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sábado, 25 de marzo de 2017

NECROWORLD Capitulo 150

Día 11 de Noviembre de 2010
Día 866 del Apocalipsis
02:00 de la madrugada. Hospital…

Stephanie corría emocionada por los pasillos del hospital para reunirse con Eva. Llegó a la puerta de la habitación y se detuvo para respirar hondo, lo hizo y llamó a la puerta. Esta se abrió y apareció Eva con uno de sus hijos en brazos. Cuando vio a Stephanie tan alterada pensó que pasaba algo malo, pero entonces, Stephanie sonrió.
—¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?
—Han vuelto— respondió  Stephanie.
Eva cogió a sus dos hijos. Los sentó en el carro y siguió a Stephanie hasta el Hall. No podía creerse lo que le estaban  diciendo ¿De verdad habían regresado? Sentía como si hiciera años que no veía a Juanma, pero cuando llegó al hall y lo vio allí de pie, dejó el carro y corrió a su encuentro.

Eva llegó hasta donde estaba y me abrazó. Sentí dolor cuando me rozó la herida del vientre, pero me dio igual. Yo también la abracé a ella, luego la miré a los ojos y la besé. También Vicky apareció por allí y vino a abrazarme, miré a la niña y vi que aun tenía los ojos cansados, seguramente estaba durmiendo cuando llegamos.
—Me alegro tanto de veros— dije mirándolas. Después miré a mí alrededor –Me alegro tanto de veros a todos— aunque realmente no estábamos todos.
En ese momento apareció allí una mujer vestida con bata blanca. Ella se acercó a mí y me tendió la mano para que se la estrechara. Yo, evidentemente lo hice.
—Supongo que eres Juanma. He oído hablar de ti. Soy la doctora Green. Bienvenido al hospital JFK— la doctora me miró y se fijó en las diversas heridas que tenia por todo el cuerpo. –Veo que estás herido. Sígueme y te curaré.
En ese momento señalé a Mélanie. Esta estaba sentada en una silla de ruedas. El camino había sido largo y ella estaba cansada. –Ella es Mélanie. Es también medico y tiene una herida de bala en el muslo. Ella lo necesita más que yo. Puedo esperar.
—Muy bien— dijo la doctora Green. Ella se alejó de mí, se acercó a Mélanie y no tardó en llevársela. Yo seguí hablando con Eva y los demás.
—¿Viste todos mis mensajes? No estaba segura de que los vieras— me contó Eva.
—Si que los vi, aunque fue algo temerario por tu parte. Ya sabes lo de los cazadores ¿No?— le pregunté. –Casi no lo contamos.
—Pero aquí estamos— dijo Luci mirándome desde el otro lado. Ella se había quedado junto a Silvia y la niña. Yo la veía feliz.
—Si. Lo se. De hecho…— Eva iba a decir algo, pero se quedó en silencio.
—¿Qué? ¿Qué pasa?— pregunté.
Eva entonces me miró a los ojos y bajó la voz. –Antes de que volvierais. Cogimos a uno de ellos.
Me aparté un poco del grupo para hablar con Eva. —¿Qué cogisteis a uno? ¿Está vivo?— Eva asintió. —¿Y sabes donde está?
—Si— respondió Eva.
—Llévame con el— respondí. –Quiero verlo.
Eva me miró y enseguida me pidió que la siguiera. Yo quería ver a ese cazador por que con uno de ellos vivo, podría saber donde tenían su escondite y así dar  con Ross.
*****
Luci jugaba con la pequeña Lucia sacándole la lengua y haciéndole muecas. Silvia estaba a su lado sonriendo.
—No te imaginas lo mucho que la he echado de menos— dijo Luci. –Pero estaba tranquila al saber que esta pequeñaja estaba con su madre. Con su verdadera madre, de la que nunca debió separarse.
—Gracias, pero tu la cuidaste en Las Vegas y hasta que llegasteis al hotel. Estoy con ella gracias a ti y aun no he podido agradecértelo. Gracias, de verdad. Me gustaría que la criáramos juntas. Quiero que cuando sea mayor, nos tenga a las dos. No veo justo separarte de ella, además… Ahora mismo todos los que estamos aquí somos una familia— dijo Silvia.
Luci sonrió y la miró. –Me parece bien. Lo  que pasa es que la niña se hará un lio con nosotras. Por cierto, le puse Lucia cuando me la dieron. Si no te gusta, aun estamos a tiempo de cambiarle el nombre. Tú decides.
—No. Lucia me gusta. Creo que es el nombre que le habría puesto yo.
En ese momento ambas se abrazaron y sonrieron.
*****
Llegué a una puerta y miré a través del ojo de buey. Allí, dentro de la habitación y esposado a una tubería de hierro, se  encontraba durmiendo un chico joven al que no había visto antes, aunque si el tatuaje de su brazo, era sin duda uno de los cazadores del grupo de Ross. Intenté abrir la puerta, pero esta estaba cerrada con llave.
—Seguramente la llave la tiene Green. Ha dicho que no quiere ver a nadie en esta puerta. A menos que ella lo hay autorizado. ¿Habías visto antes a ese chico?— preguntó Eva mirándolo también a través del ojo de buey.
—No. Es la primera vez que lo veo, pero es uno de ellos— respondí –Si el está aquí, los  otros no andarán lejos. Incluso, es probable que tengan su escondite por aquí. Operan por esta zona, lo se por que por lo visto, se la conocen bien.
—¿Y que harás?— preguntó Eva.
—Primero hablaré  con Green y le pediré la llave. Entonces le preguntaré amablemente donde están.
—¿Y si no te lo dice? No ha hablado mucho. Johana y Mike le han hecho preguntas, le han pegado y no ha dicho nada. Es duro de pelar.
—Cuando entre yo, veremos si es tan duro. Más le vale hablar, por que si no, deseará no haber sobrevivido al apocalipsis. Le voy a hacer mucho daño— respondí. En ese momento, vi a Eva mirándome. —¿Qué pasa?
—Estás sangrando— dijo señalándome a la camiseta. Yo miré y vi una mancha de sangre en el mismo lugar donde tenía la herida del vientre. –Necesitas que te curen.
Yo asentí y me alejé con Eva por el pasillo, antes de salir del pasillo donde estaba aquella puerta, me di la vuelta para mirar de nuevo mientras pensaba: “Hasta pronto”
Eva y yo regresamos al hall y allí nos encontramos de nuevo con el resto, nos dirigimos a Sheila y Eva habló con ella.
—Juanma necesita unos puntos. Se le han saltado un par de la herida— dijo Eva señalándome la herida del vientre. Sheila se quedó un rato pensativa y nos pidió que la  siguiéramos a una sala. Entonces miré a Eva.
—¿Nos puedes dejar a solas? Necesito hablar  con ella. Tú acuesta a los niños. Nos vemos más tarde ¿Vale?— le di un beso a Eva y me fui con Sheila.
Entramos en una sala y allí Sheila encendió la luz. Pasé al interior, me senté en una camilla, me quité la camisa y me quité las vendas, dejando al descubierto la herida. Sheila cogió lo que necesitaba y comenzó a curarme la herida. Lo hacía de forma delicada mientras yo pensaba en como comenzar a hablar con ella. Pasaron unos minutos y entonces me lancé.
—Se que quizás no quieres hablar de esto… Pero tengo que sincerarme contigo. Tengo… Ambos tenemos que quitarnos esa espinita que tenemos  clavada. En el hotel pasó todo tan rápido que ni siquiera te pedí disculpas correctamente.
—No tienes que pedirme disculpas. No lo necesito— respondió Sheila. –Lo que pasó, pasó.
—Pasó por mi culpa. Antes de lo del hotel tuve varias oportunidades para acabar con mi hermano y no lo hice. Si lo hubiera matado cuando tuve la ocasión, muchas cosas de las que pasaron después… Podrían haberse evitado. Rachel aun estaría aquí.
—O puede que no. Puede que ni siquiera yo estaría aquí. La gente muere cada día— respondió Sheila. Aun así, ya tengo asumido lo de Rachel.
—Pero yo no— respondí. –Ella era mi amiga y la quería. Siempre voy a lamentar lo que pasó. Y por eso quiero que al menos tú me perdones, ya que yo no puedo perdonarme a mi mismo.
—¿Mataste a tu hermano?— preguntó Sheila.
Yo asentí en ese momento. –Si. Lo maté.  Te juro que cuando lo hice, lo hice pensando en lo que le había hecho a Rachel, pero al mismo tiempo… Al mismo tiempo me sentí culpable por lo que estaba haciendo. Era mi hermano al fin y al cabo.
—Entonces ya hiciste lo que tenias que hacer. Eso no nos devolverá a Rachel, pero al menos se lo hiciste pagar a su asesino. Si querías pedirme perdón, de acuerdo, acepto tus disculpas. Se que hiciste todo lo que pudiste, al principio te guardé rencor, te juro que lo hice y te juro que deseaba hacértelo pagar… Pero se que eso no cambiaria nada y se que Rachel no querría eso. Tú hiciste todo lo que pudiste. Y yo no puedo odiarte ¿Sabes por que?
—No— respondí.
—Por que todo el tiempo que pasé con Rachel fue gracias a ti— respondió Sheila.
En ese momento nos abrazamos y ambos nos desahogamos derramando lagrimas. Ambos habíamos perdido a alguien muy importante.

09:00 horas de la mañana…

Me desperté  con el sonido de un despertador y miré a mi derecha. Eva estaba durmiendo todavía. Después de que Sheila me curara y habláramos, yo había ido a buscar a Eva y habíamos ido a lo que iba a ser nuestra habitación y la de nuestros hijos.
Me fui levantando con cuidado para no despertarla, pero no sirvió de nada por que ella misma se despertó y me miró.
—¿A dónde vas? Acabo de recuperarte. No me digas que te vuelves a ir.
Me vestí con algo de ropa que los celadores  nos habían dejado. Cuando terminé de ponerme la camisa respondí. –Voy a ver que tal está Mél y de paso a hablar con la doctora Green sobre el rehén. Le pediré que me deje las llaves para sacarle información a ese tipo— fui hasta Eva y le di un besó en los labios. Luego me acerqué a la cuna a ver a mis hijos, ellos seguían dormidos y  no pude evitar sonreír por que los estaba viendo de nuevo.
Salí de la habitación y me dirigí hacia el despacho de la doctora, Eva me había dicho donde estaba. Iba tan rápido y con tantas ganas de hablar  con ella que abrí la puerta sin avisar. Entonces la doctora se apresuró a guardar lo que parecía una foto en un cajón. Me fijé un poco y vi que parecía que había estado llorando, pero no le di importancia.
—No tengo muchas normas, pero una de las pocas que tengo es que nadie entre en mi despacho sin avisar—  me increpó la doctora.
—Si. Lo siento, tiene razón doctora, pero es que vine a hablar de algo importante— respondí.
—Tu amiga Mélanie está mejor, aunque no tenía ni idea de que fuera medico, ha sido toda una sorpresa, pero bueno, dentro de poco se habrá recuperado y vosotros podréis proseguir vuestro camino— dijo la doctora. –Os dejaré quedaros un tiempo hasta que pase el invierno, pero luego os pediré que os marchéis.
—Me alegro que Mél esté bien y sobre lo de quedarnos o irnos ya hablaremos en otro momento. He venido a hablar con usted por otro motivo.
—¿Qué motivo?— preguntó la doctora.
—El rehén. Se que tienen en una sala a uno de los cazadores. Quiero que me de las llaves para interrogarle— respondí.
—Ya lo hicieron algunos de tus amigos y no consiguieron sacarle información— dijo la doctora cruzándose de brazos. –No  creo que sea necesario torturar más a ese hombre.
—Quizás ellos no le pusieron suficiente empeño. Yo si le sacaré información. Deme las llaves y deje que sea yo quien se encargue de esto. Ese chico es un miembro de los cazadores. Ellos saben o deben saber ya que estamos aquí. Deben estar preparándose para atacar, pero si sabemos donde se esconden, nosotros podríamos atacar antes, podríamos cortar en problema de raíz.
—¿Me estás exigiendo que te de las llaves?— preguntó la doctora. –Aquí eres un invitado temporal. No estás en situación de exigir  nada.
—No… Pero hay que hacer algo. Tener a ese chico aquí es un problema. Hay que hacer algo. Estamos en el punto de mira de esa gente y es evidente que terminarán viniendo, pero si me da las llaves… Podemos acabar con esto.
—Escucha. Yo soy quien está al mando aquí. Deja que sea yo quien tome esas decisiones.
—Muy bien— dije –Pero espero que tome las decisiones adecuadas— hice una pausa. –Ahora hablemos sobre nuestra estancia aquí. En nuestro grupo hay niños pequeños y una embarazada que dará a luz dentro de unos cuatro o cinco meses. No se exactamente de cuanto está.
—Alicia está de cinco meses— dijo la doctora.
—Vale. De cinco. Si nos obliga a irnos, será como si nos matara. Será como si la matara a ella. Ahí fuera es muy difícil vivir si se es adulto. Imagínese como debe ser para unos bebés. Se que este es su hospital y que es usted quien decide. ¿Pero dejaría ir a los ancianos de los que cuida? Solo  le pido que nos deje quedarnos. Podemos vivir aquí y adaptarnos. En pocos meses podríamos haber construido en un hogar para todos. He visto esa plaza y las vallas. Podemos tener animales y podemos salir a cazar. Este hospital es grande y podemos vivir juntos, nosotros ya lo hemos hecho. Por favor, piénselo, es lo único que le pido. Hágalo al menos por los niños.
La doctora cruzó las manos, se quedó un rato pensativa y me miró. –Me lo pensaré, pero lo haré por los niños. Solo espero que no me traigáis problemas. Ahora, si no te importa, déjame a solas.
Salí de la sala y cerré la puerta dejando sola a la doctora.
*****
De nuevo a solas. La doctora, abrió de nuevo el cajón y sacó la foto que había estado mirando antes de que la interrumpieran. En la foto se veían a dos niños, uno de ellos un bebé. También se podía ver a un hombre además de a ella misma.
Recordó lo ocurrido con el rehén. El le había dicho que “El” aun preguntaba por ella. Eso solo podía significar que su hijo mayor seguía vivo. Podría haber sacado más información del rehén, pero cuando este comenzó a hablar, ella se negó a escucharle y se marchó de allí, pero no había dejado de darle vueltas al asunto. Debía volver a la sala donde lo tenían esposado y hablar con el. Quería saber si decía la verdad. Iba a esperarse a la noche para volver a ir sin ser vista. Tenía que esclarecer todo ese asunto y si su hijo seguía vivo, recuperarlo.
*****
Regresé a la planta donde estaba la sala donde tenían metido al miembro de los cazadores. Caminé por el pasillo y llegué a la puerta tras la que se encontraba, entonces me encontré con que uno de los militares estaba delante de la puerta. Este me saludó cuando me vio llegar.
—Hola— dijo.
—Hola— respondí. –Tu nombre era…
—Boggs— respondió.
—Eso es. Boggs. Perdona, venía a ver si era posible que me dejaras entrar a hablar con el. Es algo importante. Podríamos estar en peligro— dije mientras miraba al rehén a través del ojo de buey. También el me miró a mi.
—Lo siento. Solo puedo abrir esa puerta con autorización de la doctora Green. Entiendo lo que dices, pero cuando estamos fuera es Keity quien está al mando, pero aquí, la jefa es Green. Te recomiendo que esperes y dejes que ella haga lo que quiera hacer. No os conviene que os tome manía. Si eso pasa, jamás os dejaría quedaros. Es la recomendación que te hago. Simplemente espera.
Boggs tenía razón, no convenía tener a Green con enemiga, pero tener a ese chico ahí con los demás cazadores por ahí fuera, nos convenía todavía menos. Saludé de nuevo a Boggs y me alejé por el pasillo. Doblé una esquina y me encontré con Keity apoyada en la pared. Estaba esperándome.
—Green no lo ve, pero yo si. Ese capullo de ahí dentro nos puede traer problemas. ¿Qué es exactamente lo que quieres de el?
Yo me puse delante de ella y comencé a hablar mientras miraba a Boggs de vez en cuando. –Quiero sacarle donde tienen su escondite. Parece que operan por esta zona.
—Así es. Este es su territorio, pero ninguno hemos sabido donde se ocultan. Es posible que en alguna de las fábricas madereras del bosque, pero no puedo asegurártelo.
—Por eso mismo. Quiero sacarle la verdad y saber donde se esconden— respondí
—¿Y que harás después?— preguntó Keity.
—Acabar con ellos. Sea como sea, antes de que pasen más días, quiero sacarle toda la información e ir a por ellos— dije.
—Puedes contar conmigo— dijo Keity –Pero no vayamos a lo loco. Seamos cautos. Yo también llevo tiempo queriendo deshacerme de esos cabrones, pero hasta hoy no he tenido un apoyo solido.
—Muy bien— respondí.
Ahora con Keity de mi lado, podíamos proceder y elaborar un plan con el que llegar hasta ese rehén y entonces, sacarle toda la información e ir a por los  cazadores.

Base de  operaciones de los cazadores…
17:00 horas de la tarde…

Ross estaba en su despacho observando la cabeza de Levine metida en una urna. Mientras, golpeaba con los nudillos la mesa. Estaba furioso desde lo ocurrido en los albergues y cabañas para cazadores. Le habían dado donde más dolía, no solo eso, si no que también, solo tres personas habían acabado con la gran mayoría de sus hombres. ¿Cómo era posible que los hubiesen destrozado así?
En ese momento alguien llamó a la puerta y Ross le dijo que pasara. Se trataba de una mujer llamada Eleonor. Nada más entrar, esta mujer se quedó mirando la cabeza de Levine. Ella no la había visto antes. Se quedó sorprendida de que la cabeza no se hubiese reanimado como otras.
—¿No se reanima?
—El es especial— respondió Ross. –Era inmune… ¿Qué quieres?
—Es sobre Jake. Lo tienen como rehén en ese hospital. Así nos ha informado un grupo que se acercó allí sin ser visto. ¿Qué hacemos?
—Ya lo dije— dijo Ross –El ha fallado. Que le den, por otro lado, el no necesita ayuda. Es el tipo de hombre que vendería un frigorífico a un esquimal. Si de verdad es apto para estar en nuestro grupo, se las apañará el solo.
En ese momento, la puerta se abrió de golpe y un niño de ocho años entró en la sala. Este corrió hacia Ross y lo abrazó. –Papá. Los chicos no me dejan jugar con ellos a las cartas.
Ross cogió al niño y se lo sentó sobre las rodillas. –Tú ya tienes tus propios juegos. Aun eres pequeño para jugar a las cartas con los mayores. Carga la batería de tu consola y juega un poco ¿De acuerdo Junior?
—Vale papá— respondió el niño bajándose de un salto y dándole un beso en la mejilla a Ross. Cuando el niño salió de la sala, Eleonor miró a Ross.
—Nunca imaginé que alguien como tu se encariñaría de un niño que ha sido arrebatado a su madre. Te llama papá, pero el sabe que no lo eres. De hecho, a veces, pregunta por su madre. Tú no dejas de decirle que algún día irá a verla. ¿Qué harás cuando eso no ocurra?
—Los niños se acaban olvidando— dijo Ross. –El es mi hijo y mi heredero. El será quien esté al mando aquí cuando yo no esté.
—Sabes que la gente habla mucho y algunos te están cuestionando. Creo que deberías decir unas palabras y zanjar esto. Acabar con ese grupo. Algunos han perdido a seres queridos en estos enfrentamientos— dijo Eleonor.
—No te preocupes. Todo vendrá a su debido tiempo— respondió Ross. –Por cierto. Ponte en contacto con los de “La hermandad” y diles que dentro de unos días tendrán a varios. Que preparen toda la munición que les pedimos para el trueque.
—Sabes como son los de “La hermandad”. No solo cuesta encontrarlos, si no que no son muy pacientes. No se si estarán muy de acuerdo— respondió Eleonor.
—Tú ponte en contacto con ellos y déjame el resto a mí. Ahora déjame a solas con Richard— dijo Ross señalando a la cabeza cortada. Los ojos de esta parecían estar fijos en el. Cuando Eleonor se fue, Ross se levantó y se dirigió hacia la cabeza. –Pronto tendrás compañía Richard. Pienso traerte la cabeza de Juanma. Ese desgraciado no sabe donde se ha metido, se lo haré pagar con creces.

Hospital JFK…
23:45 horas de la noche…

La doctora Green salió de su despacho y se dirigió hacia la sala de detención. Nadie podría verla, los demás estaban en la cafetería cenando y algunos ya comenzaban a irse a dormir. Tenía vía libre para hablar con Jake. Llegó hasta la puerta y allí se encontró con Dingan de guardia.
—Buenas noches doctora— dijo Dingan. —¿Todo bien?
Green asintió. –Si. Está todo bien. Va todo perfecto. ¿Cómo estás tú?
—Bien, pero me muero de hambre. Gleen no vendrá ha relevarme hasta dentro de una hora.
—Ve a cenar. Yo me ocupo de esto— dijo en ese momento la doctora.
—¿Habla en serio? No puedo dejar que entre ahí usted sola. Ese tipo podría ser peligroso— dijo Dingan. —¿No prefiere que entre con usted?
La doctora sacó una pistola en ese momento y le quitó el seguro delante de Dingan. Seguidamente, miró a través del ojo de buey y se quedó mirando al rehén.
—No. No es necesario. Puedo ocuparme de esto yo sola. Ve a cenar y descansa— dijo la doctora sacándose las llaves de la puerta del bolsillo. Entonces comenzó a abrir. Antes de entrar, volvió a mirar a Dingan. –Venga. Ve.
Dingan se marchó y la doctora entró dentro de la sala. Nada más entrar, el rehén le sonrió.
—Sabía que volverías. Era lo obvio después de que te dijera lo que te dije. Me alegro que lo hayas hecho— dijo Jake con una sonrisa de oreja a oreja. Aun así, la doctora no respondió, caminó hacia el, se agachó delante de el y le puso la pistola en la barbilla.
—Será mejor que me convenzas de que no te mate. Te juro que no tengo miedo de apretar el gatillo.  No tengo miedo de matarte. ¿Por  que me has mentido con lo de mi hijo?  Ross se lo llevó. Yo dejé que se lo llevara para poder mantener a salvo a la gente de aquí… Pero ahora… Vienes hasta aquí… ¿Por qué?
—No vinimos a por tu gente. El pacto sigue en pie. Solo vinimos a por dos de los de ese grupo. Sobre tu hijo. Si, sigue vivo, es un buen chico. He jugado mucho con el. Es muy listo y sabe que estás viva. Cree que vendrás algún día. Ross le ha ocultado siempre que fuiste tu misma quien lo dejó. El piensa que es solo algo temporal, incluso llama papá a Ross.
—No te creo. Seguro  que lo habéis matado o vendido a algún depravado—  la doctora Green hizo una pausa para intentar no llorar. –No te creo.
—Te lo puedo demostrar— dijo en ese momento Jake. –Puedo demostrártelo. Solo tienes que bajar abajo, a donde me cogieron. Allí detrás de unos palés hay una mochila. Dentro encontrarás un walkie talkie. Úsalo y ponte en contacto con Ross. El te confirmará lo que digo. Podrás estar al lado de tu hijo… Pero tienes que hacer algo.
—¿El que?— preguntó la doctora Green sin poder contener más las lágrimas.
—Este  grupo. No dejes que se vayan bajo ningún concepto. Que permanezcan aquí— respondió Jake. –Sírveselos en bandeja de plata a mis compañeros y tú volverás a reunirte con tu hijo. Yo creo que es un trato justo. No seas estúpida, no vuelvas a serlo. Pasa de esta gente y recupera a tu hijo.
La doctora Green le quitó la pistola de la barbilla y entonces comenzó a llorar. –Está bien…

Jake sonrió satisfecho. Había conseguido embaucar a la doctora.

sábado, 18 de marzo de 2017

NECROWORLD Capitulo 149

Día 10 de Noviembre de 2010
Día 865 del Apocalipsis
09:00 Albergue de Cazadores…

Me encontraba en una de las cabañas observando por una de las ventanas del segundo piso. Luci y yo habíamos estado trabajando toda la noche. Habíamos estado preparándonos para lo que estaba a punto de llegar. Mélanie estaba en una de las casas también, allí estaba segura y recuperándose. Luci se me acercó en ese momento.
—Ya está. Me ha costado un poco, pero lo he conseguido. Se llevarán una sorpresa cuando entren, pero… Tengo que preguntarte algo ¿Crees que vendrán?
—Lo harán. Ellos saben que solo somos tres… En estos momentos deben pensar que tienen las de ganar, al fin y al cabo son más que nosotros. No vendrán a loco y lo harán con cautela, pero aun así, no saben lo que les espera— respondí. –No te preocupes. Saldrá bien. Ahora quiero que vayas a la cabaña donde está Mél y te quedes con ella. Si las cosas se torcieran, quiero que hagas lo que te dije. Quiero que cojas la moto y te lleves a Mél mientras yo los mantengo a raya.
Habíamos encontrado una moto en un pequeño cobertizo junto a las cabañas. Luci la había revisado a conciencia y había asegurado que funcionaba.
—¿Crees que podrás mantenerlos a raya tú solo si las cosas se tuercen?— preguntó Luci.
—Francamente no lo se, pero al menos os daré tiempo a huir— respondí.
—Tu siempre queriendo hacerte el héroe— dijo Luci con una sonrisa. –Nunca cambiarás.
—Ya ves… Ese debe ser uno de mis grandes defectos.
En ese momento, Luci se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla. –Pase lo que pase hoy… Ni se te ocurra morir. Jamás te lo perdonaría. Haz lo que has hecho siempre. Sobrevive.
Luci se despidió de mí y volvió la cabaña desde donde dispararía ella. Nada más entrar se encontró con Mélanie sentada en el colchón. Se había acabado de despertar.
—¿Cómo te encuentras?— preguntó Luci
—Bien… Pero me sabe muy mal haber estado durmiendo mientras Juanma y tú trabajabais.
—No te preocupes. Aun estás herida. Debes reponerte…— Luci hizo una pausa y miró a su compañera. –Siento haberme puesto así en el puente. Me pasé. Supongo que envidio el hecho de que tu aun tengas esa humanidad que otros hemos perdido. Tú aun ves a los caminantes como personas, al menos como personas que fueron un día. Entiendo que verlos así te duela y quieras acabar con su sufrimiento… Bueno, si es que sufren. No sabemos absolutamente nada de ellos.
—Yo también os entiendo a vosotros. Se todo lo que habéis tenido que hacer y pasar para estar aquí hoy y ahora. Os habéis tenido que acostumbrar a matar a otros, pero yo no se si sería capaz de hacerlo. No estoy preparada para un mundo así. No se si yo sería capaz de mirar a alguien a los ojos y matarle, aunque este sea un monstruo… Y me da miedo… Me da miedo el hecho de que probablemente hoy tenga que hacerlo. Seguramente lo haga.
—Si lo haces… Debes tener algo presente. No lo haces por placer, lo haces por protegerte a ti misma y a otros. Puedes sentirte culpable, es algo natural, pero entonces recuérdate a ti misma que estás viva— Luci ayudó a Mélanie a levantarse y la acompañó hasta la ventana más cercana, allí la dejó apoyada y le entregó uno de los rifles –Asegúrate de tener a esos en el punto de mira y de respirar hondo cuando vayas a disparar. Ten cuidado con el retroceso… Una cosa más.  No es necesario que los mates o te concentres en apuntar a sitios específicos. Apunta y dispara, solo eso, a veces, vale más la pena derribarles.
—Muy bien— dijo Mélanie. –No voy a defraudaros. Os lo juro.
Luci miró en ese momento a Mélanie. –Lo se. Se que no lo harás.

Bosque…

—Esos tipos dijeron que habían caído por una catarata. ¿Sabéis donde está dicha catarata?— preguntó David bajando por la escalera de mano y saliendo del tronco. Habían pasado toda la noche allí debido a que los cazadores iban y venían por la zona. Incluso habían hablado de que la chica de la katana y el tipo, habían matado a algunos de su grupo, algo que indudablemente dejaba claro que Juanma y Luci seguían vivos.
—Está a unos seis kilómetros de aquí, pero si han caído, deben estar rio abajo. En esa dirección— dijo Keity señalando en dirección Noroeste.
—Pues no perdamos más tiempo— dijo Juan descolgándose la mochila del hombro y guardándola dentro del tronco. Llevando solo con el arma y la munición.
—¿Qué estás haciendo?— preguntó Marta.
—Dejando el peso extra. Sin el iremos más rápido, estaremos más ligeros— respondió Juan.
Keity se quitó la mochila también, sacando solo la munición. –Haced lo que dice. Tiene razón. El peso de las mochilas solo nos retrasa. Tanto para avanzar como si tenemos que huir.
Todos hicieron lo que Keity ordenó y guardaron las mochilas dentro del tronco de árbol falso. Una vez lo hicieron todos,  comenzaron a avanzar. Juan entonces se acercó a Keity.
—Eres una buena líder. Todos te obedecen. Gracias a ti siguen vivos.
—Me ha costado. No te creas— respondió Kaity mientras andaban acelerando el paso. –Escucha. Quiero que te quede clara una cosa. Pase lo que pase hoy nos pondrá a todos en el punto de mira de esos cabrones. Así que todos estaremos en peligro. Así que cuando eso pase… Todos deberemos proteger el hospital, por que habrá represalias.
—Cuenta con ello— respondió Juan.
*****
Ross observaba el albergue de cazadores desde una colina. Cogió los prismáticos y escudriñó todas y cada una de las ventanas, aunque no podía ver a nadie,  pero estaba seguro de que estaban ahí. Un poco más abajo, sus hombres estaban movilizándose y adoptando posiciones para el avance, un avance que incluía vehículos, tanto motocicletas como jeeps con ametralladoras soldadas.
—Jefe— dijo uno de sus hombres acercándose. –Vengo a informarle.
—Adelante— respondió Ross.
—Nuestros hombres están listos para avanzar y atacar. Por otro lado estamos sin noticias del grupo de Jake. Deberían haber vuelto ya.
—A la mierda el grupo de Jake. Si están muertos que les jodan. Esto es mucho más importante. Avanzad y dad caza a esos tres. Recordad, pase lo que pase quiero que los cojáis vivos. No me importa si  destrozados, pero los quiero vivos.
—A la orden señor…— el cazador cogió el walkie. –Primer grupo. Avance hasta el objetivo e inicie el ataque.
*****
Seguía en la ventana cuando vi llegar a los primeros cazadores. Estos avanzaban abiertamente por el camino. Unos iban a pie y otros subidos en vehículo. Rápidamente cogí el walkie talkie para ponerme en contacto con Luci.
—Luci— dije –Aquí están. Prepárate.
—Los veo— respondió Luci.
—Pues fuego— respondí. Entonces corté la comunicación y comencé a disparar. Las primeras balas abatieron a uno de los cazadores antes de impactar en el capó del jeep. Seguí disparando y entonces el Jeep comenzó a echar humo. Algo que hizo que los cazadores comenzaran a salir de el corriendo. Pocos segundos  después el jeep explotó y los cazadores comenzaron a devolver el fuego. Rápidamente tomé cobertura y me moví hacia otra ventana. Me asomé y volví a disparar varias veces más. Mientras abría fuego, vi  como Luci y Mélanie hacían saltar por los aires otro de los jeep. No pude evitar esbozar una sonrisa por ver el buen trabajo que estaban haciendo.
De pronto, un vehículo hammer se abrió paso por el camino e irrumpió en la zona del albergue atravesando la puerta. Detrás de el, usándolo como cobertura, comenzaron a entrar más cazadores. Yo disparé a varios de ellos para derribarlos, pero lo que yo quería saber era donde estaba su líder. Este no aparecía por ningún lado. Eso me estaba frustrando, entonces apunté a uno de los cazadores y le disparé en la cabeza.
*****
Luci estaba disparando, abatió a varios cazadores. A uno de ellos lo abatió cuando trataba de ocultarse detrás del hammer. Luci miró a su derecha y vio a Mélanie, ella había disparado varias veces y se había ocultado detrás de la pared.
—Si no vas a disparar ve a la parte de abajo y prepara la moto— dijo Luci disparando y abatiendo a otro de los cazadores.
En ese momento, una lluvia de balas agujereó la pared y tanto Luci como Mélanie tuvieron que echarse al suelo.
—¿Qué es eso?— preguntó Mélanie sin levantarse.
—Esos cabrones tienen una maldita Gatling— respondió Luci al tiempo que volvía a caer una lluvia de balas. En la pared iban apareciendo agujeros. –Deprisa. Muévete— dijo Luci arrastrándose por el suelo. Mélanie intentó seguirla, pero entonces otra lluvia de balas estuvo a punto de alcanzarlas. Fue en ese momento cuando Mélanie se echó a llorar, estaba aterrorizada. Luci se puso junto a ella. –Escúchame. Se que no es fácil, se que te da miedo, pero debes luchar. Lucha  o moriremos las dos.
Mélanie miró a Luci. –No se si puedo.
Entonces Luci la cogió de las mejillas y la obligó a mirarla. –Si que puedes hacerlo… Y lo harás. Yo confío en ti. Ahora muévete.
*****
El jeep de la Gatling había aparecido de repente por detrás del hammer. Enseguida habían comenzado a disparar hacia la ventana desde donde Luci disparaba. Yo tomé cobertura y volví a moverme hacia una ventana. Me asomé, y cuando estuve a punto de disparar, me dispararon a mí y tuve que ocultarme.
—Juanma…— la voz de Luci me llamó la atención. Me arrastré rápidamente mientras nos disparaban y alcancé el aparato.
—Dime— respondí.
—Esos cabrones tienen una gatling— dijo Luci.
—La he visto— respondí. Justo entonces, me asomé, disparé, abatí a un cazador y volví a ocultarme.
—¿Cómo nos libramos de ella?— preguntó Luci.
—¿Puedes atraer toda su atención hacia ti? Así podré abandonar esta casucha y coger un buen ángulo.
—Muy bien, pero no tardes. No se cuanto podré resistir— dijo Luci.
—No te preocupes— respondí. –Acabaré con ellos.
Luci cortó la comunicación y enseguida comencé a escuchar disparos. Era Luci disparando desde la ventana, disparaba ráfagas rápidas y abatía a varios de los cazadores. Eso me dio tiempo a mí. Me levanté corriendo y bajé las escaleras. Llegué a la planta baja y corrí hacia la puerta, abrí y salí al exterior. Una vez fuera abatí a un cazador, crucé todo el patio exterior y llegué hasta una esquina, desde allí me asomé y comencé a disparar  de nuevo. Eso hizo que varios cazadores me vieran y vinieran a por mí. Eran los que estaban cerca del hammer y de la gatling. Era lo que quería. Justo cuando entraron en aquella especie de pasillo entre fachadas, yo me acerqué a una de las puertas de una de las casas y la abrí. Fue en ese momento, como para sorpresa de los cazadores, una multitud de caminantes salieron en tromba y comenzaron a caminar hacia ellos.
Lo de los caminantes fue algo que Luci y yo habíamos habíamos planeado con anterioridad. Ellos eran nuestra ayuda inesperada. Luci había conseguido aquella misma mañana atraer a varios caminantes y encerrarlos en una de las casas. El plan había funcionado y los disparos los habían excitado de tal manera que estos salieron ignorándome por completo.
Los cazadores comenzaron a enfrentarse a los caminantes mientras yo volvía a correr. Rodeé una de las casas, me asomé por la esquina y entonces un cazador se lanzó sobre mí. Este no me disparó, simplemente intentó inmovilizarme. Me golpeó y dejé caer el arma. Me defendí retrocediendo un poco y le golpeé. Este entonces intentó gritar para llamar a los demás, pero yo se lo impedí. Fui más rápido, le agarré por la cabeza y se la estampé contra el tronco de un árbol. Cogí mi fusil y me lancé a buscar una nueva cobertura detrás de una glorieta justo cuando me comenzaron a disparar. Yo les devolví el fuego rápidamente. Fue entonces cuando los abatieron, entonces vi a Mélanie apuntando desde la ventana. Por fin lo había hecho, acababa de matar a dos hombres.
Salí corriendo mientras disparaba a todos los hombres que me salían al paso. Por fin llegué al jeep donde estaba la gatling, maté al que estaba disparando desde ella y tomé posesión de ella, entonces comencé a disparar a los hombres que trataban de huir. Podría haberlos dejado escapar, pero no lo hice.
*****
Ross desde la colina observaba todo lo que estaba pasando. Sus hombres, en los que había depositado toda su confianza estaban siendo masacrados, y los estaban masacrando solo tres personas. Ross estaba sintiéndose humillado.
—Vamos a mandar a la segunda  oleada. Seguro que…—  Pero Ross le interrumpió.
—Se acabó. Ordena la retirada de todas las oleadas de la segunda a la última. Nos vamos. No arriesgaré a más hombres.
—¿Y que hacemos con los que siguen ahí abajo?
—Ellos ya no me interesan. Vámonos— respondió Ross alejándose de la colina y regresando a su coche. Sabía muy bien que las cosas se le iban a poner difíciles con los suyos tras esa decisión, pero estaba seguro que lograría seguir adelante, pero de momento, debía irse de allí y reagruparse para trazar un mejor plan.
*****
Mélanie y Luci seguían disparando desde las ventanas. Mélanie por fin había dado el paso de matar a alguien, después de eso, había apretado los dientes y había seguido disparando.
Luci iba a decirle algo cuando algo atravesó uno de los cristales de una ventana. Luci se lo quedó mirando mientras rodaba por el suelo, cuando se detuvo vio que se trataba de una granada. Con un rápido movimiento, se lanzó sobre Mélanie y ambas rodaron por el suelo mientras la granada explotaba.
*****
Vi la explosión y dejé de disparar. Una parte de la casa donde estaban Mélanie y Luci, había desaparecido. Una explosión había hecho desaparecer parte del tejado y de la fachada. Como un rayo, bajé del jeep y comencé a correr hacia la casa, pero justo antes de llegar,  tuve que frenarme y ocultarme detrás de un montón de piedras amontonadas. Un grupo de hombres había aparecido de repente y habían comenzado a dispararme.
Tenía que salir de allí y llegar hasta mis compañeras, podían necesitar mi ayuda. Me asomé rápidamente y comencé a disparar, pero no estaba consiguiendo acertar a ninguno. Volví a asomarme para disparar, pero no pude disparar, me había quedado sin munición.
Justo en ese momento, escuché una voz a mi espalda. –Ponte de pie ahora mismo cabrón.
Me di la vuelta y vi a un hombre apuntándome con un arma. Yo al verme vencido, dejé el arma sin munición en el suelo, también dejé la mochila, me puse de pie y levanté las manos. El tipo que me apuntaba era enorme, calvo y con una cicatriz que le cruzaba toda la cara. Los demás no dispararon, se limitaron a salir de sus escondrijos. Eran casi una decena.
—Ya lo tenemos— dijo uno de ellos.
En ese momento, llegaron un par de hombres. Estos iban empujando a Mélanie y Luci. Ambas estaban vivas, pero dada nuestra situación actual. Probablemente íbamos a morir pronto. Seguidamente nos obligaron a arrodillarnos a los tres. Me fijé que uno de ellos sostenía la katana de Luci mientras esta le lanzaba miradas asesinas.
—Lo siento— les dije mirándolas. –Nunca imagine que habría tantos de ellos.
—No tienes nada que sentir. Mél y yo podríamos habernos ido, pero permanecimos a tu lado. No me arrepiento. Juntos hasta el final— respondió Luci.
Quise decirle algo a Mélanie, pero ella estaba bastante más afectada y había comenzado a llorar. A ella no le dije nada, levanté un poco la cabeza y miré al de la cicatriz.
—Dejad que ellas se vayan. Ellas solo seguían mis órdenes. No las necesitáis.
Entonces el tipo me dio una patada en el estomago y yo caí de bruces. Mi cara tocó el suelo y el me puso el pie encima de la cabeza. –Cállate. De aquí no se va nadie— el tipo de la cicatriz miró a uno de sus compañeros. –Ya lo tenemos. ¿Dónde está Ross? ¿Por qué no viene?
—Se ha ido— contestó uno de los hombres. –Todos se han largado.
—Ya veo. Ha huido dejándonos tirados cuando ha visto que nos estaban dando bien. Pues que le jodan. No lo necesitamos, ahora yo estoy al mando— dijo el de la cicatriz.
—¿Cómo que tu estás al  mando? Eso deberíamos someterlo a votación— respondió otro de los hombres.  –Para empezar… Deberíamos tratar de volver con Ross y los otros.
—¿Volver?  Nos han dejado tirados. Si les importásemos algo seguirían ahí. Es evidente que ya no. Por mi que le den a Ross y a todos sus lameculos. Nosotros formaremos un nuevo grupo. Yo asumo el mando.
—Ya no tenéis por que hacer esto— dije con la cabeza aun pegada al suelo.
—¿Qué no tenemos que hacer esto?— preguntó el de la cicatriz. –Mira a tu alrededor. ¿Ves todos esos hombres a los que has matado? Muchos eran amigos míos. Yo creo que si que tenemos que hacer algo, pero no será rápido. Te lo garantizo. Ponedlos de pie.
Los tres fuimos puestos de pie. En ese momento no pude evitar recordar lo que había pasado en el desierto, cuando Rachel, Sean y yo fuimos interceptados. Entonces comencé a temblar pensando que se iba a volver a  repetir aquello. Entonces miré al de la cicatriz.
—Dejadlas ir. Haced conmigo lo que queráis, pero a ellas dejadlas.
—Claro que a ti te haremos lo que queramos. Has matado a varios de mis chicos y esto lo tienes que pagar… Pero entiende que algunos de mis chicos, yo incluido, llevamos mucho tiempo sin una mujer. Nos divertiremos con ellas antes de dejarlas en paz, alégrate. Que  lo vas a ver.
—Dejadlas…— repetí de nuevo. –Dejadlas— entonces me lancé contra el de la cicatriz. Logré golpearle, pero apenas lo moví del sitio. Los otros me apuntaron, pero este dio la orden de no disparar. Seguidamente me golpeó y tiró al suelo.
—¿Quieres pelea? Pues muy bien. Empezaremos por ti— dijo el de la cicatriz dándome patadas en el estomago. –Al fin y al cabo haremos esto mucho más divertido.
Algunos de aquellos tipos se sumaron al primero y comenzaron a darme patadas, otros simplemente sujetaban a Mélanie y Luci. Di por sentado entonces que esa vez si había llegado mi hora, fue justo en ese momento cuando se escuchó un disparo y uno de aquellos tipos cayó al suelo con un agujero en la cabeza. Entonces más disparos comenzaron a escucharse, disparos que venían desde varias direcciones. Estaban abatiendo a los cazadores. Vi a varios de ellos caer, al igual que vi a varias personas salir del bosque disparando. Aunque no podía verlos bien. Vi como uno llegaba hasta mí y me levantaba.
—¿Estás bien?— la voz que me preguntó eso era la de David. Lo miré y efectivamente era el. A el le siguieron entonces varias personas más, pude reconocer a Juan, pero también había gente a la que no conocía. En pocos segundos habían abatido  a los cazadores. David me ayudó a sentarme entonces, ahí pude recuperarme. –Descansa. Ya pasó.
—¿Cómo nos habéis encontrado?— pregunté mientras observaba como una chica vestida de militar le daba algo de agua a Mélanie.
—Salimos del hospital JFK para buscaros. Casualmente escuchamos a unos cazadores que hablaban de que os caísteis por una catarata. Nos dirigíamos a ella cuando escuchamos los disparos— respondió David.
—¿Y  estos quienes son?— pregunté mirando a los militares. Los cuales estaban observando los cuerpos de los abatidos.
—Estos son Kaity, Marta, Boggs, Dingan y Glenn. Estaban en el hospital y aparte de  acogernos, decidieron acompañarnos— en ese momento, David me puso la mano en el hombro y me miró –Eh. Todo está bien. Eva, Vicky, tus hijos y todos los demás están bien. Están esperándote en el JFK.
—Aquí hay uno vivo— dijo uno de los militares. Eso hizo que yo me levantara rápidamente y me dirigiera hacia donde había escuchado la voz. Enseguida vi a uno de los cazadores que trataba de alejarse arrastrándose por el suelo. Rápidamente, le pegué un pisotón en la pierna y este gritó de dolor. Se dio la vuelta para mirarme y vi que era el de la cicatriz.
—Por favor. No lo hagas— suplicó este.
Mientras suplicaba por su vida, una de las militares se acercó apuntándole. Aunque yo no dejé que le disparara. Miré a la militar entonces. —¿Me dejas tu arma…?
—Mi nombre es Keity… Keity Lenihan— respondió la militar dándome el arma.
—Encantado— respondí. Seguidamente, disparé al cazador a la cabeza y a bocajarro. Entonces le devolví el arma.
—¿Qué es eso?— preguntó Keity señalando uno de los bolsillos del  hombre al que acababa de matar. Yo me di la vuelta, me agaché y saqué lo que Keity señalaba. Se trataba de un walkie talkie. Con el aparato en las manos me quedé un momento pensativo, entonces finalmente lo encendí. —¿Pero que haces?
El walkie talkie estuvo un momento soltando ruido  estático, pero finalmente se escuchó una voz. —¿Ryan?
—Ryan está muerto. Quiero hablar con Ross ahora mismo— respondí.
—¿Pero quien eres?— preguntó la voz.
—Soy la presa a la que nunca debisteis acorralar. Ahora dile a Ross que se ponga… O te juro que cuando os encuentre… Y te garantizo que será pronto, pienso recordar tu voz para que cuando te tenga delante sepa quien eres para ser uno de los que mate lentamente.
Se hizo el silencio unos instantes y finalmente, la voz de Ross se dejó escuchar. –Aquí me tienes.  ¿Qué quieres?
—Se suponía que ibas a venir a por mí, pero no ha sido así. Has dejado que tus perros hicieran el trabajo. Dime una cosa Ross… ¿A cuantos de tus hombres voy a tener que matar antes de que decidas dar la cara? Hoy he matado a unos cuantos y tu no eras ninguno de ellos, por lo que se, te escaqueaste bien pronto. No entiendo como un tipo como tú puede ser el líder de un grupo, pero ya no importa. ¿Sabes por que? Por que da igual que no des la cara, se que nos acabaremos encontrando y entonces te aseguro que acabaré contigo.
—Ya veremos quien acaba con quien— respondió Ross. –No seas tan gallito chaval.
—Hasta pronto— respondí. Después corté la comunicación.
—Las cosas se van a poner bastante jodidas ¿Eh?— dijo en ese momento Keity.
—Bastante. Siento que os hayáis visto involucrados en esto— respondí. —¿Dónde está ese hospital? Mélanie y yo necesitamos que nos echen un vistazo a fondo.
—A unos kilómetros de aquí. Si nos ponemos en marcha ahora, probablemente lleguemos por la noche— respondió Keity. –Allí os atenderán bien.
—Pues en marcha— respondí. Me dirigí al resto entonces. –Mél, Luci y yo no estaríamos vivos si no fuera por que habéis aparecido. Aun así, esto aun no ha terminado. Los cazadores siguen por ahí.
Todos se prepararon y emprendimos el camino hacia el hospital JFK. De nuevo a reunirnos con el resto de nuestro grupo.

Hospital JFK…
17:00 horas de la tarde…

La doctora Green caminaba rápido por el pasillo mientras la enfermera le explicaba lo ocurrido. Mientras ambas avanzaban, podían escucharse los desgarradores gritos de dolor.
—Estaba comiendo cuando de repente comenzó a sentirse mal. Y la comida no puede ser. Es seguro que debe ser otra cosa. Me suplicó que la llamara a usted precisamente.
Ambas llegaron a la puerta  y la doctora le pidió al celador que vigilaba la puerta que la dejara entrar. Este abrió la puerta y la doctora pasó al interior a examinar al rehén. Este no paraba de gritar y retorcerse de dolor. La doctora trató de inmovilizarlo, pero fue imposible. Entonces pidió al celador que lo amarrara a la camilla y que los dejaran solos para que pudiera trabajar. El celador hizo lo que le ordenaron y salió de la sala.
Una vez el paciente estaba encima de la camilla, la doctora lo examinó y este dejó de gritar. Su expresión había cambiado por completo y su mirada estaba fija en la doctora.
—Que fácil es colar un truco tan viejo— dijo el rehén. Al ver que la habían engañado, la doctora quiso salir, pero entonces el rehén la llamó de nuevo.
—¿Qué es lo que quieres?
—Nada en particular, pero debes saber que el pregunta mucho por ti.

Al escuchar aquello. La doctora se quedó petrificada. Si eso era así, es que el aun seguía con vida y con los cazadores.

sábado, 11 de marzo de 2017

NECROWORLD Capitulo 148

Día 10 de Noviembre de 2010
Día 865 del Apocalipsis…
01:00 de la madrugada. Hospital…

Los demás habían hecho un gran trabajo limpiando la zona de la planta baja y el parking subterráneo. No quedaba ni un solo caminante, también habían arreglado las vallas e inspeccionado cada zona de allí en busca de caminantes solitarios, en definitiva, todo estaba limpio y tranquilo.
Nina con toda la tranquilidad, salió a la plaza del hospital y se dirigió a una pequeña capilla que había dentro del complejo del mismo. Nada más llegar a la puerta, se dio cuenta de que estaba abierta. Alguien más estaba allí, sacó la pistola que llevaba siempre con ella y le quitó el seguro, podría regresar con los demás y avisarles, pero… ¿Y si era una falsa alarma? No quería molestarles y ella no era ninguna inútil, podría encargarse de ello.
Con cautela entró por la puerta entre abierta y enseguida vio la luz producida por las llamas de unas velas. Fue en ese momento cuando vio a alguien de rodillas cubierto con una manta delante del  altar, justo detrás del altar estaba Jesucristo en la cruz. En ese momento, Nina levantó el arma y le apuntó.
—No te muevas.  Si tienes algún  arma déjala en el suelo y levanta las manos. ¡¡¡Hazlo y saldrás de aquí con vida!!!— En ese momento, aquella persona a la que  Nina apuntaba, se dio la vuelta y la miró. Fue en ese momento cuando la muchacha se dio cuenta de que esa persona era Sheila. Nina rápidamente bajó el arma. –Oh dios. Lo siento. No sabía que eras tú. Lo siento Sheila. De verdad. ¿Qué haces aquí?
—Rezo por el alma de Rachel. Para que pueda descansar en paz.
—Yo también venia a rezar— respondió en ese momento Nina. –Vengo a rezar por que Juanma, Mél y Luci estén vivos… Y por que el grupo que salió en su busca tenga éxito.
—No sabía que eras creyente— dijo Sheila.
—No lo era…— respondió Nina –Pero en estos tiempos tan oscuros quiero creer que si he seguido viva hasta ahora es por algo. Por que alguien allí arriba a cuidado de  nosotros.
—Al parecer cuida de nosotros hasta que se cansa de hacerlo. Es entonces cuando morimos. Yo no tengo nada que agradecerle a dios…Ya no. Simplemente rezo por el alma de mi mujer. No por que crea en un dios. Un dios que es evidente que nos ha abandonado. Estamos por nuestra cuenta y todos acabaremos muertos. Solo espero que cuando llegue mi hora, me encuentre con Rachel.
—Respeto tu decisión. Espero que no te moleste que me quede a rezar contigo aquí— dijo Nina. No quería seguir conversando con Sheila sobre eso. Era evidente que había superado lo de querer suicidarse, pero también lo era que seguía en estado de shock.
*****
La doctora Green se encontraba visitando a los bebés. Silvia, Alicia y Eva estaban allí en la sala también. La doctora terminó con Christian y observó a las expectantes madres.
—Los niños están bien y disfrutan de una buena salud. Se nota que lo habéis dado todo por ellos. Os felicito. Los niños son nuestro futuro.
Silvia cogió en brazos a la pequeña Lucia y miró a la doctora. –No se lo que haría sin ella. La recuperé hace poco y ahora sería horrible perderla.
—No entiendo— respondió la doctora mirando a Silvia.
—Mi novio… Bueno, mi ex novio el cabrón decidió venderla a un tipo de Las Vegas. Luego me dijo que estaba muerta.  Cuando volví a encontrarme con el, antes de matarle, me confesó que la niña vivía y que estaba en Las Vegas— explicó Silvia omitiendo los detalles más truculentos de lo ocurrido. –No estoy dispuesta a perderla de nuevo.
—Doctora— dijo en ese momento Alicia –Como ve. Estoy embarazada. Creo que de cinco meses si no me equivoco. ¿Puede hacerme una inspección?
—Claro que si. No es problema. Acompáñame a otra sala. Es allí donde tengo el material de las ecografías— respondió la doctora Green con una sonrisa. –Te juro que he llegado a pensar que no volvería a ver una  mujer embarazada. Esto es un milagro y estaré encantada de traer a ese niño o niña al mundo.
—¿Significa eso que dejará que nos quedemos aquí?— preguntó Eva.
—Seré sincera contigo. Eso es algo que no he terminado de decidir, pero  el invierno es frio y desde luego mientras este siga. No permitiré que estos niños estén ahí fuera. Así que tenéis la estancia garantizada hasta Abril por lo menos. Para entonces esta criatura ya habrá nacido.
De repente, la puerta de la sala se abrió de pronto y apareció Mike. Este estaba jadeando. –Doctora. La necesito. Es mi hija, mi Bethy. ¡¡¡Venga!!!
La doctora miró a Alicia, le hizo un gesto de disculpa y salió junto a Mike corriendo por la puerta.

Bosque…
01:55 horas de la madrugada…

Ross le pegó una patada a la rueda de la caravana y lanzó un grito. Ante el, escrito con letras grandes, habían dejado un mensaje para el. Un mensaje donde podía leerse claramente:
“TODO CAZADOR ES CAZADO ALGUNA VEZ, TODOS LOS CAZADORES SE REUNEN EN UN LUGAR Y ES EN ESE LUGAR DONDE CONSEGUIRÉ TU CABEZA COMO UN TROFEO MÁS. TE ESTOY ESPERANDO DONDE SE REUNEN TODOS LOS CAZADORES”
—¿Qué cree que significa señor?— preguntó uno de los cazadores mirando a un furibundo Ross.
—¿Qué que creo que significa? Significa que ese cabrón quiere jugar conmigo. Se las quiere dar de listo y se va a llevar una sorpresa. Es evidente  que nos está esperando. Ese malnacido está en el albergue de cazadores.
—Ellos son solo tres. Dos de ellos son unas chicas que no tienen media hostia. Una de ellas está herida. ¿Qué más da que nos esperen? Vamos a por ellos y fin.
—No seas estúpido— dijo Ross. –Cuando  nos han dejado un mensaje así es por que saben que iremos. Ese cabrón está planeando algo. Si vamos a por el ahora. Haremos lo que quiere y entonces la habremos cagado. No le demos ese gusto y preparemos un plan— En ese momento apareció un vehículo allí. Era uno de los jeep de los cazadores. El jeep se paró y de el se bajó Jake. Un joven al que habían reclutado no hacía mucho. —¿Qué haces aquí Jake?— preguntó Ross.
Jake caminó hacia Ross y le entregó una carta. –Es de la hermandad. Se están impacientando. Dicen que necesitan hombres. Al menos uno o dos que sean fuertes y grandes. Los quieren en menos de cuarenta y ocho horas.
—Que les follen a la hermandad— respondió  Ross.
—Señor. Con todos mis respetos. No es sensato hacer eso. No nos queda munición y ellos son los mayores proveedores de ella en esta zona. Nos estamos centrando demasiado en perseguir a esa cabrón y a esas dos zorras— dijo Jake.
—Vale. ¿Qué sugieres?— preguntó Ross.
—En ese Hospital están ese tal Juan y el negro gigante ese, Mike. Puedo ir yo mismo con un grupo y coger a esos dos. Con ellos dos solo, nos los cambiarán por munición que nos durará meses. Usted siga con la caza de ese, nosotros iremos al hospital y cazaremos a esos dos. Lo haremos de forma discreta y cuando se den cuenta de que han desaparecido, usted ya habrá cazado a ese mamón.
—Muy bien. Pero que sea discreto. Ni se os ocurra fallar— advirtió  Ross.
—No se preocupe seños. Todo está bajo control. Sabemos lo que hacemos— Jake miró a un par de hombres. –Tú y tú. Venid conmigo.
Estos miraron primero a Ross y este les hizo un gesto. –Id con el.
Los dos hombres que había pedido Jake lo siguieron. Se subieron al jeep y se perdieron en la noche.
—¿Confía en Jake?— preguntó uno de los hombres.
—Si falla que no vuelva. Nosotros tenemos cosas más importantes que hacer. La presa más grande nos espera para la batalla final, pero el piensa que iremos a lo loco. Nos reorganizaremos y al amanecer le haremos una visita en ese albergue. Veamos quien es el cazador cazado. Ellos son solo tres.

Hospital…
02:45 horas de la madrugada…

La doctora Green volvió a ponerle el oxigeno a Beth. Mike estaba al lado de la camilla sosteniéndole la mano  a su hija mientras esta dormía tranquilamente.
—¿Se pondrá bien doctora?— preguntó Mike. –No se le ocurra mentirme o le juro que…— Mike entonces miró a Jeremy. Estaba sentado en el otro lado de la habitación.
—Tiene una pequeña infección que ya  he comenzado a tratarle— dijo la doctora Green señalando el gotero que le había puesto. –Le sugiero que se tranquilice y me deje hacer mi trabajo. No quiero tampoco amenazas. Entiendo que esté preocupado. Yo también lo estaría, pero su hija está ahora bien.
—Si… Lo siento doctora…— Mike miró a Jeremy en ese momento. –Hijo ¿Puedes quedarte con la doctora? Será solo un momento.
—Si papá— respondió Jeremy levantándose del  sillón donde estaba para ir a sentarse al lado de su hermana. Entonces Mike le acarició el pelo. Se levantó y se llevó a la doctora de la habitación.
—Ya he perdido a mi mujer. Le prometí que cuidaría de los niños. Así que no pienso perderlos. ¿Me entiende?
—Si, le entiendo, y le juro que estoy haciendo todo lo que puedo. Su hija está bien en estos momentos, pero podría volver a tener una recaída. Cuando llegaron aquí, su hija estaba desnutrida y deshidratada. Casi con cuarenta de fiebre. Tuvo suerte y vive, pero aun está débil. Seguirá así hasta que se recupere— entonces, la doctora Green sintió un olor a alcohol. Un  olor del que no se había dado cuenta hasta ese momento, también se fijó en la cara de Mike. —¿Ha estado bebiendo?
—¿Qué más dará eso? Es de mi hija de quien estamos hablando.
—Me importa por que usted parece un hombre que fácilmente pierde los estribos… Y más ahora que su hija está enferma. Beber no le ayudará, ni a usted ni a sus hijos. Será mejor que vaya a dormir algo, que deje la bebida ahora que está a tiempo y que en ese estado no se acerque a sus hijos.
—¿De que coño está hablando? ¿Qué me aleje de mis hijos? ¿Me toma por un maltratador? Amo a mis hijos sobre todas las cosas.
—He tratado a muchas mujeres y niños con padres que los amaban. Tanto que no había semana donde el hombre no fuera borracho a casa y los moliera a palos, a pesar de que los amara. Todos eran hombres que estaban en una situación de estrés  y que solo lo arreglaban dándole a la botella. Se alegraban la vida y se la jodian a los que tanto amaban. Si está mal, y es evidente que lo está, hay maneras mejores de superarlo.
En ese momento, Mike agarró a la doctora del cuello y la empujó contra la pared. Entonces levantó el puño con intención de golpearla. –Yo jamás haría daño a mis hijos. Nunca— Mike comenzó a apretar con más fuerza, tanta, que la doctora comenzó a notar como le faltaba la respiración. Justo en ese momento, alguien golpeó a Mike y este soltó a la doctora. Mike se tambaleó y estuvo a punto de caer, pero no lo hizo, se enderezó nuevamente para atacar a quien le había golpeado, pero cuando lo hizo, se encontró con el cañón de un rifle apuntándole a lacara, detrás estaba Johana.
—Será mejor que te relajes y dejes de liarla. Te estás pasando.
Mike miró a ambas mujeres y las señaló con el dedo. –Que os den a las dos. Yo me largo— Mike se dio la vuelta y comenzó a alejarse por el pasillo.
—¿Y que pasa con tus hijos?— preguntó Johana.
—Déjelo de momento. Ahora será imposible razonar con el. Luego llamaré a una de las enfermeras para que venga a cuidar de sus hijos— dijo la doctora mientras se levantaba del suelo masajeándose el cuello.
—¿Se encuentra bien?— preguntó Johana.
—Si— respondió la doctora. –No es la primera vez que estoy en una situación así. Aunque debo agradecerte que hayas aparecido. Podría no haberlo contado.
—No voy a justificar lo que ha hecho… Pero en parte entiéndalo, perdió a su mujer en Manhattan. Ha visto morir a amigos y ha perdido… Hemos perdido lo que era nuestro hogar. Ahora casi pierde a la niña. Es buen tío, pero ya estaba mal y la bebida lo ha empeorado. Mañana hablaré claro con el— dijo Johana.
—Mañana pediré que toda la bebida alcohólica que haya en el bar, la tiren— dijo la doctora sacando un walkie talkie. –Necesito a una enfermera en la 324.
No pasaron apenas dos minutos cuando apareció una enfermera y la doctora Green le mandó quedarse en la habitación. La doctora se fue y Johana se quedó allí, sentada en un sillón delante de la puerta, pensando. Entonces decidió ir a buscar a Mike. No quería que su comportamiento estropeara todo, pensó en donde podría estar y enseguida supo donde buscar.
*****
Tras el encontronazo con la doctora, Mike había bajado a la planta baja y había decidido ir al bar del hospital. Entró en el y fue directo a donde guardaban las bebidas alcohólicas. Llegó al armario y de  allí sacó una de las botellas que había dejado a medias unas horas antes. Salió a la barra y se sentó encima de un taburete mientras se servía un vaso hasta arriba. Cuando lo llenó, lo levantó y se dirigió a alguien.
—Un brindis por los viejos tiempos… Kendra— entonces le dio un trago. Miró al frente y vio entonces a alguien reflejado en el espejo que lo miraba. Era un chico joven. —¿Pero que coño?— Mike se dio la vuelta y vio como el joven que lo miraba a través de la ventana, se largaba. Rápidamente, Mike se bajó  del taburete y corrió hacia la ventana rota, saltó a través de ella y salió al exterior. Fue en ese momento, cuando un caminante salido de la nada, corrió hacia el y se le echó encima. Mike lo golpeó varias veces mientras otros dos se acercaban corriendo. Mike apuntó con el arma y disparó dos veces a cada uno, no los mató, pero logró derribarlos. Justo cuando iba a rematarlos, alguien le apuntó a la cabeza.
—No vayas a moverte Mike. No nos pongas esto difícil— dijo  la voz de un chico joven. Mike solo pudo verlo de reojo. Entonces otros dos tipos aparecieron de detrás de unos conteiner apuntándole con sus fusiles.
—La hostia. Que poco han durado— dijo uno de los tipos pateando y rematando a uno de los caminantes. –Es la ultima vez que cojo a uno de los prisioneros para convertirlo en podrido. No son nada divertidos.
—Cállate Gordon. Ya tenemos a uno de los que vinimos a buscar ¿Dónde pollas está el otro?
—Arrodíllate Mike. Y deja tu arma en el suelo. Hazlo de buenas ¿Vale?— dijo el  chico que estaba detrás de el, lo hizo con tono amable. Mike no tuvo más remedio que obedecer.
—¿Cómo sabéis mi nombre?— preguntó Mike.
—No es necesario que lo sepas. Solo tienes que saber que vendrás con nosotros. A propósito… ¿Dónde está Juan? También nos lo queremos  llevar a el. Digamos que los dos, sois algo así como una entrega especial.
—Entrega especial ¿Para quién?
—Para clientes, Mike— respondió el chico que le había apuntado al principio. –Todo esto lo hacemos para clientes. No es nada personal, solo son negocios. Por lo menos estate tranquilo. A tus hijos no les pasará nada, no nos interesan… Bueno. Siempre y cuando tu no nos pongas esto difícil. Ahora  se bueno y ven con nosotros.
De pronto, un disparo abatió a uno de los tipos. El tiro fue certero en la cabeza. El segundo quiso reaccionar y fue abatido también. El tercero miró a Mike, este se levantó rápidamente y le dio un cabezazo. Lo tumbó, le apuntó con el arma, justo cuando le iba a disparar escuchó la voz de Johana.
—No lo mates. Necesitamos a uno vivo. Son cazadores. Tienen ese símbolo del cuervo.
En ese momento, el chico se levantó, golpeó a Mike y echó a correr, pero antes de que recorriera diez metros. Johana le disparó en las piernas. Johana se acercó a el y esta estaba retorciéndose de dolor mientras sangraba.
—Eres una puta chiflada  Johana. Esto no va así.
—Dije que te necesitábamos vivo, pero no dije que te necesitásemos entero. Ahora quietecito o te dispararé en tus pelotitas— dijo Johana con tono amable. Poco después le vendaron las heridas y lo ataron. Los demás miembros del grupo no tardaron en acudir al lugar.
Jake se quedó mirando a todos y comenzó a hablar. –Más vale que me soltéis. No sabéis lo que estáis haciendo. Si  a mi me pasa algo…— pero Jake no terminó la frase. Johana le propinó una patada en la cara y se arrodilló delante de el. –Cariño por favor. Se bueno y cállate hasta que te preguntemos… Silvia… Ven a ver a este.
Silvia se abrió paso entre el  grupo y entonces miró al rehén. –Si. Le conozco. Solo lo vi una vez, ya hace, pero estoy segura de que es el. Estaba en un grupo de cazadores. Aunque no era el de los cuervos.
—Tú eres… Si. Tu eres la putita de A.J ¿Ya te dejaron salir de tu zulo?...— Johana volvió a golpearle. Esta vez con más fuerza.
—Por favor yogurin. Se amable o la próxima vez te haré un piercing en la picha. ¿Sabes como se hace? Cojo un hierro y te la voy atravesando poco a poco. Antes lo hacía en un local, pero he perdido algo de práctica. A lo mejor se me va un poco la mano. No puedo garantizarte que no te duela— Johana miró al resto. –Aquí fuera hace un frio que pela. Llevémoslo a dentro y ahí le sacaremos información. Vamos, levántate— Johana obligó a levantarse al rehén y lo llevaron al interior del hospital. Una vez dentro llamaron a la doctora para que lo curara. Cuando la doctora vio al rehén, se quedó mirando al resto.
—¿Qué es esto?—  preguntó la doctora arrodillándose frente al rehén para examinarle la pierna herida.
—Díganoslo usted doctora. Han entrado dos más como el a los que hemos matado. Lo que me lleva a preguntarme. ¿Por qué no hay vigilancia para impedir estas cosas?— preguntó Johana. –La vigilancia constante en estos tiempos s algo necesario. Aquí hay niños.
—Prometieron que no volverían— dijo en ese momento la doctora.
Eva en ese momento miró a la doctora. —¿Qué prometieron? ¿Y no nos había dicho nada? Esta gente va tras nosotros… ¿Y usted nos oculta que ya habían tenido contacto con ellos? Incluso una especie de trato de no agresión.
—Por favor doctora— dijo en ese momento el rehén. –Déjenme ir. Si me dejan ir, juro que los demás no vendrán a por ustedes. Ni siquiera a por  ellos.
—¿Encima  la conoce?— preguntó Eva todavía más escandalizada.
—La bala te atravesó la pierna. Tengo que curarte… Y no puedo dejar que te vayas. No me fio de tu palabra. Ya habéis faltado a ella viniendo hasta aquí. No pienso arriesgarme.
—Juro que no, no volveremos, pero déjeme ir— dijo  el rehén suplicando entre lagrimas. –Ellos confían en mí y tienen muy en cuenta mi opinión. Si yo les digo que  no vengan, no vendrán. De lo contrario, si me retienen, vendrán a buscarme y ellos no tendrán compasión. Les matarán a todos.
—Deberíamos soltarle— dijo en ese momento Eva. –No podemos arriesgarnos. Si el se queda aquí vendrán a por el. Aun estamos a tiempo. Cúrelo y libérelo.
—Ya no puedo hacer eso. Si lo suelto es cuando vendrán— respondió la doctora. –Ahora mismo estoy pensando en lo mejor para los míos.
—Y yo también. Tenemos niños aquí. Si el queda libre nos libramos de represalias, pero si lo mantenemos retenido… Es lo que haría Juanma. No ponernos en peligro.
—Juanma ya nos puso en peligro en el hotel al no entregarte a ti— dijo Mike mirando a Eva. Si el no vuelve, pensarán que está muerto y no vendrán, al menos no enseguida, pero si lo dejamos ir, vendrán todos.
—Pero Juanma…
—Juanma no está aquí, ni para decidir… Ni para cagarla— respondió Mike.
—Se quede aquí o lo dejemos ir no cambiará nada— dijo en ese momento Silvia. –Esa gente son cazadores. Todo buen cazador termina cazando a la presa. Hagamos lo que hagamos con el. Ellos terminarán viniendo a por  nosotros, pero retenerle aquí nos da tiempo.
—No  sabéis lo que estáis haciendo. Estáis cometiendo un error— dijo el rehén.
—Tal vez— en ese momento Johana comenzó a mirar a todos. –Escuchad. No sabemos si hay más de los suyos fuera del hospital. Y sinceramente me suda el coño eso, pero aun así. Quiero a gente  en las ventanas en cada planta. Mirando en todas las direcciones.
—¿Qué estás diciendo? No vais a convertir mi hospital en una fortaleza— dijo la doctora Green. –Esto es de locos.
—No tiene  muchas opciones doctora. Tanto retenerlo como soltarlo no pinta nada bien para nosotros. Para ninguno. Venga, no tenemos tiempo que perder.
Todos comenzaron a moverse y a prepararse. Johana fue hasta donde guardaban las armas. Abrió la puerta de una patada y enseguida comenzó a cargar armas en un carro para la ropa sucia. Salió del cuarto y comenzó a repartir armas a unos y a otros.
—¿Para que es esto?— preguntó un celador sosteniendo un rifle de asalto entre las manos.
—Para que te hagas un hombre, nene— respondió Johana.
—Pero yo no se disparar— respondió el celador.
Johana se paró, se dio la vuelta. Le quitó el arma al celador,  apuntó a una lata que había en un banco y disparó. Entonces, la lata salió despedida hacia arriba, cayó al suelo y rodó. –No es tan difícil. Échale huevos, apunta y dispara. No hay más. Dispones de unas veinticuatro horas como mucho para aprender.
—¿Qué está pasando?— preguntó el celador.
—Que somos una presa que no se lo va a poner tan fácil al cazador— respondió Johana sin darse la vuelta.
*****
Tras curar al herido, la doctora regresó a su despacho y Eva la siguió. Eva estaba muy enfadada por el hecho de que la doctora no hubiese dicho nada sobre que conocía a los cazadores y que tenían una especie de trato.
—¿Qué quieres Eva?— preguntó la doctora.
—Una explicación— respondió Eva. —¿No se da cuenta de que esto nos pone en peligro a todos? Puede que ese chico diga la verdad. Reteniéndolo, solo conseguimos que vengan de cualquier modo.
—Ya has oído a Silvia, tu compañera. Ella sabe de lo que habla. Son cazadores y vosotros sois la presa. Si lo dejo libre, vendrán antes. Mientras se quede, tardarán en venir. Es eso lo que tenemos que aprovechar, tiempo más que suficiente para que tu y los tuyos os vayáis. Es a vosotros a quienes persiguen— respondió entonces la doctora.
—Pensé que iba a dejar que nos quedáramos— dijo Eva.
—Eso fue antes de que metierais la pata y nos pusierais en peligro. Ahora si eres tan amable, déjame a solas para que termine de tomar una decisión.
—Pero tenemos niños— replicó Eva.
—Lo se, pero ellos estarán a salvo aquí. Los niños no les interesan. No me es fácil hacer esto, pero ahora mismo, tu grupo y tú tenéis dos opciones. Iros por las buenas sin armar mucho ruido… O ser consecuentes y entregaros vosotros mismos. Piénsalo, ahora déjame a solas.
Eva salió dando zancadas y al salir por la puerta se  encontró con el doctor López. Aunque no le prestó ninguna atención.
—¿Qué le ocurre?
—Le he dicho que o se van o se entregan. Dejando aquí a los niños— respondió la doctora Green.
—No se irán de aquí sin los niños. Sabes que no cederán y que habrá problemas.

—Ya lo se. Hay que buscar la manera de ponerse en contacto con los cuervos antes de que vengan. Hay que ponerles al corriente de la situación. Mi idea es que se los lleven de aquí, por que precisamente no se irán de aquí por las buenas. Aunque no te lo creas, me importan esos niños, creo que no están seguros con ellos.