?
—Nada. Parece que estás muy tranquila. Cosa que con la que se nos viene encima, me sorprende. ¿No estás ni un poquito asustada?— preguntó Stephanie.
—Claro que lo estoy. Es algo normal, pero no voy a estar temblando en un rincón. Escuchad, me releváis un momento. Tengo que ir al baño— respondió Laura.
—Si. Sin problemas— respondió Tamara.
Laura le pasó los primaticos  y bajó corriendo de la torreta, después se alejó por la plaza hacia el interior del edificio. En la torreta se quedaron las tres solas y Tamara comenzó a mirar a través de los prismáticos. Recorrió toda la valla y entonces se detuvo.
—¿Qué ocurre?— preguntó Arianne.
—Hay algo en esa valla— respondió Tamara señalando. –Parece un pañuelo, pero no recuerdo haberlo visto antes. ¿Podéis acercaros a ver qué es?
Arianne y Stephanie asintieron y bajaron de la torreta. Siguieron la valla tal como les había indicado Stephanie y llegaron a un barrote donde había atado un pañuelo de color rojo. Stephanie lo desató y lo miró, parecía un pañuelo normal, en el centro había un dibujo extraño. Se trataba de un cuervo negro con las alas abiertas sobre dos tibias cruzadas.
—¿Qué crees  que significa  esto? Creo que anoche no estaba.— dijo Arianne.
—No lo sé, pero el dibujo es bastante siniestro. Informaremos a Juanma cuando vuelva. Puede que  él sepa que significa, perote juro que esto no me gusta nada.

Mansión Crawford…
Gray… 12:45 horas del mediodía…

Me encontraba tumbado en la cama junto a Eva. Ambos estábamos desnudos bajo las sabanas. Ella dormía, pero yo estaba despierto mirando al techo. No podía dejar de pensar en lo que se nos venía encima, estaba completamente obsesionado con ello. Con mucho cuidado de no despertarla, me fui levantando de la cama y comencé a vestirme. Era hora de regresar al hotel. Primero me puse los calzoncillos y después los pantalones, justo cuando me estaba poniendo la camiseta, la descubrí mirándome.
—¿Ibas a irte sin decir nada? ¿Sabes a que me recuerda esta situación? A esos tipos que se largan después de echar el polvo y no tienen la decencia ni de dejar un número de teléfono. No vaya a ser que le llamen nueve meses después con la alegre noticia de que ha sido padre.
—No quería despertarte. Te vi durmiendo tan tranquila que…
—¿Ya te vas?— preguntó Eva.
—Tengo que irme. Debo volver al hotel. Mañana a primera hora de la mañana estaré aquí otra  vez— respondí.
—Eso será si es que hay un mañana para nosotros.
—Lo habrá— respondí.
—No si no me entregas— respondió Eva. En ese momento sentí que íbamos a volver a tener la misma discusión que hacía horas y días, la misma discusión donde ella quería evitar la guerra marchándose con Carlos.
—Otra vez no Eva, por favor— respondí. –No voy a entregarte a Carlos.
—Igual solo así nos deja en paz.
—Él no nos dejará en paz nunca. Te deje ir con  él o no— entonces miré a Eva. –O es que lo dices porque realmente lo que quieres es irte con él.
—¿A qué viene eso? ¿Insinúas que yo quiero irme con él? Solo lo digo para salvaros la vida.
—Lo siento. Olvídalo— respondí. –Nos veremos mañana.
Salí de la habitación dejando a Eva allí sola en la habitación. Bajé al salón y allí me encontré con David y Mike, estaban hablando. Iba a regresar con ellos al hotel. Cuando me vieron llegar dejaron de hablar y David se acercó a mí con algo en la mano.
—Mira esto— David me dio un pañuelo de color rojo.
Cogí el pañuelo y me lo quedé mirando. Era rojo y estaba bastante limpio. En el  centro había un dibujo. Era un cuervo de color negro con las alas abiertas, detrás había dos tibias cruzadas.
—¿Qué es esto? ¿De dónde lo habéis sacado?— pregunté.
—Estaba atado a las vallas de la entrada. Lo curioso es que  ayer no estaba. Ha aparecido esta mañana. ¿Crees que podría haber sido Carlos?— preguntó David.
—No lo creo— respondí. –Si esto fuera obra de Carlos ya lo sabríamos. Podrían haber sido los niños jugando. De todos modos avisad a los que se quedan y que tengan los ojos abiertos.
Poco después, Mike, David y yo salimos de la casa y nos dirigimos a uno de los coches. Antes de subir, miré a la ventana de  la habitación  donde había estado durmiendo con Eva. Allí estaba ella, observándome. Entendía lo que quería hacer, pero eso no nos garantizaba nada, y yo solo había cometido el error de decirle algo que ni siquiera pensaba. Seguidamente nos subimos al vehículo  y nos fuimos en dirección al hotel.
*****
Eva se quedó mirando como el vehículo en el que iba Juanma se alejaba. Él tenía razón. Aunque ella fuera entregada, eso no garantizaba que Carlos los dejara en paz. De hecho, era casi seguro que tras ser entregada, él ordenaba un ataque. Tan solo le quedaba una opción. Todo aquello era por ella, todo lo que se avecinaba tenía que ver con  ella y eso la llevaba a una conclusión. Salió rápidamente de la habitación, fue al salón y allí encontró a Nina y a Vicky con los demás niños y los bebés. Estaban ocupadas y no les dijo nada, sus hijos estaban en buenas manos. Fue a otra habitación, allí era donde guardaban algunas armas. Intentó abrir, pero estaba cerrado con llave.
—¿Qué haces?— peguntó en ese momento Paula. Eva la miró.
—Necesito armas— respondió Eva sin vacilar. —¿Tienes la llave?
—Si. La tengo yo, pero…
—Dámela. Necesito un arma. ¡¡¡Ahora!!! No me obligues a quitártela.
Paula se quedó unos segundos pensativa y se llevó la mano al bolsillo, seguidamente le entregó la llave a Eva. Esta rápidamente abrió la puerta y entró. Se acercó a una mesa donde había varios fusiles y munición. Allí escogió uno y luego comenzó a coger cargadores.
—No sé qué estás planeando, pero espero que sepas lo que haces— dijo Paula.
—Todo lo que se nos viene encima es por mí. Eso me convierte en responsable. Así que me da igual que Juanma no quiera, voy a tomar parte. Estoy harta de estar escondida— Eva cargó el fusil y miró a Paula. —¿A cuánto queda el hotel de aquí?
—Unos veinte minutos en vehículo— respondió Paula.
—¿Y a pie?— preguntó Eva mientras cogía una mochila y la llenaba de cargadores.
—Unas cuatro horas. Puede que un poco más— respondió Paula.
—Suficiente— Eva salió de la habitación con Paula detrás.
—Te ruego por favor que te quedes aquí.
—Cuida de todos los que están aquí—respondió Eva saliendo de la mansión. Corrió  hacia las vallas y las saltó. Poco después se perdió entre la espesura del bosque.

Macon…
Campamento de Carlos…
15:55 horas de la tarde…

Juan y su grupo llevaban más de una hora observando el campamento de Carlos desde una distancia prudencial. Estaban agazapados en una pequeña colina observándolos. Habían seguido a Butch y a los suyos sin que estos se dieran cuenta.
No podían escuchar lo que decían, pero veían el movimiento. Algunos preparaban la comida, uno de ellos cargado con tres platos entró en la parte trasera de un camión y segundos después salió sin nada.
—¿Creéis que es ahí donde tienen a las chicas?— preguntó Yuriko.
—No me cabe la menor duda— respondió Juan. –Lo que  no se es dónde puede estar ese cabrón de Carlos.
—Escuchad. Quizás deberíamos volver ya. Estamos a diez kilómetros del hotel— dijo Levine. –Hay que informar a Juanma.
—Muy bien. Vamos— respondió Juan.
Todo el grupo comenzó a moverse. Tardarían cerca de una hora en regresar, debían apresurarse.

Hotel…
17:00 horas…

Estaba a solas en la sala de tiro. Activé el mecanismo que hacía moverse los blancos móviles. Comencé a practicar tiro, todos mis disparos estaban siendo certeros en las cabezas. Justo en ese momento, la puerta de la sala se abrió y Juan entró seguido de Yuriko.
—¿Cuándo habéis vuelto?— pregunté al verlos.
—Acabamos de llegar ahora. Encontramos el campamento de Carlos, pero ni lo vimos a él ni a las chicas. Están a diez kilómetros de nosotros— respondió Juan. –Se movían mucho. Estaban preparándose, probablemente se estén preparando para venir.
—Está bien. Que todos vayan a sus puestos y se queden allí hasta nuevo aviso— dije.
—Yo me ocupo— dijo Yuriko saliendo de la sala.
Juan y yo nos quedamos a solas y entonces me miró. –Sé que quizás no  debería decirte esto. No sé a qué hora será, ni el día, pero todo esto está a punto de estallar. Lo presiento.
—Yo también— respondí.
—Lo que quiero decir es que espero que tomes la decisión adecuada y hagas lo que tengas que hacer— dijo Juan. –Se lo duro que es, pero ahora tienes una familia en la que pensar, algo que él quiere arrebatarte.
—También lo sé. De hecho, ya la he tomado, si el no cede, tendré que matarle. Esto solo acabará cuando caiga uno de los dos. Es lo que he estado pensando mientras practicaba.  Estoy dispuesto a matar a mi hermano si es necesario.

Macon…
Campamento… 20:00 horas de la tarde…

Katrina fue llevada de nuevo a la tienda de lona donde estaba Carlos. El tiempo había pasado y era hora de que ella tomara una decisión. Cuando Carlos la vio entrar, la recibió con una sonrisa.
—¿Ya tomaste una decisión?— preguntó Carlos acercándose a ella.
—Si. He tomado una decisión— respondió Katrina. –Por mi hija haré lo que sea y no quiero que se vea metida en esto. Para que ella sobreviva, debe estar en el bando ganador. Y ese bando no es otro que el tuyo. Me iré contigo.
—Créeme que has tomado la mejor decisión posible— Carlos se metió la mano en el bolsillo y sacó una llave, con la cual le quitó las esposas. –Vendrás con nosotros y entrarás a por tu hija. Tendrá que ser rápido— Cuando Katrina se quedó libre se quedó mirando a Carlos y entonces se acercó a él  para besarle. Carlos retrocedió extrañado. —¿Qué haces? Solo quiero repetir lo de la otra noche, me gustó.
Carlos se acercó y comenzó a besarla mientras le iba desabrochando los botones de la camisa.
—Está bien. A nadie le amarga un dulce.
—Solo te pido una cosa. No vuelvas a correrte dentro de mí. Solo te pido eso.
—No te preocupes—  respondió Carlos retirándose un poco, aunque Katrina se acercó otra vez con la camisa colgando de uno de sus brazos. Ella comenzó a besarle de nuevo, se retiró y le sonrió, entonces con un rápido movimiento alzó los brazos y puso la camisa alrededor del cuello de Carlos. Ella se puso detrás y comenzó a apretar mientras Carlos trataba de librarse de ella. Entonces ambos cayeron al suelo.
A Carlos se le estaba nublando la vista, le iba faltando el aire y Katrina era más fuerte de lo que pensaba.  De repente dos hombres entraron en la tienda y le quitaron a Katrina de encima.
—No te muevas— dijo uno de ellos apuntando a Katrina con la pistola. Este se dio la vuelta para mirar a Carlos. —¿La mato?
—No— respondió Carlos levantándose del suelo. –Llevadla al camión. Es hora de ponernos en marcha. Quiero que vea como mueren todos, incluida su puta hija. Adelante, llegó la hora de visitar a mi hermano.

Hotel…
20:56 horas…

—Quiero a todo el mundo en sus puestos. Carlos y los suyos podrían llegar en cualquier momento— iba diciendo mientras iba caminando por uno de los pasillos del hotel.
—Juanma. Tengo  algo que quiero enseñarte— dijo Stephanie mientras corría hacia mí por el pasillo. Parecía que llevaba algo en las manos.
—Ahora no tengo tiempo. Vete a tu puesto. Es en una de las ventanas de la planta tres. Corre— le ordené. Stephanie puso una mueca de fastidio y se alejó dando zancadas mientras yo seguía caminando. Bajé al hall principal y entonces vio algo que me puso de los nervios. Eva estaba allí hablando con David. Yo me acerqué a ellos. —¿Qué cojones estás haciendo tu aquí?
—Todo esto es por mí. Quiero ayudar. No pienso irme de aquí te pongas como te pongas. No he recorrido el bosque para que me mandes de vuelta a esa mansión— replicó Eva.
Iba a responderle cuando escuché un nuevo grito. Era el grito de Faith. —¡¡¡¡Están aquí!!!! ¡¡¡¡Ya han venido!!!!
Rápidamente, David, Eva y yo nos acercamos a la entrada y miramos hacia las vallas. Al otro lado de la puerta había varios vehículos y delante de todos ellos estaba mi hermano. Esperándome.
—Ya están aquí. ¿Qué hacemos ahora?—preguntó David.
—Tu sigue movilizando a la gente— entonces miré a Eva. –Tú busca un lugar seguro y no salgas para nada. ¿Te queda claro? Venga.
Eva me miró, se lanzó hacia mí y me besó. Después se fue corriendo escaleras arriba.
—¿Qué vas a hacer tú?— preguntó David.

—Voy a intentar aplazar todo lo que pueda lo inevitable— respondí. Entonces crucé la puerta y salí al exterior mientras miraba a mi hermano. El me miró a mí con una sonrisa y levantó la mano en señal de que nadie me disparara. Entonces comencé a caminar hacia él.